{"id":10566,"date":"2013-10-03T12:34:58","date_gmt":"2013-10-03T18:34:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10566"},"modified":"2013-10-03T12:34:58","modified_gmt":"2013-10-03T18:34:58","slug":"un-instante-que-pasa-a-la-historia-de-mexico-como-herida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10566","title":{"rendered":"Un instante que pasa a la historia de M\u00e9xico como herida"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los tlacuilos del 68: instante e historia<\/strong><\/p>\n<p><strong>Adolfo S\u00e1nchez Rebolledo<\/strong><\/p>\n<p>Rebuscando entre mis viejos papeles doy con un breve texto le\u00eddo en una mesa redonda sobre La literatura y el movimiento de 1968, realizada poco antes de cumplirse 30 a\u00f1os de los tr\u00e1gicos hechos del 2 de octubre en Tlatelolco.<\/p>\n<p>Todav\u00eda en ese tiempo, la visi\u00f3n de lo que hab\u00eda ocurrido estaba opacada por el silencio oficial, que es la m\u00e1scara preferida de la impunidad. Pero la terquedad de los testigos, la resistencia a la mentira y, por consiguiente, el valor moral y c\u00edvico de la mayor\u00eda de la generaci\u00f3n del 68, como la denomina Ra\u00fal \u00c1lvarez Gar\u00edn, impidi\u00f3 que el olvido sepultara el recuerdo de los hechos tr\u00e1gicos, reivindicando las lecciones hist\u00f3ricas de aquel movimiento de masas que vino a marcar un hito de nuestra convivencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que eso fuera posible se debi\u00f3, entre muchos factores, a los \u00ablibros del 68\u00bb y, en particular, a los que fijaron la memoria colectiva y la nombraron para siempre, desentra\u00f1ando los episodios m\u00e1s oscuros, como la misma matanza del 2 de octubre, en que atribu\u00edan a las v\u00edctimas las responsabilidades de los victimarios. Entiendo que ser\u00eda largo (aunque no in\u00fatil) enumerar la ya riqu\u00edsima lista de estudios, testimonios y recopilaciones que dan cuenta de lo ocurrido en ese \u00aba\u00f1o axial\u00bb, que dijera Octavio Paz, dar cuenta de las abundantes interpretaciones dadas a la historia y las conclusiones extra\u00eddas por acuciosos investigadores sobre el significado m\u00e1s profundo del movimiento, volver a las publicaciones peri\u00f3dicas que intentaron mantener viva la disidencia, es decir, asumir a plenitud la actualidad del movimiento en su despliegue (y no s\u00f3lo su desenlace brutal) como fuente desencadenadora del cambio democr\u00e1tico en M\u00e9xico, con todos sus matices y derivaciones. Sin duda el 68 a\u00fan marca nuestro presente en la medida que el ciclo democr\u00e1tico, no obstante los lentos avances registrados en algunos campos, extendiendo las libertades p\u00fablicas y otros derechos, no ha terminado de crear una nueva relaci\u00f3n entre sociedad y Estado regida por principios de equidad y justicia capaces de revertir la desoladora desigualdad en la que sobrevivimos como pa\u00eds.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1998, es decir, anteayer, la verdad del 68 a\u00fan ten\u00eda enemigos temibles dispuestos a no dejar que \u00e9sta se hiciera p\u00fablica. Con la finalidad de proteger a los mandatarios responsables se cerraron archivos o se manipularon procesos. Pero nada pudo silenciar la obra de los modernos tlacuilos que grabaron a sangre y fuego las razones de las v\u00edctimas. Sin embargo, en el texto que he citado, a\u00fan echaba de menos la aparici\u00f3n de \u00abla gran novela del 68\u00bb. Y dec\u00eda: Revueltas nos dej\u00f3 algunos textos magistrales escritos durante el movimiento y luego en y sobre la c\u00e1rcel, su viejo y conocido infierno, pero no pudo o no tuvo tiempo de escribir la novela del 68. Muchos escritores se asomaron a las ventanas del 68 para ubicar en ese tiempo la ficci\u00f3n, pero la realidad, asumida como recuerdo colectivo, como memoria oral, que se rehace a fuer de repetirse para vencer al olvido, es a\u00fan m\u00e1s fuerte, mucho m\u00e1s fuerte y poderosa que nuestra memoria literaria. Es curioso, pero el mundo del poder (donde se tomaron las decisiones) apenas si ocupa lugar alguno en la narraci\u00f3n. Los personajes del campo oficial son todos grotescos, figuras esperp\u00e9nticas, pero de una calidad infinitamente gris, \u00ednfima. En ellos, la realidad abusa de la caricatura. Su presencia en los hechos que llevan a la tragedia carece de densidad; son inasibles, apenas burocr\u00e1ticos. La memoria les pas\u00f3 por encima, los borr\u00f3 y en el lugar, leve, s\u00f3lo se escucha el himno a la dignidad que no fue clausurada en Tlatelolco. \u00bfAlguien imagina a los diputados que pretendieron ahogar a Barros Sierra como personajes de reparto de un drama medianamente cre\u00edble? Ser\u00e1 preciso mucho talento para darles vida sin desvanecerlos por completo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por eso la gran literatura del 68 \u2013me planteaba\u2013 est\u00e1 en otro lado; en la poes\u00eda, subrayo en la poes\u00eda y tambi\u00e9n en la cr\u00f3nica. Elena Poniatowska concibi\u00f3 el gran mural del 2 de octubre, d\u00e1ndole la palabra a los participantes con nombre y apellido, lo cual permiti\u00f3 mantener fresco el relato hasta nuestros d\u00edas. Luis Gonz\u00e1lez de Alba nos cont\u00f3 el 68 desde adentro (literalmente desde la prisi\u00f3n de Lecumberri), la saga de los estudiantes. Y, sobre todo, las grandes narraciones de Carlos Monsiv\u00e1is reunidas en el libro D\u00edas de guardar nos ofrecen \u00abcon la fuerza original de la palabra el relato fundador\u00bb. Si puede hablarse seriamente de algo semejante al \u00abesp\u00edritu del 68\u00bb, \u00e9ste debe buscarse en esos relatos, escritos y publicados durante los acontecimientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Monsiv\u00e1is fija definitivamente los grandes trazos de ese mundo nuevo que nace bajo las banderas de la protesta estudiantil. Hurga en sus ra\u00edces, en el entorno mitificador y a la vez petrificado del Estado revolucionario, en la ideolog\u00eda y los valores, en una palabra, en la cultura nacional y sus entonces referentes obligados. En esos textos aparecen, por vez primera, las se\u00f1ales de la nueva modernidad mexicana; all\u00ed est\u00e1n revelados los protagonistas primigenios de una \u00e9poca que se anuncia rompiendo tab\u00faes, normas, viejas resistencias autoritarias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n del rector es el gran vislumbre del movimiento estudiantil. \u00abLa manifestaci\u00f3n ser\u00eda democr\u00e1tica. Tal era el car\u00e1cter del movimiento estudiantil y todo se ajustaba a ese designio\u00bb. Monsiv\u00e1is describe, recrea, pero sobre todo introduce al lector en un mundo que s\u00f3lo puede comprenderse a la luz de las otras historias que en \u00e9l concurren. La dial\u00e9ctica entre la relaci\u00f3n de los hechos y el pasado inmediato nos ofrece, al final, un cuadro que puede mirarse en muchos planos, sin concesiones simplificadoras ni ajustes autocomplacientes. All\u00ed reconocemos a la izquierda quit\u00e1ndose la m\u00e1scara de la solemnidad, a la derecha, a los l\u00edderes y los brigadistas estudiantiles, al rector, al cine y la tv, \u00ablos medios\u00bb estren\u00e1ndose como supremos manipuladores, reducidos a la estatura de la prensa venial, pero sobre todo posan para ser descritas por el moderno Casasola-Monsiv\u00e1is las nuevas im\u00e1genes: la asamblea, el provocador, el grillo, el acelerado, el brigadista, el liberal consecuente, el m\u00e1rtir. Gran mirada a la instantaneidad del paso de la historia. Leamos los libros del 68. \u00a1Dos de octubre no se olvida!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los tlacuilos del 68: instante e historia Adolfo S\u00e1nchez Rebolledo Rebuscando entre mis viejos papeles doy con un breve texto le\u00eddo en una mesa redonda sobre La literatura y el movimiento de 1968, realizada poco antes de cumplirse 30 a\u00f1os de los tr\u00e1gicos hechos del 2 de octubre en Tlatelolco. 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