{"id":14821,"date":"2020-01-05T12:19:29","date_gmt":"2020-01-05T18:19:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14821"},"modified":"2020-01-05T12:19:29","modified_gmt":"2020-01-05T18:19:29","slug":"los-libros-tristes-de-amos-oz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=14821","title":{"rendered":"Los libros tristes de Amos Oz"},"content":{"rendered":"<p>La Jornada semanal<\/p>\n<p>A los quince a\u00f1os \u2013dos y medio despu\u00e9s del suicidio de su madre\u2013 Amos Klausner (Jerusal\u00e9n, 1939-Tel Aviv, 2018) se integr\u00f3 a un kibutz en el interior de Israel, donde tom\u00f3 el apellido Oz, que quiere decir \u201cfuerza\u201d en hebreo, recuerda Alberto Manguel en \u201cPaciencia, dudas y compasi\u00f3n\u201d. La literatura de Amos Oz qued\u00f3 indeleblemente marcada por el acontecimiento. A lo largo de su corpus habla del temor a la muerte y de quienes deciden finalizar sus propias vidas.<\/p>\n<p>La presencia de la muerte y el suicidio materno<\/p>\n<p>\u201cNo es nada nuevo: un hombre solitario, encorvado, si no vierte l\u00e1grimas ni toca el viol\u00edn, ni le clava las u\u00f1as a los dem\u00e1s, con el paso de los a\u00f1os se va saturando y saturando hasta que no le queda m\u00e1s alternativa que la locura o el suicidio\u201d, escribi\u00f3 Amos Oz en Tierra de chacales. Oz y su hija Fania Oz-Salzberger definieron el suicidio en Los jud\u00edos y las palabras: \u201cSuicidas, s\u00ed. Individuos que perdieron la batalla por encontrar un sentido, s\u00ed.\u201d Un descanso verdadero contiene \u201cmuchas complicaciones, cartas, tentativas de suicidio, gritos detr\u00e1s del pajar por las noches\u201d.<\/p>\n<p>En La caja negra se lee: \u201cAcabo de escribir estas \u00faltimas l\u00edneas con una sonrisa. No esperes esta vez una nueva tentativa de suicidio, como las que en su momento te llevaron a una seca media sonrisa y a un \u2018lavado de est\u00f3mago\u2019. Esta vez voy a introducir una peque\u00f1a variante. Premiar\u00e9 la sorpresa con sorpresa.\/ Me detendr\u00e9 aqu\u00ed. Te dejar\u00e9 a oscuras. Ve y qu\u00e9date de pie ante tu ventana. Abr\u00e1zate los hombros. O yace despierto en el camastro de tu oficina entre los dos archivadores met\u00e1licos y espera hasta m\u00e1s all\u00e1 de la desesperaci\u00f3n una gracia en la que no crees, pero yo s\u00ed.\/ Ilana.\u201d Conocer a una mujer contiene una amenaza: \u201cmil veces le he dicho ya, Odelia, separ\u00e9monos al menos por una temporada de prueba, y siempre empieza a amenazarme con que va a quemar la casa. O a suicidarse\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLa conclusi\u00f3n se llama muerte\u201d<\/p>\n<p>El suicidio siempre es una posibilidad: \u201cJunto a la entrada de su casa, dentro de un coche blanco con las ventanillas cerradas, Fima vio a un hombre grande que estaba completamente doblado, con los brazos apoyados en el volante, la cabeza oculta entre los brazos, como adormilado. \u00bfAtaque al coraz\u00f3n? \u00bfAsesinato? \u00bfAtentado? \u00bfSuicidio? Fima se arm\u00f3 de valor y golpe\u00f3 suavemente el cristal. Al instante se incorpor\u00f3 Uri Gefen\u201d, cuestion\u00f3 y reaccion\u00f3 la protagonista en Fima.<\/p>\n<p>\u201cLa conclusi\u00f3n se llama muerte\u201d, asever\u00f3 Oz en Quiz\u00e1s en otro lugar, su primera novela. Despu\u00e9s dice sobre un individuo: \u201cNo es que \u00e9l sea capaz de matar o de suicidarse.\u201d Heidegger, escribi\u00f3 en Tocar el agua, tocar el viento, \u201cquiere ver en el terror a la desexistencia y en la constante presencia de la muerte una nueva clave para descifrar el enigma de la relaci\u00f3n entre tiempo, ser y conciencia\u201d. Y afirm\u00f3 en Judas: \u201cUna o dos veces dijo que en Jerusal\u00e9n le esperaba la muerte. \u00c9l tem\u00eda a la muerte y temblaba ante la muerte.\u201d<\/p>\n<p>La imposibilidad de hablar sobre la muerte ocurre entre padre e hija en el relato que da t\u00edtulo al libro Entre amigos: \u201cA veces hablaban de m\u00fasica, que les gustaba a los dos, y otras veces, en lugar de hablar, pon\u00edan un disco en el viejo gram\u00f3fono y escuchaban a Schubert. De la muerte de la madre y del hermano de Edna no hablaban nunca. Tampoco de los recuerdos de infancia ni de los proyectos de futuro. Ambos acordaron t\u00e1citamente no tocar los sentimientos ni tocarse el uno al otro. Ni un ligero roce, ni una mano en el hombro, ni un dedo en el brazo. Al salir, dec\u00eda Edna desde la puerta: \u2018Adi\u00f3s, pap\u00e1. Acu\u00e9rdate de ir al ambulatorio. Volver\u00e9 ma\u00f1ana o pasado\u2019. Y Nahum dec\u00eda: \u2018S\u00ed. Ven. Y cu\u00eddate. Adi\u00f3s\u2019.\u201d Y La colina del mal consejo contiene \u201cembriaguez y desesperaci\u00f3n. Lo descifro: es el sonido de la muerte\u201d.<\/p>\n<p>En La historia comienza. Ensayos sobre literatura, Oz hizo un an\u00e1lisis de los fragmentos iniciales de algunas novelas y relatos de G\u00f3gol, Kafka, Ch\u00e9jov, Carver, Garc\u00eda M\u00e1rquez, entre otros. En el texto sobre \u201cEl viol\u00edn de Rothschild\u201d de Ch\u00e9jov plante\u00f3: \u201cresume su vida entera en una serie de d\u00e9ficits y p\u00e9rdidas. Lega su viol\u00edn a Rothschild. Tras la muerte del fabricante de ata\u00fades, el jud\u00edo saca de ese viol\u00edn unas melod\u00edas indeciblemente tristes\u201d.<\/p>\n<p>En Mi querido Mijael se anuncia la muerte de una mujer a trav\u00e9s una esquela: \u201cSent\u00ed pena por su muerte. Por m\u00ed. Por las almas atormentadas.\u201d El libro comienza as\u00ed: \u201cEscribo porque las personas a las que amaba han muerto.\u201d El mismo mar contiene \u201cBettine le cuenta a Albert\u201d, texto en el que ella se protege de la muerte: \u201cTodos los viernes me traen a mis nietos, ella es Aries\/ y \u00e9l Capricornio, ella me llama Yaya Ti y a \u00e9l le gusta\/ tirarme del pelo. El viernes por la noche\/ duermen siempre conmigo\/ a ambos lados de mi cama. Yo los protejo\/ de las pesadillas y el fr\u00edo, y ellos me protegen\/ de la soledad y la muerte.\u201d<\/p>\n<p>Un joven escritor abatido piensa que nadie puede comprenderlo, salvo un autor quiz\u00e1 tambi\u00e9n desolado, y pondera la muerte voluntaria en Versos de vida y muerte (novela): \u201cPor un momento le pareci\u00f3 distinguir una silueta que lo esperaba sentada en las escaleras del centro cultural, tal vez era la silueta de Yuyal Dah\u00e1n Dot\u00e1n, el joven poeta abatido que al parecer a\u00fan no hab\u00eda perdido la esperanza y, encogido y tiritando, aguardaba a que el autor volviera, en mitad de la noche, se sentara a su lado en las escaleras y leyera al menos cuatro o cinco de sus poemas bajo la luz de la farola, y luego podr\u00edan entablar una conversaci\u00f3n \u00edntima entre los dos, incluso hasta el amanecer, una conversaci\u00f3n emotiva, intelectual y art\u00edstica completamente sincera entre un creador veterano y un creador joven que se debate a\u00fan al comienzo de su camino y soporta tanto sufrimiento y humillaci\u00f3n que hasta ha pensado en el suicidio, y no hay nadie en todo el vasto mundo, salvo el autor, que pueda comprenderlo: porque sufrimientos as\u00ed se describen con frecuencia en los libros del autor, que en efecto ya es famoso y c\u00e9lebre, pero yo que he le\u00eddo sus libros tambi\u00e9n entre l\u00edneas s\u00e9 muy bien que detr\u00e1s del personaje p\u00fablico conocido se oculta un hombre t\u00edmido y solitario y quiz\u00e1 tambi\u00e9n triste. Como yo. De hecho, \u00e9l y yo somos dos almas gemelas y por tanto s\u00f3lo \u00e9l puede comprenderme, o tal vez ayudarme aunque tampoco \u00e9l me comprenda, \u00bfqui\u00e9n lo har\u00e1?\u201d<\/p>\n<p>En Hasta la muerte, el personaje Shraga Unger disipa el temor: \u201cEn resumen, ahora, durante estas noches h\u00famedas y asfixiantes de verano, me presento a mi muerte. No tengo ning\u00fan miedo. Pero, c\u00f3mo decirlo, me da asco.\u201d Tambi\u00e9n genera una imagen mar\u00edtima: \u201cla balsa se est\u00e1 desintegrando: pronto morir\u00e9. Digo esto con absoluta calma, porque considero la muerte un asunto casi anecd\u00f3tico, un acontecimiento casual [\u2026]. \u00bfEs que soy indiferente a mi propia muerte? No, no es una cuesti\u00f3n de indiferencia, sino de una especie de distancia.\u201d Otro personaje, Liuba, le dice al narrador: \u201cqu\u00e9 tristeza en todos los sitios y en todas las cosas. Y t\u00fa, Shraga, t\u00fa encima no est\u00e1s nada bien. Y fumas y fumas sin parar\u201d.<\/p>\n<p>Una historia de amor y oscuridad parte del suicidio. Amos Oz escribi\u00f3: \u201cSi mi madre hubiera le\u00eddo los dos relatos de Hasta la muerte, \u00bfhabr\u00eda dicho unas palabras similares a las de su amiga Lilcnka Kalisch, \u2018horror y espanto de algo que no tiene un lugar en el mundo\u2019? Es dif\u00edcil saberlo: un fino velo de melancol\u00eda so\u00f1adora, de emociones secretas y penas rom\u00e1nticas cubr\u00eda a aquellas chicas de buena familia de Rovno, como si sus vidas se hubieran pintado, entre las paredes de su instituto, con pinceles que conoc\u00edan s\u00f3lo tonalidades m\u00f3rbidas y solemnes. Aunque a veces mi madre se rebelaba contra esos colores.\/ Algo del programa de aquel instituto en los a\u00f1os veinte, o tal vez una especie de profundo musgo rom\u00e1ntico absorbido por el coraz\u00f3n de mi madre y sus amigas durante su juventud, una espesa niebla sentimental ruso-polaca, algo entre Chopin y Mickiewicz, entre las penas del joven Werther y Byron, algo en el terreno de las sombras entre lo sublime y lo tormentoso, la enso\u00f1aci\u00f3n y la soledad, enga\u00f1osas luces de un pantano de \u2018horror y espanto\u2019 se burlaron de mi madre durante casi toda su vida y la sedujeron hasta que la cautivaron y la llevaron al suicidio en el a\u00f1o 1952. Ten\u00eda treinta y nueve a\u00f1os cuando muri\u00f3. Yo, doce y medio.\u201d<\/p>\n<p>Un inaudible grito de socorro<\/p>\n<p>Oz contin\u00faa: \u201cDurante las semanas y meses posteriores a la muerte de mi madre no pens\u00e9 ni por un momento en su dolor. Me negu\u00e9 a escuchar el inaudible grito de socorro que dej\u00f3 tras ella y que probablemente estuvo siempre flotando en las habitaciones de la casa. No tuve ni una pizca de compasi\u00f3n. Tampoco nostalgia. Tampoco llor\u00e9 la muerte de mi madre: estaba tan ofendido y tan furioso que no me quedaba sitio para ning\u00fan otro sentimiento. [\u2026] Me enfad\u00e9 con ella por haberse ido sin despedirse, sin un abrazo, sin una explicaci\u00f3n: ni al m\u00e1s completo desconocido, ni al cartero o un vendedor ambulante que llaman a la puerta era mi madre capaz de despedirlo sin ofrecerle un vaso de agua, una sonrisa, una breve disculpa, dos o tres palabras agradables. De ni\u00f1o jam\u00e1s me dejaba solo en una tienda, en un patio ajeno o en un parque. [\u2026] \u00bfC\u00f3mo hab\u00eda podido?\/ La odiaba.\u201d<\/p>\n<p>La ira se disip\u00f3 y la culpa se apoder\u00f3 de su ser: \u201cAl cabo de unas semanas la furia se decolor\u00f3. Y con la furia perd\u00ed una especie de escudo defensivo, una especie de capa de polvo que durante los primeros d\u00edas me hab\u00eda protegido del trauma y del dolor. Desde ese momento estaba desnudo.\/ Cuanto menos odiaba a mi madre, m\u00e1s me aborrec\u00eda a m\u00ed mismo.\/ A\u00fan no exist\u00eda en mi coraz\u00f3n un hueco donde acoger el sufrimiento de mi madre, su soledad, la asfixia que la fue atrapando, el terror desesperado de las \u00faltimas noches de su vida. Segu\u00eda viviendo solamente mi tragedia, no la suya. Pero ya no estaba enfadado con ella sino que, por el contrario, me culpaba a m\u00ed mismo: si hubiera sido un ni\u00f1o mejor, m\u00e1s abnegado, si no hubiera dejado la ropa tirada por el suelo, si no la hubiese molestado e importunado, si hubiera hecho los deberes a su debido tiempo, si hubiera sacado la basura todas las tardes sin protestar, sin necesidad de que me ri\u00f1eran, si no le hubiese amargado la vida ni hubiera hecho tanto ruido, si no hubiese olvidado apagar la luz, si no hubiese vuelto con la camisa rota, si no hubiese andado por la cocina con los zapatos llenos de barro.\u201d<\/p>\n<p>Ahond\u00f3 en la relaci\u00f3n con su padre despu\u00e9s de que su madre decidiera morir: \u201cDesde la muerte de mi madre, y desde el nuevo matrimonio de mi padre un a\u00f1o despu\u00e9s, \u00e9l y yo habl\u00e1bamos s\u00f3lo de cuestiones urgentes relacionadas con la vida cotidiana. O de pol\u00edtica. [\u2026] Sobre los tormentos de mi adolescencia, su nuevo matrimonio, sus sentimientos, mis sentimientos, los \u00faltimos d\u00edas de vida de mi madre, su muerte y su ausencia, sobre todo eso no intercambi\u00e1bamos ni una palabra. Nunca.\u201d<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con la familia materna no se retom\u00f3: \u201cellos lo consideraban culpable. Sus relaciones con otras mujeres, sospechaban las hermanas de mi madre de Tel Aviv, enturbiaron la vida de su hermana. Y tambi\u00e9n todas esas noches sentado a su escritorio, d\u00e1ndole la espalda y entregado a sus investigaciones y a sus fichas. A mi padre lo conmocion\u00f3 esa acusaci\u00f3n y le hiri\u00f3 hasta lo m\u00e1s profundo de su alma\u201d.<\/p>\n<p>Oz prosigui\u00f3: \u201cUnos tres meses despu\u00e9s del suicidio de mi madre lleg\u00f3 el d\u00eda de mi bar mitzv\u00e1: no hubo fiesta. Sub\u00ed al p\u00falpito de la sinagoga Tajkemon\u00ed el s\u00e1bado por la ma\u00f1ana y balbuc\u00ed el texto de la semana, eso fue todo.\u201d<\/p>\n<p>En Una historia de amor y oscuridad llega la revelaci\u00f3n literaria para poder tratar los temas m\u00e1s \u00edntimos: el suicidio y la muerte: \u201cEl libro Winesburg, Ohio me hizo descubrir de pronto el mundo visto por Ch\u00e9jov, aun antes de tener la ocasi\u00f3n de descubrir al propio Ch\u00e9jov: se acab\u00f3 el mundo visto por Dostoievsky, Kafka y Knut Hamsun, y tambi\u00e9n por Hemingway y Yigal Mossinson. Se acabaron las mujeres misteriosas sobre los puentes y los hombres con las solapas levantadas envueltos en el humo de las tabernas. Ese modesto libro fue para m\u00ed como la revoluci\u00f3n de Cop\u00e9rnico al rev\u00e9s: Cop\u00e9rnico descubri\u00f3 que nuestro mundo no era el centro del universo, como se hab\u00eda pensado hasta entonces, sino tan s\u00f3lo un planeta m\u00e1s del Sistema Solar. Mientras que Sherwood Anderson me abri\u00f3 los ojos para escribir acerca de lo que ten\u00eda a mi alrededor. Gracias a \u00e9l comprend\u00ed de pronto que el mundo escrito no depende de Mil\u00e1n ni de Londres, sino que gira siempre alrededor de la mano que escribe en el lugar en el que escribe: donde t\u00fa est\u00e1s, est\u00e1 el centro del universo.\u201d<\/p>\n<p>Oz pens\u00f3 en escenarios anhelados: \u201cMi madre decidi\u00f3 dormir esa noche vestida y, para asegurarse de que no volver\u00eda a despertarse y a pasar otra noche de tormento en la cocina, se sirvi\u00f3 un t\u00e9 del termo que le hab\u00eda dejado su hermana a la cabecera de la cama, esper\u00f3 a que se enfriase un poco y, cuando se enfri\u00f3, se tom\u00f3 con el t\u00e9 sus pastillas para dormir. Si hubiera estado all\u00ed a su lado [\u2026] habr\u00eda procurado con todas mis fuerzas explicarle por qu\u00e9 no deb\u00eda. Y si no hubiera conseguido explic\u00e1rselo, habr\u00eda hecho cualquier cosa por inspirarle compasi\u00f3n, para que se apiadase de su \u00fanico hijo.\u201d<\/p>\n<p>Percib\u00eda a la literatura como el \u00fanico medio de expresi\u00f3n posible: \u201cDe mi madre no he hablado casi nunca en toda mi vida hasta ahora, hasta escribir estas p\u00e1ginas. Ni con mi padre, ni con mi mujer, ni con mis hijos ni con nadie. Tras la muerte de mi padre, tampoco habl\u00e9 apenas de \u00e9l. Como si hubiese sido un ni\u00f1o exp\u00f3sito.\u201d<\/p>\n<p>En \u00bfDe qu\u00e9 est\u00e1 hecha una manzana? Conversaciones con Shira Hadad, Amos Oz afirm\u00f3: \u201cCrec\u00ed en un mundo sin mujeres. La mujer que me trajo al mundo, a la que tanto amaba, que nos dej\u00f3 cuando yo ten\u00eda doce a\u00f1os y medio, se fue alejando antes de suicidarse.\u201d<\/p>\n<p>Cuestionado sobre el miedo a la muerte por Shira Hadad, su editora en Israel, Oz respondi\u00f3: \u201cMe pidieron que hablase sobre la esperanza y la desilusi\u00f3n, sobre el suicidio, sobre el amor y la oscuridad. \u00bfAcaso me consideran un experto en amor, un experto en oscuridad y un experto en suicidio? Les hice una pregunta y me la hice a m\u00ed mismo, y tambi\u00e9n te la hago a ti ahora: \u00bfPor qu\u00e9 tenemos tanto miedo a la muerte? Unos un poco m\u00e1s, otros un poco menos, pero todos le tenemos miedo. El mundo ha existido durante miles de millones de a\u00f1os antes de nuestro nacimiento, sin nosotros, y seguir\u00e1 existiendo durante miles de millones de a\u00f1os cuando nosotros ya no estemos, de nuevo sin nosotros. Somos un centelleo, una llamarada fugaz. En tal caso, dime, \u00bfpor qu\u00e9 precisamente el abismo negro que hay tras la muerte nos asusta tanto? \u00bfQu\u00e9 diferencia hay entre los abismos negros de antes y despu\u00e9s de nuestra vida? Por supuesto, yo no tengo ninguna respuesta a esta pregunta, pero la propia pregunta me ayuda un poco cuando pienso en la muerte. Porque, de hecho, ya estuve all\u00ed, en el abismo negro de la total inexistencia, antes de nacer. Durante millones de a\u00f1os estuve all\u00ed, y no se estaba mal. \u00bfPor qu\u00e9 es tan malo volver a estar all\u00ed?\u201d<\/p>\n<p>Yo formulo una pregunta que no logro responder: \u00bfc\u00f3mo se puede escuchar un inaudible grito de socorro que vaticina el suicidio?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Jornada semanal A los quince a\u00f1os \u2013dos y medio despu\u00e9s del suicidio de su madre\u2013 Amos Klausner (Jerusal\u00e9n, 1939-Tel Aviv, 2018) se integr\u00f3 a un kibutz en el interior de Israel, donde tom\u00f3 el apellido Oz, que quiere decir \u201cfuerza\u201d en hebreo, recuerda Alberto Manguel en \u201cPaciencia, dudas y compasi\u00f3n\u201d. 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