{"id":10380,"date":"2013-08-28T11:39:52","date_gmt":"2013-08-28T17:39:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10380"},"modified":"2013-08-28T11:39:52","modified_gmt":"2013-08-28T17:39:52","slug":"volver-a-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10380","title":{"rendered":"Volver a la vida"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Vuelta a la vida<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Samuel M\u00e1ynez Champion<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A Alejandro Reyes, compa\u00f1ero de orfandad.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>(Proceso).-<\/strong><\/p>\n<p>Parece que en ese momento lo que resta del esp\u00edritu acaba por fundirse con el universo; ya sea de un sonido, o de una part\u00edcula, o del aliento de una voluntad superior, todo se reduce a la chispa que le dio origen al infinito. O quiz\u00e1 sea la nada que se reconvierte en lo inconmensurable, en la esencia donde convergen el tiempo y el espacio\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se elevan, entonces, dentro de una evanescente nube color gris para depositarse, ya irreconocibles, sobre un \u00e1rea circundada de lajas de piedra llamada La Kiba. La elecci\u00f3n del sitio, localizado en un punto estrat\u00e9gico de la pir\u00e1mide de Cuicuilco tuvo, seg\u00fan dicen, una funci\u00f3n ritual tendiente a medir la trayectoria de los astros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya est\u00e1 claro cu\u00e1l es su destino final. Impensables las Iglesias y los camposantos. La desembocadura del r\u00edo de la Plata en la Argentina queda tambi\u00e9n descartada, no tanto por su lejan\u00eda, sino porque no hubo un deseo expreso que as\u00ed lo pidiera. Son s\u00f3lo elucubraciones emanadas de la dificultad de convivir con ellas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tienen una permanencia prolongada entre los libros sobrevivientes de su biblioteca. Los de medicina fueron donados a la Universidad y los de historia ocuparon una secci\u00f3n apartada donde se accede ocasionalmente. Los que encontraron acomodo inmediato fueron los de literatura y los de arte. Otros inclasificables fueron regalados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esa segunda noche es infausta siendo imposible esquivar los ara\u00f1azos del d\u00eda. A ellas les toma varias horas readquirir la temperatura donde la vida ya no se manifiesta. El cansancio se agudiza gracias a la morbosidad de quienes administran la industria del m\u00e1s all\u00e1. Un vac\u00edo irreal invade los rincones; en sue\u00f1os reaparece el fuego.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay que volver a casa, con una sensaci\u00f3n que todav\u00eda se clava como aguij\u00f3n en el plexo solar. El dolor y la inaugurada orfandad queman. Las cenizas est\u00e1n a\u00fan calientes en la urna que es entregada sin ceremonias. Siniestro es el lugar y es arduo recordar su ubicaci\u00f3n. Los contados acompa\u00f1antes reconfortan con sus palabras de duelo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuesta trabajo creer que el cuerpo dilate tanto en transformarse. La piel y la entra\u00f1a[1] arden r\u00e1pido pero los huesos son reacios a la urgencia de las llamas. Han de transcurrir varias horas donde se oyen conversaciones sin estar presente con la humanidad entera. No acuden todos los que deber\u00edan, mas bastan los que est\u00e1n para conjurar una espera que raspa. Uno de ellos, amigo desde siempre, comenta que la muerte m\u00e1s bella que le viene en mente es la de Tolstoi, quien pidi\u00f3 ser enterrado en medio del bosque, sin l\u00e1pida, y sin las innecesarias mediaciones de los vicarios de Cristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seleccionado con un amor que era complicado expresar en vida, el atav\u00edo se adhiere a la carne. La corbata m\u00e1s fina y el casimir m\u00e1s sobrio se confunden en una danza macabra que huele a chamusquina. El cuello de la camisa ya no cierra; la extracci\u00f3n de la dentadura tampoco ayuda para no verlo como un remedo paterno. Lo internan, pues, en un reducto del infierno. Antes de proceder con el mandato solicitan que se le reconozca por \u00faltima vez. Sin atinar a nada, con los empellones del desgaste, aviene un beso sin respuesta. La piel sabe agria, despidiendo un fr\u00edo que calcina el alma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es embrollado recordar los rostros. Muchos de los enlutados se despiden contentos por haber cumplido. Era tan desagradable como ineludible. Hay otros que permanecen a la vera del ata\u00fad. Algunos abrazan sin convicci\u00f3n y comentan idioteces para pasar el rato. Las voces se van sobreponiendo a un silencio que se exigi\u00f3 de antemano. Varias coronas sustituyen a sus donantes; las flores despiden sus perfumes. Como \u00e9l lo hubiera preferido, no hay sermones, ni guardias de honor. Se agota la necesidad de mirarlo; de lejos se nota que le cruzaron los brazos. El velatorio del ISSSTE es el lugar justo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cortejo en camino a San Fernando aporta un breve descanso. La escena reci\u00e9n sufrida tiene atisbos de epopeya. Los suspiros se mezclan con las emanaciones de formol. Surge una necesidad de aferrase a los recuerdos luminosos, mas un embotamiento emocional impide cualquier rememoraci\u00f3n. S\u00f3lo se consigue verlo como una masa inerte que aguarda, como los dem\u00e1s cuerpos estacionados en la morgue del Instituto Nacional de Cardiolog\u00eda, a que se proceda con el tr\u00e1mite que lo convertir\u00e1 en cenizas. Hay que esperar sentado frente a \u00e9l mientras se experimentan dentelladas indefinibles. La primera visi\u00f3n es muy \u00e1spera, se le suma la temperatura de congelador y la luz mortecina que se refleja en las superficies de metal. En una plancha de cemento, con la indignidad de la bata de hospital, yace desde la madrugada. El transporte que lo llevar\u00e1 al velatorio puede demorar un par de horas en llegar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La duermevela de la primera noche no trae consuelo, al contrario, el c\u00famulo de pendientes arrasa con los retazos de sue\u00f1o. No hay nadie m\u00e1s que se haga cargo. En algunos espasmos de memoria se insin\u00faa una liberaci\u00f3n personal, pero en otros se atropellan las palabras no dichas y los perdones no concedidos. Van en ambas direcciones. Late con violencia el anhelo de evadirse. No hay quien lo otorgue. Cuando suena el tel\u00e9fono del piso de terapia intensiva la noticia no causa agitaci\u00f3n. Hablan para confirmar lo que ya se ha presentido. Son las 12:30 a. m. del 31 de agosto de 1993 y la enfermera transmite el recado. El paciente de la cama 23 acaba de fallecer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Unas horas antes de surcar el umbral de lo incognoscible tiene lugar un hecho reiterado que sacude a quienes lo atestiguan. Es importante hacerlo p\u00fablico. At\u00f3nitos, los m\u00e9dicos explican las lecturas del electrocardi\u00f3grafo y c\u00f3mo deben interpretarse. El paciente de la cama 23 lleva dos semanas de estar internado y seis d\u00edas de sobrevivir en un coma inducido. Un tubo lo conecta a un pulm\u00f3n artificial y una serie de electrodos se le adhieren al t\u00f3rax, en la zona del coraz\u00f3n. Dicen que si puede escuchar y que es recomendable hablar con \u00e9l. Ha habido enfermos en situaciones an\u00e1logas que al o\u00edr ciertas voces o al entender ciertas aseveraciones les escurren l\u00e1grimas. En su caso no ha habido respuesta a los entrecortados parlamentos que se han intentado en las restringidas visitas. Son tres, de media hora cada una, espaciadas a lo largo del d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El antecedente para explicar el fen\u00f3meno tiene que ver con una petici\u00f3n hecha en vida, en el sentido de que al paciente le habr\u00eda gustado morir con m\u00fasica, pero no una m\u00fasica aleatoria, sino la que su hijo quisiera tocarle en el viol\u00edn. En alg\u00fan momento se reniega de la deshumanizaci\u00f3n que se vive en los hospitales, mas para el hijo en cuesti\u00f3n significa desatender los deseos paternos, libr\u00e1ndose de hacerlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ante a la certitud de no poder, ni querer, llevar el instrumento, el v\u00e1stago piensa que puede sustituir sus malogradas ejecuciones con la audici\u00f3n de discos compactos; se le ocurre en el pen\u00faltimo d\u00eda. Para la primera escoge un impromtu de Schubert[2] por el que el agonizante padre nutre una predilecci\u00f3n. Con los aud\u00edfonos emitiendo las frases musicales hay un movimiento perceptible en el electrocardi\u00f3grafo. La presi\u00f3n arterial cuya lectura registra un 19 de frecuencia aumenta a 45, al tiempo que acaba la pieza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente se presenta con el allegro de una sonata para viola de gamba de Bach y el aumento de la presi\u00f3n arterial se registra incluso con m\u00e1s \u00edmpetu. Al inicio de la obra la presi\u00f3n ronda los linderos de la muerte y hacia la mitad alcanza casi la de una persona en plenitud. Hay que comunicar lo que sucede. Los galenos tienen perplejidades pero acceden a reunirse en el siguiente turno de visita.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando el sujeto reaparece con el lector de discos se le dice que debe preparase para el desenlace, lo m\u00e1s probable es que el paciente ya no pase la noche. Al conectar los aud\u00edfonos la pantalla del aparato muestra un 15 de presi\u00f3n que se corrobora con el color amarillento de la piel. Quiz\u00e1 sea la \u00faltima m\u00fasica que escuche en este mundo. Se le suministra el \u00faltimo movimiento de la sonata para viol\u00edn de C\u00e9sar Franck y el milagro de volver a la vida se renueva. Para estupefacci\u00f3n de todos con cada exposici\u00f3n del tema la cuenta num\u00e9rica crece. En los acordes finales su presi\u00f3n arterial es la de un hombre con un coraz\u00f3n fuerte\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed es la fusi\u00f3n del esp\u00edritu con el cosmos. El tiempo y el espacio convergen en la esencia donde lo inconmensurable se reconvierte en la nada; aunque m\u00e1s bien parece que de un sonido surge la chispa donde la vida se vuelve infinita. A veinte a\u00f1os de distancia, los dos colaboradores de PROCESO, padre e hijo, vuelven a unirse en las bondades terap\u00e9uticas de la m\u00fasica\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[1] Alusi\u00f3n expl\u00edcita al t\u00edtulo del libro de Julio Scherer Garc\u00eda, se hace porque fue uno de los presentes. Tambi\u00e9n a \u00e9l se debe la menci\u00f3n siguiente sobre Tolstoi.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[2] Para escuchar las obras referenciadas pulse las ventanas de audio correspondientes. Audio 1: Impromtu n\u00b0 3, D. 899 de Franz Peter Schubert. (Alfred Brendel, piano. PHILIPS, 1989). Audio 2: Allegro de la sonata BWV 1029 para viola de gamba de Johann Sebastian Bach. (Mischa Maisky, chelo. Marha Argerich, piano. DEUTSCHE GRAMMOPHON, 1985). Audio 3: Allegretto poco mosso de la Sonata para viol\u00edn de C\u00e9sar Franck. (Arthur Grumiaux, viol\u00edn. Istv\u00e1n Hajdu, piano. PHILIPS, 1994)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vuelta a la vida Samuel M\u00e1ynez Champion \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A Alejandro Reyes, compa\u00f1ero de orfandad. \u00a0 (Proceso).- Parece que en ese momento lo que resta del esp\u00edritu acaba por fundirse con el universo; ya sea de un sonido, o de una part\u00edcula, o del aliento de una voluntad superior, todo se reduce a la chispa que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-10380","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10380","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10380"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10380\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10381,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10380\/revisions\/10381"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10380"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10380"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10380"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}