{"id":15455,"date":"2020-04-17T11:06:30","date_gmt":"2020-04-17T17:06:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15455"},"modified":"2020-04-17T11:06:30","modified_gmt":"2020-04-17T17:06:30","slug":"el-corazon-del-bronx-y-los-indigenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15455","title":{"rendered":"El coraz\u00f3n del Bronx y los ind\u00edgenas"},"content":{"rendered":"<p>Ind\u00edgenas en el coraz\u00f3n del Bronx<\/p>\n<p>Abel Barrera Hern\u00e1ndez*<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1980 do\u00f1a Amelia decidi\u00f3 salir de Ixcateopan para ir en busca de su hijo Jes\u00fas a Nueva York. Su esposo prefiri\u00f3 conseguir el dinero para pagarle al coyote y quedarse en casa con cuatro hijas y tres hijos. Fue de las primeras mujeres de La Monta\u00f1a que cruzaron la frontera. La traves\u00eda por el desierto de Nogales puso a prueba su resistencia y el gran amor por su primog\u00e9nito. Camin\u00f3 toda la noche hasta el punto conocido como El Levant\u00f3n para llegar a Phoenix, Arizona. Tom\u00f3 un vuelo a Nueva Jersey y busc\u00f3 a la hermana de una amiga que viv\u00eda en Manhattan. Ah\u00ed permaneci\u00f3 dos semanas. Su esposo le llam\u00f3 de la caseta telef\u00f3nica del pueblo para informarle que Jes\u00fas ya se hab\u00eda comunicado.<\/p>\n<p>Para do\u00f1a Amelia, su ida a Nueva York fue un viaje sin retorno. Ella misma se encarg\u00f3 de que sus dem\u00e1s hijos e hijas optaran por vivir en el Bronx. Fue una gran bendici\u00f3n que una familia de Nueva York, al mismo tiempo que le dio trabajo, le ofreci\u00f3 un lugar para vivir con ellos en Manhattan. Permaneci\u00f3 m\u00e1s de 35 a\u00f1os en esa casa. Demostr\u00f3 a sus patrones la val\u00eda de una mujer sencilla y muy responsable en su trabajo. S\u00f3lo los domingos conviv\u00eda con sus hijos e hijas y sus nuevas familias.<\/p>\n<p>La primera oleada de j\u00f3venes ind\u00edgenas de La Monta\u00f1a se dio con el final del reparto agrario y el proceso de privatizaci\u00f3n de la tierra, que transform\u00f3 a los peque\u00f1os productores en trabajadores asalariados. Los arquetipos de la vida rural circunscrita a la parcela y a la milpa fueron remplazados por la galopante migraci\u00f3n a las ciudades y el trabajo asalariado. Este proceso de asalarizaci\u00f3n de la comunidad rural se aceler\u00f3 por el impacto de la globalizaci\u00f3n, que excluy\u00f3 a las poblaciones rurales y urbanas de los meganegocios. Su precarizaci\u00f3n min\u00f3 su econom\u00eda basada en la producci\u00f3n de alimentos.<\/p>\n<p>El trabajo agr\u00edcola temporalero compensado con los ingresos provenientes del tejido del sombrero de palma, la elaboraci\u00f3n de huipiles, las lacas, la alfarer\u00eda, el pastoreo de chivos y el destilado del mezcal dejaron de ser actividades relevantes para las nuevas generaciones de La Monta\u00f1a, que ya no tuvieron acceso a la tierra. Encontraron en los surcos de las agroindustrias una nueva forma de sobrevivir. Las comunidades de La Monta\u00f1a se erigieron en proveedoras de mano de obra barata, tanto en las empresas agr\u00edcolas del norte del pa\u00eds como en la sierra de Guerrero, con el cultivo de enervantes.<\/p>\n<p>La mixteca guerrerense sigui\u00f3 los pasos de las comunidades de la mixteca poblana, que se instalaron en la avenida 96 de Manhattan. La segunda oleada migratoria fue hacia Tijuana, para enrolarse en los campos agr\u00edcolas de Madera, California. Fue un gran atractivo este cruce fronterizo por la cercan\u00eda con el valle de California, donde pod\u00edan habitar.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes que hab\u00edan trabajado en los campos agr\u00edcolas de Sinaloa se deslumbraron con las ofertas de trabajo de Nueva York. Dejaron de ir a los surcos fronterizos para contratarse en los restaurantes, hoteles y empresas de la construcci\u00f3n. La migraci\u00f3n de las mujeres se intensific\u00f3 en los 90, para enrolarse en las labores dom\u00e9sticas.<\/p>\n<p>Tlapayork fue el nombre que se populariz\u00f3 en la regi\u00f3n, por el \u00e9xito econ\u00f3mico que lograron varios j\u00f3venes ind\u00edgenas y mestizos de los 19 municipios de La Monta\u00f1a. Trescientos d\u00f3lares que llegan como remesas a las familias ind\u00edgenas que sobreviven del tlacolol son su tabla de salvaci\u00f3n. Los j\u00f3venes que han podido ahorrar compran alg\u00fan terreno en Tlapa, construyen su casa, se hacen de un permiso de taxi o ponen una tiendita. Es el modus vivendi del migrante exitoso, quien orgullosamente anuncia en el parabrisas de su camioneta gracias a la virgen de Juquila, porque es la que les hizo el milagro de cruzar el r\u00edo Bravo o el desierto de Arizona.<\/p>\n<p>Hoy las avenidas 116 este y 116 oeste de Manhattan, as\u00ed como las avenidas Roosevelt de Queens y Grand Concourse del Bronx est\u00e1n pobladas de familias me\u2019phaa, na\u2019savi y nahuas de La Monta\u00f1a. En medio de los rascacielos recrean su identidad con sus mayordom\u00edas y fortalecen sus lazos comunitarios. Es la di\u00e1spora de los pueblos de La Monta\u00f1a, que se han trasplantado para revitalizar la cultura del ma\u00edz que a\u00f1oran.<\/p>\n<p>Del 27 de marzo al 14 de abril se han registrado 13 defunciones a causa del coronavirus de migrantes ind\u00edgenas que viven en Nueva York: 10 hombres y tres mujeres, la mayor\u00eda del pueblo na\u2019savi y de los municipios mixtecos. No s\u00f3lo enfrentan los estragos de la pandemia, que los ha invisibilizado ante las autoridades estadunidenses, sino el miedo de salir muertos de un hospital. No han podido pagar la renta de abril y se han quedado sin trabajo y sin dinero. El sufrimiento en Nueva York se resiente crudamente en La Monta\u00f1a. Ya no llegan las remesas y s\u00f3lo las noticias por Facebook, que reportan los casos de j\u00f3venes que est\u00e1n muriendo.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Amelia forj\u00f3 su vida con sus hijos y sus nietos en el Bronx; ya no le alcanzaron las fuerzas para vencer el coronavirus. El s\u00e1bado 12 de abril muri\u00f3 en la calle Kelly de su barrio querido, La Monta\u00f1a de asfalto. Nunca imagin\u00f3 que sus hijos no encontrar\u00edan funeraria ni un lugar d\u00f3nde sepultarla, mucho menos que su cremaci\u00f3n costar\u00eda mil 700 d\u00f3lares. Dej\u00f3 La Monta\u00f1a para encontrar a su hijo Jes\u00fas, y demostr\u00f3 que los ind\u00edgenas tienen la capacidad para vivir en el coraz\u00f3n del Bronx.<\/p>\n<p>*Director del Centro de Derechos Humanos de La Monta\u00f1a Tlacinollan<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ind\u00edgenas en el coraz\u00f3n del Bronx Abel Barrera Hern\u00e1ndez* &nbsp; En 1980 do\u00f1a Amelia decidi\u00f3 salir de Ixcateopan para ir en busca de su hijo Jes\u00fas a Nueva York. Su esposo prefiri\u00f3 conseguir el dinero para pagarle al coyote y quedarse en casa con cuatro hijas y tres hijos. 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