{"id":12565,"date":"2017-07-15T11:49:02","date_gmt":"2017-07-15T17:49:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12565"},"modified":"2017-07-15T11:51:11","modified_gmt":"2017-07-15T17:51:11","slug":"violeta-parra-una-violeta-llamada-chile-en-un-pais-llamado-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12565","title":{"rendered":"Violeta Parra: Una Violeta llamada Chile en un pa\u00eds llamado Parra"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Una Violeta llamada Chile en un pa\u00eds llamado Parra<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Un recuerdo de la cantautora en su centenario, que La Mar de M\u00fasicas conmemora este domingo con un concierto<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">RAFAEL GUMUCIO<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El Pa\u00eds<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u00abNo me lo hace a m\u00ed, se lo hace a Chile\u201d, sol\u00eda decirle Violeta Parra, nacida hace 100 a\u00f1os en San Carlos (regi\u00f3n del B\u00edo B\u00edo), a toda suerte de funcionarios diplom\u00e1ticos cuando le negaban subvenciones y apoyo. Estaba convencida de modo innegable que Chile era ella, y ella era Chile. A la luz de su posteridad, es imposible negar que Violeta Parra es Chile y Chile es en gran parte su creaci\u00f3n, la idea de una cierta tristeza que r\u00ede, de una cierta pasi\u00f3n que baila, de una cierta pobreza que no rechaza darse ning\u00fan lujo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Folcloristas, rockeros, raperos, poperos, pero tambi\u00e9n escritores, pintores, arquitectos, fil\u00f3sofos y bailarines buscan en la obra siempre inconclusa, siempre debutante, de Violeta una ra\u00edz a la que asirse. La nueva canci\u00f3n chilena, pero tambi\u00e9n la Nueva Trova cubana, la obra de Mercedes Sosa, Paco Ib\u00e1\u00f1ez o Joaqu\u00edn Sabina no se entienden sin Violeta. Una obra que crece y se complica en la medida en que se encuentran nuevos tapices, cuadros, grabaciones, cartas y manuscritos que dan cuenta de su man\u00eda de convertir todo en personal, todo en \u00fanico, evitando siempre el prestigio de los profesionales, siendo en todo siempre una debutante que consigue la obra maestra en el primer ensayo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Su fuerza nace quiz\u00e1s de su capacidad de contagio. As\u00ed lo cuenta en sus d\u00e9cimas, el relato de su vida en versos de ocho silabas, que su hermano mayor, su hermano-padre como lo llamaba ella, el antipoeta Nicanor Parra, le encarg\u00f3 escribir. Ah\u00ed cuenta c\u00f3mo el sarampi\u00f3n que trajo de Santiago viaj\u00f3 con ella en tren al sur de Chile, matando animales y hombres. El secreto placer con que cuenta las muertes que su sobrevivencia cost\u00f3 es quiz\u00e1s una de las claves de su magia. Una magia en cierta medida negra.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Violeta, que muri\u00f3 no en vano en las tierras de La Quintrala, una terrateniente colonial famosa por azotar a sus hombres. La Violeta que encarna la madre pero tambi\u00e9n el padre de todo chileno. La Violenta Parra, como la llamaba su hermano Nicanor, que no se hizo nunca la dulce, o la fr\u00e1gil, pero que no dejaba nunca, sin embargo, de seducir. Porque no es f\u00e1cil escuchar sin una mezcla de rabia y de emoci\u00f3n la voz quebrada y met\u00e1lica de Violeta, que rechaza toda melancol\u00eda, toda nostalgia, pero no le tiene miedo casi nunca a la muerte, al dolor, a la pobreza, a la rabia. Una voz que \u201clleva 40 a\u00f1os sufriendo\u201d, como dice ella para explicar por qu\u00e9 ella y solo ella puede cantar su ballet atonal El gavil\u00e1n.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">No es f\u00e1cil escuchar sin una mezcla de rabia y de emoci\u00f3n su voz quebrada y met\u00e1lica, que rechaza toda melancol\u00eda, toda nostalgia<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Violeta, hija de profesor primario que muri\u00f3 demasiado luego y demasiado pobre, se gan\u00f3 la vida cantando en circos, calles y velorios. Lleg\u00f3 de Chill\u00e1n a Santiago vestida de gitana de Triana, cant\u00e1ndole al r\u00edo Manzanares. Form\u00f3 luego con su hermana Hilda un d\u00fao que interpretaba con la misma facilidad boleros y rancheras. Un d\u00eda cualquiera de 1952, impaciente ante la poca atenci\u00f3n que su hermano Nicanor le prestaba, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 le\u00eda con tanta atenci\u00f3n. Su hermano estudiaba la poes\u00eda popular chilena del siglo XIX para intentar escribir un Mart\u00edn Fierro chileno. Violeta se fue bruscamente de la casa de su hermano para volver a las pocas horas con cientos de hojas llenas a rabiar de versos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u201cEstudia eso mejor\u201d, le dijo. Nicanor se encontr\u00f3 de pronto con canciones como las que cantaban los ciegos en los bares de mala muerte en los que perdi\u00f3 su fortuna su padre. \u201cCanto a lo humano y lo divino\u201d, como ese que improvisaban sus t\u00edos y amigos en guitarrones de 12 cuerdas. Todo un tesoro infinito de versos, im\u00e1genes, comidas y ritos que siempre hab\u00edan estado ah\u00ed, al alcance de la mano, pero que nadie se hab\u00eda dignado en recoger antes de que Violeta Parra lo empezara a hacer.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Violeta Parra, que dej\u00f3 el d\u00fao con su hermana y su matrimonio con el maquinista Luis Cereceda, decidi\u00f3 no s\u00f3lo recopilar esas canciones, sino habitarlas de cuerpo entero. Su forma de vestir, de hablar, de comer, de amar, se hizo a la medida de esa idea de Chile, popular e inevitable, pobre de solemnidad y rico de colores, de contrastes. Se sentaba siempre en un piso m\u00e1s bajo que los campesinos a los que entrevistaba, pero terminaba por cantar ellas sus canciones, una m\u00e1s entre los mapuches, chilotes, campesinos y mineros que iban entregando sus canciones y dichos a su inc\u00f3moda grabadora.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Con su muerte por suicidio, parecida a la de los presidentes Allende y Balmaceda, cerr\u00f3 su alianza eterna con su pa\u00eds<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Le preguntaron en Par\u00eds que, si tuviera que elegir entre la pintura, la m\u00fasica, los tapices o la poes\u00eda, qu\u00e9 arte escoger\u00eda. \u201cEscoger\u00eda quedarme con la gente\u201d, respondi\u00f3 ella, pero no hizo, sin embargo, m\u00e1s que arrancar lo m\u00e1s que pudo de su adorado pa\u00eds. Mientras cantaba en Varsovia en el Festival de la Juventud que auspiciaba la Internacional Comunista, su hija Rosa muri\u00f3 de fr\u00edo en Santiago. No volvi\u00f3 antes de grabar en Londres y exponer en el Museo de Artes Decorativas de Par\u00eds. Esos \u00e9xitos, que contrastaban con la inestabilidad sentimental y material de su vida en Chile, no hicieron m\u00e1s que acelerar la tragedia. En febrero de 1967, en la carpa polvorienta en la que quer\u00eda fundar una universidad del folclore, Violeta Parra se dispar\u00f3 en la cabeza.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Esa muerte, que se parece a la de los presidentes Allende y Balmaceda, era quiz\u00e1s lo \u00fanico que le faltaba a Violeta para cerrar la alianza eterna con el pa\u00eds. Un pa\u00eds suicida como ella, violento como ella, un pa\u00eds mujer como ella, que como ella tambi\u00e9n es perfectamente capaz de cantarle gracias a la vida justo cuando est\u00e1 a punto de matarse. Un homenaje, una despedida, un canto de esperanza, pero tambi\u00e9n una iron\u00eda antipo\u00e9tica, un chiste cruel, un desaf\u00edo: un gracias a la vida ante el que a la vida no le queda m\u00e1s que responder:<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u2014De nada, comadre, vuelva cuando quiera, en su casa no m\u00e1s est\u00e1.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El festival La Mar de M\u00fasicas, de Cartagena, celebra este domingo un homenaje a Violeta Parra con la participaci\u00f3n del cantautor chileno Manuel Garc\u00eda y Tita Parra, nieta de Violeta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una Violeta llamada Chile en un pa\u00eds llamado Parra Un recuerdo de la cantautora en su centenario, que La Mar de M\u00fasicas conmemora este domingo con un concierto RAFAEL GUMUCIO El Pa\u00eds \u00abNo me lo hace a m\u00ed, se lo hace a Chile\u201d, sol\u00eda decirle Violeta Parra, nacida hace 100 a\u00f1os en San Carlos (regi\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":12568,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12565","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12565","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12565"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12565\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12569,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12565\/revisions\/12569"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12568"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12565"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12565"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12565"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}