{"id":10206,"date":"2013-07-28T10:45:03","date_gmt":"2013-07-28T16:45:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10206"},"modified":"2013-07-28T10:45:03","modified_gmt":"2013-07-28T16:45:03","slug":"elogio-de-la-pereza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10206","title":{"rendered":"Elogio de la pereza"},"content":{"rendered":"<p><strong>J. J. Cale: Elogio de la pereza<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hermann Bellinghausen<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Jornada<\/strong><\/p>\n<p>En la jerga roquera dan en llamar Dios a Eric Clapton, que como suele suceder, es una exageraci\u00f3n, pero si un presunto dios del rock (al parecer hay otros), tras imitar en los sesentas el pacto-de\u2013crucero-con-el-diablo de Robert Johnson, dedic\u00f3 la d\u00e9cada siguiente a imitar y saquear a un tal J. J Cale, que no era dios, ni diablo, pero hab\u00eda perfeccionado la destreza mano-lenta (slowhand) que Clapton quiso para s\u00ed de ah\u00ed en adelante. Le hizo muy famosas dos canciones: \u201cCoca\u00edna\u201d y \u201cDespu\u00e9s de medianoche\u201d. Pero de qui\u00e9n era el tal J. J. (fallecido este s\u00e1bado en La Jolla de un infarto cardiaco) no es tanto lo que se sabe. Era algo as\u00ed como un flojazo genial. Para sus productores, el artista m\u00e1s ineficiente del medio. Para Neil Young, un virtuoso s\u00f3lo comparable a Jimi Hendrix.<\/p>\n<p>Nacido en 1938 en Oklahoma, grab\u00f3 algunos sencillos (pocos) entre 1958 y 1971. Fue hasta 1972 que termin\u00f3 su primer \u00e1lbum, Naturally. Desde los primeros acordes se presentaba como \u201cla brisa\u201d (\u201cThey call me the breeze\u201d), y por incre\u00edble que parezca, eso fue y nada m\u00e1s: una brisa siempre fresca de blues campirano, jazzeado y veloz, al que debe Dire Straits toda su sustancia. Si Clapton es el hermano abusado y abusador, Mark Knopfler es el v\u00e1stago directo de ese estilo suave, \u00e1gil, mel\u00f3dico y r\u00edtmico de pulsar la lira. De entonces a Roll On (\u00bfrol\u00f3n?) en 2009, grab\u00f3 14 discos (incluyendo los in\u00e9ditos de Rewind, 2007): ninguno es mejor ni peor y todos son obras maestras, cargadas de breves composiciones, epigramas de sabidur\u00eda vagabunda, el mismo sonido, la inconfundible voz de fumador y esa guitarra perfecta. Con decir que el \u00fanico \u00e1lbum medio flojito (y a\u00fan as\u00ed estupendo) ser\u00eda el decimoquinto, que grab\u00f3 con el mism\u00edsimo Clapton en 2006 (The Road To Escondido); 40 a\u00f1os se tard\u00f3 el m\u00fasico ingl\u00e9s en pagar su deuda vital. A Cale debi\u00f3 darle igual, aunque en el documental To Tulsa and Back: On Tour with J. J. Cale, de J\u00f6rg Bundschuh (http:\/\/www.kickfilm.de\/download\/movie\/tulsa-trailer.mov, 2005) admit\u00eda que el reconocimiento \u201cle ayuda a mi ego\u201d.<\/p>\n<p>Les cantaba a sus novias flacas (The woman I love ain\u2019t much more than skin and bones\u201d), a los placeres de la pereza inteligente y la mariguana de rigor, vert\u00eda l\u00e1grimas en su tequila, deploraba la pobreza del downtown angelino con sus mejores notas y practicaba el alarde musical para ahuyentar suegras engorrosas.<\/p>\n<p>Gastaba sus blue jeans en no hacer gran cosa, salvo tocar y rodar. Fue siempre el mismo, del principio al final. Pocos artistas en el mundo son as\u00ed: no evolucionan, ni envejecen, ni conceden, hacen poco ruido y no son dioses pero, sorpresivamente, nunca mueren. Larga vida pues a J. J. Cale, m\u00e1s ching\u00f3n que los m\u00e1s chingones: creador<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>J. J. 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