{"id":11676,"date":"2015-07-19T19:42:45","date_gmt":"2015-07-20T01:42:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11676"},"modified":"2015-07-19T19:42:45","modified_gmt":"2015-07-20T01:42:45","slug":"la-envidia-es-de-los-hombres-mediocres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11676","title":{"rendered":"La envidia es de los hombres mediocres"},"content":{"rendered":"<p class=\"ecxMsoNormal\">La envidia es de los hombres mediocres<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Es el grillete que arrastran los fracasados<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Juan Manuel Roca<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">&#8230;Y s\u00ed, los envidiosos asedian. Y no s\u00f3lo en las artes que proveen a sus ejecutores de buenas sumas de dinero, como en la pl\u00e1stica o la arquitectura, o como en la ciencia y en la remota invidia medicorum, sino aun en el l\u00e1nguido bot\u00edn de la gloria que aguarda a la poes\u00eda. Son legendarias las pugnas envidiosas entre m\u00fasicos, compositores, historiadores e inventores a lo largo de la historia. Y es triste. En el caso de los poetas es doloroso ver entre el magma de la median\u00eda po\u00e9tica a unos Yagos de sainete extendiendo la escudilla en busca de algunas migajas de aplauso.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Unas p\u00e1ginas ejemplares en la psicolog\u00eda de la envidia a las que siempre vale la pena volver, est\u00e1n impresas en el agudo libro del argentino Jos\u00e9 Ingenieros, El hombre mediocre. Ingenieros es un viejo maestro de la juventud latinoamericana al que vale la pena regresar por su claridad meridiana. En su libro sienta el aserto de que \u201cla envidia es una adoraci\u00f3n de los hombres por las sombras, del m\u00e9rito por la mediocridad&#8230; Es el grillete que arrastran los fracasados&#8230; El que envidia se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno\u201d.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">El hombre mediocre<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">en edici\u00f3n de la Editorial Tomo<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Es cierto. Los envidiosos ladran al paso del que brilla. Hermano siam\u00e9s de la envidia, el odio hace yunta con la bajeza de esp\u00edritu. El odio es, como dijera Ingenieros, un asunto propio de los viboreznos, de rapi\u00f1eros que rondan en manada. El pensador argentino recuerda, de otra parte, que el envidiado recibe un rango de altura inesperado por parte del envidioso, pues \u00e9ste, sin darse cuenta, le erige un pedestal como si fuera su sombra canina, su esclavo irredento, la puta de su espejo. Cuando Ingenieros narra la f\u00e1bula del sapo que rabia de envidia tras ver fulgurar a la luci\u00e9rnaga y c\u00f3mo se le echa encima con su panza blancuzca para cubrir la envidiada luminosidad, en su inocencia la vol\u00e1til l\u00e1mpara de los campos le pregunt\u00f3 al batracio por qu\u00e9 la cubr\u00eda. \u201cY el sapo, congestionado de envidia s\u00f3lo acert\u00f3 a interrogar a su vez.: \u2018\u00bfPor qu\u00e9 brillas?\u2019\u201d<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">El envidioso, reitera don Jos\u00e9 Ingenieros, \u201csiembra la intriga entre sus propios c\u00f3mplices, y, llegado el caso los traiciona\u201d. Por ac\u00e1, en los recodos mef\u00edticos de Colombia lo hemos visto pasar, a veces disfrazado de cr\u00edtico o de histri\u00f3n, otras veces de bedel de las aulas o de pomposo acad\u00e9mico, pero ya todos lo reconocen a leguas por el olor a impotencia que destila. Por eso busca entre las hordas resentidas y rastacueros a sus pares.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\u201cA pesar de sus temperamentos heterog\u00e9neos el destino suele agrupar a los envidiosos en camarillas o en c\u00edrculos sirvi\u00e9ndoles de argamasa el com\u00fan sufrimiento por la dicha ajena.\u201d El envidioso es un \u201croedor de la gloria\u201d. Es la lapa del que no pide permiso para ser. O, como dir\u00eda en otro contexto Cioran, \u201cuna puta sin aceras\u201d.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Que el talento es el tesoro m\u00e1s envidiado entre los hombres, resulta claro al leer El hombre mediocre, un esp\u00e9cimen que muchas veces es el hombre postergado, el que no termina por hacer lo que sue\u00f1a por estar asediando y ensuciando los sue\u00f1os ajenos. Ese Golem de s\u00ed mismo es capaz de perdonarlo todo menos \u201cal que sale de las filas dando un paso adelante\u201d. Por eso se le ve espiando lo que supone una gloria ajena, un peque\u00f1o reconocimiento, un festejo de alguien o de algo, unas palabras que conciten admiraci\u00f3n y hasta una precaria consagraci\u00f3n de barriada.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">El envidioso es alguien incapaz de la admiraci\u00f3n y cuando lo hace es s\u00f3lo para poner de su parte a un poeta frustrado, a un periodista desde\u00f1oso, a unos muchachos lelos, a la secta de los cobardes y a la cofrad\u00eda de los deshabitados. Con ellos har\u00e1 sus ajustes sicariales, con ellos caminar\u00e1 un tramo del camino hasta que los utilice y exprima y entones ya pueda arrojarlos como a un papel arrugado. Suele repartir uno que otro elogio, eso s\u00ed, entre los m\u00e1s segundones, entre los lugartenientes de su sombra. En mi pa\u00eds a estos pr\u00f3ceres de la academia b\u00edfida de la lengua los aplauden algunos obtusos, que por fortuna son pocos, y que como sus tambi\u00e9n oportunistas voceros son corifeos de la enfermedad pol\u00edtica de un caballista oscuro que supone que Establecimiento viene de Establo.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">A todas \u00e9stas, en El hombre mediocre el autor dialoga con Tem\u00edstocles, alguien que pensaba que no hab\u00eda realizado nada brillante o notable pues todav\u00eda nadie lo envidiaba. \u201cNo ser envidiado es una garant\u00eda inequ\u00edvoca de mediocridad\u201d, agregaba Ingenieros. Tambi\u00e9n dec\u00eda que Dante \u201cconsider\u00f3 a los envidiosos indignos del infierno. En la sabia distribuci\u00f3n de penas y castigos los recluy\u00f3 en el purgatorio, lo que se aviene a su condici\u00f3n mediocre\u201d.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\">\n<p class=\"ecxMsoNormal\">Alm\u00e1cigos de rencores, rumiando odios y calumnias en medio de un gallinero, algunos de la secta de estos comensales del pr\u00f3jimo viven esperando el turno para ejercer la calumnia que compran al menudeo en el mercado de las miserias. Pueden inventarse o tergiversar citas o sucesos, acusar a alguien de plagiario, aunque no digan a qui\u00e9n demonios plagi\u00f3 su v\u00edctima en turno, pues todo est\u00e1 en sus testas de viejas calabazas. Y bien, aceptando que el purgatorio es el c\u00edrculo dantesco en el que deben arreba\u00f1arse los envidiosos, \u00bfqu\u00e9 tal si proponemos que este pa\u00eds deje de llamarse Colombia y empiece a llamarse Purgatoria?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La envidia es de los hombres mediocres Es el grillete que arrastran los fracasados Juan Manuel Roca &#8230;Y s\u00ed, los envidiosos asedian. 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