{"id":12041,"date":"2016-10-10T10:45:13","date_gmt":"2016-10-10T16:45:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12041"},"modified":"2016-10-10T10:45:39","modified_gmt":"2016-10-10T16:45:39","slug":"12041","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12041","title":{"rendered":"Dos centenarios espa\u00f1oles: Cela y Buero Vallejo"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Dos centenarios espa\u00f1oles: Cela y Buero Vallejo<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La Jornada Semanal<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Por Ricardo Bada<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En este a\u00f1o se cumplen los centenarios de un poeta, un prosista y un dramaturgo espa\u00f1oles que le cambiaron la cara y el talante a la literatura de su pa\u00eds tras el sangriento par\u00e9ntesis de la Guerra civil. Fueron ellos, respectivamente, Blas de Otero (15\/iii\/1916), Camilo Jos\u00e9 Cela (11\/v\/1916) y Antonio Buero Vallejo (27\/ix\/1916). No me considero capacitado para hablar de Blas de Otero, no tengo u\u00f1as para esa guitarra, pese a que adoro su poes\u00eda y nunca se me olvida un poema suyo que tiene bastante m\u00e1s carga pol\u00edtica de lo que parece a simple vista: \u201cPor el cielo pasa\/ un avi\u00f3n a reacci\u00f3n,\/ \u00a1qu\u00e9 cabr\u00f3n!\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pero s\u00ed puedo contar algunas cosas de los otros dos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Los oficios de Camilo<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Mi amistad con Camilo Jos\u00e9 Cela, como muchas otras de las que he hecho a lo largo de la vida, comenz\u00f3 por medio de unas cartas. Le escrib\u00ed desde Colonia\/Alemania, desde la Radio Deutsche Welle, donde me desempe\u00f1aba como redactor, a su direcci\u00f3n de la Real Academia de la Lengua, consult\u00e1ndole sobre si pod\u00edamos usar una palabra que no figuraba en el dign\u00edsimo diccionario de la misma. La respuesta, que no se hizo esperar, ni es apta para menores, resolvi\u00f3 nuestra duda. A partir de entonces, a\u00fan m\u00e1s que antes, no me ha preocupado nunca usar palabras no registradas en los cementerios del idioma: me basta con que expresen lo que quiero decir y conque todo el que me escucha o me lee, entienda lo que quise decir.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">A\u00f1os despu\u00e9s, en ocasi\u00f3n de su primera visita a Alemania, lo conoc\u00ed personalmente y, al muy poco tiempo, en otra visita que hizo a este pa\u00eds, el entonces embajador de Espa\u00f1a me pidi\u00f3 que me desempe\u00f1ara como acompa\u00f1ante de Cela durante su estad\u00eda en Bonn y Colonia. De manera que durante tres d\u00edas fuimos y vinimos de aqu\u00ed para all\u00e1, compartiendo almuerzos, cenas, paseos y largas, largu\u00edsimas conversaciones que fraguaron una amistad sin sombras.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Una amistad de la que yo fui el \u00fanico beneficiario, porque Camilo me trat\u00f3 siempre con una generosidad y un afecto ins\u00f3litos, que nunca supe c\u00f3mo reciprocarle. Buena prueba de esa generosidad y ese afecto es el ejemplar artesanal de un libro suyo que me envi\u00f3 dedicado, un libro cien por ciento hecho a mano e ilustrado a todo color con unos dibujos de Pablo Picasso.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y s\u00e9pase que si lo llamo Camilo, a secas, s\u00e9 que puedo llamarlo as\u00ed porque as\u00ed me lo exigi\u00f3, igual que me impuso el tuteo que yo, por respeto, estuve neg\u00e1ndole al principio.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Siendo ya Premio Nobel, en 1990, en San Lorenzo de El Escorial, durante los cursos de verano de la Universidad Complutense, me descubri\u00f3 asistiendo a unas conferencias acerca del castellano en Estados Unidos, e ipso facto me secuestr\u00f3 (no encuentro otra palabra) hasta su mesa del comedor principal y el c\u00edrculo de sus amigos m\u00e1s \u00edntimos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, Camilo extrem\u00f3 su deferencia hacia m\u00ed hasta el punto de dedicarme un art\u00edculo muy divertido, con esa prosa suya que es uno de los pocos lujos que se ha permitido el idioma castellano en el siglo xx. Hablaba all\u00ed de los Ricardos que le resultaban conocidos, Ricardo Coraz\u00f3n de Le\u00f3n, Ricardo Wagner y el legendario arquero del mejor seleccionado de futbol de todos los tiempos, Ricardo Zamora, para terminar refiri\u00e9ndose a su amigo Ricardo Bada, quien lo hab\u00eda representado en Hamburgo, en una ceremonia donde la tertulia literaria El Butac\u00f3n lo distingui\u00f3 con la Copa de la Amistad.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Por mi parte, tambi\u00e9n yo le rend\u00ed un homenaje poco habitual, que fue resumir en uno solo, como si se tratase de uno nuevo, titulado Vagabundo al servicio de Espa\u00f1a, sus cinco libros de viajes por el pa\u00eds. Una tierra, la suya, que recorri\u00f3 casi \u00edntegramente a pie y escribiendo y publicando sus impresiones de andariego impenitente, leg\u00e1ndonos entre ellas un cl\u00e1sico del idioma, su magistral Viaje a la Alcarria.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y ya que estamos en ello y acabo de decir que esa prosa suya es uno de los pocos lujos que se ha permitido el idioma castellano en el siglo xx, me gustar\u00eda redondear estos recuerdos con la menci\u00f3n de La familia de Pascual Duarte, Pabell\u00f3n de re-poso, La colmena, Mrs. Caldwell habla con su hijo, San Camilo 1936, Mazurca para dos muertos y Cristo versus Arizona. Se trata de novelas de una vitalidad nunca vista hasta entonces en la an\u00e9mica narrativa espa\u00f1ola de la postguerra, pero adem\u00e1s demuestran que Camilo jam\u00e1s se encasill\u00f3 en un solo g\u00e9nero, sus registros abarcan toda la gama de la narrativa de su siglo. Y en una prosa incomparable, dicho sea en el sentido m\u00e1s literal de la palabra.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">No quiero ni puedo, naturalmente, cerrar los ojos ante la evidencia de que en el pasado de Camilo existieron cap\u00edtulos que no hablan nada bien acerca de su persona y de su car\u00e1cter, y p\u00e1ginas publicadas ante las que no podemos sentir sino verg\u00fcenza ajena. No hablo tanto de su dedicaci\u00f3n al menester de la censura, que en Espa\u00f1a lo ejerci\u00f3 incluso un poeta de los menos sospechosos en lo moral: Gustavo Adolfo B\u00e9cquer. Hablo, claro est\u00e1, de su ofrecimiento, en carta aut\u00f3grafa, para actuar como delator. Hablo, claro est\u00e1, de su contubernio con el dictador venezolano P\u00e9rez Jim\u00e9nez, embols\u00e1ndose una sustanciosa cantidad de d\u00f3lares a cambio de escribir una novela ambientada en aquel pa\u00eds: La catira.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Por todo ello y por su irreductible arrogancia, no demostrando jam\u00e1s un arrepentimiento, Camilo fue una persona muy discutida, controvertida y desde\u00f1ada. Le reprochaban una malsonancia, una vulgaridad y una avidez que eran como sus se\u00f1as de identidad exteriores, sin advertir que eran al mismo tiempo las que permit\u00edan distinguirlo de tanta \u00f1o\u00f1er\u00eda, tanta correcci\u00f3n y tanto esnobismo rastacuero que son actualmente las marcas m\u00e1s visibles de una profesi\u00f3n vendida con armas y bagajes al Estado protector y a la industria editorial. De ninguno de estos dos peligros necesit\u00f3 salvarse Camilo. Cuando aparecieron ya se hab\u00eda aupado por encima del resto de la tribu, ejerciendo su inalienable derecho a continuar por su cuenta y riesgo la picaresca del Siglo de Oro.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y al llamarlo p\u00edcaro le estoy rindiendo nuevamente homenaje: Camilo fue el lazarillo de Tormes que sac\u00f3 a la literatura espa\u00f1ola de las tinieblas del franquismo. Ese fue su oficio y es por ello quiz\u00e1s que uno de sus mejores libros se titula as\u00ed: Oficio de tinieblas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La luz de Buero Vallejo entre las sombras<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El 10 de febrero de 1949, en el Teatro Morosco de Nueva York, se estren\u00f3 La muerte de un viajante, de Arthur Miller. All\u00ed lleg\u00f3 a las tablas, por primera vez, Willy Loman. Inolvidable, para todos los amantes del teatro, la acotaci\u00f3n esc\u00e9nica inicial: \u201cWilly Loman, el viajante, entra por la derecha con dos grandes maletas de muestras.\u201d Comienza en ese momento una tragedia que quienes la hayan vivido alguna vez, desde la platea, nunca la olvidar\u00e1n: es una de esas obras que se quedan grabadas para siempre en el recuerdo, pirograbadas por el ascua de la m\u00e1s alta inspiraci\u00f3n dram\u00e1tica.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ocho meses y cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde, el 14 de octubre de ese mismo a\u00f1o 1949, en el Teatro Espa\u00f1ol de Madrid sube al escenario, tambi\u00e9n por primera vez, Historia de una escalera, la obra galardonada (por un descuido de la censura) con el primer premio Lope de Vega discernido despu\u00e9s de la Guerra civil. El estreno reviste caracteres de apoteosis. No es para menos. Su autor es Antonio Buero Vallejo, un republicano espa\u00f1ol con una pr\u00edstina vocaci\u00f3n de pintor, compa\u00f1ero de prisi\u00f3n de Miguel Hern\u00e1ndez, condenado a muerte y escapado a duras penas del pelot\u00f3n de fusilamiento. Se trata del primer derrotado de la contienda fratricida que triunfa en la Espa\u00f1a de Franco.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Historia de una escalera no alcanz\u00f3 nunca la resonancia universal de La muerte de un viajante. El drama albergado en sus di\u00e1logos y en sus movimientos esc\u00e9nicos es un drama de todos los d\u00edas donde no se plantea aquello de que \u201cNo hay m\u00e1s que un problema filos\u00f3ficamente serio: es el suicidio\u201d, la frase lapidaria con que Albert Camus inicia su Mito de S\u00edsifo, publicado seis a\u00f1os antes de que se estrenasen las obras de Miller y Buero Vallejo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El viajante, Willy Loman, termina suicid\u00e1ndose: los personajes de esa corrala madrile\u00f1a de Historia de una escalera terminan sobrevivi\u00e9ndose. Y sin embargo asimismo inolvidable, para todos los amantes del teatro, la \u00faltima acotaci\u00f3n de la obra de Buero: Carmina y Fernando, los hijos de los protagonistas, \u201cse contemplan extasiados, pr\u00f3ximos a besarse. Los padres se miran [&#8230;] largamente. Sus miradas, cargadas de una infinita melancol\u00eda, se cruzan sobre el hueco de la escalera sin rozar el grupo ilusionado de los hijos.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Mi pasotismo frente a la dizque actualidad, mi rechazo del surfeo en internet, hicieron que me enterase muy tarde de la muerte de Antonio Buero Vallejo, por el semanario Brecha editado en Montevideo y que me lleg\u00f3 a Colonia, en Alemania, al menos una semana despu\u00e9s de su aparici\u00f3n. Rememor\u00e9 leyendo la noticia al hombre afable y honesto con quien mantuve alguna correspondencia en los a\u00f1os setenta, a quien conoc\u00ed personalmente la noche del 19 de marzo de 1984 \u2013una noche para m\u00ed tambi\u00e9n inolvidable\u2013 en ese mismo Teatro Espa\u00f1ol de Madrid testigo de su primer clamoroso triunfo, y a quien visitamos en su casa de la calle General D\u00edaz Porlier en noviembre de 1996, atendi\u00e9ndonos con una cordialidad exquisita y generosa.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Como a Cela, tampoco le faltaron detractores a Buero Vallejo en vida, ni siquiera despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n que supuso el Premio Cervantes: alg\u00fan ataque artero, innoble, he tenido ocasi\u00f3n de leer en p\u00e1ginas que se precian de ser ecu\u00e1nimes, y de plumas que posan de izquierdas de toda la vida. Deles Dios mal galard\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u00bfQu\u00e9 era lo que se le reprochaba? Se le reprochaba su \u201cposibilismo\u201d. Como si decir tantas cosas \u2013todas las cosas que quer\u00eda y que a fin de cuentas s\u00ed que supo decirnos\u2013 fuese \u201cposible\u201d en la inferiocre Espa\u00f1a de Franco. Una Espa\u00f1a donde los paradigmas teatrales, hasta la aparici\u00f3n de Buero, pasaban por las coordenadas de Jos\u00e9 Mar\u00eda Pem\u00e1n, el primer ministro de Cultura (\u00bfqu\u00e9 cultura?) que tuvo el dictador, ese mismo Pem\u00e1n que dej\u00f3 escrito a prop\u00f3sito de la felon\u00eda franquista: \u201cNo hay negocio mejor que la Cruzada\u201d (sic: en el Poema de la bestia y el \u00e1ngel, de 1938). Y desde luego no lo dijo c\u00ednicamente, sino en el sentido jesu\u00edtico: no olvidemos que Ignacio de Loyola se adelant\u00f3 un par de siglos a monse\u00f1or Escriv\u00e1 de Balaguer.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En 1982 llev\u00f3 a cabo Buero una l\u00edmpida versi\u00f3n de El pato silvestre, de Ibsen, y en el pr\u00f3logo que escribi\u00f3 para ella dej\u00f3 dicho a sus detractores: \u201cPara los primeros discrepantes, este drama grandioso equival\u00eda a una retractaci\u00f3n. El implacable develador de mentiras individuales y sociales reconoc\u00eda la positividad del enga\u00f1o consolador; el altivo individualista \u2018enemigo del pueblo\u2019 mostraba al fin el fondo reaccionario de su cansancio. No advirtieron la sutil trampa del drama: la aparente desautorizaci\u00f3n de la verdad, deducible de la muy cierta desautorizaci\u00f3n del idealista extremoso, neur\u00f3tico y d\u00e9bil que es en la obra su campe\u00f3n, refuerzan, lejos de anularlo, el hecho de que Ibsen \u2013\u00e9l s\u00ed\u2013 contin\u00faa siendo campe\u00f3n de la verdad.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ahora y aqu\u00ed debe ser medianamente claro que un corpus dram\u00e1tico como el de Antonio Buero Vallejo, en el que se catalogan los t\u00edtulos Historia de una escalera, En la ardiente oscuridad, La tejedora de sue\u00f1os, Madrugada, Hoy es fiesta, Las cartas boca abajo, Un so\u00f1ador para un pueblo, Las Meninas, El concierto de San Ovidio y El sue\u00f1o de la raz\u00f3n, lo convierten sin duda en el m\u00e1s necesario y, sobre todo, el m\u00e1s luminoso de todos los dramaturgos espa\u00f1oles en la segunda mitad de ese siglo de las sombras, am\u00e9n de ser en su conjunto algo que bien puede parangonarse con la obra teatral de don Ram\u00f3n Mar\u00eda del Valle-Incl\u00e1n y de Federico Garc\u00eda Lorca. Por cierto que a ellos dos los logr\u00f3 reunir, de manera insuperable y bien documentada, en su discurso de recepci\u00f3n, de 1972, en la Real Academia de la Lengua Espa\u00f1ola. En esa ocasi\u00f3n, y al concluir, hizo ingresar en ella, como miembro de n\u00famero de la misma, y con car\u00e1cter p\u00f3stumo, al creador de La casa de Bernarda Alba. Repito que todav\u00eda era s\u00f3lo 1972: a\u00fan viv\u00eda (y segu\u00eda matando) el lorquicida \u2022<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos centenarios espa\u00f1oles: Cela y Buero Vallejo La Jornada Semanal Por Ricardo Bada En este a\u00f1o se cumplen los centenarios de un poeta, un prosista y un dramaturgo espa\u00f1oles que le cambiaron la cara y el talante a la literatura de su pa\u00eds tras el sangriento par\u00e9ntesis de la Guerra civil. 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