{"id":10402,"date":"2013-08-31T10:03:42","date_gmt":"2013-08-31T16:03:42","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10402"},"modified":"2013-08-31T10:03:42","modified_gmt":"2013-08-31T16:03:42","slug":"misericordia-y-benito-perez-galdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10402","title":{"rendered":"\u00abMisericordia\u00bb y Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Admirando a Gald\u00f3s<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El azar de un encargo me forz\u00f3 a regresar este verano al autor de &#8216;Misericordia&#8217;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Antonio Mu\u00f1oz Molina<\/strong><\/p>\n<p>Uno prepara a conciencia sus lecturas de verano y luego se las cambia sin miramiento el azar.<\/p>\n<p>El cambio suele ser para bien. Yo no ten\u00eda previsto regresar este verano a Gald\u00f3s, pero intervino el azar de un encargo, que me forz\u00f3 a dejar en suspenso otras lecturas m\u00e1s premeditadas, y lo que hab\u00eda empezado siendo una obligaci\u00f3n ha terminado por convertirse en una aventura lectora que durar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de agosto. Empec\u00e9 leyendo Misericordia, quiz\u00e1s la \u00faltima obra maestra en el ciclo de las que \u00e9l mismo llam\u00f3 \u201cnovelas espa\u00f1olas contempor\u00e1neas\u201d. El encargo lo saca a uno del cauce de sus prioridades voluntarias, incluso le fuerza a dejar en suspenso tareas que le importan m\u00e1s a\u00fan porque es uno mismo y nadie m\u00e1s quien se las ha impuesto. Pero precisamente en ese salirse de lo elegido y de lo previsto es donde el encargo revela a veces su virtud parad\u00f3jica: impone un quiebro, un cambio brusco de rumbo, y por lo tanto lo deja a uno a merced de lo inesperado, que es el mejor camino para el descubrimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una novela valiosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>no entrega desde el principio toda su complejidad y menos a\u00fan hace obvios sus mejores matices<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le\u00ed Misericordia con m\u00e1s atenci\u00f3n y con cuaderno y l\u00e1piz porque me hab\u00eda encargado un ensayo largo precisamente sobre esa novela, y cuando llegu\u00e9 a la \u00faltima p\u00e1gina hice lo que deber\u00eda hacer uno cuando le ha impresionado mucho un libro: regresar al principio y leerlo entero otra vez. S\u00f3lo as\u00ed se aprende de verdad algo sobre c\u00f3mo el libro est\u00e1 hecho; y se aprende tambi\u00e9n que no hay primera lectura que no sea distra\u00edda, y que una novela valiosa, como un poema o una pieza de m\u00fasica, no entrega desde el principio toda su complejidad y menos a\u00fan hace obvios sus mejores matices. En una novela, como en una sinfon\u00eda, es bueno ir sabiendo en qu\u00e9 direcci\u00f3n vamos, fijarse en lo que hay de anticipaci\u00f3n en ciertos pormenores que la primera vez pasaron inadvertidos o parecieron casuales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En rigor, la literatura o la m\u00fasica, el arte, son ant\u00eddotos de este mundo aturdido del usar y tirar, de la avidez entre distra\u00edda y neur\u00f3tica por lo nunca visto, lo inusitado que en el momento mismo de brillar ya est\u00e1 desvaneci\u00e9ndose en el olvido. Lo valioso de verdad no se agota, ni se queda obsoleto. Tiene la persistencia ecol\u00f3gica de las cosas que duran gast\u00e1ndose y que se vuelven mejores cuanto m\u00e1s se usan; no porque sean refractarias al tiempo, y por lo tanto inertes, o inm\u00f3viles, sino porque navegan en el flujo del tiempo, de modo que son a la vez antiguas y contempor\u00e1neas, el reverso exacto del consumo, de su despilfarro, de su descuido c\u00ednico. Una novela, un poema, una canci\u00f3n, un cuadro, una pel\u00edcula, cuando se han disfrutado muchas veces a lo largo de una vida y siguen irradiando belleza y verdad en el transcurso de las generaciones adquieren la nobleza pr\u00e1ctica de una calle por la que la gente ha paseado desde hace d\u00e9cadas o siglos, siempre cambiando y siempre id\u00e9ntica, o de una herramienta que ha ido variando en su uso, tan flexible y tan simple, que puede manejarla para fines diversos manos muy distintas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Esto suena a anacronismo. Pero estoy seguro de que se acercan tiempos m\u00e1s austeros y cambios de sensibilidad que volver\u00e1n anacr\u00f3nico y hasta inexplicable este sometimiento de ahora a la tonter\u00eda de la moda, en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra, incluyendo en ella las baratijas tecnol\u00f3gicas que est\u00e1n programadas para durar cada vez menos y pasar en unos meses de los escaparates de dise\u00f1o a los muladares de basura t\u00f3xica en los pa\u00edses m\u00e1s pobres del mundo).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Encontr\u00f3 su veta m\u00e1s f\u00e9rtil conjugando la novedad de Dickens, Balzac, Flaubert y Zola con la tradici\u00f3n de Cervantes y el Lazarillo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gald\u00f3s public\u00f3 Misericordia en 1897. La novela, que discurre con ese fluir sinuoso que hab\u00eda alcanzado la perfecci\u00f3n diez a\u00f1os antes en Fortunata y Jacinta, como un r\u00edo muy ancho y como el delta de un r\u00edo, tiene un final brusco, como sobrevenido, que desconcierta menos en la segunda lectura, sin que disminuya un sentimiento de parcial frustraci\u00f3n. Por esa \u00e9poca, y ya muy desenga\u00f1ado pol\u00edticamente, Gald\u00f3s, en otros tiempos tan saludablemente anticlerical, se hab\u00eda dejado atraer por un cierto misticismo evang\u00e9lico, quiz\u00e1s contagiado de Tolst\u00f3i. Un personaje desgarrado y verdadero, Benina, la criada mendiga, pierde de pronto su espl\u00e9ndida terrenalidad para convertirse de manera apresurada en un s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero tal vez lo que hay en las \u00faltimas l\u00edneas de Misericordia es menos una capitulaci\u00f3n que un derrumbe, el desfallecimiento de un novelista que llevaba nada menos que diecisiete a\u00f1os trabajando en un m\u00e1ximo de tensi\u00f3n creadora, inventando y escribiendo, a\u00f1o tras a\u00f1o, una tras otra, novelas de una riqueza y una ambici\u00f3n narrativa que no hab\u00edan existido en espa\u00f1ol desde el Quijote y Persiles, y que estaban a la altura de las obras maestras europeas de las que se alimentaban y con las que aspiraban a medirse. En una de ellas, El doctor Centeno, un aspirante infortunado a escritor, Alejandro Miquis, siente que la obra teatral a la que est\u00e1 dispuesto a dedicar su vida es \u201ccomo un trozo de cielo ca\u00eddo sobre la frente de un hombre\u201d. Hacia 1880, con menos de cuarenta a\u00f1os, Gald\u00f3s encontr\u00f3 de golpe, en el arranque de La desheredada, un mundo inagotable y entero y una manera completamente nueva de escribir. Las historias desbordar\u00edan sus novelas para enredarse y encadenarse a trav\u00e9s de ellas. Los personajes circular\u00edan de unas a otras como en la Comedia humana de Balzac. La materia narrativa ser\u00eda la vida misma que suced\u00eda a su alrededor, que hasta entonces hab\u00eda m\u00e1s o menos eludido, no por falta de valor ni de voluntad, sino de herramientas expresivas. Hab\u00eda vuelto su imaginaci\u00f3n al pasado anterior a su vida en las primeras series de los Episodios. Hab\u00eda inventado personajes que eran alegor\u00edas de sus preocupaciones pol\u00edticas, y los hab\u00eda situado en espacios abstractos, ciudades de nombres aleg\u00f3ricos que ten\u00edan algo de los paisajes planos de la pintura primitiva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En La desheredada estall\u00f3 de una vez por todas el mundo de Gald\u00f3s igual que estall\u00f3 el mundo de Faulkner en The Sound and the Fury. Y s\u00f3lo con la de Faulkner se compara su productividad infatigable durante m\u00e1s de quince a\u00f1os. Esas revelaciones suceden una sola vez en la vida de un novelista y se la cambian y se la colonizan para siempre. Madrid fue el territorio de Gald\u00f3s como Par\u00eds el de Balzac o Londres el de Dickens. Sus ilusiones y sus desenga\u00f1os progresistas, su esc\u00e1ndalo ante la corrupci\u00f3n y la injusticia, su desaliento por las oportunidades desperdiciadas y los errores repetidos en el devenir del pa\u00eds, se entretejen en las vidas de los personajes con una soltura t\u00e9cnica tan consumada como la que no tenemos reparo en admirar en La educaci\u00f3n sentimental. Gald\u00f3s encontr\u00f3 la veta m\u00e1s f\u00e9rtil de su talento conjugando la novedad cosmopolita de Dickens, Balzac, Flaubert y Zola con la tradici\u00f3n de Cervantes y el Lazarillo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me acuerdo de L\u00e1zaro de Tormes leyendo el arranque de El doctor Centeno, con la tranquilidad golosa de tener entre manos una trilog\u00eda que vino despu\u00e9s de La desheredada y un poco antes de Fortunata y Jacinta. Pero la lectura me trae tambi\u00e9n al presente porque en las primeras p\u00e1ginas de esa novela ya hay una queja amarga sobre el estado de la ciencia en Espa\u00f1a. Gald\u00f3s es tan contempor\u00e1neo nuestro en su ciudadan\u00eda como en su literatura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>www.antoniomu\u00f1ozmolina.es<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Admirando a Gald\u00f3s El azar de un encargo me forz\u00f3 a regresar este verano al autor de &#8216;Misericordia&#8217; Antonio Mu\u00f1oz Molina Uno prepara a conciencia sus lecturas de verano y luego se las cambia sin miramiento el azar. El cambio suele ser para bien. 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