{"id":15441,"date":"2020-04-14T11:24:29","date_gmt":"2020-04-14T17:24:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15441"},"modified":"2020-04-14T11:24:29","modified_gmt":"2020-04-14T17:24:29","slug":"hamburgo-en-las-barricadas-sobre-la-alemania-de-weimar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15441","title":{"rendered":"\u00abHamburgo en las barricadas\u00bb sobre la Alemania de Weimar"},"content":{"rendered":"<p>apro).-<\/p>\n<p>Hamburgo en las barricadas. Y otros escritos sobre la Alemania de Weimar (Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, colecci\u00f3n popular n\u00famero 751, traducci\u00f3n de Isabel Vericat. 294 p\u00e1ginas) re\u00fane tres obras de la escritora, revolucionaria y activista rusa Larissa Mikhailovna Reissner (Lublin, Polonia 1895-Mosc\u00fa, Rusia, 1926):<\/p>\n<p>La primera, Hamburgo en las barricadas; la segunda, Berl\u00edn, octubre 1923 y finalmente En el pa\u00eds de Hindenburg, escritos que le valieron la censura alemana.<\/p>\n<p>Larisa Reisner fue una poeta y cronista que se desempe\u00f1\u00f3 como miembro del Ej\u00e9rcito Rojo durante la guerra civil rusa; de esta experiencia surgi\u00f3 uno de los escritos m\u00e1s representativos, \u201cSviyazhsk\u201d, art\u00edculo publicado en su obra En el frente. Desde muy joven mostr\u00f3 inter\u00e9s por la escritura participando en peri\u00f3dicos como Letopis y Novaia Zhizn (Nueva Vida, de Gorki), labor por la cual se le considera una pionera de la cr\u00f3nica femenina en el mundo. Fue corresponsal del Izvestiya.<\/p>\n<p>El prologuista Richard Campbell asegura al comienzo de este volumen del FCE, que \u201cen 1937 el poeta \u00d3sip Nandelstam observ\u00f3 que Larisa tuvo la suerte de haber muerto a tiempo; para entonces, como \u00e9l lo expresaba, todas las personas del c\u00edrculo de Larisa \u2018hab\u00edan sido destruidas al por mayor\u2019. En su funeral, el 11 de febrero de 1926, cargaron el ata\u00fad Karl R\u00e1dek, Boris Volin, Enukidze, Lashelevich, I. N. Smirnov y Pulnyak. Cuatro de ellos fueron asesinados por la burocracia de Stalin unos diez a\u00f1os despu\u00e9s\u201d.<\/p>\n<p>Larisa es conocida por sus roles de liderazgo del lado de los bolcheviques en la Guerra Civil Rusa que sigui\u00f3 a la Revoluci\u00f3n de Octubre y por su amistad con varios de los poetas rusos de principios del siglo XX. A\u00fan cuando usted no est\u00e9 familiarizado con la fascinante historia europea del siglo pasado, en este libro hallar\u00e1 una prosa inteligente y aguda de una mujer que nos ofrece a nuestros lectores su visi\u00f3n period\u00edstica del mundo alem\u00e1n en aquellos tiempos aciagos. A continuaci\u00f3n, fragmentos de este libro hecho por una combatiente y escrito para combatientes de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En el Reichstag<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 Parlamento!<\/p>\n<p>Si hay algo en \u00e9l que pueda infundir respeto, deben ser \u00fanicamente las enormes botas de Guillermo I irgui\u00e9ndose en medio del vest\u00edbulo. El viejo soldado, al que con tantas dificultades se le arranc\u00f3 una constituci\u00f3n en su \u00e9poca, est\u00e1 ah\u00ed, de pie, con una mirada desaprobatoria, esperando el momento en que se le permita echar de esa mansi\u00f3n a las manadas parlanchinas de los diputados.<\/p>\n<p>Los miembros del Parlamento pululan tranquilamente alrededor de sus famosas y pesadas botas, pase\u00e1ndose individualmente y en parejas, exactamente igual que las muchachas en el bulevar. De vez en cuando, a estas multitudes despreocupadas las interrumpe un anciano funcionario que gu\u00eda a nos cuantos j\u00f3venes con gruesos calcetines de lana y botas de suela claveteada que llegan, sudando por este acto de homenaje, a ver la C\u00e1mara del pueblo alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Alzando sus gorras escolares, clavan servil y turbadamente su mirada en los dorados ombligos de las doncellas de roble que soportan el techo, en los torrentes de levitas y en esos viejos lacayos tan meritorios que representan, al igual que un encumbrado personaje escribiendo sus memorias, a los \u00fanicos portadores de las viejas tradiciones parlamentarias.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, ni rastros de apariencias de la antigua grandeza! Ni una sola figura importante que pueda atraer siquiera el odio respetuoso de todos los partidos. Ni un solo hombre que se distinga por su integridad personal o por tener tras \u00e9l unas cuantas d\u00e9cadas de juego pol\u00edtico sin m\u00e1cula.<\/p>\n<p>Cuando el viejo Bebel cruzaba este vest\u00edbulo, sus enemigos se levantaban y hasta los intransigentes junkers prusianos se alzaban torpemente de sus apoltronados sillones rindiendo as\u00ed homenaje a su nombre sin tacha; hoy nadie, ni un solo rastro, ni un solo nombre. All\u00ed, en medio de la nube de humo del tabaco, est\u00e1 el insignificante perfil de Levi, un rostro gris y reservado, que se ha ido adiestrando para resistir sin maquillaje teatral la curiosidad de las personas que lo escudri\u00f1an pensando para s\u00ed en la traici\u00f3n que cometi\u00f3. Todo pertenece al pasado; miembros de previos ministerios convulsionados por el malestar p\u00fablico, hombres de Estado eructando, personajes del ayer que conservar\u00e1n para siempre las manchas de una suciedad indeleble en las colas de sus indumentarias de diputados.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, es f\u00e1cil seleccionar entre la multitud varios tipos b\u00e1sicos de la fauna parlamentaria. En primer lugar, est\u00e1n los que han sido utilizados, ocupando cargos ministeriales y arregl\u00e1ndoselas para inscribir sus oscuros nombres en alg\u00fan documento internacional o en una de las lacrimosas s\u00faplicas dirigidas a Entente. Aqu\u00ed est\u00e1n los socialistas, famosos por disparar a los obreros, miembros del gabinete que asumi\u00f3 la responsabilidad de expoliar las reservas de oro de la Rep\u00fablica Alemana; en resumen, nombres que corren de boca en boca.<\/p>\n<p>Todo jugador asiduo conoce perfectamente el dibujo del reverso de los naipes. Cuando se est\u00e9 formando un gabinete, la mano de un gran tah\u00far nunca m\u00e1s escoger\u00e1 estas cartas, as\u00ed como tampoco volver\u00e1 a extender sobre la mesa grandes coaliciones. La carta que ya se ha tomado una vez de la baza de un jugador y se le ha arrojado a la cara, una carta gastada y maltratada, contin\u00faa sobreviviendo en los esca\u00f1os traseros. Pero ya pasaron sus grandes momentos. Esparcido por la alfombra roja del Reichstag, hay un extenso surtido de estos naipes descartados. Contin\u00faan votando, pero los j\u00f3venes entusiastas que a\u00fan no han perdido su virginidad pol\u00edtica se adelantan en pos de los honores pol\u00edticos. A espaldas de los viejos bucaneros que transitan por all\u00ed, recuerdan con envidia y veneraci\u00f3n las sumas de dinero que aqu\u00e9llos recibieron; sus imaginativas traiciones y deslumbrantes esc\u00e1ndalos. Una galer\u00eda de fisionom\u00edas ignominiosas y ajadas que, no obstante, alcanzaron a beber un sorbo de la copa del dulce poder a su debido tiempo. Ellos, indigentes entre los indigentes, se pasean sin ning\u00fan sentido del pudor. Entre esas glorias pasadas, los m\u00e1s m\u00f3viles, est\u00fapidos y persistentes se re\u00fanen en enjambres:<\/p>\n<p>Son los gobernantes del ma\u00f1ana. Toda una bandada zumba y se arremolina alrededor de Beitscheid, a quien rodea la flor de sus partidarios pol\u00edticos. Zumban muy levemente como mercaderes negros, pero en su gran mayor\u00eda melifluos, fragantes y comedidos. Tambi\u00e9n aqu\u00ed el orgullo y ornato del Reichstag pastorea; casi su \u00fanico corresponsal pol\u00edtico mujer, un negro y diminuto engendro envuelto en la hoja de un peque\u00f1o bolet\u00edn cambiario. Los de derecha se pasean como en el hip\u00f3dromo. Polainas blancas, brillantes espejuelos dorados bajo sus arqueadas cejas y el tri\u00e1ngulo de un pa\u00f1uelo en el pecho. A mitad de su buffet, completamente separado del comedor, el partido dem\u00f3crata se pasea arriba y abajo como si estuviera en un sal\u00f3n donde no se corre el riesgo de encontrar nada innoble. No obstante, justo al lado de las aristocr\u00e1ticas, envaradas, horribles y arrogantes damas genuinamente prusianas que tienen la costumbre de tomar su t\u00e9 de las cinco entre el tufo del chismorreo pol\u00edtico, tropez\u00e1ndose con sus abrigos de pieles arrastrando colas marchitas como viejas lagartijas, tambi\u00e9n deambulan los rechonchos patriotas banqueros e industriales, tan gordos y locuaces que las p\u00e1ginas del negro Bolet\u00edn del Cruzado, que asoma por los bolsillos de los diputados de derecha, les impiden pasar. \u00c9stos son ahora, ay, los que tienen las bolsas del dinero y los almuerzos con los que se atiborran en los intervalos de las sesiones, son m\u00e1s copiosos, nutritivos y caros que os que alimentan a los junkers de raza.<\/p>\n<p>En las mesas del Partido Socialdem\u00f3crata hay salchichas, caf\u00e9 y ansiedad. Todas las entradas y salidas del Reichstag han sido acordonadas. La polic\u00eda agarra por el pescuezo a los transe\u00fantes; en las puertas est\u00e1n os lacayos m\u00e1s antiguos, eunucos del har\u00e9n pol\u00edtico, quienes, conociendo la cara de cada una de las esposas legales y cada una de las concubinas favoritas, revisan con sus propias manos y permiten el paso a los representantes del pueblo. En el interior, junto al quiosco de peri\u00f3dicos, hay un tipo robusto y jovial, el jefe de la polic\u00eda de Berl\u00edn, que clava una mirada claramente escrutadora en el rostro de todos los diputados, tratando de detectar el elemento criminal. Los se\u00f1ores delegados fingen un rostro franco y honesto y pasan r\u00e1pidamente ante \u00e9l, dirigi\u00e9ndose a sus asuntos.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, a pesar de todas las precauciones, los comunistas armar\u00e1n de repente alg\u00fan esc\u00e1ndalo. Un miedo \u2013p\u00e1nico\u2014completamente absurdo de que Remmele irrumpa de repente, provoque un altercado, lance una bomba de humo y haga estallar todo el Reichstag. El nombre de Remmele se repite como una obsesi\u00f3n. Se espera su aparici\u00f3n como un disparo en un teatro. Se mastica, se traga, se eructa y se engulle de nuevo. Pero si este Remmele apareciera ahora con s\u00f3lo una bocina de gram\u00f3fono o si el sargento de piedra tosiera desde su pedestal de m\u00e1rmol, este Parlamento se dispersar\u00eda vergonzosamente. El general Seeckt tambi\u00e9n lo sabe y, por lo tanto, de momento no hace el cl\u00e1sico movimiento de rodilla, gesto descrito por Voltaire con maravillosa vivacidad en Candide, ou l\u2019Optimsme.<\/p>\n<p>El juego parlamentario no guarda relaci\u00f3n alguna con el destino de Alemania y su revoluci\u00f3n. La historia, como las enormes estatuas que se yerguen junto a la fuente frente al Reichstag, hace mucho que le han volteado su espalda de hierro.<\/p>\n<p>Y as\u00ed conspiran, regatean y luchan por el poder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>apro).- Hamburgo en las barricadas. Y otros escritos sobre la Alemania de Weimar (Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, colecci\u00f3n popular n\u00famero 751, traducci\u00f3n de Isabel Vericat. 294 p\u00e1ginas) re\u00fane tres obras de la escritora, revolucionaria y activista rusa Larissa Mikhailovna Reissner (Lublin, Polonia 1895-Mosc\u00fa, Rusia, 1926): La primera, Hamburgo en las barricadas; la segunda, Berl\u00edn, octubre [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":15442,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-15441","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15441","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15441"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15441\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15443,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15441\/revisions\/15443"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/15442"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15441"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15441"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15441"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}