{"id":12306,"date":"2017-04-16T11:40:05","date_gmt":"2017-04-16T17:40:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12306"},"modified":"2017-04-16T11:40:05","modified_gmt":"2017-04-16T17:40:05","slug":"cesar-vallejo-y-ramon-lopez-velarde-dos-heraldos-devotos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12306","title":{"rendered":"C\u00e9sar Vallejo y Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde: dos heraldos devotos"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">C\u00e9sar Vallejo y Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde: dos heraldos devotos<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La Jornada Semanal<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">I<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El postmodernismo hispanoamericano, secuela inexacta del primer gran movimiento po\u00e9tico surgido en Am\u00e9rica y encabezado por Rub\u00e9n Dar\u00edo, alberga en la obra inicial de Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde (1888-1921) y de C\u00e9sar Vallejo (1892-1938) quiz\u00e1 su aliento mayor y su firma de finiquito, pues ambos crecer\u00edan cada vez m\u00e1s lejos de este primigenio aroma de pavorreales multicolores y dem\u00e1s joyer\u00eda verbal para convertirse en dos poetas esenciales del siglo xx en nuestra lengua.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Es posible que entre La sangre devota (1916) y Los heraldos negros (1918), los libros con una m\u00e1s evidente deuda modernista de ambos poetas, no exista una vinculaci\u00f3n digna de se\u00f1alamiento; sin embargo, a cien a\u00f1os de su aparici\u00f3n, la relectura de estos poemarios deja ver que, por lo menos, se trata de dos autores fundamentales a cuya obra \u2013parca, si se quiere\u2013 nada le sobra, pues tres son los libros que, en cada caso, conforman su obligada bibliograf\u00eda: Zozobra (1919) y El son del coraz\u00f3n (1932, edici\u00f3n p\u00f3stuma), adem\u00e1s del ya anotado de L\u00f3pez Velarde, y Trilce (1922) y Poemas humanos. Espa\u00f1a aparta de m\u00ed este c\u00e1liz (1939), posteriores a la her\u00e1ldica obra del poeta peruano.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">De manera m\u00e1s significativa, es de advertirse que uno y otro modificaron el lenguaje heredado y, gracias a su fertil\u00edsima imaginaci\u00f3n, supieron denotar en su trabajo literario las inquietudes metaf\u00edsicas que los golpearon (el verbo es apenas una hip\u00e9rbole) durante su corta vida. En efecto, la peculiar comuni\u00f3n de santidad y erotismo en la poes\u00eda de L\u00f3pez Velarde es tan apacible como la simple rima de las palabras \u201ccaricia\u201d y \u201cnovicia\u201d, pero tan perturbadora como dar inicio a un poema de t\u00edtulo casi delirantemente sensual (\u201cBoca flexible, \u00e1vida\u201d) con los siguientes versos de un esmerado prosa\u00edsmo: \u201cCumplo a mediod\u00eda\/ con el buen precepto de o\u00edr misa entera\/ los domingos\u2026\u201d La oblicua inocencia que anima el grueso de los poemas de La sangre devota alienta, asimismo, una pericia particularmente certera en lo que se refiere al modo de adjetivar, quiz\u00e1 una de las virtudes m\u00e1s rotundas de la poes\u00eda velardiana: sus alardes velan muchas veces el a\u00f1ejo provincianismo que pudiera mancharla. Antonio Castro Leal cuenta que el poeta dejaba huecos en los borradores de sus textos, que luego iba llenando con los ep\u00edtetos que mejor le satisfac\u00edan, espantosa paciencia que explica la originalidad de ciertos calificativos: paz \u201ccelibataria\u201d, oraci\u00f3n \u201casm\u00e1tica\u201d, prosa \u201cmunicipal\u201d, \u201ct\u00f3nica\u201d tibieza \u201cmujeril\u201d. En cierta medida, de esta rara perfecci\u00f3n formal depende la devota lubricidad, la er\u00f3tica religiosidad po\u00e9tica del escritor zacatecano.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Si el amor es fuerza y vitalidad, una infusi\u00f3n de gracia divina y sin embargo corp\u00f3rea en L\u00f3pez Velarde, en los versos de Vallejo acusa caracteres menos melifluos: es \u201cla punta chispeante de los cuernos del diablo\u201d, como dice en el poema \u201cAmor prohibido\u201d. El Creador no inspira ning\u00fan sentimiento exaltado o siquiera compasivo en Los heraldos negros, donde la indiferencia convencida es la respuesta m\u00e1s af\u00edn a lo que llama Vallejo \u201cel suicidio mon\u00f3tono de Dios\u201d. Prevalece, en todo caso, una curiosa mezcla de indignaci\u00f3n desangelada y fe que se desinfla: una cierta rabia, debilitada por la resignaci\u00f3n, es la que anima \u2013ser\u00eda mejor decir: desanima\u2013 algunos versos del libro: \u201cHay ganas de\u2026 no tener ganas, Se\u00f1or;\/ a ti yo te se\u00f1alo con el dedo deicida:\/ hay ganas de no haber tenido coraz\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">No obstante que la amargura parece ser la instancia que identifica los sentimientos sagrados en ambos poetas (aunque en L\u00f3pez Velarde, y muy a su pesar, el pesar se disfrace de v\u00e9rtigo amoroso y el padecimiento de pasi\u00f3n), los rasgos diferenciales de la fe en cada poeta son los que mejor definen los asuntos religiosos de las dos obras. El llanto de tristeza o entusiasmo que se confunde con el mar en la mareante mara\u00f1a metaf\u00f3rica velardiana, es f\u00fanebre y acaso macabro en la poes\u00eda de Vallejo, donde hasta las gotas son duras si son de sangre y l\u00e1grimas convocadas por la muerte del hijo de Dios, como sucede en el poema \u201cImp\u00eda\u201d, cuyo solo t\u00edtulo se vuelve revelador de la \u00e1spera naturaleza del cristianismo vallejiano.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El Dios de Vallejo odia, golpea, se arrastra como un gusano sarnoso. Si la festiva divinidad de L\u00f3pez Velarde canta con frecuencia su propia tristeza, la vallejiana no pocas veces grita su desesperaci\u00f3n. Aquella es agua; esta, piedra. La dicotom\u00eda de tales concepciones religiosas es sintom\u00e1tica de una actitud est\u00e9tica paralelamente dispar pues el autor de Trilce, como lo se\u00f1ala Sa\u00fal Yurkievich, se desentiende absolutamente y con soltura de cualquier idealismo rom\u00e1ntico. Su obra es realidad vivida, sus palabras son de carne y hueso.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">II<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">La atm\u00f3sfera m\u00edstica que se respira en L\u00f3pez Velarde funciona como contrapunto de la sensualidad casi inguinal que galopa en sus im\u00e1genes. Dios se presenta en su obra como el Gran Testigo que autentifica el camino de la pasi\u00f3n \u2013dir\u00eda Octavio Paz\u2013 elegido por el poeta. El universo de Vallejo, en cambio, es el de la blasfemia del hombre frente a la ira de Dios: la culpa compungida, el arrepentimiento mendaz, el escupitajo rijoso a las im\u00e1genes sagradas constituyen el muladar moral en el que habita la devoci\u00f3n humana. En el sentimiento religioso del poeta de Jerez es frecuente la presencia de una suerte de autocompasi\u00f3n, de una voluntaria flagelaci\u00f3n que se resuelve, desde los primeros poemas (en los que suele hablar de sus experiencias \u00edntimas en el seminario), como un reconocimiento de las limitaciones humanas: \u201cHuir\u00e1 la fe de mi pasi\u00f3n risible\u201d, dictamina en categ\u00f3rico endecas\u00edlabo. Al mismo tiempo, la divinidad gesticula amorosamente en la figura de primas, raptos adolescentes de romances plat\u00f3nicos y mujeres de \u201cper\u00edmetros joviales\u201d y \u201cgrupas bisiestas\u201d. La asunci\u00f3n al alim\u00f3n de asuntos de franca lubricidad y f\u00e9rrea fe cat\u00f3lica es tan feliz y espont\u00e1nea, tan poco artificiosa, que raya a veces en la inocencia imp\u00fadica de un ojo a la vez t\u00edmido y taimado: \u201cDormir en paz se puede sobre sus castos senos\/ de nieve, que beatos se hinchan como frutas\/ en la heredad de Cristo, celeste jardinero.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las v\u00edas de acceso al mundo de los c\u00e1lices y las devociones es distinta tambi\u00e9n en ambas obras: mientras L\u00f3pez Velarde confiesa la condici\u00f3n er\u00f3tica de su fe (\u201cNada puedo entender ni sentir sino a trav\u00e9s de la mujer: por ella he cre\u00eddo en Dios\u201d), para Vallejo Su presencia supone la necesidad de un tribunal redentor de los hombres que sufren, de los pobres de esp\u00edritu y de los que \u201ctiemblan de fr\u00edo, tosen y escupen sangre\u201d. Si en el mexicano es una fuerza, en el peruano es una imagen del desconsuelo: Vallejo duda, zozobra al son descorazonado de su sangre de creyente que exige respuestas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Consecuentemente, la mujer en L\u00f3pez Velarde es forma divina de la flama amorosa mientras que el hombre, para Vallejo, es la muestra m\u00e1s dolorosa de la naturaleza celestial del sufrimiento y la desesperanza. El primero celebra a Dios, el segundo lo llama a cuentas. El mundo en ambos es imperfecto, deleznable y l\u00fagubre, aun cuando lo animen ciertos rasgos de edificante entusiasmo (la mujer y el amor, en L\u00f3pez Velarde; la solidaridad en el dolor, para el poeta andino), ciertos signos felices que en Ram\u00f3n son se\u00f1al inequ\u00edvoca de que Dios est\u00e1 con nosotros y en C\u00e9sar s\u00edntoma de que el Creador se distrae con frecuencia de sus deberes.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">i i i<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">La autenticidad emocional que se revela en el primer Vallejo acusa (pero no se agota en) los estragos de un modernismo que ya hab\u00eda dado sus aciertos m\u00e1s significativos en la obra de Dar\u00edo, de Lugones, de Silva, de D\u00edaz Mir\u00f3n, y dejaba ya, hacia finales de la segunda d\u00e9cada del siglo xx, una inevitable cauda de ep\u00edgonos y copistas. El poeta peruano supo siempre sortear ese f\u00e1cil mecanicismo de escuela con alguna l\u00ednea agridulce (o \u201ctrilce\u201d) que sabiamente rescataba a sus textos m\u00e1s artesanales de las redes del lugar com\u00fan. As\u00ed por ejemplo, en poemas de t\u00edtulos tan escasamente originales como la melod\u00eda que los anima \u2013pi\u00e9nsese en aquel que se llama \u201cEl poeta a su amada\u201d\u2013, la piadosa cristiandad de los sentimientos, la devoci\u00f3n amorosa que caracterizan, m\u00e1s bien, a L\u00f3pez Velarde, se resuelve en misticismos del coraz\u00f3n que apenas sucumben a la tentaci\u00f3n de emocionarse a trav\u00e9s de un catecismo de provincias. El poeta no se deja arrastrar por las cristianas efusiones del alma. Fiel a la materia prima del poema, esto es, al trabajo con el lenguaje y a una evidente determinaci\u00f3n de originalidad, de b\u00fasqueda, de apurar la experiencia personal hasta volverla sensaci\u00f3n compartida, Vallejo, quiz\u00e1 m\u00e1s avezado que L\u00f3pez Velarde en asuntos de vanguardias, asume la doble experiencia m\u00edstico-er\u00f3tica con gran imaginaci\u00f3n: \u201cAmada, en esta noche t\u00fa te has crucificado\/ sobre los dos maderos curvados de mi beso.\u201d Y agrega: \u201cEn esta noche rara que tanto me has mirado,\/ la muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.\u201d La sola representaci\u00f3n de una muerte feliz, un beso curvado y una crucifixi\u00f3n er\u00f3tica, tensada por dos sentimientos tan distantes como id\u00e9nticos (el amor pagano y la pasi\u00f3n divina), alienta una epifan\u00eda llena de curiosidades formales as\u00ed de estrictas y prometedoras como las que m\u00e1s tarde abundar\u00e1n en Trilce. Lo mismo ocurrir\u00e1, cabe acotar, en Zozobra de L\u00f3pez Velarde.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ambos poetas siguieron sin duda caminos distintos. El mexicano encontr\u00f3 una muerte pr\u00f3xima que dej\u00f3 en treinta y tres a\u00f1os \u2013los de Cristo\u2013 la encomiable devoci\u00f3n po\u00e9tica que lo ha convertido en un autor fundamental de nuestra tradici\u00f3n. Vallejo se embarc\u00f3 a Par\u00eds, sufri\u00f3 injusticias y una miseria atroz que desembocar\u00edan en sus poemas sociales de la \u00faltima etapa. Asimismo, se encontr\u00f3 de manera temprana con la muerte, a los cuarenta y seis a\u00f1os. No es factible que haya conocido, cada uno, la obra del otro; sin embargo, por esas v\u00edas que s\u00f3lo a veces cruza el azar, y en las que circulan a sus anchas la conjetura y la suposici\u00f3n, es distinguible en sus primeros libros una cierta simbolog\u00eda er\u00f3tica de perfiles m\u00edsticos que los empareja, as\u00ed sea de lejos, en los albores que hace un siglo iba edificando la poes\u00eda hispanoamericana contempor\u00e1nea \u2022<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00e9sar Vallejo y Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde: dos heraldos devotos Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez La Jornada Semanal I El postmodernismo hispanoamericano, secuela inexacta del primer gran movimiento po\u00e9tico surgido en Am\u00e9rica y encabezado por Rub\u00e9n Dar\u00edo, alberga en la obra inicial de Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde (1888-1921) y de C\u00e9sar Vallejo (1892-1938) quiz\u00e1 su aliento mayor y su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":12307,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12306","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12306"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12308,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12306\/revisions\/12308"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12307"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}