{"id":14412,"date":"2019-11-10T13:03:09","date_gmt":"2019-11-10T19:03:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14412"},"modified":"2019-11-10T13:03:09","modified_gmt":"2019-11-10T19:03:09","slug":"adios-tomasa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14412","title":{"rendered":"\u00abAdios Tomasa\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>La Jornada<\/p>\n<p>Adi\u00f3s, Tomasa, la novela de Geney Beltr\u00e1n<\/p>\n<p>Elena Poniatowska<\/p>\n<p>Ahora que todos tenemos la palabra Culiac\u00e1n o Sonora en la boca y todos nos hacemos cruces por cr\u00edmenes aterradores en ciudades y carreteras del norte del pa\u00eds, pens\u00e9 en buscar al novelista y generoso promotor cultural: Geney Beltr\u00e1n. Seg\u00fan \u00e9l, todo lo que tiene que ver con el narcotr\u00e1fico est\u00e1 entrelazado con la vida de los habitantes del norte, quienes saben que a la vuelta de la primera esquina puede tocarles las de malas. Saben cuando uno de los hijos de El Chapo est\u00e1 comiendo ceviche en un puesto de mariscos, saben que las mujeres bonitas viven un infierno.<\/p>\n<p>Para Geney Beltr\u00e1n, es indispensable la legalizaci\u00f3n de la droga para resolver el problema del lavado del dinero en una ciudad en la que el auge de la construcci\u00f3n deja pasmados a visitantes y a posibles compradores. De un d\u00eda para otro se levantan edificios \u201cdel narco\u201d. En Culiac\u00e1n, son miles y miles los nuevos fraccionamientos, en cambio ya no se siembra ma\u00edz, porque hacerlo es condenarse a un ciclo de pobreza.<\/p>\n<p>Geney Beltr\u00e1n es norte\u00f1o sin los atributos del norte\u00f1o: la pistolota, el bigotote, el sombrerote, la vocesota, el tama\u00f1ote, la calaverota; me asegura con una sonrisa angelical que los personajes que m\u00e1s le interesan sobre la Tierra son los ni\u00f1os, la relaci\u00f3n del ni\u00f1o con la madre, su desvalimiento, su mansedumbre frente a la autoridad de los adultos. \u00bfSer\u00e1 Geney Beltr\u00e1n ese ni\u00f1o?<\/p>\n<p>\u2013Yo nac\u00ed en Culiac\u00e1n, pero mi familia viv\u00eda en la sierra de Durango, en el municipio de Tamazula; el pueblo se llama Chapot\u00e1n. Ah\u00ed, mi pap\u00e1 ten\u00eda una tienda de abarrotes y algunos terrenos en los que sembraba ma\u00edz. Adem\u00e1s de cuidarnos, mi mam\u00e1 orde\u00f1aba vacas y atend\u00eda clientes en la tienda.<\/p>\n<p>\u201cNosotros somos seis hermanos. Viv\u00ed en Chapot\u00e1n hasta los nueve a\u00f1os, cuando nos mudamos a Culiac\u00e1n. Lo que m\u00e1s recuerdo es la violencia en el lenguaje, la violencia cotidiana en la calle, en la escuela, el trato tremendamente duro y hasta violento que se da a los ni\u00f1os, el maltrato, la conducta ofensiva durante la jornada de trabajo.<\/p>\n<p>\u201cEn Adi\u00f3s, Tomasa pens\u00e9 que era importante mostrar la vida cotidiana y familiar de mi casa, la anchura de las tortillas de harina cuando las est\u00e1n palmeando, su sabor, la hora de sentarse a la mesa, la vida con el padre de familia, todo lo que es aparentemente rutinario, familiar y ajeno a la violencia.<\/p>\n<p>\u201cEleg\u00ed el punto de vista de un ni\u00f1o porque es una manera de ver desde cierta inocencia un mundo inesperado, macizo y en cierta forma cruel, distinto al resto de M\u00e9xico. Mi inocencia no es total, pero s\u00ed conserva mi asombro ante el comportamiento de los adultos. \u00a1C\u00f3mo se comportan todos, con qu\u00e9 profanaci\u00f3n, con qu\u00e9 dureza! \u00a1Qu\u00e9 horror, de veras!<\/p>\n<p>\u201cMe llamaba mucho la atenci\u00f3n la naturalidad con la que mis compa\u00f1eros de escuela anunciaban que el \u00fanico futuro que ten\u00edan era irse de mojados porque su vida ya estaba escrita.\u201d<\/p>\n<p>La novela Adi\u00f3s, Tomasa, que publica Alfaguara con una notable portada anaranjada que nos avienta a la cara un Cristo femenino bajo su corona de espinas, \u201ctiene que ver con una muchacha que lleg\u00f3 a trabajar a la casa con mi mam\u00e1, que la quer\u00eda mucho y casi, casi la adopta.<\/p>\n<p>\u201cCuando mis pap\u00e1s decidieron mudarnos de Chapot\u00e1n a Culiac\u00e1n, mam\u00e1 le dijo a Tomasa que se fuera con nosotros. La quer\u00edamos mucho, era una muchacha muy sensible, muy humilde, se daba a querer, ten\u00eda muy buen car\u00e1cter, una persona muy linda. Se la robaron un d\u00eda y la violaron. Luego nos lleg\u00f3 el rumor de que ten\u00eda un ni\u00f1o peque\u00f1o. Ya nunca regres\u00f3 con nosotros. Unos narcos, hermanos entre s\u00ed, se la llevaron. Muy ricos, due\u00f1os de unos sembrad\u00edos de amapola con los que hac\u00edan mucho dinero; nadie pod\u00eda contra ellos, y mucho menos Tomasa.<\/p>\n<p>\u201cA m\u00ed esa historia me impresion\u00f3 much\u00edsimo. En la prepa decid\u00ed ser periodista, pero le\u00ed Cien a\u00f1os de soledad y prefer\u00ed hacer novelas, y escog\u00ed escribir sobre Tomasa.<\/p>\n<p>\u201cMe interesan las historias de las v\u00edctimas, que han sufrido alg\u00fan tipo de agresi\u00f3n o de p\u00e9rdida. Aunque el personaje del ni\u00f1o Flavio en Adi\u00f3s, Tomasa tiene que ver con mis recuerdos no es una novela autobiogr\u00e1fica. Le met\u00ed caracter\u00edsticas de otras personas, otras historias de vida. Una cosa que me importaba mucho era mostrar el v\u00ednculo entre la madre y el hijo, el miedo aterrorizado por el padre. La relaci\u00f3n con la madre es de protecci\u00f3n, de apego. El padre es un hombre muy macho, que espera que sus hijos varones se le parezcan, pero Flavio, el ni\u00f1o, toma el partido de la madre y sufre con ella las infidelidades del padre<\/p>\n<p>\u201cPertenezco a una generaci\u00f3n machista, educada de manera machista aunque ya en la adultez recib\u00ed una reducaci\u00f3n forzosa no s\u00f3lo por lo que le\u00ed, sino por mis relaciones amorosas. Tuve que aprender a quitarme todas esas inercias con las que nos educaron a los norte\u00f1itos. Me sirvi\u00f3 escribir esta novela en el plano personal porque pude analizar de d\u00f3nde ven\u00edan conductas, inercias, privilegios, las de dar por sentado que por ser var\u00f3n se te tienen que abrir todas las puertas. Por ejemplo, vine a estudiar a la Ciudad de M\u00e9xico a los 17 a\u00f1os, por mi testarudez ante a mi familia a quien le molest\u00f3 que escogiera la carrera de letras. \u2018\u00bfEscritor? La literatura es cosa de maricones\u2019. La idea que mis padres ten\u00edan de la UNAM es que era un foco de guerrilleros o de mariguanos. Tambi\u00e9n me advirtieron que me iba a morir de hambre. Tuve la oportunidad de venir a la Ciudad de M\u00e9xico por ser var\u00f3n, porque de haber sido mujer mi familia definitivamente habr\u00eda cerrado esa puerta. \u00bfUna hermana m\u00eda vivir sola en M\u00e9xico? \u00a1Imposible!<\/p>\n<p>\u201c Adi\u00f3s, Tomasa me sirvi\u00f3 no s\u00f3lo para ver la tremenda violencia contra los ni\u00f1os a trav\u00e9s del lenguaje, sino la imposibilidad de las mujeres de lograr un futuro a trav\u00e9s de una carrera universitaria como puede ser la literatura, por la forma en la que se cultivan las nociones de sexo y vocaci\u00f3n en mi tierra.<\/p>\n<p>\u201cLa relaci\u00f3n de Tomasa y del ni\u00f1o Flavio no tiene ver con el sexo. Flavio es un ni\u00f1o de 10 a\u00f1os a quien todav\u00eda no se le alborota la hormona, por tanto, ve a Tomasa como una hermana mayor, porque a \u00e9l lo agarran a azotes y lo hacen vivir en forma espartana.<\/p>\n<p>El \u00fanico horizonte que tienen los hombres en la sierra, si quieren salvarse de la pobreza y no morir de hambre, es sembrar amapola. La otra es salir a trabajar de jornaleros agr\u00edcolas a California o a Oregon. De ni\u00f1o escuchaba conversaciones acerca de c\u00f3mo tales o cuales vecinos sembraban amapola y lo contaban como algo perfectamente respetable. No importaba que fuera ilegal; nunca o\u00ed decir que fuera malo. El Ej\u00e9rcito sab\u00eda qui\u00e9n sembraba y soldados y due\u00f1os ten\u00edan su acuerdo. Si el Ej\u00e9rcito quema sembrad\u00edos seguro es porque no ha acordado con el due\u00f1o del campo. Se escucha el helic\u00f3ptero del Ej\u00e9rcito sobrevolar determinado terreno y la gente se pregunta c\u00f3mo los pilotos no reconocen el sembrad\u00edo de amapolas. Claro que se dan cuenta, pero no lo incendian porque tienen un trato. La gente lo sabe y los ni\u00f1os crecen vi\u00e9ndolo como algo perfectamente normal.<\/p>\n<p>Mientras escucho a Geney Beltr\u00e1n repaso los ejemplos m\u00e1s obvios de lo que llamamos estatus. La camioneta \u00faltimo modelo, la antena parab\u00f3lica, la tele, la bodota, la fiesta de 15 a\u00f1os, la telenovela, el narcodinero, y recuerdo a los Tigres del Norte, a quienes escuch\u00e9 una vez porque hicieron gran amistad con Guadalupe Loaeza.<\/p>\n<p>Con su novela Adi\u00f3s, Tomasa, Geney Beltr\u00e1n pasa a la \u00e9lite de los grandes escritores norte\u00f1os: Federico Campbell, el de Tijuana; mi querido Daniel Sada, Emiliano Monge, \u00c9lmer Mendoza, quien cada a\u00f1o aparece sonriente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y tantos m\u00e1s, hombres y mujeres que denuncian los muchos quebrantos a los que el norte somete a su gente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Jornada Adi\u00f3s, Tomasa, la novela de Geney Beltr\u00e1n Elena Poniatowska Ahora que todos tenemos la palabra Culiac\u00e1n o Sonora en la boca y todos nos hacemos cruces por cr\u00edmenes aterradores en ciudades y carreteras del norte del pa\u00eds, pens\u00e9 en buscar al novelista y generoso promotor cultural: Geney Beltr\u00e1n. 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