{"id":10576,"date":"2013-10-05T12:16:56","date_gmt":"2013-10-05T18:16:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10576"},"modified":"2013-10-05T12:16:56","modified_gmt":"2013-10-05T18:16:56","slug":"giusepe-verdi-fue-un-dechado-de-sentido-comun-ausencia-de-vanagloria-ambicion-sosegada-y-conciencia-del-otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10576","title":{"rendered":"Giusepe Verdi; Fue un dechado de sentido com\u00fan, ausencia de vanagloria, ambici\u00f3n sosegada y conciencia del otro"},"content":{"rendered":"<p><strong>BICENTENARIO DE VERDI<\/strong><\/p>\n<p><strong>Un hombre de acci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Gracias a Giuseppe Verdi, la tradici\u00f3n oper\u00edstica de su pa\u00eds vivi\u00f3 una revoluci\u00f3n larga y tranquila<\/strong><\/p>\n<p><strong>En sus obras se retratan los rasgos y las contradicciones esenciales de la condici\u00f3n humana<\/strong><\/p>\n<p><strong>Luis Gago<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Verdi naci\u00f3 a poco de iniciado un siglo y muri\u00f3 apenas asomado el siguiente. Amaneci\u00f3 en un ducado \u2014el de Parma\u2014 el 10 de octubre de 1813 y se despidi\u00f3 en un reino \u2014el de Italia\u2014 a cuya conformaci\u00f3n como naci\u00f3n \u00e9l hab\u00eda contribuido m\u00e1s espiritual que materialmente. La vida de Verdi recorri\u00f3 casi de una punta a otra el agitado Ottocento italiano y se apag\u00f3 en el p\u00f3rtico mismo del siglo XX, el 27 de enero de 1901, un hecho cuya simbolog\u00eda no pod\u00eda pasar inadvertida. As\u00ed, por ejemplo, Bernardo Bertolucci hace arrancar su pel\u00edcula Novecento el 25 de abril de 1945, el D\u00eda de la Liberaci\u00f3n en Italia, para retroceder de inmediato en busca de explicaciones de la barbarie fascista y mostrarnos, \u201cmuchos a\u00f1os antes\u201d, a un criado jorobado, al que todos apodan apropiadamente Rigoletto en una gran finca de la Emilia-Roma\u00f1a. Lo vemos caminar tambale\u00e1ndose, triste, solo, ataviado como un buf\u00f3n, mientras suenan los ominosos acordes iniciales del preludio de, c\u00f3mo no, Rigoletto. Antes de caer desplomado bajo un \u00e1rbol, vocifera inconsolable a los cuatro vientos: \u201c\u00c8 morto Verdi! Verdi \u00e8 morto! Giuseppe Verdi \u00e8 morto!\u201d. Poco despu\u00e9s, ese mismo d\u00eda, nacen dos ni\u00f1os: el nieto del hacendado y el hijo de dos de sus trabajadores. Las vidas de ambos, como las de muchos personajes verdianos, discurrir\u00e1n \u2014visible o invisiblemente\u2014 en paralelo y los entrecruzamientos inexorables de una y otra se convertir\u00e1n tanto en motor del drama como en material para la reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los dos grandes operistas del siglo XIX no nacieron el mismo d\u00eda, pero s\u00ed el mismo a\u00f1o, 1813, de ah\u00ed que el segundo centenario de Wagner y Verdi haya vuelto a hermanar ahora el legado de dos figuras que se erigieron en las puntas de lanza de la \u00f3pera moderna, si entendemos por tal la que logr\u00f3 por fin zafarse de los r\u00edgidos esquemas que la hab\u00edan hecho posible, primero, y atenazado, despu\u00e9s, desde que surgiera en Florencia en las postrimer\u00edas del siglo XVI. La revoluci\u00f3n wagneriana es m\u00e1s palpable, sobre todo a partir de que los c\u00f3digos arm\u00f3nicos y dram\u00e1ticos del g\u00e9nero saltasen por los aires en Trist\u00e1n e Isolda, y cuenta con mejor prensa, pero la de su coet\u00e1neo no es menos trascendente, y tampoco carece de sustento te\u00f3rico, si bien las transformaciones son m\u00e1s subterr\u00e1neas, desordenadas y no tan f\u00e1cilmente perceptibles, porque Verdi solo conceb\u00eda la \u00f3pera como un g\u00e9nero intr\u00ednsecamente popular, y eso vetaba irremediablemente arriesgarse a dar saltos en el vac\u00edo. Mientras que Wagner hizo primar sus ideales y sus visiones por encima de cualquier otra consideraci\u00f3n, Verdi siempre tuvo muy presente que su arte hab\u00eda de llegar a todos, desde el terrateniente al \u00faltimo criado, por seguir con el s\u00edmil de Novecento: sus modestos or\u00edgenes y un empe\u00f1o constante por depurar la m\u00fasica para hacerle ganar en sencillez, impacto emocional e inmediatez explican por igual su filosof\u00eda de la creaci\u00f3n art\u00edstica. Proced\u00eda del pueblo (naci\u00f3 en Le Roncole, una peque\u00f1a aldea cerca de Busseto) y, aun siendo ya mundialmente famoso, nunca quiso alejarse demasiado de \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Verdi solo conceb\u00eda la \u00f3pera como un g\u00e9nero intr\u00ednsecamente popular y eso vetaba arriesgarse a dar saltos al vac\u00edo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La vita di Giuseppe Verdi narrata al popolo es, por ejemplo, el significativo t\u00edtulo de una biograf\u00eda aparecida en Mil\u00e1n en 1905, tan solo cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, que provoc\u00f3 que la mitad de los habitantes de la ciudad se echaran espont\u00e1neamente a la calle a despedir y honrar el cad\u00e1ver de un compositor que todo italiano sent\u00eda como una presencia cercana, casi familiar. Sus autores, Giovanni Bragagnolo y Enrico Bettazzi, continuaban la tradici\u00f3n hagiogr\u00e1fica de obras precedentes, que hab\u00eda arrancado muy pronto, en 1846, con los Schizzi sulla vita e sulle opere del maestro Giuseppe Verdi, de Benedetto Bermani. Verdi ten\u00eda entonces 32 a\u00f1os, y tan solo ocho \u00f3peras en su cat\u00e1logo (Attila estaba a punto de estrenarse en La Fenice de Venecia), pero ya empezaba a aparecer aureolado de muchos de los rasgos \u2014reales unos, imaginarios otros\u2014 del artista rom\u00e1ntico: un hombre hecho a s\u00ed mismo, curtido en la desgracia (el fracaso rotundo de su primera \u00f3pera, la muerte de su mujer y sus dos hijos), un genio surgido en medio de la nada que, a fuer de trabajo, empe\u00f1o y una voluntad f\u00e9rrea, logra alcanzar fama universal. Italia necesitaba h\u00e9roes, modelos, para nacer y crecer como naci\u00f3n, y Verdi reun\u00eda todos los requisitos para ejercer de icono, un papel en el que, mediada su vida, no parec\u00eda sentirse inc\u00f3modo. \u00c9l no propagaba bulos, como el falso analfabetismo de sus padres, pero tampoco los desment\u00eda; no era nada dado al autoelogio, pero no le incomodaba que lo halagaran; si otros mitificaban pol\u00edticamente, a toro pasado, su coro Va pensiero (hoy tristemente convertido en el himno de la Padania por la Lega Nord), \u00e9l les dejaba hacer. Quiz\u00e1 ser\u00eda m\u00e1s apropiado, sin embargo, considerarlo no tanto un actor del Risorgimento, por m\u00e1s que se implicara en mayor o menor grado, y con altibajos, en muchas de sus conquistas, sino como un producto, una consecuencia de los valores de aquel proceso hist\u00f3rico conducente a la unidad italiana, una figura necesaria capaz de aportar melod\u00edas, s\u00edmbolos, elementos e incluso una dramaturgia para la ansiada cohesi\u00f3n nacional, am\u00e9n de un espejo en el que mirarse las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero Verdi comenz\u00f3 su carrera con la vista puesta irremediablemente en el pasado. Sus antecesores \u2014Rossini, Bellini, Donizetti\u2014 hab\u00edan llevado a su perfecci\u00f3n un tipo de \u00f3pera \u2014c\u00f3mica o seria\u2014 fuertemente estereotipada, integrada por n\u00fameros en buena medida independientes, una sucesi\u00f3n de compartimentos estancos concebidos para mayor gloria de la melod\u00eda (generalmente larga, tersa, sinuosa, poblada de arabescos y, en su acepci\u00f3n italiana, no menos infinita que la de Wagner). Verdi sabe que no puede romper de golpe con esa tradici\u00f3n, de modo que bebe de ella, la respeta y la hace avanzar con cautela. Los teatros italianos exigen trabajar a destajo y el compositor vive esclavizado para poder cumplir los plazos que le imponen sus contratos, situaci\u00f3n agravada en muchas ocasiones por los problemas con la censura, que le obligan a cambiar el marco espacial y temporal de sus argumentos a fin de intentar eludirla. Son tiempos duros para el m\u00fasico, que en una carta a una de sus confidentes m\u00e1s fieles, la condesa Clara Maffei, confiesa el 12 de mayo de 1858 desde Busseto, reci\u00e9n llegado de N\u00e1poles: \u201cDesde Nabucco en adelante no he tenido, puede decirse, una hora de tranquilidad. \u00a1Diecis\u00e9is a\u00f1os de galera!\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Italia necesitaba<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00eddolos y \u00e9l reun\u00eda todos los requisitos para ejercer de icono, un papel en el que no se sent\u00eda inc\u00f3modo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Verdi, sottovoce, no cesa de pulir e innovar y los cambios estallan con especial fragor en Rigoletto, que supone el gran salto adelante. Titulada originalmente La maledizione, durante su gestaci\u00f3n se recrudecen los enfrentamientos con la censura austriaca, que impera en el V\u00e9neto. El compositor no teoriza sobre las innovaciones de su concepci\u00f3n dramat\u00fargica, pero act\u00faa igualmente, porque sabe \u2014o intuye\u2014 a la perfecci\u00f3n qu\u00e9 quiere y c\u00f3mo conseguirlo. Defiende fervientemente sus ideas frente a libretistas y empresarios teatrales, y concibe la m\u00fasica, antes de nada, como un instrumento de caracterizaci\u00f3n psicol\u00f3gica. Sus personajes van deline\u00e1ndose sin cesar en el curso de la \u00f3pera, no son solo estatuas inm\u00f3viles que desgranan hermosas melod\u00edas o se recrean en piruetas y malabarismos vocales. \u201cMe parece realmente hermos\u00edsimo representar a este personaje externamente deforme y rid\u00edculo, e internamente apasionado y lleno de amor\u201d, escribe Verdi al presidente de La Fenice, Carlo Marzari, el 14 de diciembre de 1850, sobre el protagonista de su nueva \u00f3pera, entonces a\u00fan llamado Triboletto. Y m\u00e1s interesante si cabe es lo que le confiesa a rengl\u00f3n seguido: \u201cDigo francamente que no escribo jam\u00e1s mis notas, por hermosas o feas que sean, al azar y que procuro siempre imprimirles un car\u00e1cter\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de Rigoletto, el conflicto en las \u00f3peras de Verdi no se produce ya, pues, entre distintos personajes, sino, muy especialmente, dentro de cada uno de ellos. La m\u00fasica debe reflejar esos debates \u2014a veces desgarramientos\u2014 internos y Verdi tiene la certeza de que no puede seguir aferrado a los viejos y r\u00edgidos patrones (introducci\u00f3n\/recitativo-aria-cabaletta). El de Rigoletto es un caso paradigm\u00e1tico, porque lleva una doble vida: p\u00fablicamente, es el buf\u00f3n de un arist\u00f3crata innoble y depravado; en privado, y con total secretismo, es un padre amant\u00edsimo y protector de su hija. Pero cuando el duque seduce a Gilda, ambas esferas colisionan y estalla la furia: \u201cCortigiani, vil razza dannata!\u201d. Lo que antes hubiera sido indefectiblemente un aria ahora se acerca m\u00e1s a un exabrupto declamado, escupido casi, sobre esos cortesanos miserables que han raptado a su hija y a los que \u00e9l est\u00e1 obligado diariamente a hacer re\u00edr. Las reglas del g\u00e9nero se han subvertido, como en el flujo dram\u00e1tico sin cesuras del tercer acto, pero los fogonazos de disensi\u00f3n siguen rode\u00e1ndose de coros y arias a la antigua usanza, como el n\u00famero no mejor, pero s\u00ed m\u00e1s famoso de la \u00f3pera, La donna \u00e8 mobile, que simboliza a la perfecci\u00f3n la capacidad de Verdi para inventar melod\u00edas nuevas \u2014breves, ortodoxas, estructuradas en periodos uniformes\u2014 que parecen ins\u00f3litamente familiares ya desde la primera escucha. Eso hace de Verdi un autor cercano: lo que inventa es como si ya resultara conocido, como si activara en nuestra memoria un resorte que estuviera all\u00ed agazapado, dormido, esperando ver la luz en cualquier momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Verdi conquista tambi\u00e9n Par\u00eds, un centro neur\u00e1lgico de la \u00f3pera decimon\u00f3nica, pero all\u00ed imperan otros dogmas y el compositor se ve obligado a reajustarse dentro de los par\u00e1metros de la grand op\u00e9ra, creando obras (J\u00e9rusalem, Les v\u00eapres siciliennes, Don Carlos, y posteriormente tambi\u00e9n, como un derivado indirecto, Aida) de apariencia m\u00e1s tradicional, pero que se benefician asimismo de sus conquistas en el \u00e1mbito del melodramma italiano y de su constante evoluci\u00f3n en la manera de escribir para las distintas tesituras vocales. Si Aida existe en gran parte gracias a su inocente encaprichamiento oto\u00f1al por la soprano Teresa Stolz, sus dos \u00faltimas \u00f3peras, Otello y Falstaff, son indisociables de la amistad que fue fragu\u00e1ndose lentamente con Arrigo Boito, hombre de vast\u00edsimas capacidades, compositor incomprendido, joven d\u00edscolo apaciguado en su madurez y fiel b\u00e1culo y confidente del Verdi anciano y, tras la muerte en 1897 de Giuseppina Strepponi, su compa\u00f1era durante m\u00e1s de medio siglo, solo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue un dechado de sentido com\u00fan, ausencia de vanagloria, ambici\u00f3n sosegada y conciencia del otro<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Luciano Berio ha dejado escrito que \u201cuna Italia sin Verdi ser\u00eda como una Inglaterra sin Shakespeare\u201d. Los caminos de uno y otro se cruzaron primero en el formidable Macbeth de 1847, se estancaron largamente en un Rey Lear mil veces proyectado y otras tantas desechado, y florecieron, por fin, en ese d\u00edptico antag\u00f3nico y complementario formado por Otello y Falstaff, que corrobor\u00f3 la paradoja que ven\u00eda percibi\u00e9ndose con el paso de los a\u00f1os: al tiempo que Verdi envejec\u00eda, su m\u00fasica presentaba un aspecto cada vez m\u00e1s joven. Pero no fue f\u00e1cil sacar al m\u00fasico de un silencio que se explica en parte por cansancio y en parte por la progresiva p\u00e9rdida de la hasta hace poco indiscutida posici\u00f3n hegem\u00f3nica de la \u00f3pera italiana. El amor propio hizo el resto: con Don Carlos arreciaron ya las acusaciones de que hab\u00eda sucumbido fatalmente a la influencia de Wagner, una cr\u00edtica que lo enervaba: \u201c\u00a1Me habl\u00e1is de melod\u00eda, de armon\u00eda! Wagner; \u00a1ni siquiera en sue\u00f1os! Al contrario, si se quisiese escuchar y comprender bien se descubrir\u00eda lo contrario\u2026 absolutamente lo contrario\u201d, se defend\u00eda en 1872 en una carta a Cesare de Sanctis. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, se rebelaba de nuevo a su editor Giulio Ricordi tras volver a ser etiquetado de seguidor wagneriano en las cr\u00edticas de una Aida romana: \u201cDespu\u00e9s de 25 a\u00f1os ausente en la Scala me han silbado al acabar el primer acto de La forza del destino. Despu\u00e9s de Aida, chismes infinitos: que ya no era el Verdi del Ballo (de ese Ballo que fue silbado la primera vez en la Scala); y, en fin, \u00a1\u00a1\u00a1que era un imitador de Wagner!!! Hermoso resultado despu\u00e9s de 35 a\u00f1os de carrera: \u00a1\u00a1\u00a1acabar siendo un mero Imitador!!!\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo f\u00e1cil era acusar sin pruebas, al calor de las modas; lo dif\u00edcil, llevar la cuenta detallada de la retah\u00edla de transformaciones introducidas en el lenguaje y los c\u00f3digos heredados de Rossini, Bellini y Donizetti. Verdi, como hab\u00edan hecho ellos, escribe a menudo, s\u00ed, pensando en cantantes concretos, pero el \u00fanico valor dominante ya no es el bel canto, la belleza vocal: \u201c\u00a1Las cualidades de la Tadolini [Eugenia Tadolini, la soprano que hab\u00eda estrenado el personaje protagonista de Alzira en 1845] son demasiado buenas para este papel! \u00a1Esto quiz\u00e1 le parezca absurdo!\u2026 La Tadolini tiene una figura hermosa y atractiva, y yo querr\u00eda una Lady Macbeth fea y malvada. La Tadolini canta a la perfecci\u00f3n; y yo querr\u00eda que Lady no cantase. La Tadolini tiene una voz estupenda, clara, l\u00edmpida, poderosa; y yo querr\u00eda una voz \u00e1spera, ahogada, cavernosa [aspra, soffocata, cupa]. La voz de la Tadolini tiene algo de angelical; yo querr\u00eda que la voz de Lady tuviese algo de diab\u00f3lico\u201d, escribe un Verdi visionario a su libretista, Salvatore Cammarano, el 23 de noviembre de 1848. Y Macbeth ha de cantar en la escena final de su muerte \u201ccon voz apagada\u201d [fioca]. \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda todo esto que ver con los valores esenciales del bel canto? \u00bfNo estaba abriendo Verdi con reflexiones as\u00ed una v\u00eda de modernidad, de progreso, aun de supervivencia, para la \u00f3pera italiana? Otello y Falstaff, tragedia y comedia, nacidas ambas tras la muerte de Wagner, marcan el c\u00e9nit de sus conquistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, por grande que fuera su repercusi\u00f3n social, la \u00f3pera italiana segu\u00eda vi\u00e9ndose como un g\u00e9nero menor, como un entretenimiento, un espect\u00e1culo al servicio del lucimiento vocal de los divos del momento, basado en libretos banales y anclado en la autocracia mel\u00f3dica. A la m\u00fasica alemana \u2014la instrumental, por un lado, y los dramas wagnerianos, por otro\u2014 la adornaba, en cambio, la vitola del gran arte, el culto, hondo, complejo, perdurable y merecedor de ser objeto de estudio acad\u00e9mico. Sin tener esto en cuenta, es dif\u00edcil entender c\u00f3mo la primera edici\u00f3n cr\u00edtica de las obras completas de Verdi no inici\u00f3 su andadura hasta 1983, con el mod\u00e9lico Rigoletto editado por Martin Chusid. El proyecto conjunto entre Ricordi y The University of Chicago Press preve\u00eda la aparici\u00f3n de una \u00f3pera por a\u00f1o pero, tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, no solo no ha concluido su periplo, como estaba previsto, sino que apenas ha llegado a su ecuador. Es decir, que hoy por hoy ni el legado musical de Verdi ni su copiosa y trascendental correspondencia (m\u00e1s de 25.000 cartas) cuentan todav\u00eda con ediciones fiables. De haber sido un respetable autor sinf\u00f3nico germ\u00e1nico, aun de segunda fila, se habr\u00eda visto agraciado con su exhaustiva opera omnia desde hac\u00eda muchas d\u00e9cadas. Y para sus cartas sigue siendo de consulta obligada, un siglo despu\u00e9s, la edici\u00f3n parcial y defectuosa de los borradores conservados por Verdi en su casa de Sant\u2019Agata (los Copialettere), acometida en 1913 por la \u201cCommissione Esecutiva per le Onoranze a Giuseppe Verdi nel primo centenario della nascita\u201d, a cargo de Gaetano Cesari y Alessandro Luzio. Impulsada por Pierluigi Petrobelli, su sabio e infatigable director hasta su muerte el pasado a\u00f1o, el Istituto Nazionale di Studi Verdiani de Parma emprendi\u00f3 en 1978 la edici\u00f3n cr\u00edtica de la correspondencia, pero, con solo siete vol\u00famenes publicados, restan d\u00e9cadas, en el mejor de los casos, para que el proyecto quede completado (este mismo a\u00f1o ha aparecido la correspondencia, en buena parte in\u00e9dita hasta ahora, entre Verdi y la familia Morosini). Lamentablemente, a\u00fan falta mucho para que, como deseaba Petrobelli en 1982, el compositor se convierta en un aut\u00e9ntico \u201checho de cultura\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ni el legado musical<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>de Verdi ni su copiosa<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>y trascendental correspondencia cuentan con ediciones fiables<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta pol\u00edtica de doble rasero aplicada a lo que Verdi llamaba la m\u00fasica futurista (Wagner y el sinfonismo germ\u00e1nico) a un lado y la \u00f3pera italiana \u2014\u00e9l incluido\u2014 al otro no constituye ninguna invenci\u00f3n. Para muestra, vale un bot\u00f3n. En la introducci\u00f3n de la partitura moderna de bolsillo de Rigoletto de una prestigiosa editorial austriaca puede leerse lo siguiente: \u201cLa obra alcanza una verdadera expresi\u00f3n dram\u00e1tica a pesar del car\u00e1cter t\u00edpicamente italiano de su m\u00fasica\u201d. El laurel de la modernidad oper\u00edstica parec\u00eda reservado, pues, en exclusiva para Wagner. A ambos les acerca su condici\u00f3n irrenunciable de hombres de teatro, su certero instinto dramat\u00fargico, y les aleja el sost\u00e9n \u00faltimo de sus composiciones: el mito y la leyenda para el alem\u00e1n, los dilemas b\u00e1sicos del ser humano (incluso el estrictamente contempor\u00e1neo, como sucede de forma pionera en La traviata) para el italiano. Y esta disparidad impone un tiempo musical y un ritmo dram\u00e1tico radicalmente diferentes. Los personajes de Wagner cargan con una pesada mara\u00f1a de recuerdos que desovillar despaciosamente, mientras que los de Verdi viven en un presente casi permanente, fren\u00e9tico a ratos, part\u00edcipes de una acci\u00f3n trepidante y fat\u00eddica en la que los hechos suceden, o se cuentan, con la m\u00e1xima concisi\u00f3n: \u201cLos siguientes versos se han cambiado por brevedad\u201d, escribe Verdi a Cesare de Sanctis; o \u201cdecir las cosas lo m\u00e1s brevemente que se pueda\u201d, a Antonio Somma; \u201cno hace falta decir ninguna palabra in\u00fatil\u201d, a Antonio Ghislanzoni. \u00c9l mismo predica con el ejemplo y, cada vez que, a\u00f1os despu\u00e9s, decide revisar una \u00f3pera, es para condensarla, para dejarla m\u00e1s tersa y compacta. El 25 de febrero de 1854 escribe a Giuseppina Appiani desde Par\u00eds: \u201cel estilo y la lengua lo son todo; pero en un drama el estilo y la lengua no valen de nada si no hay acci\u00f3n\u201d. Eso fue esencialmente Verdi: un hombre de acci\u00f3n. Siempre se resisti\u00f3 a ser retratado, y no solo por pudor. Para realizar las famosas sesiones fotogr\u00e1ficas de 1892 en el Giardino Perego de Mil\u00e1n, con Boito, Giulio y Tito Ricordi, fue necesario asegurarle que el fot\u00f3grafo har\u00eda su trabajo a escondidas, sin que \u00e9l reparara en su presencia: \u00abPero, \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is, queridos? No s\u00e9 estarme quieto\u2026 No s\u00e9 posar\u2026 En serio, ser\u00eda un suplicio para m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Verdi, que es un personaje p\u00fablico muy a su pesar, protege celosamente su privacidad y prefiere refugiarse en la intimidad de su casa y en sus muchas actividades no musicales, lejos de los focos. Pero, al contrario que Rigoletto, obligado a vivir escindido entre la corte y su casa, el Verdi p\u00fablico y el Verdi privado eran, en cambio, en lo esencial, una misma persona: un dechado de sentido com\u00fan, ausencia de vanagloria, ambici\u00f3n sosegada y conciencia del otro. Aunque jam\u00e1s cerr\u00f3 los ojos a su trascendencia hist\u00f3rica, y se sab\u00eda hermanado con Dante, Petrarca, Tasso o Manzoni, carec\u00eda por completo del ego inflamado y expansivo de Wagner, y el \u00faltimo tramo de su vida estuvo dominado por el silencio creativo y las actividades filantr\u00f3picas. Verdi fue una de esas pocas personas que no tuvieron que preocuparse de esa terrible disparidad que nos acecha a todos, formulada por Robert Burns en su c\u00e9lebre d\u00edstico: \u201cO wad some Pow&#8217;r the giftie gie us \/ To see oursels as others see us\u201d (Ojal\u00e1 alg\u00fan Poder tuviera a bien \/ dejar vernos tal cual otros nos ven). W. H. Auden, tambi\u00e9n poeta, y libretista de \u00f3pera, abund\u00f3 en esta misma idea desde otro \u00e1ngulo en una confesi\u00f3n personal que muchos suscribir\u00edamos de buena gana: \u201cEn el caso de la mayor\u00eda de los grandes hombres, me contento con disfrutar de sus obras. Son muy pocos los que me hagan tambi\u00e9n desear haber podido conocerlos personalmente. Verdi es uno de ellos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BICENTENARIO DE VERDI Un hombre de acci\u00f3n Gracias a Giuseppe Verdi, la tradici\u00f3n oper\u00edstica de su pa\u00eds vivi\u00f3 una revoluci\u00f3n larga y tranquila En sus obras se retratan los rasgos y las contradicciones esenciales de la condici\u00f3n humana Luis Gago &nbsp; Verdi naci\u00f3 a poco de iniciado un siglo y muri\u00f3 apenas asomado el siguiente. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-10576","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10576","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10576"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10576\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10577,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10576\/revisions\/10577"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10576"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10576"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10576"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}