{"id":11936,"date":"2016-06-12T09:36:46","date_gmt":"2016-06-12T15:36:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11936"},"modified":"2016-06-12T09:36:46","modified_gmt":"2016-06-12T15:36:46","slug":"benito-juarez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11936","title":{"rendered":"Benito Ju\u00e1rez"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Benito Ju\u00e1rez<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">La figura de Benito Ju\u00e1rez, retratado como el oaxaque\u00f1o universal, termina significando la de un peculiar rey, con la preeminencia del ideal, del yo superior. Ju\u00e1rez, el que se cuestiona para renovarse en todas las generaciones imbuidas en su mitolog\u00eda y en su representaci\u00f3n. Hablar de Ju\u00e1rez pareciera cosa repetitiva, m\u00e1s en Oaxaca. El reto de aumentar su iconograf\u00eda, luego de las obras se\u00f1eras de Francisco Toledo, es solventado por el colectivo oaxaque\u00f1o 2Diez.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Si el rey es el ideal a realizar, pierde su significaci\u00f3n hist\u00f3rica y c\u00f3smica, se convierte en un valor \u00e9tico y psicol\u00f3gico. Es un mito tan arraigado en el imaginario colectivo que basta enarbolar su figura para entender que la lucha ha iniciado, como desarrolla Irving Herrera: al lado de otras presencias revolucionarias que suelen poblar las pancartas y los discursos de insurrecci\u00f3n en todas las latitudes, Ju\u00e1rez entra como estandarte del rey que no se doblega, que permanecer\u00e1 en la batalla hasta el \u00faltimo momento, cierto de que ser\u00eda ideal ganar la guerra, pero que en la lucha misma est\u00e1 ya la victoria. Incluso bajo la mirada de la iron\u00eda, Edith Ch\u00e1vez le reconoce esta calidad ejemplar: como alpiste de gallo, Ju\u00e1rez alimenta el orgullo (el gallo simboliza la presunci\u00f3n, por la andadura del animal) que lo mismo puede ser estatal o nacional o continental: en su calidad de estampa manipulable, es un engreimiento sobreutilizado, pero un orgullo a fin de cuentas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El rey se hermana con otras figuras para establecer el arquetipo de la realizaci\u00f3n humana. Comparte el trono con el padre, el sabio, el santo: son h\u00e9roes de todas las latitudes donde rigen. Es el \u00e1guila representada por Eduardo Mart\u00ednez, ave sin\u00f3nimo de gloria que viaja por lo m\u00e1s alto: el coraz\u00f3n mismo del mexicano que no requiere domar una serpiente para saberse superior. Es el coraz\u00f3n de la sierra Ju\u00e1rez, como nos recuerda Dionisio Mart\u00ednez: la sierra como irrupci\u00f3n de la interioridad hacia lo terrestre en ese esp\u00edritu llamado Benito. Iv\u00e1n Bautista refrenda esa relaci\u00f3n Ju\u00e1rez-santidad en una peculiar f\u00e1bula gr\u00e1fica donde el santo oaxaque\u00f1o se divierte con la historieta del Santo luchador, emblema de lo mexicano en otros campos; como si Ju\u00e1rez entendiera que compartir adjetivos con el enmascarado evidenciara la facilidad con que califica el pueblo a sus \u00eddolos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El rey, sin embargo, habita los terrenos de sus seguidores y muchas veces los intereses de pueblo y oligarqu\u00eda se contraponen. Implacable, cierto de muchas acciones documentadas hist\u00f3ricamente que a los ojos contempor\u00e1neos resultan opinables o criticables, Mario Guzm\u00e1n exterioriza a Ju\u00e1rez como un Lincoln que ha subyugado a los ind\u00edgenas: el ni\u00f1o a sus pies no est\u00e1 tranquilo ni libre, enjuto testimonia la altivez de ese Ju\u00e1rez que copia la figura m\u00e1s representada del presidente considerado como el liberador de esclavos estadunidense. Esta pieza nos recuerda que en la obra de arte participan casi al mismo nivel el espectador y el creador: el ni\u00f1o puede ser visto como las futuras generaciones a los pies del peso hist\u00f3rico de una figura que en el fondo ni siquiera representa los ideales mexicanos, sino los gringos; los optimistas lo entender\u00e1n como el reposo de las generaciones que vendr\u00e1n. Ju\u00e1rez libera de los invasores, pero bajo la figura de Lincoln: Guzm\u00e1n plantea que no necesariamente para bien del pa\u00eds. Y muchos podr\u00edan darle la raz\u00f3n, luego de las d\u00e9cadas perdidas y de los ideales juaristas abandonados por pol\u00edticos de boca f\u00e1cil. Manuel Pinacho nos recuerda que, a la distancia, Ju\u00e1rez puede ser un ente carcomido, pero que podr\u00eda renovarse si fuera comprendido en su integridad.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El rey habita todo su reino. Guillermo Pacheco nos impone el recuerdo de que Ju\u00e1rez no es un \u00eddolo inm\u00f3vil en miles de monumentos y billetes; es una figura que en una indetenible carreta sigue recorriendo el pa\u00eds, como lo hizo con parte del archivo nacional en un momento cr\u00edtico de la historia.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El rey es su reino. No importa si su reino iniciara en la Sierra Norte, entre los zapotecos: todo el pa\u00eds le rinde pleites\u00eda y sus ecos llegan a muchos pa\u00edses. Gerardo Bonilla plantea la identidad hacia adentro y hacia afuera del personaje hist\u00f3rico. La humanidad del rey Ju\u00e1rez se ha perdido, s\u00f3lo queda su investidura inamovible de s\u00edmbolo y, en su \u00e1nimo de ser apropiado por todos los mexicanos, se olvida su lugar de nacimiento. Oaxaca, rinc\u00f3n de municipios multiplicados, de identidades fraccionadas hacia lo microsc\u00f3pico, en contraste con un mapamundi que tiende a lo macro, lo global, donde lo \u00e9tnico pierde fuerza aislante y de cohesi\u00f3n interna y comunitaria. En la postmodernidad y la preponderancia de la individualidad, \u00bfc\u00f3mo aceptar de vuelta a un Ju\u00e1rez que reina sin precisar su regi\u00f3n, lengua y fenotipo zapoteco? Para Bonilla, como verdadera corona ante el reino mundial, Ju\u00e1rez porta una imagen zapoteca para establecer que, antes de recordar a Ju\u00e1rez como oaxaque\u00f1o, debe tom\u00e1rsele como zapoteca reinante. En un M\u00e9xico donde las regiones y las identidades se diluyen ante los retos m\u00e1s esenciales, el llamado a la coincidencia parece ser un recorrido ineludible.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El riesgo de entronizar a Ju\u00e1rez no es el de enga\u00f1ar a sus seguidores: la esperanza que emana de sus acciones ha guiado a muchas generaciones en la direcci\u00f3n m\u00e1s adecuada: \u00e9sa que nos recuerda que no hay imposibles en la adversidad. Las gr\u00e1ficas presentadas por el colectivo 2Diez son un mensaje para reforzarnos que ning\u00fan rey de la iconograf\u00eda mexicana es incuestionable, pero para ello es necesario documentarse y saber del quehacer y pensamiento de ese Ju\u00e1rez que parece nunca sonre\u00edr, a pesar de los millones de seguidores de su calidad ind\u00edgena triunfante ante todas las castas y colores de piel que intentaron subyugar al pa\u00eds de indios que \u00e9l gobern\u00f3 con manos llenas de sangre y pies quebrados por los traslados y las guerras.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ju\u00e1rez sigue vivo y re\u00fane a artistas de distintas generaciones para forzarlos a actualizar su significado. En el siglo XXI, donde lo visual impera, Ju\u00e1rez est\u00e1 presente como aspiraci\u00f3n de los mexicanos a ganar la batalla contra los nuevos invasores. Pero tambi\u00e9n para recordarnos que incluso el mejor rey corre el riesgo de ser un tirano cuando la voluntad de poder no es controlada en los caminos constructivos. Ju\u00e1rez dio la vida para mostrar que la educaci\u00f3n hab\u00eda cambiado su perspectiva personal. Quiz\u00e1 por ese logro inocultable, imposible de borrar en el tiempo y la historia, es que Ju\u00e1rez, a pesar de las muchas opiniones de detractores y admiradores, es parte de la tierra donde naci\u00f3, como bien muestra Modesto Bernardo al presentar un rostro de colores terrosos, con las variantes de la tierra mojada, la m\u00e1s f\u00e9rtil. En la eficaz creaci\u00f3n de Bernardo podr\u00edamos elucubrar que es el propio rostro, la presencia humana triunfante, la que hace a la tierra revivir y dar frutos: es Ju\u00e1rez quien obliga a la sierra a hacerse productiva: no importa qu\u00e9 opinemos de \u00e9l, su poder\u00edo derivado de las acciones y los triunfos obtenidos, muchos apenas publicitados, nos llevan a la esperanza de suponer que esa tierra, eternamente en posibilidad de darnos nuevos Ju\u00e1rez, est\u00e1 ah\u00ed, a veces como una promesa, a veces como una parcela que cumple la intenci\u00f3n juarista de evidenciar la fertilidad del alma.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El verdadero tesoro de Ju\u00e1rez radica en el esfuerzo personal por romper la inercia social y geogr\u00e1fica. Y s\u00f3lo pudo lograrlo en el estudio y luego en la acci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Benito Ju\u00e1rez La figura de Benito Ju\u00e1rez, retratado como el oaxaque\u00f1o universal, termina significando la de un peculiar rey, con la preeminencia del ideal, del yo superior. Ju\u00e1rez, el que se cuestiona para renovarse en todas las generaciones imbuidas en su mitolog\u00eda y en su representaci\u00f3n. Hablar de Ju\u00e1rez pareciera cosa repetitiva, m\u00e1s en Oaxaca. 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