{"id":12875,"date":"2017-10-29T17:05:45","date_gmt":"2017-10-29T23:05:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12875"},"modified":"2017-10-29T17:06:07","modified_gmt":"2017-10-29T23:06:07","slug":"la-aventura-del-transiberiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12875","title":{"rendered":"La aventura del Transiberiano"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">La aventura del Transiberiano<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Un viaje legendario por la gran l\u00ednea f\u00e9rrea rusa hasta los confines de Asia, a trav\u00e9s de la tundra y la taiga siberianas<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">JOAQUIN MAYORDOMO<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El pa\u00eds<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En la estaci\u00f3n de Yaroslavsky, una de las nueve que hay en Mosc\u00fa, buscamos en el panel electr\u00f3nico el n\u00famero de tren y de and\u00e9n. Ekaterimburgo es nuestro destino en esta primera etapa del Transiberiano; 1.814 kil\u00f3metros por delante que cubriremos en 28 horas, pues la puntualidad de los trenes en Rusia es de 10. El billete es para viajar en segunda, en un compartimento de cuatro personas. Nos recibe a pie de vag\u00f3n una robusta azafata (nuestra provanitsa) vestida impecablemente con traje de chaqueta gris, a juego con el color ceniciento del tren y la luz crepuscular de la tarde; es una mujer de uniforme que cumple las reglas: revisora y cuidadora a la vez, vigilante y limpiadora. Nos pide el pasaporte y el billete, fotograf\u00eda los documentos y, tras un chequeo electr\u00f3nico de los mismos, nos invita a subir. En el vag\u00f3n solo van rusos\u2026 Normal. El Transiberiano es una ruta comercial; pr\u00e1cticamente la \u00fanica que vertebra el pa\u00eds de oeste a este entre Mosc\u00fa y el Pac\u00edfico. Son m\u00e1s de 9.000 kil\u00f3metros de una doble v\u00eda electrificada por la que se transporta carb\u00f3n, hierro y toda clase de minerales, gas y petr\u00f3leo, maquinaria industrial y cualquier bien de consumo imaginable. Viajaremos, pues, por una autopista ferroviaria a trav\u00e9s de Siberia que te pone en contacto con todas las Rusias.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">JAVIER BELLOSO<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El compartimento es sencillo y est\u00e1 limpio. Aire acondicionado. Dos literas plegadas y dos m\u00e1s que sirven de asientos corridos, una mesa y sobre ella un pack con agua mineral, un panecillo y galletas. En un rinc\u00f3n, bien dobladas, un paquete de s\u00e1banas limpias, almohada y una manta para cada uno. El precio del billete para este trayecto es de 99,40 euros por persona, que, dada la distancia y calidad del servicio, nos parece barato.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En la frontera de Asia<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">A las cuatro en punto de la tarde arrancamos\u2026 \u00a1Ni un minuto de retraso! Enseguida aparecen los \u00e1rboles que a\u00edslan la v\u00eda, impidiendo observar el paisaje m\u00e1s all\u00e1 del t\u00fanel verde por el que pe\u00adnetramos en el bosque. Todo el trayecto ser\u00e1 as\u00ed: una arboleda impe\u00adnetrable en una llanura infinita. De vez en cuando, alg\u00fan lago; un r\u00edo; un pantanal con aguas estancadas en medio de praderas (en verano, con flores) que se pierden en el horizonte. Una aldea aqu\u00ed\u2026 M\u00e1s all\u00e1, otra entre una mara\u00f1a de \u00e1rboles. Todas las casas iguales, de madera; sin grandes adornos, modestas. Ni bloques de pisos, ni torres, ni iglesias; las calles son de tierra y apenas se ve circular alg\u00fan coche.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Y siempre esos r\u00edos caudalosos, Ishim, Obi, Yenis\u00e9i, y ciudades de nombre impronunciable como Krasnoyarsk<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El tren se detiene cada dos o tres horas. Esta ser\u00e1 una constante a lo largo del viaje. Los tapones que se forman en alguna estaci\u00f3n obligan al nuestro y a otros trenes a pararse para dar paso. Esto no quiere decir que estemos parando cada poco tiempo. A veces recorremos 200, 300 kil\u00f3metros sin detenernos, pero las distancias son aqu\u00ed tan enormes que hasta lo extraordinario termina pareciendo normal.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Durante las paradas en las estaciones que hacemos \u2014indicadas en un panel que hay en cada vag\u00f3n para que el viajero est\u00e9 informado\u2014, la gente baja al and\u00e9n (muchos en pijama) a estirar las piernas o a comprar chucher\u00edas para los ni\u00f1os, comida y bebida, recuerdos, artesan\u00eda de la zona. Son principalmente mujeres las que ejercen este comercio ambulante. Venden de todo: desde collares e inclasificables abalorios hasta animales disecados. Las provanitsas, que se han colocado a pie de vag\u00f3n, vigilantes, avisan con tiempo de que el tren va a partir para que nadie se quede en tierra. Y atravesamos m\u00e1s bosques, y m\u00e1s r\u00edos, y m\u00e1s lagos\u2026 Y as\u00ed hasta que, a las ocho en punto de la tarde, el tren hace su entrada en la estaci\u00f3n de Ekaterimburgo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Bajamos. Tras el inevitable chequeo de equipajes, la improvisada clase pr\u00e1ctica de ruso para poder sacar un billete de metro, y despu\u00e9s de superar otros inconvenientes que a quienes viajamos por libre nos surgen de continuo, localizamos en el mapa el hotel. All\u00e1 vamos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El conocido como Cementerio de los Mafiosos en Ekaterimburgo. J. MAYORDOMO<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ekaterimburgo nos sorprende. Esper\u00e1bamos encontrar una ciudad provinciana, aburrida, y la descubrimos vigorosa y llena de vida. La colonizaci\u00f3n publicitaria es total. Los r\u00f3tulos de los negocios chispean en carteles y paneles luminosos gigantes, rasgando la llegada de la noche. Cre\u00edamos estar en medio de la nada, a la puerta de Siberia, y nos encontramos en una ciudad de mill\u00f3n y medio de habitantes, la cuarta de Rusia, \u00a1muy europea! Ekaterimburgo tambi\u00e9n es un mito\u2026 Es la ciudad donde los revolucionarios bolcheviques acabaron con el zar Nicol\u00e1s II y su familia; donde Eurasia se parte sin que exista frontera, donde los Urales hunden su espinazo\u2026 Y es ese extra\u00f1o lugar (curioso para el turista) en el que hay un cementerio denominado de los mafiosos, espectacular, en medio de un bosque tupido de pinos, al que acuden las familias de los muertos a celebrar onom\u00e1sticas y meriendas en los porches que han construido, a todo confort, junto a la tumba de sus seres queridos (muchos ca\u00eddos en las guerras de bandas locales en los convulsos a\u00f1os noventa).<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Esta ciudad industrial desempe\u00f1\u00f3 un papel determinante ya en la II Guerra Mundial, al trasladar el Gobierno sovi\u00e9tico su industria pesada hasta aqu\u00ed para evitar que cayera en manos de los nazis, si estos hubieran conquistado Mosc\u00fa. Ekaterimburgo va a ser tambi\u00e9n una de las sedes del Campeonato del Mundo de F\u00fatbol el pr\u00f3ximo verano, y esta es una de las razones por las que vive ahora inmersa en una febril actividad, entre una mara\u00f1a de gr\u00faas y la excitaci\u00f3n consumista.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Visitamos la iglesia catedral de la Sangre (auspiciada por Bor\u00eds Yelstin, oriundo de la regi\u00f3n, presidente de Rusia entre 1991 y 2000), levantada en el lugar donde fue asesinada la familia imperial. Son las contradicciones de Rusia: un pa\u00eds que hoy exhibe a sus h\u00e9roes revolucionarios, con su nombre y sus estatuas presidiendo las grandes avenidas, pero que cultiva tambi\u00e9n el capitalismo m\u00e1s feroz o incentiva y a\u00fapa, nuevamente, el fervor religioso.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Cincuenta horas<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El tren Mosc\u00fa-Pek\u00edn entra por la v\u00eda 2, and\u00e9n 4, a las 5.45. La salida de Ekaterimburgo hacia Irkutsk (3.434 kil\u00f3metros) la tiene a las seis de la ma\u00f1ana en punto. All\u00ed estamos nosotros, muertos de sue\u00f1o y expectantes\u2026 Nos inquieta pensar c\u00f3mo sobrellevaremos una etapa tan larga. Porque el paisaje que se anuncia es el mismo: bosques eternos\u2026<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Hasta que de pronto aparece\u2026 \u00a1un campo de cultivo! No es un espejismo. Y m\u00e1s pueblos, alg\u00fan animal dom\u00e9stico. A la velocidad de un rel\u00e1mpago surge una vaca en un prado y algunas ovejas. Y siempre esos r\u00edos caudalosos (Ishim, Obi, Yenis\u00e9i) junto a los que se asientan ciudades de nombre impronunciable (Novosibirsk, Krasnoyarsk); ciudades industriales con decenas de chimeneas humeantes, f\u00e1bricas abandonadas, monta\u00f1as de chatarra, hangares entre telara\u00f1as de v\u00edas muertas. Mas el tren no se para, ajeno al entorno contin\u00faa devorando kil\u00f3metros; como si se tratara de una pel\u00edcula, Siberia es una cinta continua de infinitos fotogramas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las provanitsas siguen vigilantes, siempre atentas a cualquier incidencia. Las horas avanzan. Hay mucho que ver, que contar, que leer, que escribir, que pensar. El viajero pasea, va al restaurante, se hace un t\u00e9 con el agua hirviendo del samovar que hay en cada vag\u00f3n; regresa a su asiento y mira por la ventanilla otra vez\u2026 \u00a1Cu\u00e1nto, cu\u00e1nto \u00e1rbol!<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Nos fijamos en las personas que suben\u2026 \u00bfQu\u00e9 podr\u00eda contarnos esa anciana de mirada perdida que sonr\u00ede levemente? Y ese hombre solitario que arrastra un par de maletas, \u00bfqu\u00e9 profesi\u00f3n tiene? \u00bfQu\u00e9 piensa esa madre, \u00a1tan joven!, que viaja sola, con cuatro reto\u00f1os de apenas diez a\u00f1os el mayor? Y esa belleza ensimismada con su m\u00f3vil, \u00bfde d\u00f3nde ser\u00e1? \u00bfAd\u00f3nde ir\u00e1? \u00bfAd\u00f3nde? En cada parada sube y baja gente. Observamos la puesta de sol. Se cierra la tarde, cenamos, dormimos. \u00a1Primer d\u00eda superado! El coraz\u00f3n de la vida no deja de latir en Siberia; ni siquiera el silencio es total cuando el tren se detiene en medio de la noche.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Amanece otra vez entre \u00e1rboles. Luego, a media ma\u00f1ana, la vida renace: m\u00e1s pueblos, aldeas. Estamos en tierras de Irkutsk, la m\u00edtica ciudad siberiana, la capital de los destierros.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Irkutsk nos recibe despejada y con m\u00fasica ambiental en las calles. En cada esquina, un recuerdo, una placa. Tranv\u00edas decorados que se caen a pedazos de viejos. Estatuas. Monumentos de Lenin, de Marx, del emperador Alejandro, de artistas e intelectuales, de generales vencedores en guerras remotas. La ciudad es un cruce de caminos en las inmediaciones del lago Baikal, ese mar interior que contiene el 20% de las reservas de agua dulce del mundo: 636 kil\u00f3metros de largo, 80 de ancho, 1.600 metros de profundidad. Un lago que le dulcifica la vida a la ex\u00f3tica Irkutsk, aunque en invierno llegue a soportar temperaturas de 35 grados bajo cero.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Fundada en 1661, Irkutsk tuvo su momento de gloria con la fiebre del oro y el comercio de pieles. Luego vendr\u00edan los destierros; el de los decembristas \u2014los pr\u00edncipes rusos que en 1825 se sublevaron contra el zar Alejandro I\u2014 es uno de los m\u00e1s famosos; le siguieron las deportaciones de Stalin, el Gulag siberiano\u2026 Ahora es un remanso de paz. Sus m\u00e1s de 600.000 habitantes aman la cultura y el arte, debido, se dice, a la herencia dejada por aquellos intelectuales que sufrieron el destierro a Siberia y terminaron qued\u00e1ndose aqu\u00ed. Su arquitectura m\u00e1s antigua es hermosa. Y, a pesar de haber sufrido varios incendios, conserva todav\u00eda centenares de edificios de madera que resisten al paso del tiempo y a la demolici\u00f3n. Son construcciones singulares que al viajero, al contemplarlas, le transportan a otros mundos y \u00e9pocas, a ciudades de Am\u00e9rica, como Iquique, en el norte de Chile.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Llega la hora de partir. Dejamos la v\u00eda del Transiberiano, que termina en Vladivostok, para seguir por el ramal del Transmongoliano. Nuestro destino, Ul\u00e1n Bator, la capital de Mongolia, queda a 1.019 kil\u00f3metros remontando el curso del r\u00edo Seleng\u00e1 hasta salvar una altitud de casi mil metros desde Irkutsk. El tren, que resulta ser chino, no tiene nada que ver con los aseados trenes rusos. \u00a1Adi\u00f3s provanitsas, os echaremos de menos! Un joven indolente, responsable del vag\u00f3n, barre con desgana la moqueta con una fregona mugrienta. \u00a1Ay, qu\u00e9 viaje! La locomotora gime en las curvas; los ra\u00edles chirr\u00edan. El tacata-t\u00e1, tacata-t\u00e1, tacata-t\u00e1 adormece; y el humo\u2026 Ese humo que nos trae recuerdos de infancia y que, seg\u00fan los caprichos del viento, nos atufa o se esparce hacia el sur.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El convoy va adentr\u00e1ndose en Asia. Desaparecen los \u00e1rboles y empieza la tierra reseca, polvorienta. Pasamos por ciudades extra\u00f1as, como la impresionante Ul\u00e1n-Ud\u00e9, enterradas en chatarra e industrias abandonadas a consecuencia del cambio de r\u00e9gimen econ\u00f3mico que supuso la perestroika, aplicada entre 1985 y 1991 en lo que entonces era la URSS. Entretanto, surgen colinas y extensas praderas peladas que se pierden en el horizonte. \u00a1Es la estepa!<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Camino de Mongolia<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pasar la frontera entre Rusia y Mongolia tiene sus ritos. Primero los rusos controlan hasta el aire que respiras y despu\u00e9s los mongoles hacen lo mismo. Sube el ej\u00e9rcito, la polic\u00eda, los perros husmeando\u2026 La inspecci\u00f3n de aduanas. Se llevan los pasaportes. En total, cuatro horas de parada que el maquinista aprovecha para gestionar el cambio de v\u00eda, pues el ancho no coincide. Es medianoche cuando nos ponemos en marcha otra vez.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las primeras im\u00e1genes de Mongolia las fija mi retina a las 5.30. Son im\u00e1genes de llanuras verduscas sembradas de yurtas, el hogar de los n\u00f3madas mongoles; y entre ellas, reba\u00f1os de yaks, ovejas y vacas.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Varias chimeneas echando humo a destajo nos gu\u00edan a Ul\u00e1n Bator, la capital m\u00e1s contaminada del mundo; entre sus singulares edificios cuenta con dos centrales t\u00e9rmicas que la envenenan d\u00eda y noche. Al estar rodeada de monta\u00f1as, el problema se agrava. Y por si esto fuera poco, sus 1.350 metros de altitud la convierten en la capital m\u00e1s fr\u00eda del planeta.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Esper\u00e1bamos encontrar un lugar \u00fanico. Pero descubrimos una ciudad de m\u00e1s de un mill\u00f3n de habitantes sembrada de torres y atascada de coches. En la plaza S\u00fckhbaatar, de dimensiones sovi\u00e9ticas y un referente para el pueblo mongol, el gran Gengis Kan repantigado en su trono vigila la ciudad rodeado de pantallas gigantes. Cada noche, los chorros de publicidad crean un ambiente irreal que el viajero, a poca imaginaci\u00f3n que le eche, se creer\u00e1 en Nueva York. Como en Irkutsk, tambi\u00e9n las estatuas abundan. Y para muestras, tres ejemplos: la del explorador Marco Polo, la del primer doctorando del pa\u00eds y una extremadamente kitsch dedicada a los Beatles.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las franquicias occidentales abruman en Ul\u00e1n Bator; no importa el sector, sea este de ocio, alimentaci\u00f3n o de ropa. Las chicas visten minifalda, y los chicos, bermudas y zapatillas deportivas. Los tel\u00e9fonos m\u00f3viles son la enfermedad m\u00e1s com\u00fan y extendida; nadie se libra de ella. Hay ya m\u00e1s de 10.000 compa\u00f1\u00edas extranjeras de todos los \u00e1mbitos operando en Mongolia.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Las calles son ese mar a explorar que nutre de experiencias al viajero; y las de Ul\u00e1n Bator no son excepci\u00f3n. A nosotros nos gusta perdernos en ellas. Caminar, preguntar, intercambiar sonrisas y hacer cola para subirse a un autob\u00fas puede deparar curiosos encuentros con los que seguir alimentando el viaje. O comprar un tique para entrar al Museo de los Dinosaurios (en Mongolia se han descubierto algunos de los restos m\u00e1s valiosos de estos herb\u00edvoros que vivieron hace 240 millones de a\u00f1os).<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Al monasterio de Gandantegchinlin, un gran complejo conventual, acuden las gentes en masa a diario a hacer sus ofrendas y ruegos; a cambio, se supone que Buda les echar\u00e1 una mano en temas de fertilidad, riqueza y amor.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Fue en este monasterio donde nos topamos con la imagen m\u00e1s surrealista del viaje. Los monjes se hab\u00edan reunido para el rezo previo al almuerzo. Mientras repet\u00edan oraciones al ritmo cansino que marcaban los ni\u00f1os novicios aporreando tambores, monjes de servicio repart\u00edan el almuerzo consistente en una bandeja rebosante de envoltorios de colores en distintos tama\u00f1os y formas, rotulados en ingl\u00e9s, chino y mongol. Completaba aquella dieta una botella de Fanta de dos litros. \u00a1Ay, ni los monjes budistas cocinan! \u00a1La comida basura les ha atrapado tambi\u00e9n!<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pero Mongolia (tres veces Espa\u00f1a y tres millones de habitantes) es, sobre todo, una tierra de espacios abiertos y lejanos horizontes; praderas infinitas; desiertos como el del Gobi, en la frontera con China, uno de los m\u00e1s secos de la Tierra. Mongolia es la naturaleza en estado puro. O eso cre\u00edamos\u2026 As\u00ed que nos fuimos al parque nacional de Gorkhi-Terelj a ver c\u00f3mo eran los yaks y las yurtas y esos mongoles que cabalgan de pie sobre sus peculiares equinos. Mas el progreso hab\u00eda llegado antes que nosotros, llen\u00e1ndolo todo de complejos tur\u00edsticos. Eso s\u00ed, los yaks eran a\u00fan de verdad y los caballos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Un tanto sorprendidos, seguimos viaje a China, felices de que, como Miguel Strogoff \u2014el protagonista de la novela hom\u00f3nima de Julio Verne\u2014, hab\u00edamos hecho realidad nuestro sue\u00f1o<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La aventura del Transiberiano Un viaje legendario por la gran l\u00ednea f\u00e9rrea rusa hasta los confines de Asia, a trav\u00e9s de la tundra y la taiga siberianas JOAQUIN MAYORDOMO El pa\u00eds En la estaci\u00f3n de Yaroslavsky, una de las nueve que hay en Mosc\u00fa, buscamos en el panel electr\u00f3nico el n\u00famero de tren y de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":12876,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12875","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12875","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12875"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12875\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12878,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12875\/revisions\/12878"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12876"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12875"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12875"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12875"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}