{"id":10537,"date":"2013-09-23T11:43:04","date_gmt":"2013-09-23T17:43:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10537"},"modified":"2013-09-23T11:43:04","modified_gmt":"2013-09-23T17:43:04","slug":"la-ciudad-de-mexico-vista-por-hermann-bellinghausen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10537","title":{"rendered":"La Ciudad de M\u00e9xico vista por Hermann Bellinghausen"},"content":{"rendered":"<p><strong>La de M\u00e9xico<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hermann Bellinghausen<\/strong><\/p>\n<p>La de M\u00e9xico es una ciudad obsesionada. Consigo misma, claro. Se dir\u00e1, con raz\u00f3n, que as\u00ed son todas las grandes ciudades. Pero la nuestra lo lleva a extremos extra\u00f1os. En cierto modo se odia. A partir de su segunda fundaci\u00f3n sobre los escombros de Tenochtitl\u00e1n, quiz\u00e1 por fallas de ese origen, persiste en ella una vocaci\u00f3n autodestructiva uno dir\u00eda que enamorada. De contradicciones est\u00e1 hecha. Siendo todo menos conservadora, sin pudor ni culpa seca lagos, derrumba, inunda, tala, contamina, encementa, entuba, entierra. Y levanta, reconstruye, escarba, acondiciona, invade, remodela y sobrepone en cada palmo de su casi colmado territorio. (O acaso no hay l\u00edmite).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su extravagante narcisismo no le quita lo laboriosa, sufrida, y a su masivo modo organizada por razones obvias de sobrevivencia que s\u00f3lo funcionan si colectivas. El Metro y Facebook. Eso resulta importante ahora que, como est\u00e1 bien documentado en el mundo, los ej\u00e9rcitos y polic\u00edas nacionales se entrenan centralmente en la guerra urbana, pues las calles son el nuevo escenario. Interno. Los eufemismos \u00abantiterrorismo\u00bb, \u00abantimotines\u00bb, \u00abcombate a la delincuencia\u00bb, \u00abcontrol de multitudes\u00bb, en la edad de los desastres y las protestas sirven para justificar la represi\u00f3n contra los que no son violentos (o no lo son en primera instancia; han aprendido a defenderse).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los pilares humanos que la sustentan son de una diversidad \u00fanica, enlatada en millones de autom\u00f3viles y transportes colectivos. R\u00edos de hormigas andando y, cada d\u00eda m\u00e1s, bicicletas heroicas. Una ebullici\u00f3n universal de comercios y comida frita. A su pesar, la gente es callejera. En otras partes, como Nueva York y Par\u00eds, los paseos son atractivos. Si bien la vida a la intemperie se aglomera y tensa entre peque\u00f1os absurdos y grandes embotellamientos, el thrill lo conservamos. El tiempo le corre como aquellos viejos billetes de a peso sobados y desgastados que no dejaban de circular y nunca alcanzaban; cuando nada era m\u00e1s falso que \u00abun billete de dos pesos\u00bb y los veintes les ca\u00edan a los tel\u00e9fonos p\u00fablicos, pues los hab\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El n\u00famero de millonarios que la habitan en la actualidad es considerable, trat\u00e1ndose de \u00abla\u00bb minor\u00eda por excelencia, la m\u00e1s peque\u00f1a, la que manda, el dichoso uno por ciento (el porcentaje es cuchareable). Mueve bancos y gobierno, decide en c\u00e1maras y cortes, perora en televisoras, columnas y revistas \u00abde sociales\u00bb. Se canta loas, ense\u00f1a los dientes. Lo suyo es ganar-ganar. Y reside en zonas reservadas. Su ciudad es privada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por antonomasia, la ciudad de las masas variopintas y multiplicadas a escala posmoderna, apretujadas, sofocantes, sofocadas y animosas. No le queda de otra, y su adrenalina permanece en valores altos. Mas nunca pierde el genio de pueblos que aliment\u00f3 a nuestro mejor costumbrismo. Tan bien que la retrat\u00f3 Luis Bu\u00f1uel en sus comedias de los a\u00f1os cincuenta. R\u00ede todav\u00eda, de s\u00ed al menos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Invisibles de manera proverbial, la pululan todo tipo de indios. Los que no dejan de llegar y los que nunca se fueron. Se calcula que se hablan hoy en la ciudad de M\u00e9xico unas 40 lenguas ind\u00edgenas; una decena de manera significativa. Y por supuesto la lengua franca, a su vez tan peculiar y \u00f1era.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es una ciudad con toda clase de clases. Hasta los desclasados abundan. Todos aprenden a coexistir, y si el espacio f\u00edsico lo permite, a ser solidarios y no dejarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por ejemplo, con lo dif\u00edcil que es ser mujer en este pa\u00eds (c\u00e9lebre por su paradigma machista y sus altas tasas de feminicidios y violencia sexual), y aunque en la ciudad quiz\u00e1s no podamos presumir de matriarcado, lo patriarcal est\u00e1 medio disminuid\u00f3n, y casi no hay actividad o posici\u00f3n que les sea vedada a las mujeres por el hecho de serlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Igual si revisamos los resquicios de la creaci\u00f3n art\u00edstica que, en clave de Apocalipsis y revancha de chunga, hierve bajo las narices de un poder que de su control no encuentra la clave, aunque con frecuencia la patrocina. \u00bfLe obedece? Legalizaci\u00f3n del aborto, matrimonios del mismo sexo, \u00bfmariguana? La gente se gobierna. El gobierno formal se supone que de izquierda administra redes barriales, zonales y gremiales m\u00e1s o menos extendidas. Insuficientes. Como el viejo PRI clientelar, al que en 1968 se le empez\u00f3 a enfriar la bobina en la Plaza de las Tres Culturas, y entr\u00f3 en definitiva crisis de autoridad con el terremoto de 1985. Tlatelolco. Siempre Tlatelolco. Bien lo supo Hern\u00e1n Cort\u00e9s desde que los pobladores tundieron a sus soldados hasta las m\u00e1rgenes de Tacuba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mafias, iglesias, clubes, empresas. Colectivos independientes y redes sociales que heredan un vena de tolerancia malora que caracteriza a la chilangada, suma de ingredientes de todas partes, como la buena cocina, y la indigesta. Calles que los de los 32 estados pueden llamar nuestras. Y de pil\u00f3n, ocultos entre las multitudes mencionadas, y las por mencionar, la ciudad est\u00e1 llena de ex\u00f3ticos extranjeros, de manera inexplicable pero comprensible enamorados de nuestro desmadre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La de M\u00e9xico Hermann Bellinghausen La de M\u00e9xico es una ciudad obsesionada. Consigo misma, claro. Se dir\u00e1, con raz\u00f3n, que as\u00ed son todas las grandes ciudades. Pero la nuestra lo lleva a extremos extra\u00f1os. En cierto modo se odia. 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