{"id":14761,"date":"2019-12-23T12:15:56","date_gmt":"2019-12-23T18:15:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14761"},"modified":"2019-12-23T12:15:56","modified_gmt":"2019-12-23T18:15:56","slug":"un-cuento-de-agustin-ramos-sobre-una-cocona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14761","title":{"rendered":"Un cuento de Agust\u00edn Ramos, sobre una C\u00f3cona"},"content":{"rendered":"<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>De abuelo rara vez volvi\u00f3 a vender borregos, nom\u00e1s los mataba para las barbacoas de la familia, que como buena mata sigui\u00f3 y sigue y sigue dando.<\/p>\n<p>De abuelo rara vez volvi\u00f3 a vender borregos, nom\u00e1s los mataba para las barbacoas de la familia, que como buena mata sigui\u00f3 y sigue y sigue dando. Pero cuando le agarr\u00f3 un mal aire en la cabeza ya era bisabuelo.<\/p>\n<p>La cosa estuvo as\u00ed, hab\u00edan terminado de comer y estaban pellizcando tostadas con sal y chiquiteando refino cuando Bichito se levant\u00f3 de la mesa y fue a meter a la c\u00f3cona de engorda que los biznietos hab\u00edan sacado para jugar. Lo hizo sin decir ni reclamar nada, porque si los nietos y biznietos ven\u00edan con gusto al rancho, era porque les llamaban la atenci\u00f3n los animalitos, \u00bfpor qu\u00e9 m\u00e1s?, dec\u00eda Bichito.<\/p>\n<p>La familia hab\u00eda ido creciendo a la par que la finquita. Y aunque su mujer hubiera faltado antes de que todos los hijos salieran a estudiar, y con eso todo hubiera ido cambiando, la fotograf\u00eda sepia de sus pap\u00e1s y la de estudio de su se\u00f1ora, no se movieron jam\u00e1s de su lugar. Tampoco su sombrero de palma cocida de gallero de Sahuayo, que ya ni copa ni alas ten\u00eda y era el puro redondel, como el del c\u00f3mico Capulina, dec\u00edan los nietos. Y los biznietos lo \u00fanico que conocieron del sombrero fue la marca de alambre que coronaba la cabeza entrecana de Bichito, quien agarr\u00f3 la costumbre de cal\u00e1rselo sin darse cuenta, como tambi\u00e9n la otra de decir que as\u00ed se llamaba, Bichito, porque as\u00ed le empezaron a decir los m\u00e1s chiquitines, quienes no pod\u00edan decir bisabuelito. Entonces, pues, cuando Bichito sali\u00f3 a rescatar a la guajolota lo agarr\u00f3 de frente el ventarr\u00f3n, \u00e9l se aparr\u00f3 en un surco para protegerse con las espigas de la cebada y cuando se levant\u00f3 ten\u00eda briznas sobre las sienes y tras las orejas, ah\u00ed donde hab\u00eda puesto las manos para sostener el sombrero.<\/p>\n<p>Cuando Bichito regres\u00f3 al comedor en esas fachas una nieta le pregunt\u00f3, \u00bfpues qu\u00e9 andaba usted jugando escondidas en el pajar o qu\u00e9, Bichito? Coment\u00f3 lo sucedido con su sombrero y los mayores le dieron un sentido p\u00e9same, y es que lo ameritaba, lo mismo o m\u00e1s, que un pariente no muy lejano, un animal de pie de cr\u00eda (o la c\u00f3cona de engorda para la Nochebuena) l<\/p>\n<p>El duende Cristito<\/p>\n<p>Chalita y su hermano Pillo pasan y repasan todo el santo d\u00eda el pasillo que une la casa con los chiqueros. Aunque la verdad, no es un pasillo sino una brecha que los puercos han ido haciendo cada que los hermanos levantan la rejilla.<\/p>\n<p>Fue ah\u00ed, al anochecer, cuando mero menos se ve\u00eda, cuando lo hallaron.<\/p>\n<p>Ah\u00ed, en el pasillo que no es pasillo, chiquil\u00edn y panz\u00f3n, fosforescente. Era lo que aqu\u00ed conocemos como duende, qui\u00e9n sabe en otros lados. Los dem\u00e1s, ve t\u00fa a saber, pero \u00e9ste apareci\u00f3 a los nueve d\u00edas de que Chila, la cu\u00f1ada de Chala, abandonara a Pillo. Y era duende, s\u00ed, con toda la barba, pero le gustaban los hombres. \u00c9l mismo se lo dijo a Chalita, y que su nombre era Cr\u00edstofer. Chalita le dec\u00eda Cristito.<\/p>\n<p>\u00d3rale, Cristito, no seas mal alma, encu\u00e9ntrame el control remoto. Y el control aparec\u00eda. Ve Pillo, estaba entre los jehuites, \u00bfcu\u00e1ndo lo iba yo a hallar? Anda, Cristito, por vida tuya, hacen falta centavitos. Y en menos que canta un gallo ven\u00edan del pueblo por una c\u00f3cona o por blanquillos. Pillo nom\u00e1s paraba oreja; porque de ver, no ve\u00eda nada, pero s\u00ed lo o\u00eda: no eran cuentos. \u00bfCu\u00e1nto pides por la marrana bien criada? Esa no porque est\u00e1 dando de mamar. D\u00e1mela, t\u00fa de mi vida. \u00bfY qu\u00e9 hago yo con los lechones? Te la merco con todo y todo\u2026<\/p>\n<p>Al poco tiempo, Pillo se anim\u00f3. \u00c1ndale, Cristito, haz que regrese Chila, t\u00fa de mi alma. \u00bfCon todo y los hijos que ya traiba? Pillo bien que oy\u00f3 pero se qued\u00f3 pensando un rato, no mucho. \u00bfPos luego?, a fuerza que s\u00ed, con todo y todo.<\/p>\n<p>\u00bfNada de nada?, pregunt\u00f3 Chalita mero hoy, al otro d\u00eda. Nada, dijo Pillo; regresaba de la orde\u00f1a. De pendejo te concede el deseo si est\u00e1 enamorado de ti. \u00bfT\u00fa crees que haya duendes jotos? Hay duendes celosos, eso creo. Chalita dice esto hasta que acaban de almorzar, primero lo primero.<\/p>\n<p>O no es mi duende, dice Pillo. O no le echaste todas las ganas a tu fe, Pillo. Y as\u00ed se la han pasado, pasando y repasando todo el santo d\u00eda l<\/p>\n<p>*Tulancingo, Hidalgo, 1952. Es autor, entre otros, de Al cielo por asalto, Olvidar el futuro, La vida no vale nada y Como la vida misma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Jornada Semanal De abuelo rara vez volvi\u00f3 a vender borregos, nom\u00e1s los mataba para las barbacoas de la familia, que como buena mata sigui\u00f3 y sigue y sigue dando. 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