{"id":10547,"date":"2013-09-25T12:16:24","date_gmt":"2013-09-25T18:16:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10547"},"modified":"2013-09-25T12:16:24","modified_gmt":"2013-09-25T18:16:24","slug":"ricardo-garibay-el-escritor-de-mucho-y-bien","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10547","title":{"rendered":"Ricardo Garibay; \u00abel escritor de mucho y bi\u00e9n\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ricardo Garibay<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Minotauro ante su espejo<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0Guillermo Vega Zaragoza<\/strong><\/p>\n<p>Nunca, nadie, en la historia de la literatura mexicana, escribi\u00f3 tanto y tan bien como \u00e9l, y nunca una obra ha sido tan ninguneada por la cultura oficial, los cen\u00e1culos culturales y los estudios acad\u00e9micos como la suya. Todo se debi\u00f3 a su peculiar forma de ser: altiva y pendenciera, intolerante ante la mediocridad y de f\u00farica reacci\u00f3n ante las actitudes genuflexivas. A los j\u00f3venes escritores recomendaba:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ser sumamente humildes frente a su oficio y sumamente soberbios frente a los dem\u00e1s; no arrodillarse jam\u00e1s ante nadie, ser verdaderamente un l\u00e9pero ante la autoridad y un perro con la cola entre las piernas ante el propio af\u00e1n de escribir; nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ricardo Garibay, \u201chijo predilecto\u201d de Tulancingo, Hidalgo; pol\u00edgrafo consumado, se abism\u00f3 en todos los g\u00e9neros (quiz\u00e1 s\u00f3lo le falt\u00f3 incursionar a fondo en la poes\u00eda) y todos domin\u00f3: novela, cuento, cr\u00f3nica, ensayo, memorias, art\u00edculo period\u00edstico, semblanza, comentario, vi\u00f1eta, retrato, reportaje, guion cinematogr\u00e1fico, teatro\u2026 Muri\u00f3 vencido por el c\u00e1ncer, pero haciendo hasta el \u00faltimo momento lo que siempre quiso: leer y escribir, pues afirmaba tajante: \u201cNo sirve uno para un carajo m\u00e1s que para contar palabras\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Public\u00f3 casi sesenta libros y, lamentablemente, como bien lo apunt\u00f3 Emmanuel Carballo, lo eclips\u00f3 la gloria de sus condisc\u00edpulos en el Centro Mexicano de Escritores en 1952-1953: Juan Jos\u00e9 Arreola y Juan Rulfo, autores m\u00e1s bien estre\u00f1idos. Al principio los tres sub\u00edan como la espuma, uno tras otro se suced\u00edan cuentos de cada uno de ellos, a cu\u00e1l m\u00e1s valioso. As\u00ed fue hasta que en 1955 Garibay entra en un estado de neurosis que lo inmoviliza y le impide seguir escribiendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os exactos pas\u00f3 Garibay en el infierno de la inmovilidad, casi la locura, sufriendo como un perro, sin poder escribir. Pero una vez curado, nada lo detuvo. Las obras se acumulaban una tras otra, pero muy pocos cr\u00edticos las ponderaban en su justa val\u00eda. Y como la paga es poca y el hambre es mucha, Garibay tuvo que dividirse entre el periodismo, el guionismo y la televisi\u00f3n, y alguno que otro trabajo eventual para dar de comer a los suyos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed conform\u00f3 una obra parad\u00f3jica, controvertida y desigual, como su propia personalidad. En el largo estante que ocupan sus libros, al lado de obras eminentemente alimenticias, como algunas recopilaciones de sus art\u00edculos period\u00edsticos y reportajes hechos por encargo de alg\u00fan funcionario, se encuentran novelas y cuentos fundamentales de la literatura mexicana: Beber un c\u00e1liz, La casa que arde de noche, Triste domingo, Fiera infancia y otros a\u00f1os, El gobierno del cuerpo, Par de Reyes, Las glorias del Gran P\u00faas\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha vuelto ya lugar com\u00fan destacar el espl\u00e9ndido \u201co\u00eddo\u201d de Garibay para atrapar el habla popular en la p\u00e1gina. La cr\u00f3nica sobre Rub\u00e9n Olivares es el ejemplo m\u00e1s socorrido. Sin embargo, se ha prestado poca atenci\u00f3n a los hallazgos estil\u00edsticos y de estructura narrativa que plasm\u00f3 en sus obras m\u00e1s logradas. Garibay esculp\u00eda delicadas obras con martillantes trazos y pulidas im\u00e1genes; el fraseo \u00e1gil y puntilloso, sin duda influido por el lenguaje cinematogr\u00e1fico, sin demeritar la profundidad psicol\u00f3gica de los personajes, como en Verde Maira; o la multiplicidad de ritmos y atm\u00f3sferas contrastantes, en las que refulgen con igual fuerza personajes tan dis\u00edmbolos, como en Triste domingo. A casi quince a\u00f1os de su muerte, a pesar de algunos esfuerzos encomiables pero aislados, su obra sigue en espera de la ponderaci\u00f3n y el an\u00e1lisis que merece.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una fatal coincidencia quiso que d\u00edas antes que \u00e9l muriera otro grande de la literatura mexicana, Jaime Sabines, con quien lo herman\u00f3 Jos\u00e9 Emilio Pacheco al decir que Beber un c\u00e1liz es el equivalente en prosa a lo que en la poes\u00eda de nuestro pa\u00eds representa \u201cAlgo sobre la muerte del mayor Sabines\u201d. En efecto, ambas obras rezuman el desgarrado dolor de la p\u00e9rdida f\u00edsica del padre; sin embargo, para Sabines es la desaparici\u00f3n del padre sin duda amado y venerado, mientras que para Garibay es el deceso del progenitor temido, y a la vez odiado y reverenciado. Por otra parte, en car\u00e1cter y actitud vital quiz\u00e1 no pudieron existir personalidades tan distantes como las de estos dos escritores. Tan s\u00f3lo pi\u00e9nsese en que mientras para Sabines con el oficio po\u00e9tico \u201cel hombre crece, se limpia, se hace mejor\u201d, para Garibay, \u201ctodo escritor es un hombre profundamente inmoral. Es el hombre que traiciona todos los principios, todas las convicciones\u2026 Un escritor es b\u00e1sicamente un descastado, un hombre sin clase y sin compromisos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Garibay apareci\u00f3 la primera edici\u00f3n del libro de Alejandra Atala, Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo. Ricardo Garibay: la fiera inteligencia, que ahora reedita el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo. Un libro at\u00edpico en nuestro ambiente literario, no s\u00f3lo por revelar aspectos de la vida privada e \u00edntima del escritor (\u00bfpuede haber algo m\u00e1s \u00edntimo que atestiguar el sufrimiento y la muerte de un ser querido?), sino por la forma en que nos lo presenta: sin ambages, con total sinceridad, incluso con cierta crudeza. Escrito en forma de diario o bit\u00e1cora \u00edntima ?abarcando cinco meses de 1999, desde un mes antes de la muerte de Garibay, ocurrida el 3 de mayo de ese a\u00f1o?, este libro es al mismo tiempo muchos libros: eleg\u00eda, \u00edntima elaboraci\u00f3n luctuosa, recuento memorioso de amistad y maestrazgo, exploraci\u00f3n y autoexplicaci\u00f3n de una personalidad sumamente compleja, ajuste de cuentas, di\u00e1logo de ultratumba, pero, sobre todo, un acto de amor y justicia, con el que la autora procesa su luto ante nuestros ojos, pues \u201cnunca se est\u00e1 m\u00e1s cerca de la vida que cuando se est\u00e1 cerca de la muerte. Parece que el dolor es s\u00edntoma inequ\u00edvoco de la vida\u2026 y nunca se est\u00e1 m\u00e1s cerca de la muerte que cuando se est\u00e1 cerca de la vida, pues la anestesia que aparece como humano lenitivo cuando padecemos, impide la total visi\u00f3n del dolor\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dice el norteamericano Jonathan Franzen que no vale la pena leer la obra de un escritor si \u00e9ste no ha corrido un riesgo personal al escribirla; por ejemplo, si ello no ha implicado para \u00e9l lanzarse a una aventura a lo desconocido, enfrentar un problema personal de dif\u00edcil soluci\u00f3n o vencer una gran resistencia. Y a\u00f1ade: \u201cdesde el punto de vista del autor, tampoco merece la pena escribirla\u201d si no se corre alg\u00fan riesgo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y vaya que Alejandra Atala corri\u00f3 grandes riesgos al escribir este libro. Escribe ella en la entrada del 8 de junio de 1999: \u201cEs complicado hablar de mi relaci\u00f3n con Garibay. Entre m\u00e1s pasa el tiempo, m\u00e1s me acosan la preguntas, \u00bfpor qu\u00e9 lo quise tanto? y, sobre todo, \u00bfc\u00f3mo hice para no hacer mezclas turbias entre mis emociones hacia \u00e9l y mis emociones hacia Juan Mat\u00edas? Creo que mi amor hacia Juan Mat\u00edas, como el hombre de mis d\u00edas, fue definitivo desde el comienzo. Y hacia Garibay, despu\u00e9s del gran cari\u00f1o por su generoso maestrazgo, sent\u00ed la insoslayable atracci\u00f3n literaria que representaba su persona para conseguir el entendimiento de las fibras de la hechura de ese monstruo ang\u00e9lico, quien mov\u00eda todo a su paso tir\u00e1nicamente: como personaje, esposo, padre, abuelo, amigo, cabr\u00f3n, m\u00edstico y santo. Cosa que ojal\u00e1 y, de alg\u00fan modo, est\u00e9 consiguiendo plasmar\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ricardo Garibay fue un hombre de mujeres, qu\u00e9 duda cabe. Las am\u00f3, las escribi\u00f3, las sufri\u00f3 e hizo sufrir con ternura y fiereza sin igual, en la vida y en las p\u00e1ginas de sus libros. Por ello resulta parad\u00f3jico ?pero totalmente explicable? que haya sido una de estas mujeres de su vida la que escribiera sobre \u00e9l y le revelara y nos revelara los delicados intersticios de la intrincada relaci\u00f3n de Garibay con las mujeres y consigo mismo. Le escribe Atala: \u201cExig\u00edas mucho de tus mujeres, Garibay, pidi\u00e9ndoles que se te dieran sin preguntar, que te reverenciaran aun sin haber o\u00eddo lo mejor de ti, que te atendieran y t\u00fa, \u2018ganso silvestre\u2019, \u00bfqu\u00e9?, \u00bfqu\u00e9 les dabas a cambio?&#8230; Y tu obra, Garibay, tu obra no es otra cosa que el deseo de redimir a las mujeres, no de ellas mismas, sino de ti, por el uso y el abuso de que han sido objetos por ti, de tu parte\u201d.<\/p>\n<p>Al irse sumergiendo en las p\u00e1ginas del libro de Alejandra Atala es imposible no advertir la impronta que tiene en ella la prosa garibayesca, de temple acerado y claro, sinuosa y firme al mismo tiempo, con notables alturas po\u00e9ticas, y sobre todo resulta inevitable no atisbar las referencias m\u00faltiples a ese retablo del amor-odio-perd\u00f3n paterno-filial que representa Beber un c\u00e1liz, del que Se\u00f1or M\u00edo y Dios m\u00edo es al mismo tiempo espejo, continuaci\u00f3n y culminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El psic\u00f3logo Rollo May dice que el mito es una forma de \u201cdar sentido a un mundo que no lo tiene\u201d; que los mitos son patrones que dan significado a nuestra existencia, y que mediante sus mitos, \u201clas sociedades sanas facilitan a sus miembros un alivio para sus neur\u00f3ticos sentimientos de culpa y su excesiva ansiedad\u201d. Me ha llamado poderosamente la atenci\u00f3n que, a pesar de la inquisitiva introversi\u00f3n de Garibay, de todos sus a\u00f1os en terapia y de sus constantes alusiones y met\u00e1foras m\u00edtico-po\u00e9ticas sobre s\u00ed mismo, no haya llegado a desentra\u00f1ar el mito ancestral que defini\u00f3 su vida y su estar en el mundo. Alejandra Atala lo llama constantemente \u201cmonstruo ang\u00e9lico\u201d. Me atrevo a aventurar que el mito que explica la vida y los sufrimientos, sus neurosis y angustias, es el del Minotauro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ricardo Garibay era el Minotauro. Mitad bestia, mitad hombre, condenado por la maldici\u00f3n de los dioses, tuvo que encerrarse en su laberinto de libros y letras, pero sobre todo en el laberinto de su mente (no es casualidad que el cerebro tenga la forma intrincada de un laberinto). El Minotauro Garibay devoraba a las mujeres ?am\u00e1ndolas o despreci\u00e1ndolas, o am\u00e1ndolas y luego despreci\u00e1ndolas si lo abandonaban? que se atrev\u00edan a entrar a su laberinto, que ten\u00edan la osad\u00eda de penetrar en el misterio en su mente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el hermoso cuento de Jorge Luis Borges, \u201cLa casa de Asteri\u00f3n\u201d, el Minotauro se pregunta: \u201c\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 mi redentor? \u00bfSer\u00e1 un toro o un hombre? \u00bfSer\u00e1 tal vez un toro con cara de hombre? \u00bfO ser\u00e1 como yo?\u201d. A Garibay lo vendr\u00eda a redimir su espejo: una mujer, pero no cualquier mujer. Una mujer salvadora del hombre: Alejandra ?pues \u00e9se es el significado de su nombre\u2014. Llama la atenci\u00f3n el relato del primer encuentro entre ambos, cuando la autora ten\u00eda trece a\u00f1os y su padre llev\u00f3 a Garibay a la casa para que viera lo que escrib\u00eda su peque\u00f1a. No deja uno de pensar que su padre la est\u00e1 dando en ofrenda al Minotauro. Pero \u00e9ste, en lugar de devorarla, la prepara, la adopta como disc\u00edpula y la trata como su igual, o mejor: la pule como a un espejo, donde a final de cuentas se ver\u00e1 irremediablemente reflejado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alejandra Atala ingres\u00f3 al laberinto del Minotauro, a la biblioteca, a la obra, a la mente, al alma de Ricardo Garibay, y sali\u00f3 de \u00e9l gracias al hilo de Ariadna de la escritura de este libro, para traernos noticias de la vida y el deceso del temible monstruo, que ya de cerca ?ahora lo sabemos? no lo era tanto, sino un ser \u00e1vido de amor y aceptaci\u00f3n, de perd\u00f3n y redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>______________________<\/p>\n<p>Alejandra Atala, Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo. Ricardo Garibay: la fiera inteligencia, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, Pachuca, 2013, 301 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Garibay El Minotauro ante su espejo \u00a0Guillermo Vega Zaragoza Nunca, nadie, en la historia de la literatura mexicana, escribi\u00f3 tanto y tan bien como \u00e9l, y nunca una obra ha sido tan ninguneada por la cultura oficial, los cen\u00e1culos culturales y los estudios acad\u00e9micos como la suya. 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