{"id":12730,"date":"2017-08-19T11:35:43","date_gmt":"2017-08-19T17:35:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12730"},"modified":"2017-08-19T11:35:54","modified_gmt":"2017-08-19T17:35:54","slug":"12730","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12730","title":{"rendered":"El fecundo abrazo entre el deporte y la literatura"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">El fecundo abrazo entre el deporte y la literatura<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las editoriales espa\u00f1olas se adentran con pasi\u00f3n en el terreno de juego y las biograf\u00edas de los ganadores<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">CARLOS ARRIBAS<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Madrid<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El Pa\u00eds<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En el centro de la imagen, el director de cine y escritor Pier Paolo Pasolini, en 1971, jugando al f\u00fatbol con amigos a las afueras de Roma. VITTORIANO RASTELI (GETTY)<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En el principio fue la palabra. La palabra escrita. Antes que con la voz, con la radio, con la imagen televisiva, el deporte se contaba con palabras que despertaban la imaginaci\u00f3n y el deseo de quien no pod\u00eda verlo all\u00ed donde se compet\u00eda. Los enviados especiales de los peri\u00f3dicos, sus escritores m\u00e1s talentosos y de imaginaci\u00f3n m\u00e1s libre, contaban la acci\u00f3n reinvent\u00e1ndola de acuerdo solo con su mirada soberana. Ellos tomaron prestada de Homero la \u00e9pica para convertirla en un elemento inherente a la narraci\u00f3n deportiva. Y la gozaron sus lectores que al d\u00eda siguiente y hasta meses y a\u00f1os despu\u00e9s la recreaban en su interior, y se segu\u00edan emocionando.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Tan dif\u00edcil en Espa\u00f1a es ver a un deportista leyendo un libro como a un escritor creyendo que el deporte puede ser materia de literatura. Al\u00e9rgicos, casi repeli\u00e9ndose unos a otros, la literatura y el deporte han crecido en mundos paralelos. El deporte como espect\u00e1culo (y sus protagonistas) se ven como el terreno de las bajas pasiones, de los sentimientos m\u00e1s simples, casi obscenos, de las masas; la literatura, y todas las bellas artes, encarnan, sin embargo, el reino de lo refinado, el entendimiento, el placer de la raz\u00f3n, la met\u00e1fora y la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En Espa\u00f1a, un ministro del dictador Franco proclam\u00f3 \u201cm\u00e1s deporte y menos lat\u00edn\u201d, y los deportistas desconfiaron de las gentes de la cultura y los miopes se quitaban las gafas no fuera que los confundieran; los de las letras escond\u00edan el Marca, por si acaso. En Europa, todo era diferente, y mejor. Tambi\u00e9n en esto. All\u00ed, atravesando los Pirineos, el deporte y la cultura crecieron entrelazados, inimaginables el uno sin el otro.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y los aficionados espa\u00f1oles al deporte m\u00e1s all\u00e1 de la capa superficial y deseosos de conocer sus historias, las vidas de sus \u00eddolos, la cultura de la que surgieron, sus tradiciones, sus ra\u00edces, la met\u00e1fora de la vida humana reflejada en un corredor de fondo, siempre solo, deb\u00edan buscar en sus viajes al extranjero alimento para su esp\u00edritu hambriento, siempre que supieran leer en otros idiomas, franc\u00e9s, ingl\u00e9s o italiano. Hasta hace nada, la literatura deportiva sobreviv\u00eda en las catacumbas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Los libros hacen hueco para la vida de futbolistas, ciclistas y atletas<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pero ya va para cinco o seis a\u00f1os que, tambi\u00e9n en este campo, los complejos han volado en Espa\u00f1a, donde ahora se avanza a grandes pasos para recuperar el terreno perdido. No hay que buscar en el extranjero lo que ya en casa se produce abundante y bueno, o se traduce. Han nacido editoriales que no desprecian la llamada literatura deportiva, dos palabras que juntas ya no conforman un ox\u00edmoron, y algunas, incluso piensan solo en ella y en sus autores.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Inevitablemente, dos deportes acaparan el grueso y lo mejor de la producci\u00f3n: el f\u00fatbol y el ciclismo, seguidos del atletismo. El bal\u00f3n de reglamento es el deporte de masas, de los grandes \u00eddolos, de los equipos que igual venden millones de camisetas que recuentos de Ligas ganadas o vidas ilustradas y andanzas de sus primeras figuras. El ciclismo es el deporte de los grandes paisajes, de los personajes \u00fanicos, enfrentados solos a la desmesura del esfuerzo y sus monta\u00f1as. Y todos apelan al ser infantil que a\u00fan hay dentro de cada uno de los lectores y aficionados, a su ni\u00f1ez, a la p\u00e9rdida de la inocencia y su tristeza.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La editorial Libros del KO abri\u00f3 la veta y marc\u00f3 la tendencia hace unos a\u00f1os con Plomo en los bolsillos, de Ander Izagirre, que a\u00fan se reedita y se vende, una colecci\u00f3n de peque\u00f1as historias y grandes vidas de los ciclistas del Tour de Francia, la gran fuente de inspiraci\u00f3n. La misma editorial madrile\u00f1a tambi\u00e9n entr\u00f3 a saco en el f\u00fatbol con peque\u00f1as obras, casi panfletos, en las que escritores varios cantan sin miedo y con pasi\u00f3n las glorias de sus equipos amados, que es, en realidad, la \u00fanica forma de escribir de f\u00fatbol con sinceridad. Siempre partiendo de la memoria que nos enga\u00f1a.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Albert Camus dec\u00eda que aprendi\u00f3 sobre la moral con el f\u00fatbol<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las cr\u00f3nicas de ciclismo las invent\u00f3 Dino Buzzati (1906-1972), el autor italiano de El desierto de los t\u00e1rtaros, que cubri\u00f3 el Giro de 1949, el del gran duelo entre Fausto Coppi y Gino Bartali, para Il Corriere della Sera. La editorial Gallo Nero lo public\u00f3 en espa\u00f1ol (El Giro de Italia) y quien lo lea y disfrute comprobar\u00e1 c\u00f3mo todo lo que lea despu\u00e9s de otros que cuenten el Giro o el Tour ya estaba ah\u00ed. A Buzzati se le imita aunque no se le haya le\u00eddo. Cada historia de cada etapa es una peque\u00f1a vida \u00edntima de un ciclista en un paisaje de posguerra, pobreza, recuerdo y esperanza, y tambi\u00e9n el protagonista de una haza\u00f1a de proporciones \u00e9picas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y ah\u00ed est\u00e1 todo el ciclismo. Y en la figura del Jacques Anquetil de La soledad de Anquetil, de Paul Fournel (Editorial Contra), que no es una biograf\u00eda sino una recreaci\u00f3n casi po\u00e9tica, casi dolorosa, del recuerdo infantil del autor sobre el primer ciclista que gan\u00f3 cinco Tours. Sus contradicciones, su ansia de libertad, su desprecio de los prejuicios, sus relaciones con la gente que marca su vida diaria, sirven tambi\u00e9n para entender la Francia de los a\u00f1os sesenta, la del crecimiento econ\u00f3mico, el general De Gaulle, la nouvelle vague, Godard y Truffaut y el Concorde, que reventar\u00e1 en el Mayo del 68.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Unos a\u00f1os antes, Anagrama public\u00f3 Correr, una novela con Emil Zatopek de protagonista, la gran gloria checoslovaca de la carrera de fondo. Es la met\u00e1fora del hombre, un atleta asceta, solo armado de sus piernas y un coraz\u00f3n que late m\u00e1s y le lleva m\u00e1s lejos que a nadie, contra el sistema que oprime, cualquier sistema, cualquier orden.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pier Paolo Pasolini le dio al bal\u00f3n como si fuera un profesional<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En Tarragona, Cultura Ciclista edita libros apasionados de periodistas espa\u00f1oles y traduce biograf\u00edas (Coppi, Pantani), autobiograf\u00edas (Fignon, Guimard) y grandes cl\u00e1sicos, como Ma\u00f1ana salimos, de Jean Bobet, el hermano ciclista y profesor (y dec\u00edan que era intelectual porque corr\u00eda con gafas) del gran Lousion Bobet, el corredor bret\u00f3n que gan\u00f3 tres Tours en los primeros a\u00f1os cincuenta.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Si se escribe como se lee e imitando a Buzzati aun no sabi\u00e9ndolo, dentro de nada se escribir\u00e1 de ciclismo como escribe Tim Krabb\u00e9, el autor de El ciclista (Los Libros del Lince), de quien Libros de Ruta ha publicado La etapa decimocuarta. Krabb\u00e9 es holand\u00e9s, jugador de ajedrez, escritor y ciclista aficionado. Cuenta sus peque\u00f1as carreras, crit\u00e9riums en Holanda, donde siempre llueve, hace viento y se acaba al sprint, o pruebas por etapas en la Ard\u00e8che francesa o en Las Cevenas, y su Tour del Mont Aigoual. Son peque\u00f1as monta\u00f1as, sin la absoluta grandeur de los Pirineos o los Alpes, con precipicios que quitan el hipo, y la narraci\u00f3n huye de la \u00e9pica y de los adjetivos, con una sencillez que acaba transform\u00e1ndose en profundidad y belleza. Representante ineludible si se trata de entrelazar intelectualidad y deporte fue el italiano Pier Paolo Pasolini (1922-1975), que organiz\u00f3 un torneo de f\u00fatbol con equipos de periodistas, escritores y futbolistas, entre ellos Fabio Capello, el que fue entrenador del Madrid, que era su amigo. Del autor italiano asesinado qued\u00f3 esta frase: \u201cLos deportistas est\u00e1n poco cultivados, y los hombres cultivados son poco deportistas. Yo soy una excepci\u00f3n\u201d. Pero no la \u00fanica, tambi\u00e9n lo fue el Nobel Albert Camus (1913-1960), que luc\u00eda saleroso su gorrilla de portero de f\u00fatbol, una afici\u00f3n frustrada porque su abuela estaba harta de zapatos rotos. \u201cLo que finalmente s\u00e9 con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al f\u00fatbol\u201d, dej\u00f3 dicho.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fecundo abrazo entre el deporte y la literatura Las editoriales espa\u00f1olas se adentran con pasi\u00f3n en el terreno de juego y las biograf\u00edas de los ganadores CARLOS ARRIBAS Madrid El Pa\u00eds En el centro de la imagen, el director de cine y escritor Pier Paolo Pasolini, en 1971, jugando al f\u00fatbol con amigos a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":12731,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12730","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12730","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12730"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12730\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12733,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12730\/revisions\/12733"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12731"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12730"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12730"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12730"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}