{"id":12270,"date":"2017-04-09T09:47:39","date_gmt":"2017-04-09T15:47:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12270"},"modified":"2017-04-09T09:47:39","modified_gmt":"2017-04-09T15:47:39","slug":"elizabeth-bishop-la-poeta-que-nos-enseno-a-perder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12270","title":{"rendered":"Elizabeth Bishop, la poeta que nos ense\u00f1\u00f3 a perder"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Elizabeth Bishop, la poeta que nos ense\u00f1\u00f3 a perder<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Marta Reb\u00f3n<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El Pa\u00eds<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">T\u00edmida e introspectiva, la poeta estadounidense encontr\u00f3 su universo en Brasil. All\u00ed construy\u00f3 parte de su obra, observadora y minuciosa, y all\u00ed recibi\u00f3 el Pulitzer en 1956. Una biograf\u00eda y una obra de teatro recuperan su figura.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">EN 1951, a la edad de 40 a\u00f1os, la poeta norteamericana Elizabeth Bishop parte desde Nueva York en un carguero con el deseo de dar la vuelta al mundo. No es una simple turista en busca de placeres e inspiraci\u00f3n. Al expatriarse, anhela soltar lastre, zafarse de un pesado fardo lleno de episodios de depresi\u00f3n y alcoholismo, alternados con fuertes ataques de asma y brotes de eccemas, que amenaza con truncar su carrera como escritora. La competitiva escena literaria neoyorquina, sumada a la soledad que all\u00ed la invade, choca con su extremada timidez y fragilidad emocional marcadas por la ausencia de un padre que, muerto prematuramente, no alcanz\u00f3 a presenciar su primer cumplea\u00f1os y de una madre que, hundida por el dolor, no tard\u00f3 en ser internada en un manicomio y desaparecer por completo de su vida.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">M\u00c1S QUE CREAR UN MUNDO, BISHOP DESCRIBE CON SOBRIEDAD EL QUE VE, SIN CEDER NUNCA AL SENTIMENTALISMO<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">A partir de entonces, Elizabeth se quedar\u00e1 a veces a cargo de la familia paterna y otras de la materna, sin llegar a encontrar el calor de un verdadero hogar. De hecho, cuando vive con las hermanas de su madre, su \u201cs\u00e1dico\u201d t\u00edo la somete a unos abusos que solo confesar\u00e1 d\u00e9cadas m\u00e1s tarde a su psiquiatra, como se desvela en A Miracle for Breakfast, la reciente biograf\u00eda de Megan Marshall. No es de extra\u00f1ar que, en una entrevista a The Paris Review, Bishop confesara que de ni\u00f1a se sent\u00eda como una invitada. \u201cCreo que siempre me he sentido as\u00ed\u201d, dec\u00eda. Marshall, aspirante a joven poeta y exalumna suya en Harvard en 1976, cuenta por correo electr\u00f3nico que Bishop \u201cno cre\u00eda que se pueda ense\u00f1ar a escribir y dec\u00eda que los poemas, en su caso, empezaban como un misterio y una sorpresa y que los llevaba a t\u00e9rmino a base de gran esfuerzo y arduo trabajo\u201d.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El buque SS Bowplate, cuyo destino era Tierra de Fuego, hace su primera escala en el puerto brasile\u00f1o de Santos, y la escritora la aprovecha para visitar en R\u00edo de Janeiro a una compatriota y a su pareja, Maria Carlota Costallat de Macedo Soares, con quienes hab\u00eda coincidido cuatro a\u00f1os antes en Manhattan. El viaje toma entonces una direcci\u00f3n imprevista: obligada a guardar cama durante semanas por una intoxicaci\u00f3n virulenta, acabar\u00e1 por quedarse m\u00e1s de quince a\u00f1os en Brasil. Su anfitriona, a quien todos llaman Lota, hab\u00eda nacido en Par\u00eds y era hija de un magnate de la prensa carioca. Cosmopolita e implicada en la vida cultural y pol\u00edtica de su pa\u00eds, le abre de par en par las puertas de su impresionante hacienda Samambaia (helecho gigante) en Petr\u00f3polis, 70 kil\u00f3metros al norte de R\u00edo de Janeiro. Cuando se estrecha la relaci\u00f3n entre ambas, Costallat, arquitecta y paisajista autodidacta, manda edificar expresamente un estudio para la poeta. Suspendido en el aire como un mirador de cristal, se alza de espaldas a la casa, ajeno al traj\u00edn dom\u00e9stico y arrullado por las aguas de un riachuelo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El escritor Michael Sledge reconstruye en Cuanto m\u00e1s te debo (Vaso Roto, 2016) la relaci\u00f3n sentimental entre las dos mujeres. Una historia vivida con intensidad y con desenlace tr\u00e1gico: Lota muri\u00f3 por una sobredosis \u2013no se sabe si accidental\u2013 en una visita a su ya examante en Nueva York, en 1967. Durante los 14 a\u00f1os de vida en com\u00fan, la escritora crea piezas memorables en prosa en las que recupera, por ejemplo, los ecos de su dif\u00edcil infancia en Nueva Escocia (Canad\u00e1) y Massachusetts; publica su segundo poemario, Una fr\u00eda primavera, premio Pulitzer en 1956, y concibe un tercero, Cuestiones de viaje (1965), en el que lanza esta pregunta: \u201c\u00bfEs falta de imaginaci\u00f3n lo que nos obliga a venir \/ a lugares imaginados, en vez de quedarnos en casa?\u201d. La paisajista carioca, por su parte, trabaja, infatigable, durante los \u00faltimos a\u00f1os de su relaci\u00f3n, para dar a su ciudad el imponente Parque del Flamenco: un proyecto agotador que se cobrar\u00e1 un alto precio personal.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u201cSU ESCRITURA ERA UNA LABOR TAN RIGUROSA QUE LLEVAR UN POEMA A UN PUNTO ACEPTABLE POD\u00cdA LLEVARLE A\u00d1OS\u201d, DEC\u00cdA DE ELLA EL ESCRITOR MICHAEL SLEDGE<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Todo lo que Costallat tiene de expansiva y segura lo tiene Bishop de t\u00edmida e introspectiva, pero en la combinaci\u00f3n de esos polos opuestos surge un v\u00ednculo que transformar\u00e1 la vida y la obra de ambas. Para Bishop supuso echar ra\u00edces por primera vez en un lugar y permitirse ser merecedora del amor de alguien: \u201cA veces parece que solo las personas inteligentes son lo suficientemente est\u00fapidas para enamorarse y que solo las est\u00fapidas son lo suficientemente inteligentes para dejarse amar\u201d, escribi\u00f3 en un cuaderno. Cuando sus caminos se cruzan \u00addefinitivamente, Bishop ya hab\u00eda publicado un primer poemario, Norte y sur. Sledge apunta que su \u201cescritura era una labor tan rigurosa que llevar un poema a un punto aceptable pod\u00eda llevarle a\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">M\u00e1s que crear un mundo, como hacen muchos poetas, Bishop describe con sobriedad el que ve, sin ceder nunca al sentimentalismo, que detestaba, y parece animar sosegadamente al lector a observarlo m\u00e1s de cerca. La suya es una poes\u00eda de la percepci\u00f3n en la que las palabras transmiten una verdad transitoria, nunca absoluta, sin explayarse en confesiones ni verter sentencias categ\u00f3ricas. En su obra confluyen extra\u00f1amente lo impersonal con lo \u00edntimo. Bishop rehu\u00eda las etiquetas, cualesquiera que fueran: mujer, lesbiana, modernista o norteamericana. Su docena de relatos y sus cuatro poemarios, uno por d\u00e9cada desde que debutara, dan buena cuenta de la exigencia con la que afrontaba cada composici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Megan Marshall, su bi\u00f3grafa, cree que la popularidad de la escritora no dejar\u00e1 de crecer y menciona, entre otros ejemplos, la reciente obra de teatro de Sarah Ruhl, Dear Elizabeth, que condensa 800 p\u00e1ginas de relaci\u00f3n epistolar entre Bishop y el tambi\u00e9n poeta Robert Lowell. En uno de sus mejores poemas, Bishop nos recuerda algo tan simple, a la vez que esencial, como que vivir es aprender a conjugar el verbo perder: \u201cPierde algo cada d\u00eda. Acepta el sobresalto \/ de las llaves perdidas, de la hora malgastada. \/ No es dif\u00edcil dominar el arte de perder\u201d.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Marshall subraya que Bishop \u201cnos muestra que la p\u00e9rdida es una experiencia universal, y al escribir tan bien sobre este tema consigue crear, parad\u00f3jicamente, algo que perdura\u201d. A\u00f1ade que la poeta era amante del espa\u00f1ol, lengua que aprendi\u00f3 de adulta y a la cual se sent\u00eda unida \u201cdesde que pas\u00f3 varios meses, durante la II Guerra \u00adMundial, en M\u00e9xico, donde conoci\u00f3 a Pablo Neruda, y que fue entonces cuando debi\u00f3 de saber de la existencia del poeta Miguel Hern\u00e1ndez, cuya Eleg\u00eda intent\u00f3 traducir en 1970, y que sin duda influy\u00f3 en la composici\u00f3n de su inmortal Un arte, su eleg\u00eda\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elizabeth Bishop, la poeta que nos ense\u00f1\u00f3 a perder Marta Reb\u00f3n El Pa\u00eds T\u00edmida e introspectiva, la poeta estadounidense encontr\u00f3 su universo en Brasil. All\u00ed construy\u00f3 parte de su obra, observadora y minuciosa, y all\u00ed recibi\u00f3 el Pulitzer en 1956. Una biograf\u00eda y una obra de teatro recuperan su figura. 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