{"id":14662,"date":"2019-12-06T12:07:14","date_gmt":"2019-12-06T18:07:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14662"},"modified":"2019-12-06T12:07:14","modified_gmt":"2019-12-06T18:07:14","slug":"vicente-lenero-como-catolico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14662","title":{"rendered":"Vicente Le\u00f1ero como cat\u00f3lico"},"content":{"rendered":"<p>(Proceso).-<\/p>\n<p>Hace cinco a\u00f1os Vicente Le\u00f1ero dej\u00f3 de estar entre nosotros. Hace cinco a\u00f1os que me hace falta en medio de la noche que a\u00f1os antes de su partida se apoder\u00f3 del pa\u00eds. Le\u00f1ero era muchas cosas, pero para m\u00ed \u2013y es por ello que tanta falta me hace\u2013 era ante todo un cat\u00f3lico en el m\u00e1s profundo sentido de la palabra o, mejor, esas muchas otras cosas que hac\u00edan que la gente lo quisiera, eran expresiones de su catolicidad. Cuando lo ve\u00eda, lo le\u00eda o conversaba con \u00e9l, me sent\u00eda orgulloso de profesar su misma fe.<\/p>\n<p>No es que tuvi\u00e9ramos convicciones semejantes frente al Evangelio, la Iglesia y el mundo. Discut\u00edamos mucho, polemiz\u00e1bamos, nos confront\u00e1bamos, pero de esas confrontaciones yo sal\u00eda lleno de cuestionamientos y reflexiones, a veces, incluso, edificado. Conversar o leer a Le\u00f1ero era y sigue siendo un ejercicio de profundidad: evita que nos conformemos con lo que sabemos, nos obliga a repensar todo, a ponernos en crisis.<\/p>\n<p>Su catolicismo, sin embrago, no lo expresaba abiertamente en p\u00fablico. Cuando lo hac\u00eda era en la intimidad de un grupo de amigos que compart\u00edamos su misma fe. All\u00ed hablaba con toda libertad sobre temas que a esa fe competen. En esos momentos hablaba como cat\u00f3lico. En sus reportajes, en sus novelas, en su teatro y sus guiones cinematogr\u00e1ficos, lo hac\u00eda, en cambio, en tanto cat\u00f3lico, es decir, sin mostrar sus fuentes, pero insuflado por ellas, por su sustancia m\u00e1s universal y profunda, ajena a las concreciones ideol\u00f3gicas que, incluso en la intimidad, cuando hablaba abiertamente de su fe, cuestionaba con una libertad de esp\u00edritu poco com\u00fan. Su catolicismo en esos \u00e1mbitos no era confesional, sino testimonial.<\/p>\n<p>Tal vez lo que mejor pueda definir el principio cristiano con el que Le\u00f1ero escribi\u00f3 y vivi\u00f3 sea la verdad \u2013la verdad que dice Jn, 8-32, nos hace libres\u2013. Ella no se basaba, para \u00e9l, en la interpretaci\u00f3n \u2013toda interpretaci\u00f3n termina por volverse absoluta y velar la profundidad de la verdad\u2013, sino en la descripci\u00f3n de un suceso. Por ello, de entre todos los Evangelios, Le\u00f1ero prefer\u00eda el de Marcos (\u201cLo prefiero sobre tu Evangelio de Juan \u2013me dijo una vez en que discut\u00edamos nuestras preferencias\u2013. Juan es demasiado teol\u00f3gico y po\u00e9tico; en \u00e9l hay demasiada interpretaci\u00f3n. En cambio Marcos es el reportero. Muestra simplemente los hechos\u201d). De all\u00ed su penetraci\u00f3n, su claridad, su atenci\u00f3n en el acto de narrar y en la estructura de sus reportajes y narraciones. Le\u00f1ero no interpretaba, narraba acontecimientos y al hacerlo buscaba, como Marcos, que el misterio se mostrara en los hechos mismos. Cualquier interpretaci\u00f3n corr\u00eda el riesgo de reducirlos a un \u00fanico sentido o extraviarlo \u2013era el reproche a mi amor por el Evangelio de Juan\u2013 en las m\u00faltiples resonancias de la poes\u00eda. La funci\u00f3n del escritor era, para Le\u00f1ero, la de ser testigo de la verdad, \u201cun ser \u2013me dec\u00eda\u2013 que cuenta algo, alguien que narra un acontecimiento; siempre olvidamos que el Jes\u00fas de los Evangelios no era un doctrinario, sino un narrador, alguien que contaba historias\u201d.<\/p>\n<p>Esta idea, que nunca dej\u00f3 de ejercer tanto en sus reportaje como en su narrativa, lo trabajaba en relaci\u00f3n con los Evangelios. \u00bfC\u00f3mo \u2013se preguntaba a veces\u2013 habr\u00eda sido en realidad Jes\u00fas; c\u00f3mo, m\u00e1s ac\u00e1 de toda la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica y doctrinal que est\u00e1 ya esbozada en los propios Evangelios, lo habr\u00edan escuchado y visto sus contempor\u00e1neos?<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas, que est\u00e1n recogidas en ellos, le parec\u00edan lo m\u00e1s aut\u00e9ntico de su pr\u00e9dica. Sin embargo, bas\u00e1ndose en Schillebeeckx, Karl Rahner y Hans K\u00fcng, sus te\u00f3logos preferidos, supon\u00eda que tambi\u00e9n ellas estaban contaminadas por la interpretaci\u00f3n que los propios evangelistas ponen en boca de Jes\u00fas cuando se las explica a sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Para resolver el enigma, una d\u00eda tom\u00f3 todas las par\u00e1bolas y despoj\u00e1ndolas de las interpretaciones contenidas en ellas, las public\u00f3 bajo el t\u00edtulo de Par\u00e1bolas: el arte narrativo de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Descontextualizadas del cuerpo doctrinal de los Evangelios, las par\u00e1bolas aparecen all\u00ed como lo que probablemente fueron: relatos que dislocan la interpretaci\u00f3n un\u00edvoca del poder y, suscitando el asombro, nos abren a la profundidad de la verdad y su misterio.<\/p>\n<p>No conozco en toda la literatura cat\u00f3lica, incluso en la de sus m\u00e1s altos exponentes \u2013pienso en Georges Bernanos o en Graham Greene que, al igual que Le\u00f1ero, fue un gran novelista y un gran periodista\u2013, a alguien que hubiese concebido la ense\u00f1anza del Evangelio desde la perspectiva de la verdad de los hechos.<\/p>\n<p>Hoy, en que la barbarie, la mentira pol\u00edtica, el encubrimiento de la realidad y la violencia han llevado al pa\u00eds a uno de sus periodos m\u00e1s espantosos, me pregunto \u00bfc\u00f3mo Le\u00f1ero habr\u00eda narrado esos hechos? \u00bfC\u00f3mo desde su pluma de reportero y novelista nos habr\u00eda enfrentado con la verdad? \u00bfC\u00f3mo en la oscuridad m\u00e1s oscura podr\u00eda revelarnos la luz?<\/p>\n<p>No lo s\u00e9. Hacia el final de su vida, Le\u00f1ero hab\u00eda dejado de ocuparse de ello. Le intrigaba el misterio de la muerte que, intu\u00eda, estaba muy cerca para \u00e9l. Hab\u00eda escrito a partir de su fe una larga y profunda obra basada en la narraci\u00f3n de hechos y pensaba que, llegado al final del camino, ya poco ten\u00eda que decir al respecto. Dejaba el acontecer del mundo en manos de un Dios que cre\u00eda, junto con Teilhard de Chardin, hab\u00eda orientado la creaci\u00f3n hacia Cristo y que, pese a los extrav\u00edos de la humanidad, terminar\u00eda por recogerla en \u00e9l y rehacerla. Pero le intrigaba la muerte. No el hecho de la muerte \u2013la narr\u00f3 muchas veces\u2013 sino el de la resurrecci\u00f3n que, en su fe, la acompa\u00f1aba.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o antes del asesinato de mi hijo Juan Francisco, a petici\u00f3n suya, nos reun\u00edamos una vez por semana con Julio Scherer y el padre Maza, a hablar sobre el tema. Recuerdo la exasperaci\u00f3n que a Le\u00f1ero le produc\u00eda el agnosticismo de don Julio que, a\u00fan cuando su avanzada edad anunciaba su muerte \u2013morir\u00edan el mismo a\u00f1o, un a\u00f1o despu\u00e9s que el padre Maza\u2013 ni afirmaba ni negaba la resurrecci\u00f3n. Era un tema que enfrentar\u00eda cuando llegara. Contra la muerte y su misterio, don Julio hablaba de la vida de aqu\u00ed y de ahora: \u201cDe lo que hay despu\u00e9s de ella no se puede hablar, Vicente\u201d.<\/p>\n<p>Le\u00f1ero, en cambio, quer\u00eda sondearla, prepararse para enfrentarla de cara a la resurrecci\u00f3n. Los datos que nos da el Evangelio sobre la resurrecci\u00f3n de Cristo no le bastaban. Supongo que, contaminados para \u00e9l de interpretaciones, no le permit\u00edan saber nada m\u00e1s que el hecho de la tumba vac\u00eda, \u00fanico dato que, quiz\u00e1s, era conforme a los hechos. El reportero, el narrador de ellos quer\u00eda saber m\u00e1s. Pero ese asunto no estaba en el orden de los hechos \u2013fuera de lo que dice el Evangelio no hay testigos de la resurrecci\u00f3n que la Buena Nueva anuncia para todos\u2013. Le\u00f1ero dio entonces un salto hacia un sitio que durante mucho tiempo rechaz\u00f3 por su expresi\u00f3n po\u00e9tica: la m\u00edstica, pero que estaba en absoluta consonancia con su fidelidad a la verdad. Un libro del monje benedictino Willigis J\u00e4ger, cercano al budismo zen y le\u00eddo al lado de Estela Franco, fue su puerta de entrada: La ola es el mar. \u201cLo que soy \u2013dice J\u00e4ger\u2013 en lo m\u00e1s \u00edntimo es algo que seguir\u00e1 cuando mi cuerpo f\u00edsico haya muerto. Y no soy el \u00fanico que est\u00e1 bailando, sino que bailan conmigo muchas personas, que tienen la misma importancia que yo\u201d en el mar. En ese momento, supongo, Le\u00f1ero entendi\u00f3 que la ola que \u00e9l fue en el mundo y desde la que dio testimonio de la verdad, era el mismo mar en el que vivi\u00f3 y que lo aguardaba cuando su ola rompiera en el acantilado de la muerte.<\/p>\n<p>Ese Le\u00f1ero con el que conversaba, con el que discut\u00eda, con el que nunca se estaba en paz, porque con \u00e9l se trataba del acontecimiento de la verdad, me hace falta en estos tiempos, donde ella se ha oscurecido y reinan la barbarie y el crimen.<\/p>\n<p>Pero recordarlo y releerlo me hace sentir que la ola que soy \u2013esa verdad que cada ser humano es y de la que Le\u00f1ero dio testimonio en sus reportajes y novelas\u2013 es el mismo mar que nos contiene, a pesar de la noche y de la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Proceso).- Hace cinco a\u00f1os Vicente Le\u00f1ero dej\u00f3 de estar entre nosotros. 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