{"id":15874,"date":"2020-06-03T11:12:05","date_gmt":"2020-06-03T17:12:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15874"},"modified":"2020-06-03T11:12:05","modified_gmt":"2020-06-03T17:12:05","slug":"carlos-monsivais-describio-a-hector-suarez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15874","title":{"rendered":"Carlos Monsivais describi\u00f3 a H\u00e9ctor Su\u00e1rez"},"content":{"rendered":"<p>El programa televisivo \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, de H\u00e9ctor Su\u00e1rez, \u201ces una andanada hist\u00e9rica contra la impunidad. Y all\u00ed radica su fuerza y su debilidad m\u00e1s concentrada\u201d. Con esas palabras, el cronista Carlos Monsiv\u00e1is \u2013que el pr\u00f3ximo 19 de junio cumplir\u00e1 10 a\u00f1os de haber fallecido\u2013 sintetiz\u00f3 las virtudes y limitaciones del comediante que muri\u00f3 este martes, a prop\u00f3sito de una de sus interpretaciones m\u00e1s populares. Por considerarlo de inter\u00e9s para los lectores, recuperamos este ensayo publicado el 27 de octubre de 1986 en el n\u00famero 521 de la revista Proceso.<\/p>\n<p>(Proceso).-<\/p>\n<p>Intersecci\u00f3n de la vida real.<\/p>\n<p>1.- El ni\u00f1o termina de rayar, con minucia exasperada, el ostentoso autom\u00f3vil. De un edificio sale corriendo el due\u00f1o, que aferra por los hombros al peque\u00f1o v\u00e1ndalo, mientras lo interroga:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9 hiciste esto? \u00bfPor qu\u00e9 rayaste mi auto?<\/p>\n<p>Sin inmutarse demasiado, at\u00f3nito antes su propia indiferencia, el ni\u00f1o se limita a contestar:<\/p>\n<p>Nom\u00e1s\u2026 Nom\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo que \u201cnom\u00e1s\u201d? \u00a1Cont\u00e9stame hijo de la chingada! \u00bfQu\u00e9 ganas con esto? \u00bfPor qu\u00e9 lo rayaste?<\/p>\n<p>\u2013Nom\u00e1s\u2026 Nom\u00e1s.<\/p>\n<p>La voluntad de hacer re\u00edr.- En su historia de triunfos, la televisi\u00f3n mexicana no hab\u00eda conocido uno semejante al obtenido durante sus tres primeros meses por la serie \u00bfQu\u00e9 nos pasa? coordinada y m\u00faltiplemente actuada por H\u00e9ctor Su\u00e1rez. De inmediato, \u00bfQu\u00e9 nos pasa? form\u00f3 un p\u00fablico fiel, deleitado ante las situaciones que ya conoc\u00eda y los personajes que padec\u00eda o cre\u00eda padecer a diario o deseaba encarar. Como suele suceder, el contagio fue avasallador, los estribillos de \u00bfQu\u00e9 nos pasa? se oyeron por doquier el d\u00eda entero, y los estereotipos muy probablemente persistir\u00e1n cuando la moda aminore o se desvanezca. Por lo pronto todav\u00eda se vive el boom industrial de \u00bfQu\u00e9 nos pasa? la pel\u00edcula se filmar\u00e1 pronto, ya hay video cas\u00e9ts con muestras antol\u00f3gicas de los programas, y pese a los pleitos legales abundan camisetas y objetos.<\/p>\n<p>El formato de la serie es simple y es novedoso: cuatro o cinco sketches por semana con personajes que se establecen o desaparecen seg\u00fan la respuesta del p\u00fablico, un invitado especial conversa con Su\u00e1rez y act\u00faa en uno o dos sketches, y una selecci\u00f3n de aquellos hechos cotidianos ordenados por la prepotencia y la indiferencia ante los derechos ajenos: el tortuguismo de los cajeros de los bancos o de los empleados de l\u00edneas a\u00e9reas, las insolencias en el Metro o los autobuses, los abusos de los \u201cinfluyentes\u201d, la desconsideraci\u00f3n de los vecinos, los fraudes menores, el saqueo de los bur\u00f3cratas, el punto de uni\u00f3n de este desfile urbano es la calidad proteica de Su\u00e1rez, que anima una galer\u00eda de personajes, fundamental aunque no exclusivamente populares. As\u00ed, Su\u00e1rez es el Destroyer cuyo mayor placer (por fatalidad onom\u00e1stica) es la destrucci\u00f3n; es el Picudo, aferrado a su Ohio-T-Shirt, el galanazo en el vac\u00edo, el desmadre lumpen al servicio de un rencor social abstracto; es el No Hay, cuyo mayor regocijo es negar la existencia de mercanc\u00edas o servicios; es el Flannagan, el jipiteca trasnochado, el punk amante de las hamburguesas, obsesionado por una contracultura inexistente, de espaldas a la tradici\u00f3n y al pa\u00eds.<\/p>\n<p>La esencia de \u00bfQu\u00e9 nos pasa? es la pedagog\u00eda, impl\u00edcita o expl\u00edcita. Seg\u00fan Su\u00e1rez, y sus libretistas Carlos Enrique Taboada, Ausencio Cruz, H\u00e9ctor Dupuy y Alejandro Licona, es hora de confrontar nuestros errores, de liquidar los vicios socialmente onerosos, comunes a la alta burgues\u00eda y a los marginales. Hay que reeducarnos, es el estribillo de la serie, y los invitados le agradecen a Su\u00e1rez la oportunidad de intervenir en la empresa que, para remediarlos, sit\u00faa con amenidad los defectos colectivos. La pretensi\u00f3n no es gratuita: si la TV, como se dice tanto, es la gran educadora del pueblo, vale la pena verificar si al abrigo de algunas ventajas \u2013un programa en el Canal 2, en horario Triple A, con todo el apoyo de Televisa\u2013 resulta eficaz una serie obviamente did\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Intromisi\u00f3n de la realidad II.- El cantante afina su voz. Es un concierto m\u00e1s de los muchos que da en la Rep\u00fablica rehabilitando viejas y amad\u00edsimas canciones, la flor de una sensibilidad que \u00e9l, y muchos con \u00e9l, se niegan a considerar muerta. Ya elev\u00f3 a su voz y su melancol\u00eda con Jur\u00e1me, ya desgran\u00f3 los p\u00e9talos de As\u00f3mate a la ventana, y ahora se dispone al encumbramiento vocal de Estrellita, del maestro Manuel M. Ponce\u2026 Y de s\u00fabito, lo esperado, lo que desde hace dos meses ocurre sin remedio, la consigna como pedrada, el signo de la quiebra generacional: \u201c\u00a1Queremos rroock!\u201d. Protestan los asistentes contra el b\u00e1rbaro, y el tenor agradece la defensa, pero siente que se lo lleva la nostalgia por el rumbo de la Chingada. Ante tan brutal intromisi\u00f3n de la nueva barbarie, est\u00e1 de m\u00e1s su educada sensibilidad de alboradas y atardeceres. \u00bfQu\u00e9 logran las sensaciones fr\u00e1giles y temblorosas que \u00e9l evoca, si el energ\u00fameno a\u00falla no por querer de veras rock, sino por oponer la expresi\u00f3n sard\u00f3nica a una formaci\u00f3n y a un gusto que, me van a perdonar la expresi\u00f3n, le vale madre? El cantante est\u00e1 a tal punto dolido que su imaginaci\u00f3n vengativa se complace una y otra vez con la misma escena: \u00e9l asiste a misa, y cuando el sacerdote ofrece el c\u00e1liz, y los asistentes ingresan al trance m\u00edstico, lanza el grito punitivo: \u201c\u00a1Queremos rroock!\u201d.<\/p>\n<p>De los tr\u00e1mites del humor televisivo.- Se supo desde la primera semana de transmisi\u00f3n en M\u00e9xico: en televisi\u00f3n, el humor se consideraba territorio propio de la ni\u00f1ez, o de los adultos resignados a ser tratados como ni\u00f1os. A los c\u00f3micos que ven\u00edan de los albures de la carpa se les expuls\u00f3 o se les domestic\u00f3 inhibiendo su lenguaje corporal, pod\u00e1ndoles frases y entonaciones. A los nuevos, se les sujet\u00f3 al molde de la puerilidad (y de esto s\u00f3lo escap\u00f3 el Loco Vald\u00e9s por v\u00eda del frenes\u00ed. Al ser pueril al l\u00edmite, el Loco consigui\u00f3 otra cosa, el humor que emana de los paroxismos de la sangroner\u00eda, sensacional porque se reconoce mal\u00edsimo). Entre pastelazos, tics eternizados, parodias de los superh\u00e9roes del comic (ya parodias en s\u00ed mismos), y comicidad que lo fue porque as\u00ed se le anunciaba, transcurrieron las primeras tres d\u00e9cadas de la televisi\u00f3n mexicana. A cada c\u00f3mico le esperaban un auge, un declive inexorable y una desaparici\u00f3n silenciosa, y la gente segu\u00eda divirti\u00e9ndose ante la tele porque ni modo de ponerse a llorar, y vi\u00e9ndolo bien, tambi\u00e9n en el trabajo me r\u00edo de cualquier cosa.<\/p>\n<p>En esta larga etapa el humor no radic\u00f3 en los di\u00e1logos ni en las an\u00e9cdotas (eran y son deplorables las sit-coms, las comedias de situaciones hogare\u00f1as y \u201claborales\u201d que imitan, empeor\u00e1ndolas, a las series de Norteam\u00e9rica), sino en la gracia aut\u00f3noma de los c\u00f3micos, la que tuviese. Sin guiones ni chistes con menos de 50 a\u00f1os de circulaci\u00f3n a los c\u00f3micos les quedaba su simpat\u00eda, y \u2013de no existir tan infrecuente materia prima\u2013 la reiteraci\u00f3n de procedimientos: ya se sabe, tras diez o veinte a\u00f1os de permanecer en horarios adecuados, a cualquiera que le digan c\u00f3mico se le descubrir\u00e1 el ingenio.<\/p>\n<p>La censura elimin\u00f3 el humor pol\u00edtico y prohibi\u00f3 todo humor sexual ajeno a las alusiones descaradamente blancas. Y la censura y el culto a lo pueril erradicaron el humor social, aquel que representa el nivel de conocimiento regocijado de las posibilidades y frenos de una sociedad, lo que incluye estereotipos, situaciones de la calle y la oficina, adaptaciones v\u00e1lidas y fallidas a la modernidad. Del humor social se desconfi\u00f3 (\u201cEs conflictivo\u201d), y los propios c\u00f3micos prefirieron los sketches ancestrales semirremozados, o los sarcasmos pol\u00edticos de tercer orden, a los que sacrificaron pragm\u00e1ticamente sus caracterizaciones del hombre com\u00fan (magn\u00edficas en ocasiones: el caso de H\u00e9ctor Lechuga). Una generaci\u00f3n de c\u00f3micos sumamente h\u00e1biles en la captaci\u00f3n de tipos sociales, casi no tuvo oportunidad de ejercer sus talentos, y de hecho, durante 30 a\u00f1os la realidad mexicana no ha sido satirizada en los medios masivos. En vez de esto, alegor\u00edas burlonas de las \u201cfantas\u00edas colectivas\u201d (El Chavo del Ocho, El Chapul\u00edn Colorado), desperdicio de dotes naturales o imitaciones pat\u00e9ticas del chiste r\u00e1pido y memoralizable (one-liner) de la televisi\u00f3n norteamericana.<\/p>\n<p>La crisis econ\u00f3mica destroza el nudo ciego de este humor-para-ni\u00f1os-de-8-a-80-a\u00f1os, y libera en forma creciente opiniones y actitudes. No hablo s\u00f3lo de la conveniencia de permitir respiraderos y v\u00e1lvulas de escape, sino de resonancias m\u00e1s profundas. Sin la cortina de humo del populismo dadivoso, la mayor\u00eda de los respetos arraigados exhiben su tonter\u00eda e inutilidad. Ante el fracaso del autoritarismo, se acrecienta la importancia de la libertad de expresi\u00f3n, o de algo que se le parezca.<\/p>\n<p>La principal: al abolir la crisis en forma veloz y casi totalizadora la gran oferta de la \u201ceconom\u00eda mixta\u201d: la movilidad social, se resquebraja el \u201csentido del respeto\u201d que era el tributo de la hipocres\u00eda y el optimismo inducido al ascenso y la estabilidad. Si los trabajadores se alejan o parecen alejarse de la participaci\u00f3n pol\u00edtica por miedo a perder la certidumbre mayor (el empleo), en las clases medias y en las clases populares muchos otros temores se debilitan (al rid\u00edculo, al qu\u00e9 dir\u00e1n, a la Sacralidad de los Grandes Prestigios, a la Decencia Tot\u00e9mica). Se fractura la gran censura interna de la sociedad, es decir, se ve y se vive de otro modo la tradici\u00f3n, porque ya se va desvaneciendo la idea del porvenir interiorizada durante medio siglo.<\/p>\n<p>No se me esponje, mi buen.- En \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, lo eficaz no es el ingenio verbal ni la complejidad de las situaciones, sino la calidad de los retratos del humor social: los cajeros displicentes, los subempleados transas, los mec\u00e1nicos indolentes, las burguesas arrogantes, los proletarios que le conf\u00edan su lenguaje social al desmadre. Y son arrasadoras las consecuencias de esta galer\u00eda en una sociedad que se desconoce a s\u00ed misma, o que se aferra a su retrato hablado (cantado) (actuado) de hace 40 a\u00f1os, cuando el \u00faltimo inventario de modelos sat\u00edricos. Ya no hay peladitos, ni \u201cgatitas\u201d con mo\u00f1os solferinos, ni pachucos, ni porfirianos levemente concupiscentes, sino las variedades, casi siempre agresivas, de la masificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El texto humor\u00edstico de H\u00e9ctor Su\u00e1rez radica en la distorsi\u00f3n fiel de sus personajes (y en el humor, distorsi\u00f3n fiel es representaci\u00f3n exacta). Por supuesto, no todos los pobres destruyen por gusto, ni son tristemente ligadores, ni pintan su\u00e1sticas porque s\u00ed, ni se gozan en la frustraci\u00f3n de los posibles compradores, pero mientras haya qui\u00e9nes s\u00ed respondan a esas caracter\u00edsticas, los espectadores lo celebrar\u00e1n. Creo demostrable que la mayor\u00eda de los millones de adictos a \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, populares a la fuerza, no sienten que la serie los difama porque est\u00e1n seguros de que esos personajes existen, o no se identifican con ellos o se identifican en demas\u00eda.<\/p>\n<p>Repito una objeci\u00f3n muy frecuente: \u00bfQu\u00e9 nos pasa? suele depositar los males urbanos y nacionales en la gente del pueblo, no en la (ciertamente m\u00e1s deplorable) burgues\u00eda. En la objeci\u00f3n hay mucho de cierto, pero antes de ampliar la cr\u00edtica, conviene recordar la tradici\u00f3n humor\u00edstica de M\u00e9xico, que ha situado a los burgueses en la lejan\u00eda del arquetipo degradado, y que, de fines del siglo XIX a nuestros d\u00edas, ha usado el humor para reconciliar al p\u00f3polo con lo que vive. As\u00ed, en el teatro fr\u00edvolo y en las primeras pel\u00edculas sonoras, los parias, los payos, los p\u00edcaros de arrabal, hicieron re\u00edr por emblematizar, as\u00ed fuese de modo difamatorio, seres y circunstancias que por tan conocidos eran doblemente divertidos (En cualquier sociedad, lo m\u00e1s gracioso es lo m\u00e1s cercano). Por eso suele fallar el humor social centrado en la burgues\u00eda, no s\u00f3lo por razones de censura ni porque la oligarqu\u00eda carezca de zonas choteables (toda ella es una zona choteable) sino por la distancia inevitable de este mundo con la experiencia de la mayor\u00eda de los espectadores.<\/p>\n<p>Intromisi\u00f3n de la realidad III.- El encargado del negocio observa sonriendo. Ya van diez minutos de movimientos exasperados del cliente y \u00e9l s\u00f3lo ha emitido una frase: \u201cNo hay, no hay\u201d. El cliente se desespera: \u201c\u00bfSe est\u00e1 usted burlando de m\u00ed? Ni tengo tiempo ni estoy de humor. Me urge ese material y usted con sus chistes de la tele. No sea cabr\u00f3n\u201d. El encargado responde: \u201c\u00bfQu\u00e9 quiere que haga? De veras no hay\u201d. Y en su sonrisa ahora hay malicia vengativa. El cliente se desespera y se larga, sin siquiera una mentada de madre. \u00bfQu\u00e9 gana? A ese pendejo no le va a regalar su vocabulario.<\/p>\n<p>Reflexiones a priori sobre una sociedad a posteriori.- El clima de \u00bfQu\u00e9 nos pasa?: el estar sobre ascuas, el desahogo que sucede al enojo y desemboca en la ira, el bailoteo de los seres reprimidos. Los personajes viven en tensi\u00f3n permanente, y las descargas de odio a la humanidad y a quien la representa aqu\u00ed nom\u00e1s enfrente de m\u00ed, se explican siempre en funci\u00f3n de la neurosis urbana, de la impotencia que la crisis sell\u00f3. Y el actor m\u00e1s adecuado para encarnar la desolaci\u00f3n a dentelladas, la serie de explosiones de coraje y sombrerazos que hemos dado en llamar el Mexicano Feo, es H\u00e9ctor Su\u00e1rez, quien desde hace 20 a\u00f1os, en La mujer de 6 litros, inici\u00f3 su carrera como s\u00edmbolo de los instintos at\u00e1vicos y las frustraciones contempor\u00e1neas, de la desesperaci\u00f3n a carcajadas, de las l\u00e1grimas de risa del pobre que no entiende lo que le sucede porque sabe lo que le va a suceder.<\/p>\n<p>En la empresa de interpretar a la Naci\u00f3n at\u00f3nita en la estaci\u00f3n ADO, y que corre tras el ladr\u00f3n de su maleta un minuto antes de buscar chamba, un hecho culminante fue El Milusos, la amonestaci\u00f3n f\u00edlmica a los campesinos que insisten en caerle al D.F. \u201c\u00bfA qu\u00e9 vienen a la capital? \u00bfNo advierten la sobrepoblaci\u00f3n, la contaminaci\u00f3n, la angustia habitacional y su falta de conocimientos espec\u00edficos?\u201d. La pel\u00edcula, de seguro uno de los peque\u00f1os grandes est\u00edmulos para seguir viniendo a la ciudad de M\u00e9xico, consagr\u00f3 a Su\u00e1rez. Ya era famoso, el excelente caracterizador de tipos populares, pero El Milusos le adjudic\u00f3 una funci\u00f3n industrial: en la imaginaci\u00f3n colectiva, Su\u00e1rez es ya el-mexicano-en-la-crisis, el hombre que s\u00f3lo se entera de sus limitaciones inexorables, a trav\u00e9s de los rel\u00e1mpagos de la irritaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de la crisis, caracterizados por la cacer\u00eda de la sobrevivencia y los agobios ps\u00edquicos, act\u00faan en favor de la galer\u00eda de personajes de Su\u00e1rez, y a su proposici\u00f3n de la risa como funci\u00f3n de la rabia, el p\u00fablico responde de modo inequ\u00edvoco: esto nos divierte, sea o no humor; a estos personajes dese\u00e1bamos odiar o a ellos los necesit\u00e1bamos como emblemas. Estamos ante un fen\u00f3meno de la sociolog\u00eda, mucho m\u00e1s que ante una victoria del nuevo humor social. Ya no resulta cierto el viejo dictum de Televisa: \u201cLa gente llega tan cansada a su casa que no quiere que le presenten problemas\u201d. Al contrario: es tal la furia por el costo de la vida, la inflaci\u00f3n, y la diaria devaluaci\u00f3n ps\u00edquica, que el espectador agradece toda salida cat\u00e1rtica, la que sea, que alivie unos minutos su vast\u00edsimo resentimiento.<\/p>\n<p>La crisis: la vida desde el eterno embotellamiento. A las \u201csituaciones de la vida real\u201d, un programa de televisi\u00f3n las ve desde un \u00e1ngulo ligeramente exasperado, y apenas par\u00f3dico, y tal innovaci\u00f3n es considerable. Esto somos: los que hacemos colas interminables para hallarnos con la ventanilla cerrada, los que nos peleamos por lo que sea en la calle o en el restor\u00e1n, los que nos estacionamos en doble fila y rega\u00f1amos a los que se estacionan en triple fila, los que vamos descubri\u00e9ndole el gusto esc\u00e9nico a la frustraci\u00f3n (\u201c\u00a1Qu\u00e9 decepci\u00f3n! Hoy no me persigui\u00f3 la pesadilla urbana\u201d). V\u00e9ase un sketch t\u00edpico de \u00bfQu\u00e9 nos pasa?: la se\u00f1ora necesita un departamento, y el due\u00f1o le enumera los requisitos, imposibles de cumplir. El departamento es peque\u00f1o, inhabitable, ruinoso, car\u00edsimo. Pero la cliente carece de opciones, y terminar\u00e1 aceptando luego de preguntar desde el azoro: \u201c\u00bfY no quiere tambi\u00e9n mi certificado de defunci\u00f3n?\u201d.<\/p>\n<p>La cliente vejada le pregunta a la c\u00e1mara: \u00bfQu\u00e9 nos pasa?. El transe\u00fante hecho a un lado con hostilidad, nos mira e interroga: \u00bfQu\u00e9 nos pasa?. Al parecer, la repuesta se localiza en la condici\u00f3n psicol\u00f3gica y moral de los mexicanos, anterior a toda formaci\u00f3n cultural y pol\u00edtica. Y as\u00ed, el programa cae en el c\u00edrculo vicioso de su modernizaci\u00f3n: nos portamos as\u00ed porque somos mexicanos; debemos renunciar a esta conducta sin dejar de ser mexicanos. \u00bfEn qu\u00e9 quedamos? \u00bfC\u00f3mo renunciar a la identidad sin perder la identidad? \u00bfY qui\u00e9n distingue entre lo esencial y lo contingente?<\/p>\n<p>La impunidad es la madre de los perdones administrativos.- La televisi\u00f3n privada (seguida d\u00f3cilmente a\u00f1os m\u00e1s tarde por la televisi\u00f3n oficial) edita e infantiliza la presentaci\u00f3n de lo cotidiano. As\u00ed sea desde un \u00f3ptica muy discutible, \u00bfQu\u00e9 nos pasa? lo deja fluir, y much\u00edsimos televidentes lo agradecen. No obstante sus graves limitaciones: el moralismo intolerante, el sentimiento apocal\u00edptico ante los nacos, el encrespamiento ante las formas alejadas de la \u201cdecencia\u201d, el uso exhaustivo de 3 \u00f3 4 situaciones b\u00e1sicas, la r\u00e1pida conversi\u00f3n de personajes originales en clich\u00e9s, el programa tiene algo esencial a su favor: el hartazgo de los espectadores ante la escasez, ante la neurastenia individual y colectiva, ante la dilaci\u00f3n burocr\u00e1tica, ante la corrupci\u00f3n. Los di\u00e1logos son apenas chistosos, y no necesitan serlo en demas\u00eda. El humor radica en la impotencia del cliente, y cada espectador ha sido y es un cliente deprimido y humillado. La estad\u00edstica es el subsuelo del \u00e9xito de \u00bfQu\u00e9 nos pasa? Ante situaciones semejantes a las de todos los d\u00edas, \u00bfqui\u00e9n se niega a la identificaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Para sintetizarlo en una palabra: quien frecuenta cada semana \u00bfQu\u00e9 nos pasa? detesta ardorosamente la impunidad, de seguro el factor m\u00e1s irritante en la vida p\u00fablica, y el producto m\u00e1s acabado del Sistema. Arrasan los presidentes, los gobernadores, los secretarios de Estado, los oficiales mayores, los presidentes municipales, los empresarios, los comerciantes, los industriales, los machos de cantina y de Metro, y de sus acciones y desmanes a nadie le dan cuenta. Enum\u00e9rense en un nivel las sangrientas represiones sindicales de L\u00f3pez Mateos, el 2 de octubre, los sexenios de Echeverr\u00eda y L\u00f3pez Portillo, la pol\u00edtica econ\u00f3mica del r\u00e9gimen de Miguel de la Madrid, la devastaci\u00f3n ecol\u00f3gica, la deuda externa (\u201cYo no contraje la deuda, declar\u00f3 famosamente L\u00f3pez Portillo, la contrajo el pueblo de M\u00e9xico\u201d). San Juan Ixhuatepec, el edificio Nuevo Le\u00f3n, los cad\u00e1veres en la Procuradur\u00eda del D.F., el caso del r\u00edo Tula\u2026 En otro nivel exam\u00ednense la cantidad de cr\u00edmenes \u201cno resueltos\u201d, de fraudes \u201cno sujetos a auditor\u00eda\u201d, y la conclusi\u00f3n es inevitable: el eje de nuestra vida p\u00fablica es la impunidad y, en t\u00e9rminos generales, al disiparse los ecos de la campa\u00f1a de Renovaci\u00f3n Moral, la impunidad (encarecida) sigue reinando.<\/p>\n<p>El programa de Su\u00e1rez es una andanada hist\u00e9rica contra la impunidad. Y all\u00ed radica su fuerza y su debilidad m\u00e1s concentrada. Porque en primera y en \u00faltima instancia, y pese al sketch repetitivo del pol\u00edtico que combina el cantinflismo con la jerga tecnocr\u00e1tica, la impunidad delatada es la de los parias urbanos, los proletarios irresponsables, los j\u00f3venes \u201cque se apartan de nuestra identidad\u201d. Esto equivale a desenterrar la triste consigna \u201cLa corrupci\u00f3n somos todos\u201d, present\u00e1ndola como \u201cLa irresponsabilidad y la impunidad somos todos\u201d. Aqu\u00ed la pedagog\u00eda se extrav\u00eda en el camino de la culpabilizaci\u00f3n de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>A esta altura del r\u00e9gimen de la Revoluci\u00f3n Mexicana, es ya innegable que las peque\u00f1as corrupciones son, en lo b\u00e1sico, una defensa contra la gran corrupci\u00f3n. Igualmente, las peque\u00f1as impunidades imitan al gran modelo de la impunidad. Un funcionario menor que transa aspira a la condici\u00f3n de funcionario mayor que deja que transen por \u00e9l. Esto no es disculpar moralmente a los salteadores en peque\u00f1o, ni \u201credimir\u201d al pueblo de M\u00e9xico por la corrupci\u00f3n de gran parte de su clase dirigente. Explicar no es justificar, y aludir a los grados de violencia y de intolerancia en las clases populares, es referirse a las t\u00e9cnicas de sobrevivencia, a la asimilaci\u00f3n forzada de la cultura de la impunidad, a la condici\u00f3n humana, a lo que ustedes gusten. Pero mientras no aparezcan en \u00bfQu\u00e9 nos pasa? los conductores de nuestra econom\u00eda, los empresarios que han saqueado nuestros recursos, los l\u00edderes del PRI, los jerarcas del Grupo Monterrey, los panistas que gracias al r\u00e9gimen de Reagan se han amistado con la imagen paterna, los reyes de la n\u00f3mina y del subsidio; mientras estos personajes no sean objeto de s\u00e1tira, la visi\u00f3n unilateral de los de abajo seguir\u00e1 siendo un modo de disculpar a los de arriba.<\/p>\n<p>Irrupci\u00f3n de la realidad IV.- Al anciano le irrita el cinismo de los jovenzuelos, que gritan obscenidades como si \u00e9l no existiese. Han puesto el radio de transistores a todo volumen, se fajan como si ya hubiese uni\u00f3n bendecida de por medio y fuman con deleite lo que al anciano le parecen carrujos de mariguana. \u00a1Qu\u00e9 impudicia! Sin poderse refrenar, el anciano se dirige a ellos con la voz temblorosa: \u201cJ\u00f3venes, es inconcebible. Ustedes no tienen derecho a hacer esto en p\u00fablico. Si les gustan tanto las cochinadas, vayan a sus cuevas y desf\u00f3guense. Pero aqu\u00ed es un sitio p\u00fablico, pasan mujeres y ni\u00f1os, y ustedes tienen la obligaci\u00f3n de respetar. En mis tiempos ya estar\u00edan en la c\u00e1rcel. \u00a1Sinverg\u00fcenzas! \u00a1Exhibicionistas! \u00a1Mugrosos! \u00a1Pelados!\u201d.<\/p>\n<p>Los chavos lo observan con extra\u00f1eza, y se r\u00eden. \u201cOigame se\u00f1or, no vea tanta televisi\u00f3n. Por eso anda tan enajenado. \u00bfPor qu\u00e9 no lee algo, a Marcuse o a alg\u00fan comunic\u00f3logo, en vez de estarse all\u00ed plantadote frente a la tele el d\u00eda entero? Ya vimos que tiene buena memoria, y se aprendi\u00f3 un parlamento enterito de \u00bfQu\u00e9 nos pasa? Lo felicitamos, y ojal\u00e1 le den empleo en Televisa, ojal\u00e1, porque nos har\u00eda felices verlo diciendo esas frases ante c\u00e1maras\u201d. El anciano se queda pasmado, mientras los chavos le siguen proporcionando bibliograf\u00eda. \u201c\u00bfYa ley\u00f3 McLuhan?\u201d<\/p>\n<p>Donde dice \u201cpinche naco\u201d alguien lee \u201c\u00a1Ah qu\u00e9 cuate tan cabr\u00f3n!\u201d.- Hay un impulso sociol\u00f3gico que se impone a las personas, y una realidad que no se somete d\u00f3cilmente a los ex\u00e1menes tradicionales de clase. El marginal urbano (marginal respecto a la distribuci\u00f3n del ingreso) no necesariamente se siente vejado por visiones como la contenida en \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, ni le preocupa denunciar las im\u00e1genes que lo denigran. El aprovecha de los espect\u00e1culos lo que le conviene. No van a redimir su situaci\u00f3n ni le mejorar\u00e1n el empleo. Mejor usar lo ve para la diversi\u00f3n. A \u00e9l casi seguramente no le ata\u00f1en los juicios acres por su falta de identidad nacional, su falta de civilidad o el desconocimiento de los deberes ciudadanos. \u00bfY entonces qu\u00e9 le interesa? A ciencia cierta lo ignoro, s\u00f3lo manejo unas cuantas hip\u00f3tesis, fundadas en un hecho definitorio: la minor\u00eda que ha hecho las veces de toda la sociedad, lleva d\u00e9cadas atenida a referencias vagas y mitol\u00f3gicas respecto a la existencia y la psicolog\u00eda de las mayor\u00edas. Y algo semejante les ha sucedido a los propios interesados.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 sabemos de las clases populares en su conjunto, pertenezcamos o no a ellas? (Y ya es hora de ir agregando a las clases populares a gran parte de las antes ascendentes clases medias). La izquierda las define abstractamente, la iniciativa privada las aprovecha a partir de versiones denigratorias, el Estado les concede algunos servicios y escasos derechos, y las instancias que han ofrecido un panorama del \u201calma popular\u201d, son el cine mexicano (reducto de pobres sin deseo de status) y el teatro fr\u00edvolo (aterido en su agon\u00eda). El panorama de representaciones es cruel y muy burdo, pero a los aludidos no les desagrada, o eso manifiestan al seguir apoyando ese cine y al seguir ri\u00e9ndose de las gracias de estos c\u00f3micos. Y en este punto interviene \u00bfQu\u00e9 nos pasa? que es, t\u00f3mese o d\u00e9jese, un intento de descifrar lo que acontece en medios sin prestigios internos y externos. El intento es reduccionista y no exento de hostilidad hacia sus temas-sujetos, pero es lo que hay y el p\u00fablico no la hace de tos. Agarra la onda Mickey Mouse. Pelas Tribil\u00edn.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s los caminos del Se\u00f1or sean m\u00e1s escrutables que la suerte de las intenciones pedag\u00f3gicas en televisi\u00f3n, y seg\u00fan creo, \u00bfQu\u00e9 nos pasa? ha decepcionado a sus or\u00edgenes pedag\u00f3gicos. De cada programa contemplado desde la dispersi\u00f3n que es la concentraci\u00f3n posible frente a la tele, el espectador deriva las conclusiones que le da la gana, muchas veces sin advertirlo. Y esto destruye el prop\u00f3sito homogeneizador de la serie \u00bfQu\u00e9 nos pasa? quiere ser, con \u00e1nimo divertido, lo ya impracticable: una especie de Manual de Carre\u00f1o, el rega\u00f1o que orienta, las normas impl\u00edcitas del buen comportamiento. Pero aqu\u00ed, como en casi todo, se impone la din\u00e1mica de la naci\u00f3n, a la que nadie cambia si se lo propone, y a la que nada deja de cambiar aun no queriendo.<\/p>\n<p>La televisi\u00f3n mexicana ha sido muy eficaz promoviendo modas, muy ineficaz orientando conciencias. Logra milagros: convencer por un tiempo a millones que esas voces no desafinan, que esas actrices act\u00faan, que detr\u00e1s de esos rostros agraciados no hay m\u00e1scaras. Pero no moviliza ni forma pol\u00edticamente. Ante la manipulaci\u00f3n que elogia al capitalismo como \u00fanico modo de vida deseable, se opone la antigua cultura de la resistencia popular, con su carga de socarroner\u00eda, disimulo, sexualizaci\u00f3n regocijada de los mensajes m\u00e1s castos, desmadre que inutiliza cualquier solemnidad. Resistir, no modificarse a pedido, persistir en las conductas que permiten no distanciarse en lo cultural y en lo psicol\u00f3gico de lo que les rodea y de lo que se vive.<\/p>\n<p>De las atm\u00f3sferas de \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, juzgadas por los illuminati como \u201csurrealismo a la mexicana\u201d, la \u201ctem\u00e1tica de Kafkahuamilpa\u201d, las clases populares extraer\u00e1n lo que se les antoje, y al respecto los buenos deseos son tan in\u00fatiles como las profec\u00edas.<\/p>\n<p>Si est\u00e1 de moda, no puede ser educativo.- A \u00bfQu\u00e9 nos pasa? lo lastran los prejuicios de clase, la moralina y la proclividad al punto de vista del burgu\u00e9s sitiado por Atila y sus nacos encementados. A\u00fan as\u00ed, el programa interesa porque, entre otras cosas, y adem\u00e1s de aciertos histri\u00f3nicos y de la calidad de H\u00e9ctor Su\u00e1rez, corresponde a la actitud engendrada por la crisis y las lecciones del terremoto, y a su modo desea intervenir en la acci\u00f3n civil que reconstruir\u00e1 a la sociedad. Pero a\u00fan no hay quien, en lo relativo a la autorreconstrucci\u00f3n de la ciudadan\u00eda, tome en serio a Televisa en general y a la televisi\u00f3n en particular, y el programa resulta apenas la versi\u00f3n c\u00f3mica de los males para los cuales no hay remedio. No obstante el \u00e9xito desmesurado de \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, creo que por ahora su pol\u00edtica de enmienda an\u00edmica no ir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del paisaje humor\u00edstico que cronica suavizadamente la violencia interior y exterior de la gran urbe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El programa televisivo \u00bfQu\u00e9 nos pasa?, de H\u00e9ctor Su\u00e1rez, \u201ces una andanada hist\u00e9rica contra la impunidad. Y all\u00ed radica su fuerza y su debilidad m\u00e1s concentrada\u201d. Con esas palabras, el cronista Carlos Monsiv\u00e1is \u2013que el pr\u00f3ximo 19 de junio cumplir\u00e1 10 a\u00f1os de haber fallecido\u2013 sintetiz\u00f3 las virtudes y limitaciones del comediante que muri\u00f3 este [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":15875,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-15874","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15874","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15874"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15874\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15876,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15874\/revisions\/15876"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/15875"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15874"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15874"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15874"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}