{"id":16043,"date":"2020-06-21T10:27:40","date_gmt":"2020-06-21T16:27:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16043"},"modified":"2020-06-21T10:27:40","modified_gmt":"2020-06-21T16:27:40","slug":"cuatro-encuentros-con-bolivar-echeverria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16043","title":{"rendered":"Cuatro encuentros con Bol\u00edvar Echeverr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Stefan Gandler<\/p>\n<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A diez a\u00f1os de la muerte del gran fil\u00f3sofo ecuatoriano nacionalizado mexicano, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (1941-2010), otro fil\u00f3sofo nos hace aqu\u00ed la cr\u00f3nica de sus \u00faltimos encuentros signados por la amistad, m\u00e1s all\u00e1 de algunas diferencias en la concepci\u00f3n de ciertas ideas. Sencillo y entra\u00f1able homenaje a un hombre que se neg\u00f3 siempre a ser un cl\u00e1sico: \u201cNunca, nunca me vayan a hacer esto a m\u00ed\u201d, dec\u00eda.<br \/>\nHace diez a\u00f1os, el viernes 4 de junio de 2010 por la noche, le habl\u00e9 por tel\u00e9fono a Bol\u00edvar Echeverr\u00eda desde un despacho en la colonia Del Valle. Me contest\u00f3 en su estudio de la Roma y dijo \u201c\u00bfah, ya llegaste?\u201d, con una voz que por sonar ligera, y hasta contenta, me extra\u00f1\u00f3, pues en nuestras \u00faltimas llamadas telef\u00f3nicas desde Santa Cruz, California, donde yo viv\u00eda en ese momento, me hab\u00eda dicho que estaba cansado de vivir. Quedamos en vernos unos d\u00edas despu\u00e9s, el martes siguiente, para estar juntos ese d\u00eda en la presentaci\u00f3n de un libro m\u00edo en la editorial Siglo xxi en Cerro del Agua. Despu\u00e9s, as\u00ed quedamos en la llamada, nos \u00edbamos a ir a tomar juntos unos tequilas, aunque su m\u00e9dico lo prohib\u00eda, pero a veces \u00e9ramos c\u00f3mplices en sus escapadas, ya que estaba harto de vivir bajo el r\u00e9gimen de la medicina cosificante. Brome\u00f3 conmigo que mejor presentaran mi libro Carlos Aguirre o Jorge Juanes, sabiendo perfectamente que los dos intelectuales mexicanos me ten\u00edan en la mira, por una u otra raz\u00f3n (aunque con Juanes me reconcili\u00e9 despu\u00e9s en Quito, justo al rememorar a Bol\u00edvar).<\/p>\n<p>No sab\u00eda que la broma iba en serio. No cumplir\u00eda su palabra de presentarlo \u00e9l. Muri\u00f3 doce horas despu\u00e9s de la llamada, o tal vez un poco menos. Se llev\u00f3 a la tumba comentarios que mucho me importaban; su risa, su mirada desafiante, su capacidad incre\u00edble de argumentar y discutir en el mejor sentido de la palabra. De filosofar.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas veces me hab\u00eda dicho que ya no aguantaba a quienes lo quer\u00edan hacer su gur\u00fa. Cu\u00e1ntas veces nos re\u00edmos juntos de la gente que odiaba a Marx y lo quer\u00edan muerto, pero en serio, y para siempre, y que para lograrlo le hac\u00edan homenajes, queri\u00e9ndolo asesinar filos\u00f3ficamente al volverlo un cl\u00e1sico. Un cl\u00e1sico que s\u00f3lo se admira, pero con quien ya no se discute en serio, que es simplemente de otra \u00e9poca: caso cerrado.<\/p>\n<p>Todos sus amigos lo sab\u00edamos, porque se lo dijo a todos: \u201cNunca, nunca me vayan a hacer esto a m\u00ed.\u201d Pero es algo que se est\u00e1 haciendo y, al realizarlo, se est\u00e1 ignorando su \u00faltima y tan enf\u00e1ticamente pronunciada voluntad.<\/p>\n<p>A partir de hoy, a diez a\u00f1os de haber fallecido, tenemos que tomarlo en serio, es decir, dejar de hacerlo gur\u00fa, cuasi inmortal, cuasi irreprochable, cuasi perfecto y cuasi santo. No lo es, y nunca quiso serlo. Es igual de mortal como todos lo somos y lo extra\u00f1o es que, precisamente, su muerte lo ha convertido aparentemente en inmortal.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Justo cuando m\u00e1s nos hicimos amigos, fue cuando comenzamos poco a poco a alejarnos filos\u00f3ficamente, o por lo menos as\u00ed me pareci\u00f3. Nunca me convenci\u00f3, para dar un ejemplo, su idea de la americanizaci\u00f3n de la modernidad. Pienso que desaprovech\u00f3 su a\u00f1o sab\u00e1tico en 1999 en Binghamton, n.y., y no conoci\u00f3 nada relevante de Estados Unidos, de su contracultura, ni de la capacidad de resistencia de sus oprimidos y tampoco de la solidaridad colectiva (ojal\u00e1 miles hubieran recordado a gritos ardientes los nombres de las v\u00edctimas en las calles de Alemania, cuando los nazis empezaron a deportar jud\u00edos). Se qued\u00f3 con la idea de una de sus towns m\u00e1s aburridas que generalizaba para interpretar al ethos moderno de aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>He tenido muchos bellos encuentros con Bol\u00edvar Echeverr\u00eda. Dos de los m\u00e1s memorables han sido aquellos en los que me encontr\u00e9 con \u00e9l y al mismo tiempo con Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez. El primero tuvo lugar en abril de 1993; casi reci\u00e9n llegado a Ciudad de M\u00e9xico, acept\u00e9 una invitaci\u00f3n de S\u00e1nchez V\u00e1zquez a su domicilio en el suroeste de la capital. Llegado all\u00ed, encontr\u00e9 a Bol\u00edvar Echeverr\u00eda ya sentado en la sala, invitado tambi\u00e9n por el anfitri\u00f3n, y hablamos largo rato sobre la vida intelectual en M\u00e9xico y los diferentes marxismos que hab\u00edan existido en el pa\u00eds desde los a\u00f1os sesenta. El \u00faltimo encuentro de los tres tuvo lugar a inicios de oto\u00f1o de 2007, nuevamente en el departamento de Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez en la colonia San Jos\u00e9 Insurgentes. En la ocasi\u00f3n de la publicaci\u00f3n de mi libro Marxismo cr\u00edtico en M\u00e9xico, Bol\u00edvar me propuso visitar juntos a S\u00e1nchez V\u00e1zquez, quien a sus noventa y dos a\u00f1os de edad ya no sal\u00eda de su casa. Su hija, Aurora S\u00e1nchez Rebolledo, nos hab\u00eda advertido que no ser\u00eda posible hablar con su padre m\u00e1s de unos quince minutos, por su delicado estado de salud. Pero despu\u00e9s de un tiempo, S\u00e1nchez V\u00e1zquez comenz\u00f3 a contarnos sus experiencias en la Guerra Civil espa\u00f1ola, cada vez m\u00e1s entusiasmado y hablando con m\u00e1s energ\u00eda y nuevos recuerdos en cada frase, animado, burl\u00e1ndose de sus contrincantes. Cuando despu\u00e9s de dos horas finalmente nos despedimos, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda y yo nos mir\u00e1bamos con asombro en el elevador del edificio, y nos preguntamos por qu\u00e9 no se nos hab\u00eda ocurrido llevar una grabadora. Intuimos que esta hab\u00eda sido nuestra \u00faltima conversaci\u00f3n conjunta con Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez; lo que no cruz\u00f3 por nuestra mente en aquel momento, era que \u00e9l se iba a ir un a\u00f1o, un mes y tres d\u00edas antes que el exiliado fil\u00f3sofo nonagenario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Stefan Gandler La Jornada Semanal &nbsp; A diez a\u00f1os de la muerte del gran fil\u00f3sofo ecuatoriano nacionalizado mexicano, Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (1941-2010), otro fil\u00f3sofo nos hace aqu\u00ed la cr\u00f3nica de sus \u00faltimos encuentros signados por la amistad, m\u00e1s all\u00e1 de algunas diferencias en la concepci\u00f3n de ciertas ideas. 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