{"id":11119,"date":"2015-01-15T16:33:15","date_gmt":"2015-01-15T22:33:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11119"},"modified":"2015-01-15T16:33:15","modified_gmt":"2015-01-15T22:33:15","slug":"se-extingue-en-baja-california-los-ultimos-hablantes-de-la-etnia-kumiai","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11119","title":{"rendered":"Se extingue en Baja California los ultimos hablantes de la etnia kumiai"},"content":{"rendered":"<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: center;\"><b>Se extingue en Baja California la etnia kumiai<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: center;\"><b>Roberto Armocida<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: center;\"><b>La Jornada Baja California<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: center;\"><b>Norma Meza, su esposo Juli\u00e1n Garc\u00eda y el peque\u00f1o Jonathan \u201cPico\u201d.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: center;\"><b>\u00abLa etnia kumiai, rumbo a la extinci\u00f3n\u00bb.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Tijuana, B.C. Est\u00e1 desapareciendo el pueblo kumiai, la etnia de Aurora Meza, una mujer de 53 a\u00f1os presa por abigeato en el penal de La Mesa, en Tijuana.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Los kumiai viven en pocas zonas de Baja California, principalmente en reservas entre San Jos\u00e9 de la Zorra, rumbo a Ensenada, y en Juntas de Neji y Pe\u00f1a Blanca, entre Tecate y El Hongo. Son unos centenares, en su mayor\u00eda ya absorbidos por la modernizaci\u00f3n. Un pu\u00f1ado, alrededor de 15, habla el antiguo idioma kumiai.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Norma Meza es kumiai y hermana de Aurora, a quien un ganadero acus\u00f3 de robo de cinco caballos y fue detenida en diciembre pasado en Tecate y trasladada a La Mesa.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Su vida transcurre entre su casa en el Valle de las Palmas -con su esposo, cuatro hijos y sus nietos- y su rancho en la reserva en La Cenega, cerca de la gran roca Neji.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Fernando, uno de sus hijos, toma sus guajes e inicia un canto inspirado en los tiempos que ya han pasado. Norma se sienta en un viejo sof\u00e1 y escucha atenta. Ella trata de transmitir las tradiciones y la lengua a sus familiares -como su hermana Aurora que traduce cuentos kumiai para la Universidad de California-San Diego-, pero no todos quieren aprender, reconoce.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cNuestra reserva, esta tierra, es lo \u00fanico que tenemos. Ya somos muy pocos los que hablamos el antiguo kumiai. \u00bfQu\u00e9 quedar\u00e1 de nuestra cultura dentro de unos a\u00f1os?\u201d, a\u00f1ade Norma.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Un largo camino desde la carretera a Ensenada y el Valle lleva a La Cenega, unos 20 kil\u00f3metros de terracer\u00eda, en un panorama majestuoso y el profundo silencio de estos espacios.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cVivimos en estas tierras desde siempre y aqu\u00ed queremos seguir. Aqu\u00ed est\u00e1n nuestros ancestros, mis padres, mis t\u00edos, unos hermanos. Atr\u00e1s de aquel cerro nac\u00ed y all\u00ed est\u00e1n sepultados muchos de mis familiares\u201d, comenta Norma.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Sin embargo, el gran pueblo del encino est\u00e1 desapareciendo. \u201cCada mes vienen de San Diego unos investigadores. Grabamos el antiguo idioma kumiai y tratamos de unificar su forma de escribirlo con el alfabeto latino, porque al morirnos nosotros ya nadie lo seguir\u00e1 hablando y escribiendo\u201d, explica la mujer ind\u00edgena.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Al atardecer la temperatura empieza a bajar.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>La familia de Norma Meza se re\u00fane en la casa de adobe de La Cenega, la vieja estufa de le\u00f1a de la cocina, adem\u00e1s de brindar calor, sirve para cocinar tortillas y frijoles y calentar el agua para el caf\u00e9. Noem\u00ed, nieta de Norma, ama vivir aqu\u00ed, cocinar y preparar tortillas, pero a diferencia de su hermana Araceli, no quiere hablar kumiai y no baila con los antiguos cantos tradicionales.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>No hay electricidad en su casa. Para alumbrar, Abel conecta una bombilla a la bater\u00eda de su camioneta, justo el tiempo necesario para cenar, y despu\u00e9s la familia vuelve a prender velas.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Gracias a un peque\u00f1o panel solar, el hijo mayor de Norma, Esteban, logra cargar las bater\u00edas de un aparato de video y los m\u00e1s peque\u00f1os se re\u00fanen frente a la pantalla a ver una pel\u00edcula mientras se calientan los frijoles.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cMa\u00f1ana iremos al ca\u00f1\u00f3n del Alamo a buscar le\u00f1a para la estufa\u201d, dice Norma, mientras con extrema habilidad estira y calienta las tortillas de harina blanca sobre el comal: \u201cAll\u00ed ver\u00e1s a nuestra monta\u00f1a sagrada Wiy-ipa y a los antiguos encinos\u201d.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Desde siempre ese bondadoso y sagrado \u00e1rbol, el encino, ha sido la misma vida para los kumiai. Sus bellotas sirven para producir harina y nutrirse, las comunidades de esta etnia a\u00fan utilizan su generosa le\u00f1a para dar calor y cocinar.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Norma es el alma y la memoria de su pueblo kumiai. \u201cTrato que nuestra identidad no se desaparezca tan r\u00e1pido; proteger estas tierras, nuestras herencia milenaria, es mi principal deseo\u201d, afirma.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Aunque es una reserva federal, esta tierra sufre constantes invasiones, y los lentos procesos jur\u00eddicos y la poca atenci\u00f3n de las autoridades no ayudan en la atenci\u00f3n de las quejas y a dar una respuesta adecuada a las denuncias de los kumiai, indica Norma.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cEl mal nunca se ha ido de la tierra de los hombres\u201d, cuenta Norma, sentada cerca de la estufa, mientras el resto de la familia ya se prepara a descansar en los otros dos cuartos que forman la casa de adobe.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cAl inicio de los tiempos exist\u00edan dos hermanos gigantes, viv\u00edan bajo el mar. El mayor, el malo, convenci\u00f3 al menor para que subiera a la superficie para crear el mundo, pero la sal le quem\u00f3 los ojos y se qued\u00f3 ciego. El hermano menor, que ten\u00eda un animo bueno, se vio as\u00ed obligado a seguir las indicaciones de su hermano mas grande, que en cambio no deseaba crear nada bueno y era tramposo\u201d, relata Norma, evocando una creencia ancestral de los kumiai.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cEntre los dos fueron formando el mundo. Y mientras el hermano mayor creaba lo malo, como la serpiente o la oscuridad, el menor cre\u00f3 al sol, las liebres y los encinos\u201d, continu\u00f3.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>\u201cA la hora de morir solamente el gigante menor subi\u00f3 al cielo, mientras del hermano mayor ya no se supo nada. \u00c9l a\u00fan no ha muerto y est\u00e1 en la tierra\u201d, termina.<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\"><b>Norma se levanta, apaga las velas.<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se extingue en Baja California la etnia kumiai Roberto Armocida La Jornada Baja California Norma Meza, su esposo Juli\u00e1n Garc\u00eda y el peque\u00f1o Jonathan \u201cPico\u201d. \u00abLa etnia kumiai, rumbo a la extinci\u00f3n\u00bb. Tijuana, B.C. 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