{"id":11939,"date":"2016-06-12T09:45:05","date_gmt":"2016-06-12T15:45:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11939"},"modified":"2016-06-12T09:45:05","modified_gmt":"2016-06-12T15:45:05","slug":"caminar-caminar-caminar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11939","title":{"rendered":"Caminar, caminar, caminar"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Caminar, caminar, caminar<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Jorge Bustamante Garc\u00eda<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\"><span lang=\"EN-US\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Me gusta caminar. Algo siempre me dice camina y mira, callejea, zamb\u00fallete en la vida. Cada vez que llego a una ciudad, me voy a vagar por sus calles, me gusta meterme a alg\u00fan caf\u00e9, husmear en librer\u00edas y almacenes, mirar vitrinas, sentarme en alg\u00fan parque. Uno puede vivir toda la vida en una ciudad y entender casi nada de ella, si no sale, si no visita sus mercados olorosos, sus casas y sus rincones legendarios en donde han latido todas sus historias. Hay ciudades que uno no acabar\u00eda de conocer nunca, porque se extienden sin cesar, se regodean en su laberinto, un lugar conduce a otro, se inventan a s\u00ed mismas de manera permanente. Toda ciudad crea los seres que la han conquistado. Existen ciudades que tras la avalancha chispeante de lugares, de murmullos estridentes y algarab\u00edas et\u00e9reas y hermosas, se pierden luego para siempre en los intrincados senderos del silencio. Y el silencio, al fin y al cabo, es casi todo: la ausencia, los gemidos tenues, imperceptibles, m\u00fasica muda que permanece tras los actos de amor y la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Cuando estudiaba en Bogot\u00e1 caminaba veinte cuadras para llegar a la universidad, de adolescente deambulaba todo el tiempo con mis amigos por las arterias de mi pueblo despu\u00e9s de la escuela. Cuando supe de la muerte de mi madre, en el invierno moscovita de finales del \u201972, camin\u00e9 varios d\u00edas sin descanso. Sal\u00eda muy temprano de la residencia estudiantil y regresaba muy tarde para calentarme y dormir. Nunca he caminado tanto como en esa \u00e9poca, aunque me partiera el fr\u00edo. Cuando ya estaba al l\u00edmite me met\u00eda al Metro, circulaba de una estaci\u00f3n a otra hasta que ca\u00eda en el anillo perif\u00e9rico que se cruzaba con todas las otras l\u00edneas. En ese anillo del Metro moscovita pod\u00eda uno viajar horas y horas sin llegar al final. Una vez estuve todo el d\u00eda dando vueltas y vueltas, a veces le\u00eda partes de La condici\u00f3n humana \u2013libro que llevaba siempre conmigo por esos d\u00edas\u2013 o me quedaba ensimismado sentado en un rinc\u00f3n del vag\u00f3n, la gente entraba y sal\u00eda con sus botas y abrigos y gorros de invierno, tal vez pensaba en mi madre, en la \u00faltima vez que la vi en el aeropuerto alzando su mano a lo lejos en se\u00f1al de despedida.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Quiz\u00e1s errando de esa manera, muchas cosas se derrumbaban para m\u00ed; a ese joven de veinti\u00fan a\u00f1os se le dilu\u00edan sentimientos y certezas en medio de un tren subterr\u00e1neo que giraba y giraba sin descanso. Ahora pienso, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, que pasear as\u00ed, sin aparente rumbo, pudo significar tambi\u00e9n volver a mirar, reflexionar, explorar ignotos e in\u00e9ditos pasillos de mi ser para llenar de sentido nuevo las cosas del mundo. Al moverme as\u00ed se transformaban tambi\u00e9n mis sentimientos y mis ideas. Ahora me parece creer que me he pasado la vida caminando. Si pudiera uno hacer el c\u00e1lculo de lo que ha caminado en la vida de seguro le alcanzar\u00eda m\u00ednimo para una vuelta a pie por el planeta. A\u00f1os y a\u00f1os camin\u00e9 por mi pueblo, por las avenidas largas de Bogot\u00e1, por las amplias perspectivas de Mosc\u00fa y Leningrado, de Vilna y Tallin, por las monta\u00f1as del C\u00e1ucaso y Crimea, de pe a pa transit\u00e9 incontables veces por la avenida central de San Jos\u00e9 de Costa Rica, he vagado sin t\u00e9rmino por bulevares, callejones, arterias, v\u00edas, paseos, rincones, barriadas de Popay\u00e1n, Lima, Toulouse, Guadalajara, Morelia y muchas otras ciudades y pueblos de M\u00e9xico, Colombia, Costa Rica, Francia, Per\u00fa o Rusia. A eso hay que agregarle m\u00e1s de treinta a\u00f1os de caminatas por campos y monta\u00f1as en trabajos de geolog\u00eda. Siendo conservador s\u00ed me alcanza para al menos una vuelta a la tierra, los poco m\u00e1s de cuarenta mil kil\u00f3metros de su per\u00edmetro. Si al menos durante cincuenta a\u00f1os se caminan dos o tres kil\u00f3metros diarios se sobrepasa ese per\u00edmetro.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">De hace unos a\u00f1os para ac\u00e1 he agarrado la costumbre de hacer largas caminatas matutinas por la Avenida Universidad y el campo estudiantil en la ciudad que habito. Me gusta desentra\u00f1ar nuevas formas en los paisajes que veo, aunque intuyo \u2013como escribe el inimitable W. G. Selbald\u2013 que \u201csobre cada forma nueva se cierne ya la sombra de la destrucci\u00f3n\u201d. Camino, miro, pienso y me deleitan las dimensiones y los colores de las cosas, el olor de las flores y las hojas, el chirriar del musgo que piso, los efluvios de las personas con las que me cruzo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">En esos paseos matutinos rehago recuerdos, entretejo relatos que en primera instancia parecen imposibles, pero que conforman una red que resulta ser un abanico prodigioso e inesperado de historias, situaciones y personajes que me gustar\u00eda aprehender antes de que se esfumen, llevarlos al papel para que mis sue\u00f1os no se me mueran de fr\u00edo. Entonces regreso a casa y perge\u00f1o palabras que en un inicio se muestran ca\u00f3ticas y arbitrarias, pero que luego parecen encontrar un cauce que no s\u00e9 a ciencia cierta a d\u00f3nde conducir\u00e1, quiz\u00e1s a la reconstrucci\u00f3n de la experiencia, tal vez a la destrucci\u00f3n del sue\u00f1o, \u00bfqui\u00e9n lo sabe? Caminar y escribir, leer el mundo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">En esas caminatas matinales veo gente de la m\u00e1s diversa condici\u00f3n. Estudiantes que circulan despreocupados con sus mochilas rumbo a clase, algunos desayunan tacos o tortas y jugo de naranja. Otros sacan copias en las papeler\u00edas. Mujeres que van tal vez a su trabajo, o a una cita, esperan la combi rosada o la verde. Mujeres y hombres maduros manejan coches hacia distintos destinos. Veo unos cuantos viejos que pasan ensimismados, con bolsas en las manos. Camino y miro. Marcho y recuerdo. Paseo e invento. Tejo y destejo para \u201cponer el panorama en palabras\u201d, como lo quer\u00eda Stevenson. Escribo en mi mente lo que pienso de m\u00ed mismo, lo que creo recordar de los sucesivos seres que he sido, lo que pienso de los dem\u00e1s, de mis amigos y conocidos. Camino y revivo historias de otros y m\u00edas, cada d\u00eda saco nuevas deducciones, la narrativa se deshilacha mientras camino y todo parece un galimat\u00edas, un embrollo que tengo que tejer y destejer para que adquiera cierta unidad.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Un poeta ruso sal\u00eda a caminar por las calles de Mosc\u00fa en los a\u00f1os treinta del siglo pasado, s\u00f3lo para inventar sus poemas. Caminaba y caminaba, elaboraba cada l\u00ednea, cada verso, cada metro, y \u00fanicamente regresaba cuando ya ten\u00eda todo el poema en la cabeza y se lo dec\u00eda a su esposa Nadezhda, quien lo aprend\u00eda de memoria para salvarlo de la censura estalinista. Era un poeta que no escrib\u00eda, sino caminaba, y con ese m\u00e9todo escribi\u00f3 cosas como esta: \u201c\u00bfQu\u00e9 calle es esta?\/ La calle Mandelstam.\/ Qu\u00e9 apellido m\u00e1s espantoso:\/ si no lo aireas\/ suena curvo y no recto.\/ Poco en \u00e9l es lineal\/ m\u00e1s bien de car\u00e1cter sombr\u00edo\/ y es por eso que esta calle,\/ mejor este foso,\/ lleva el nombre\/ de ese tal Mandelstam.\u201d Una vez no sigui\u00f3 ese m\u00e9todo, escribi\u00f3 en papel un poema que ley\u00f3 a varios contertulios y que al final le cost\u00f3 la vida. Tild\u00f3 al tirano de \u201cmonta\u00f1\u00e9s del Kremlin\u201d y lo dibuj\u00f3 con \u201csus gruesos dedos grasosos, cual gusanos\u201d rodeado de una \u201cchusma de jefes catrines\u201d al cual m\u00e1s lameculos y serviles, a quienes pod\u00eda golpear a su antojo \u201cen la ingle, en la frente, en las cejas, en los ojos\u201d. Y termin\u00f3 el poema con dos versos ir\u00f3nicos que se incrustaron como dardos en las entra\u00f1as de dictador y que \u00e9ste jam\u00e1s perdon\u00f3: \u201c\u00e9l puede matar y a la vez ser dulce,\/ es un oseta de gran coraz\u00f3n\u201d; oseta, es decir originario de Osetia, regi\u00f3n de Georgia de donde era Stalin. Ah\u00ed comenz\u00f3 el calvario final del poeta, con arrestos y destierros, hasta que muri\u00f3 en la miseria absoluta y en la humillaci\u00f3n en un campo de trabajos forzados en 1938. Su viuda no supo de su destino sino veinte a\u00f1os despu\u00e9s, pero salv\u00f3 su memoria con un libro prodigioso, Contra toda esperanza, que sobrevivi\u00f3 a los embates de la injusticia y el tiempo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Camino en las ma\u00f1anas por la Avenida Universidad, rodeo el Campus, llego al Estadio Universitario y troto un rato sobre la tersa pista color ladrillo. La gente que camina no puede dejar de pensar. Pienso todo el tiempo, miro a los otros que trotan o caminan y me parece ver sobre sus cabezas una nube imaginaria repleta de palabras, como en los c\u00f3mics, con sus pensamientos. Caminamos por la pista, discurrimos, cavilamos, recreamos, inventamos recuerdos, escribimos. Se escuchan los motores y los cl\u00e1xones en las avenidas cercanas. Un helic\u00f3ptero rasga el firmamento, se dirige al poniente de la ciudad, luego se pierde en la lejan\u00eda.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ese escarabajo volador me record\u00f3 lo ocurrido durante una campa\u00f1a de exploraci\u00f3n geol\u00f3gica en 1994. En esa ocasi\u00f3n tres ge\u00f3logos esper\u00e1bamos en el aeropuerto de Morelia el helic\u00f3ptero que vendr\u00eda de Toluca para dirigirnos a la sierra costera. Esperamos dos o tres horas, pero el aparato nunca lleg\u00f3. Recibimos la orden de regresar a la oficina. Al llegar, los compa\u00f1eros nos soltaron a quemarropa: \u201cEl helic\u00f3ptero no lleg\u00f3 porque ayer se cay\u00f3 en trabajos de campo en el Estado de M\u00e9xico. \u00a1Nadie sobrevivi\u00f3!\u201d Quedamos aturdidos, no lo pod\u00edamos creer. Cuatro ge\u00f3logos, nuestros compa\u00f1eros y el piloto, se hab\u00edan matado al perder las h\u00e9lices entre unos cables de alta tensi\u00f3n. Unos campesinos que fueron testigos del hecho afirmaron despu\u00e9s que el aparato alcanz\u00f3 a volar sin h\u00e9lices r\u00edo abajo unos 300 metros antes de estrellarse, trescientos metros antes de morir \u00bf10, 20 segundos? Hoy puedo recordar sus nombres: Ra\u00fal, Armando, To\u00f1o, Everardo. Eran todav\u00eda j\u00f3venes, la muerte los sorprendi\u00f3 en sus labores, como lo quer\u00eda Ovidio.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">De regreso de mis paseos ma\u00f1aneros por la avenida Universidad me encuentro todos los d\u00edas a \u00c1lvaro Mutis a la entrada de una librer\u00eda: en un rinc\u00f3n detr\u00e1s de un cristal atisba a los transe\u00fantes con su leve mirada. Si no fuera porque es la entrada a una librer\u00eda, uno podr\u00eda pensar que alguien lo olvid\u00f3 en ese rinc\u00f3n para que siguiera en la vida. Ah\u00ed est\u00e1 su imagen, su rostro con ojos traviesos, bigote claro, su sonrisa curiosa mirando pasar las cosas del mundo. La gente deambula a su lado, mira la foto, sigue de largo. Cada vez que camino por la avenida me quedo ah\u00ed al lado unos segundos, pienso en Amirbar, en Abdul Bashur so\u00f1ador de nav\u00edos, en el errante Maqroll el Gaviero que valoraba la amistad y descre\u00eda de todo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pienso y camino. Paseo y miro, fisgoneo y contemplo, medito y oteo, pienso y recuerdo. Cada nuevo d\u00eda de la vida es una nueva p\u00e1gina que podr\u00edamos escribir. Una persona que escribe intenta leer los entresijos de la vida, interpreta los pliegues del mundo, intuye sus misterios, y escribe. Realiza, tambi\u00e9n, un viaje interior, tanto cuando camina por la calle como cuando se interna en las historias de otros, cuando intenta una introspecci\u00f3n, una indagaci\u00f3n de s\u00ed mismo y traduce todo eso en palabras: escribe. Anda y escribe, y al caminar descubre, tal vez, algunos motivos del ser. Parece nada, pero en realidad lo es todo \u2022<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Caminar, caminar, caminar Jorge Bustamante Garc\u00eda \u00a0 Me gusta caminar. Algo siempre me dice camina y mira, callejea, zamb\u00fallete en la vida. Cada vez que llego a una ciudad, me voy a vagar por sus calles, me gusta meterme a alg\u00fan caf\u00e9, husmear en librer\u00edas y almacenes, mirar vitrinas, sentarme en alg\u00fan parque. 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