{"id":13057,"date":"2018-02-18T15:53:13","date_gmt":"2018-02-18T21:53:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=13057"},"modified":"2018-02-18T15:54:37","modified_gmt":"2018-02-18T21:54:37","slug":"poesia-y-realidad-del-mundo-indigena-victor-manuel-cardenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=13057","title":{"rendered":"Poes\u00eda y realidad del mundo ind\u00edgena: V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Poes\u00eda y realidad del mundo ind\u00edgena: V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Marco Antonio Campos<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">A Marisol, su esposa, y a sus hijos Marisol y V\u00edctor Abel<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La Jornada Semanal<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas naci\u00f3 en Colima capital el 5 de julio de 1952 y muri\u00f3 en esa ciudad el 6 de agosto de 2017. Decir que fue uno de los poetas importantes de su generaci\u00f3n o el poeta m\u00e1s significativo que ha dado Colima es limitarlo; ahora, al volver a leerlo, confirmo todav\u00eda m\u00e1s que V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas fue un poeta por los cuatro costados y tiene un alto sitio en la poes\u00eda mexicana de la segunda mitad del siglo y lo que va del milenio. Sin la menor fisura me uni\u00f3 una amistad con \u00e9l por cosa de treinta y cinco a\u00f1os y su muerte es algo que no dejo de lamentar. Siempre lo sent\u00ed como un hermano entra\u00f1able. Quien lo conoci\u00f3 no olvidar\u00e1 su cordialidad abierta, la frescura en su trato y su manera de re\u00edr a carcajadas con una espontaneidad contagiosa. Confiando en mi opini\u00f3n, como a otros debi\u00f3 ped\u00edrselo, pude leer varios de sus libros de poemas antes de publicarse. Fueron sus mejores amigos, desde que eran muy j\u00f3venes, Jes\u00fas Morales Berm\u00fadez, Eduardo Casar, el fallecido Carlos Muci\u00f1o Albarr\u00e1n, y entre los coli-menses tuvo gran afecto por la fidel\u00edsima Guillermina Cuevas, por Salvador Silva y, a \u00faltimas fechas, por el joven poeta y ensayista Carlos Ram\u00edrez Vuelvas. J\u00f3venes poetas de su ciudad natal lo segu\u00edan en los talleres de poes\u00eda que dirigi\u00f3. Tuvo asimismo un apego especial por sus mayores que lo apoyaron, como V\u00edctor Sandoval, principalmente, y luego Rub\u00e9n Bonifaz Nu\u00f1o, \u00d3scar Oliva y Jos\u00e9 Emilio Pacheco. En los peri\u00f3dicos de Ciudad de M\u00e9xico su muerte pas\u00f3 casi inadvertida. Esta suerte de vac\u00edo o de silencio no deja de tener un toque de tristeza.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En 2005 le ped\u00ed una amplia antolog\u00eda personal de sus poemas para la colecci\u00f3n Poemas y Ensayos de la unam, que \u00e9l titul\u00f3 Fiel a la tierra (1979-2003)1, y que pronto encontrar\u00e1 espacio en Visor M\u00e9xico. El t\u00edtulo es exacto, pero pudo llamarse, pluralizando su primer poemario, Los libros de las cr\u00f3nicas. O quiz\u00e1 toda su obra po\u00e9tica podr\u00eda llamarse Los libros de las cr\u00f3nicas. V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas trabaj\u00f3 con igual felicidad el poema en verso y el poema en prosa.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Muy buen lector; siento que los poetas que tuvieron al principio una especial influencia en C\u00e1rdenas fueron los mexicanos Jaime Sabines y Juan Ba\u00f1uelos, el cubano Jos\u00e9 Lezama Lima y el peruano C\u00e9sar Vallejo (Trilce, Poemas humanos), y de lengua extranjera, con el cedazo de la traducci\u00f3n, t. s. Eliot, Fernando Pessoa y tal vez Saint-John Perse. No s\u00e9 si lo influyeron, pero tuvo un aire de familia, por su naturaleza sensorial, sensual y sensitiva, con Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde y Carlos Pellicer.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En el primer Libro de las cr\u00f3nicas (1983) ya se muestra la manera como escrib\u00eda sus poemas, sobre todo los de cierta extensi\u00f3n2: la formulaci\u00f3n de preguntas con las que busca dejar una sensaci\u00f3n de angustia; caligramas, es decir, letras en movimiento que dan la imagen del objeto descrito, lo cual es m\u00e1s visible en sus recreaciones figurativas de los cuadros de Joan Mir\u00f3 en su libro Grandeza de los destellos; cortes de frases o de palabras; rupturas de sintaxis; uni\u00f3n de dos palabras en una que hubieran encantado a Juan Gelman (puertal\u00e1pida, sinsol, haciabajo, aguan\u00edvaro, nom\u00eda); guiones entre palabras que hacen ver y o\u00edr el fen\u00f3meno (rel\u00e1mpago-grito); alteraciones de la ortograf\u00eda (yober, yoerir, elicr\u00f3teros) pero, como en C\u00e9sar Vallejo o el mismo Gelman, el tono en que est\u00e1n contados profundiza la emoci\u00f3n. En algunos poemas combina partes en ver-so y partes en prosa. Hasta donde pudo, V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas busc\u00f3 que cada libro fuera distinto al anterior formalmente o en sus contenidos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Nada m\u00e1s lejos de la poes\u00eda de C\u00e1rdenas que la pirotecnia verbal o la belleza por la belleza. Fue siempre fiel a la tierra. \u00c9l mismo lo dijo en un emotivo poema-libro (Ahora llegan los aviones): \u201cLa poes\u00eda es\/ dicen\/ para construir juegos\/ verbales\/ Yo amo la realidad.\u201d Varias veces la frase resuena en las p\u00e1ginas del poema-libro: \u201cYo amo la realidad.\u201d En la mayor\u00eda de sus poemas dominan los cinco sentidos, pero tiene un sitio especial el tacto. El lector siente c\u00f3mo en los versos parecen formarse en uno cuerpo y naturaleza.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Chiapas: \u201cA la hora del fuego\u201d y las matanzas de Naquem y Wololch\u00e1n<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Dos entidades fueron la piedra angular en su obra po\u00e9tica: Chiapas y Colima. En su fervor por la naturaleza chiapaneca estar\u00eda cerca de Juan Ba\u00f1uelos y de un contempor\u00e1neo suyo, Efra\u00edn Bartolom\u00e9: bosques, selva, monta\u00f1as, r\u00edos, jaguares, tigres, monos&#8230; De Chiapas la ciudad importante para \u00e9l fue San Crist\u00f3bal de las Casas, a la que \u00e9l llama por su nombre en maya tzotzil: Jovel o Jobel.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Fue un notable poeta pol\u00edtico, o si se quiere, un notable poeta testimonial, y escribi\u00f3 en su juventud, entre sus veinticinco y treinta a\u00f1os, al menos tres poemas estremecedores: uno, sobre la devastaci\u00f3n causada por las erupciones del volc\u00e1n El Chichonal3 entre el 28 de marzo y el 5 de abril de 1982, y los otros dos acerca de las matanzas de Naquem (10\/vii\/1977), y de Wololch\u00e1n (30\/ v\/1980 y 15\/vi\/1980). El recuerdo de Naquem persigui\u00f3 a C\u00e1rdenas toda la vida. Quedaron las matanzas, pero gracias a los poemas, no qued\u00f3 su silencio. Estos poemas bastar\u00edan para la perdurabilidad de C\u00e1rdenas. Los hechos descritos prefiguran atrozmente las causas de la rebeli\u00f3n zapatista del 1 de enero de 1994.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Pero \u00bfen qu\u00e9 contexto se dan estos poemas? \u00c9l, junto con su entra\u00f1able amigo Jes\u00fas Morales Berm\u00fadez, trabaj\u00f3 en comunidades ind\u00edgenas y sinti\u00f3, de primera mano, la marginaci\u00f3n y la miseria de los ind\u00edgenas mayas. Gracias a Morales Berm\u00fadez \u2013quien me dio unos apuntes de sus recuerdos\u2013 sabemos que ambos formaban parte de una organizaci\u00f3n campesina. Eran me-diados de la d\u00e9cada de los setenta y muchos cre\u00edamos en la llegada del socialismo y \u2013utilicemos frases grandilocuentes que se o\u00edan tanto desde los a\u00f1os treinta a los setenta\u2013muchos est\u00e1bamos dispuestos a dar la vida para ver la espl\u00e9ndida aurora que traer\u00eda por fin al hombre nuevo.4 Morales Berm\u00fadez ya trabajaba desde 1974 en movimientos campesinos que ten\u00edan como tarea en las comunidades ind\u00edgenas la formaci\u00f3n de cooperativas comerciales, la alfabetizaci\u00f3n, cursos variados de historia. C\u00e1rdenas, que estaba por cumplir los veinticuatro a\u00f1os, se incorpor\u00f3 a la organizaci\u00f3n campesina a que pertenec\u00eda Morales Berm\u00fadez, al norte de Palenque, que comprend\u00eda los municipios de Sabanilla, Huitip\u00e1n, Simojovel, Tila, Salto de Agua y Tumbal\u00e1. Eran lugares que, desde San Crist\u00f3bal de las Casas, en transportes de misericordia y en caminatas de infierno, llegaban a tardar los asesores dos o tres d\u00edas debido a que buena parte del camino, por senderos casi inex-tricables, deb\u00edan ir por cuestas, monta\u00f1as, sierras, lomer\u00edos. En aquella zona del norte chiapaneco no hab\u00eda carreteras. La relaci\u00f3n amistosa con campesinos y mestizos flu\u00eda muy bien. Pronto finqueros, rancheros, comerciantes y aun campesinos contrarios vieron a la organizaci\u00f3n como un enemigo a eliminar.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Como es habitual en la izquierda, por la incorporaci\u00f3n de nuevos elementos vinieron los radicalismos y las divisiones: empez\u00f3 una mezcla de comunistas, mao\u00edstas, guerrilleros de las frap&#8230; A Morales Berm\u00fadez y a C\u00e1rdenas los ve\u00edan como las cabezas m\u00e1s visibles e incluso en un momento los finqueros buscaron desaparecerlos. Los salv\u00f3 un pitazo. Aconsejados por el obispo Samuel Ruiz, se alejaron de Sabanilla, que era el centro de reuni\u00f3n principal. Cuando acaeci\u00f3 la matanza de Naquem en 1977, producto de una invasi\u00f3n para quedarse con las tierras, se dio por muertos a \u201clos dos guerri-lleros\u201d. En ese momento, sin embargo, cada uno por su lado se hallaban a una distancia muy grande de los hechos: uno, en San Crist\u00f3bal de las Casas, el otro, en las lagunas de Montebello.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\u201cA la hora del fuego\u201d, sobre la matanza en el peque\u00f1\u00edsimo pueblo de Naquem, es quiz\u00e1 el poema m\u00e1s intenso, el m\u00e1s desgarradoramente doloroso de su obra. De hecho, hoy Naquem apenas existe, o si se quiere, es un villorrio de poco m\u00e1s de cien habitantes. Se oyen en el poema, en un coro terrible, las voces del cronista, las palabras de los invasores de tierras, las voces de los ind\u00edgenas vivos o muertos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En el poema sentimos enseguida el ambiente de tensi\u00f3n, la llegada de los invasores, la brutalidad cri-minal, la huida, la persecuci\u00f3n: \u201c\u2018Por aqu\u00ed\/ por aqu\u00ed\/ traten de no quebrar las hojas\u2019.\/ (Pasar el r\u00edo Catarina a las dos de la ma\u00f1ana\/ se puede recordar a cualquier hora).\/ \u00bfCu\u00e1ntos p\u00e1rpados\/ estar\u00e1n abiertos a las diez?\/ Son las cinco\/ Cambio de guardia\/ \u00bfQu\u00e9 piensas recostado en las piedras\/ que guardan un nido de v\u00edbora.\/ Juro: No vi nada\/ se\u00f1or\/ fueron los muertos\/ cayeron del aire\/ manospatas de ara\u00f1a\/ subi\u00f3 una tortuga\/ que volaba\/ paraarriba\/ Parabajo\/ as\u00ed [\u2026] \u2018\u00bfQu\u00e9 ruido es \u00e9se que se acerca?\u2019\/ dense prisa por favor que ya es la hora\/ \u00bfQu\u00e9 ruido es \u00e9se que se acerca?\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En la pieza sobre Wololch\u00e1n, \u201c\u00c1rbol de ceniza\u201d, utiliza como contraste la matanza alevosa de ind\u00edgenas tzeltales con el momento de hacer el amor con una mujer que se vuelve dos y al final las mujeres que lo marcaron hasta entonces y que se convirtieron en \u201cuna sola memoria\u201d (Alba, Cecilia, Dolors, Marisela, Maricarmen, Olga, Solange, Francis, Marisol), y despu\u00e9s, y por treinta cinco a\u00f1os, s\u00f3lo Marisol.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En un momento del poema, Dolors aparece, mientras el ej\u00e9rcito y los finqueros, dirigidos por el general Absal\u00f3n Castellanos acribilla a los ind\u00edgenas, y Alba, la morena, da el fuego de su sensualidad por toda la casa, se vuelve ligera y radiante, pero Alba un d\u00eda, como pas\u00f3 con las otras, se vuelve fantasma y no sabe d\u00f3nde se fue el sol, mientras del pueblo de Wololch\u00e1n s\u00f3lo quedan atr\u00e1s los lamentos de quienes huyen y lloran a los asesinados y los quemados vivos, y lamentan con horror el despojo y la quema de sus bienes. Y el final de la parte dedicada a la matanza es el epitafio del cronista: \u201cEsta fue la tragedia que sufri\u00f3 el poblado de Wololch\u00e1n, causada por los finqueros, que estaban uni-formados juntamente con los soldados.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Para el fragmento, donde de manera perturbadora C\u00e1rdenas describe la matanza, la fuente principal fue el trabajo de los jesuitas de la misi\u00f3n de Bachaj\u00f3n, sobre todo de uno, Mardonio Morales, que tomaron los tes-timonios de \u201clos afectados y los sobrevivientes\u201d y reconstruyeron la atrocidad sin perd\u00f3n perpetrada por ej\u00e9rcito y finqueros. Despu\u00e9s de la matanza, nunca m\u00e1s Wololch\u00e1n pudo ser pueblo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Colima: el mar, la familia y otras fidelidades<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En 1980 V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas regresa a Colima. Quiz\u00e1 ya comprendi\u00f3 esos versos desoladores de \u00c1lvaro de Campos (Fernando Pessoa): \u201cEl mundo es de quien nace para conquistarlo\/ y no del que sue\u00f1a que puede conquistarlo, aunque tenga raz\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Viniendo de un estado cuyas costas dan al Pac\u00edfico, C\u00e1rdenas se sinti\u00f3 siempre cerca del mar, pero ese mar incesante, como en el caso de Mar\u00eda Baranda, se contempla principalmente desde la costa. C\u00e1rdenas fue fiel a la tierra pero tuvo dentro de \u00e9l tambi\u00e9n al mar. Viviendo en la ciudad de Colima, C\u00e1rdenas ten\u00eda a cincuenta kil\u00f3metros las costas del oc\u00e9ano Pac\u00edfico. No en balde uno de sus primeros libros se llama Peces (1984), que, menos que pr\u00f3ximo al surrealismo, se halla cerca de la poes\u00eda sensual pero oscura y dif\u00edcil de Jos\u00e9 Lezama Lima. En el libro la vida de los peces puede parecerse a la vida de \u00e9l, o m\u00e1s, a la vida de los seres humanos. Hay peces en el cuerpo del hombre que los lleva al cuerpo de la mujer: \u201clas manos como peces\/ y los peces como bocas-por-la-piel\u201d. En su poema \u201cLecci\u00f3n de biolog\u00eda\u201d el reino animal y el reino vegetal se erotizan tambi\u00e9n para que las parejas se amen. Nada es comparable al mar. \u00bfNo dice acaso en su \u201cBit\u00e1cora del Atl\u00e1ntico\u201d: \u201cCuarenta siglos\/ son nada\/ frente al mar\u201d? \u00bfO en otro momento: \u201cVoltea. Estar aqu\u00ed es inventarlo todo.\/ T\u00fa eres el mar\u201d? \u00bfNo dedica, por lo dem\u00e1s, un muy hermoso libro a Caxitl\u00e1n, la Colima prehisp\u00e1nica, \u201cla isla de la mar del sur\u201d (isla, claro, entendida metaf\u00f3ricamente)?<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Tema esencial de C\u00e1rdenas \u2013como el testimonio pol\u00edtico, la naturaleza y el erotismo\u2013 es la familia. En eso lo toc\u00f3 hondamente la lectura de Jaime Sabines. Todos est\u00e1n y a todos convoca, principalmente a los del apellido materno: a la abuela, a los padres (Bertha Morales y Salvador C\u00e1rdenas), a las t\u00edas, a su magn\u00edfica esposa Marisol, a sus hijos en su nacimiento, de nuevo a la hija adolescente. Los dos \u00faltimos libros de C\u00e1rdenas, hechos a las muertes de la abuela (Micaela) y a la madre (Berta) son dos cantos de amor, y me parece que en alguna l\u00ednea busc\u00f3 hacer lo que Sabines con la T\u00eda Chofi y Do\u00f1a Luz. Momentos de su largo poema \u201cCon-ver-saciones con mi padre\u201d, de una ternura escalofriante, tienen alguna ligadura con pasajes de \u201cAlgo sobre la muerte del Mayor Sabines\u201d. La devoci\u00f3n por la madre fue una suerte de polo antag\u00f3nico con el rechazo-atracci\u00f3n por el padre. Sin embargo, ni ante el abandono del padre, C\u00e1rdenas busc\u00f3 un ajuste de cuentas. En los poemas escritos hay tendida una mano de conci-liaci\u00f3n. \u00c9l mismo habl\u00f3 de los afectos, y despu\u00e9s de muerto el padre, despu\u00e9s de desenterrarlo, lo lleva con \u00e9l en un viaje [imaginario], se va con la media quijada al hombro, hasta llegar a las costas donde arroja al mar la media quijada con lo que simb\u00f3licamente busca que encuentre en otra vida un camino y un tiempo m\u00e1s libres donde no pod\u00eda jam\u00e1s tenerlos en una tumba h\u00fameda y fr\u00eda.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">No s\u00f3lo la familia: tambi\u00e9n C\u00e1rdenas supo despedirse de compa\u00f1eros de escuela y amigos. Su poema \u201cReuni\u00f3n de ex alumnos\u201d es menos un brindis por la alegr\u00eda del reencuentro que una triste y en alg\u00fan momento dram\u00e1tica eleg\u00eda: \u201cNuestra piel exhibe la informaci\u00f3n lapidaria.\/ Estamos aqu\u00ed m\u00e1s bien vencidos, gozando parcelas\/ no incluidas en alguno de nuestros programas.\/ Somos los posteriores, los hijos de una leyenda\/ perdida en el anonimato, en c\u00e1rceles precoces,\/ en divorcios anticipados o en la mala suerte de no morir.\/ Podemos emborracharnos y escribir eleg\u00edas sobre los tiempos idos.\/ Podemos, sin ninguna pretensi\u00f3n, establecer un juicio l\u00facido contra lo establecido.\/ Lo cierto es la jaula de sabernos vivos. Lo radical es vernos, sabernos.\/ \u00bfExistir\u00e1 el aplauso? \u00bfVendr\u00e1 nuestra ancianidad a recobrarnos?\/ \u00bfFuimos cien, fuimos sesenta? \u00bfQui\u00e9n \u2013director de escena\u2013 nos convirti\u00f3 en catorce?\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En un pasaje de \u201cAhora llegan aviones\u201d recuerda a uno de sus amigos m\u00e1s entra\u00f1ables, Carlos Muci\u00f1o Albarr\u00e1n, con su sonrisa clara, sus 130 kilos, su indomable ternura, quien falleci\u00f3 en su casa: \u201cPerdonen\/ se\u00f1oras\/ se\u00f1ores\/ no puedo escribir una eleg\u00eda\/ a un hombre que me regal\u00f3 su muerte.\/ Era s\u00e1bado y el azul llov\u00eda\/ [\u2026] A la orilla del r\u00edo de Colima\/ muri\u00f3 Carlos\/ Yo cerr\u00e9 las ventanas\/ para que todo \u00e9l se quede aqu\u00ed.\u201d En momentos dif\u00edciles a C\u00e1rdenas, parafrase\u00e1ndolo a \u00e9l mismo, lo venc\u00eda la ternura.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La huella de t. s. Eliot<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Ning\u00fan poeta tiene por qu\u00e9 parecerse a un solo estilo, y menos si la obra es vasta. Influido por Eliot, C\u00e1rdenas escribe dos poemas de mediana extensi\u00f3n donde, en uno, es protagonista el propio Eliot y en el otro, Eliot aparece tambi\u00e9n en una coda o posdata. Desde varios de los poetas de Contempor\u00e1neos hasta los poetas mexicanos nacidos en el decenio de los cincuenta, principalmente Luis Miguel Aguilar, Eliot fue el poeta de lengua extranjera que m\u00e1s influy\u00f3 entre nosotros. Ante todo veo en C\u00e1rdenas la huella de tres poemas del poeta \u201ccl\u00e1sico, mon\u00e1rquico y anglicano\u201d: \u201cLa canci\u00f3n de amor de Alfred Prufrock\u201d, \u201cLos hombres huecos\u201d, y por encima de todo, \u201cLa tierra bald\u00eda\u201d. En los poemas de C\u00e1rdenas, \u201cEl se\u00f1or Eliot\/Lloyds\u201d y \u201cRetrato de un joven en el polvo de la guerra (1916\/1943)\u201d, la huella eliotiana la hallamos en giros estil\u00edsticos, en la atm\u00f3sfera, en el manejo del lenguaje coloquial donde algo queda siempre por decirse, en la relaci\u00f3n de hechos banales que de pronto revelan que escond\u00edan algo tr\u00e1gico o atroz.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Como nadie ignora, Eliot trabaj\u00f3 en el Lloyds Bank de 1917 a 1925. El poeta colimense imagina a Eliot que checa tarjeta para entrar mientras piensa en el poema venidero, y luego checa tarjeta para salir y en la tarde neblinosa londinense se encamina para ir a tomar el t\u00e9 y se hace preguntas angustiosas sobre la primera gran guerra.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El otro, \u201cRetrato de un joven en el polvo de la guerra\u201d, un poema en prosa, es una derivaci\u00f3n personal\u00edsima de \u201cLa tierra bald\u00eda\u201d. Est\u00e1 dividido entre (en) los a\u00f1os 1916 y 1943, que representan en conjunto las dos guerras, y contiene una Posdata, que ubicar\u00edamos en 1965, a\u00f1o de la muerte de Eliot, que poco aporta al poema y que es una suerte de carta de despedida de Eliot a Valerie, su segunda esposa. En \u201cEl retrato de un joven en el polvo de la guerra\u201d hay algo que a C\u00e1rdenas le gusta hacer: el coro. Son varias voces que cuentan los hechos: el narrador que mira una fotograf\u00eda de un joven acribillado en The Times, el joven soldado ingl\u00e9s que fue al matadero sabiendo que no regresar\u00eda, la prometida Judith que acabar\u00e1 por no extra\u00f1arlo, la madre inconsolable, el padre enfadado y desinteresado. Con pasajes angustiosamente tristes es un poema admirable.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Un motivo m\u00e1s de la poes\u00eda de C\u00e1rdenas fue su gusto por el blues y el jazz. Recordemos incluso que su primer libro se llam\u00f3 Despu\u00e9s del blues. M\u00e1s tarde fue el descubrimiento de los cl\u00e1sicos mayores, desde Haendel a Mahler, y una especial dilecci\u00f3n, con sus quie-tudes y silencios, por Erik Satie y, con su fuego de p\u00e1jaros y el viento de la primavera, Igor Stravinsky.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En su bello libro Ahora llegan los aviones (1994) ya hay un cambio de edad y un cambio de tono en la poes\u00eda. C\u00e1rdenas siente el paso de los a\u00f1os, la llegada a los cuarenta, donde el hoy se gasta al empezar a recordar con melancol\u00eda y ternura momentos de los buenos y malos ayeres que cambian seg\u00fan sea el momento en que regrese el recuerdo.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Dec\u00eda t. s. Eliot que era cuesti\u00f3n de peculiar finura decidir qu\u00e9 es lo que se debe elegir de un autor para ser le\u00eddo. Es muy interesante cuando los propios poetas lo hacen con tino y juicio, al menos en cierto momento de su vida, como Octavio Paz en La Centena, Efra\u00edn Huerta en Transa po\u00e9tica y Lizalde en La caza del tigre. En Fiel a la tierra, en poco m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas, me parece que V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas, con cuidado cr\u00edtico, hizo su mejor selecci\u00f3n\u2022<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Notas<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">1. Cuando iba a publicar su antolog\u00eda personal le pregunt\u00e9 antes qu\u00e9 t\u00edtulo iba a ponerle, y me dijo Fiel a la tierra. Me encant\u00f3. Le dije: \u201cD\u00e1melo, est\u00e1 perfecto para m\u00ed.\u201d Yo esperaba que me dijera con su habitual desprendimiento, \u201cclaro, t\u00f3malo\u201d. Pero reaccion\u00f3 casi infantilmente diciendo \u201cno, de ninguna manera\u201d, como si fuera algo muy suyo. Un a\u00f1adido: debi\u00f3 poner 2004 y no 2003. De 2004 es Grandeza de los destellos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">2. En esto fueron muy importantes las ense\u00f1anzas de Juan Ba\u00f1uelos en el taller que impart\u00eda en Tuxtla Guti\u00e9rrez.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">3. Por cierto: hay un notable texto de Jaime Sabines sobre los hechos, Cr\u00f3nicas del volc\u00e1n, muy poco conocido, publicado en aquel mismo 1982. Como hermano del gobernador, viajando en helic\u00f3ptero a los lugares de los acontecimientos y luego andando por ellos, dio un testimonio sobre las comunidades que terminaron de-vastadas por la avalancha de arena y piedras, como Francisco Le\u00f3n, Nicapa, El Volc\u00e1n y Chapultenango. Ruinas, muerte, \u201clas casas sepultadas y los campos yermos\u201d. Un mundo de piedras y arena. El parte oficial fue de diecisiete muertos y cuarenta heridos, pero contrasta Sa-bines: \u201cEstas ocho o diez mil personas que se quedaron absolutamente sin techo, sin tierra, sin agua, sin pobreza \u00bfno son la medida exacta del desastre, la tragedia ambulante que golpea?\u201d<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">4. Si una palabra ardiente sign\u00f3 el lenguaje pol\u00edtico de las izquierdas en el siglo xx fue: Revoluci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Poes\u00eda y realidad del mundo ind\u00edgena: V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas Marco Antonio Campos A Marisol, su esposa, y a sus hijos Marisol y V\u00edctor Abel La Jornada Semanal V\u00edctor Manuel C\u00e1rdenas naci\u00f3 en Colima capital el 5 de julio de 1952 y muri\u00f3 en esa ciudad el 6 de agosto de 2017. 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