{"id":16055,"date":"2020-06-22T10:32:36","date_gmt":"2020-06-22T16:32:36","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16055"},"modified":"2020-06-22T10:32:36","modified_gmt":"2020-06-22T16:32:36","slug":"la-maleta-de-mi-padre-por-orhan-pamuk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16055","title":{"rendered":"\u00abLa maleta de mi padre\u00bb por Orhan Pamuk"},"content":{"rendered":"<p>LA MALETA DE MI PADRE<\/p>\n<p>Orhan Pamuk<\/p>\n<p>Discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de Literatura 2006 ante la Academia Sueca<br \/>\n10 de diciembre de 2006<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os antes de su muerte mi padre me entreg\u00f3 un malet\u00edn lleno de sus textos manuscritos y sus cuadernos de notas.<br \/>\nCon su habitual aire bromista me dijo, como al pasar, que esperaba que yo los leyera despu\u00e9s, es decir, despu\u00e9s de su<br \/>\nmuerte.<br \/>\n\u201c\u00c9chales una mirada\u201d, dijo, con alg\u00fan embarazo, \u201ctal vez algo de todo eso sirva. T\u00fa podr\u00e1s elegir lo que sea<br \/>\npublicable\u201d.<br \/>\nEst\u00e1bamos en mi cuarto de trabajo, rodeados de libros. Mi padre daba vueltas por la estancia, mirando a su alrededor,<br \/>\ncomo quien desea deshacerse de un equipaje pesado e inc\u00f3modo, sin saber d\u00f3nde ponerlo. Finalmente lo coloc\u00f3<br \/>\ndiscretamente, sin ostentaci\u00f3n, en un rinc\u00f3n. Despu\u00e9s de este instante, un tanto embarazoso pero imborrable para<br \/>\nambos, regresamos a la tranquila ligereza de nuestros papeles habituales, nuestras personalidades sarc\u00e1sticas y<br \/>\ndesenvueltas. Hablamos, como de costumbre, de cosas sin importancia, de la vida, de los inagotables temas pol\u00edticos<br \/>\nde Turqu\u00eda y, sin ninguna amargura, de los proyectos no realizados y los negocios sin resultados de mi padre.<br \/>\nRecuerdo que durante algunos d\u00edas despu\u00e9s de su partida di vueltas alrededor de ese malet\u00edn, sin tocarlo. Conoc\u00eda<br \/>\ndesde la infancia esa peque\u00f1a valija de cuero negro, su cerradura, sus abollados rebordes. Mi padre la usaba para sus<br \/>\nviajes cortos y tambi\u00e9n, a veces, para llevar documentos de la casa al trabajo. Recordaba haber abierto esta valija,<br \/>\ncuando era ni\u00f1o, y escarbado en sus cosas que desped\u00edan un delicioso aroma de agua de Colonia y de tierras<br \/>\nextranjeras. Este malet\u00edn era para m\u00ed un objeto conocido y fascinante, asociado a mi pasado y a mis recuerdos de la<br \/>\ninfancia; sin embargo, ahora no me atrev\u00eda a tocarlo. \u00bfPor qu\u00e9? Lo que me inhib\u00eda era sin duda la importancia, el peso<br \/>\nenorme de la misteriosa gravedad que su contenido parec\u00eda esconder.<br \/>\nAhora voy a hablar sobre el significado de este peso secreto: es el resultado de lo que un ser humano logra crear<br \/>\ncuando, encerrado en su cuarto de trabajo y sentado ante una mesa o en un rinc\u00f3n, se expresa por medio del papel y<br \/>\nla pluma. Es decir, este es el sentido de la literatura.<br \/>\nNo me atrev\u00eda a tocar ni a abrir el malet\u00edn de mi padre, pero conoc\u00eda algunos de los cuadernos de notas que conten\u00eda.<br \/>\nYa hab\u00eda visto a mi padre escribir en ellos. No era la primera vez que yo sent\u00eda hondamente todo el peso contenido en<br \/>\neste malet\u00edn. Mi padre ten\u00eda una gran biblioteca; en su juventud, a fines de la d\u00e9cada de 1940, hab\u00eda querido ser poeta<br \/>\nen Estambul y hab\u00eda traducido a Val\u00e9ry al turco, pero no hab\u00eda querido exponerse a las dificultades de una vida<br \/>\nconsagrada a la poes\u00eda en un pa\u00eds pobre, donde los lectores eran escasos. Su padre -mi abuelo- era un empresario rico;<br \/>\nmi padre hab\u00eda tenido una infancia c\u00f3moda y no quer\u00eda empobrecerse por la literatura. \u00c9l amaba la vida con todos sus<br \/>\nplaceres, y yo lo comprend\u00eda.<br \/>\nLo primero que me inhib\u00eda a acercarme al malet\u00edn de mi padre era el temor de que sus escritos no me gustaran. Mi<br \/>\npadre ten\u00eda la misma duda y los hab\u00eda presentado con una actitud de cierta indiferencia, como si no tomara demasiado<br \/>\nen serio el contenido del malet\u00edn. Esta actitud me aflig\u00eda; yo llevaba ya veinticinco a\u00f1os trabajando como escritor,<br \/>\npero no quer\u00eda reprochar a mi padre el no haber tomado la literatura con suficiente seriedad\u2026 Mi verdadero temor, la<br \/>\ncosa que me aterraba verdaderamente, era la posibilidad de que mi padre hubiera sido un buen escritor. Este miedo<br \/>\nera lo que me imped\u00eda abrir el malet\u00edn de mi padre. Peor todav\u00eda, yo no era capaz de confesarme a m\u00ed mismo esta<br \/>\nraz\u00f3n, porque si de su peque\u00f1a valija surg\u00eda una gran obra, yo estar\u00eda obligado a reconocer la existencia de otro<br \/>\nhombre, totalmente diferente, en el interior de mi padre. Era una posibilidad aterradora. Porque incluso a mi edad, ya<br \/>\navanzada, yo quer\u00eda que mi padre fuera solamente mi padre, no un escritor.<br \/>\nPara m\u00ed, ser escritor significa descubrir, mediante un paciente trabajo de a\u00f1os, la otra persona que vive oculta en uno<br \/>\ny el mundo interior que la hace ser lo que es; cuando hablo de escritura, lo primero que me viene a la mente no es una<br \/>\nnovela, un poema o una tradici\u00f3n literaria, sino una persona que, encerrada en estudio, replegada en s\u00ed misma y<br \/>\nprotegida de s\u00ed misma, rodeada de sus sombras, se sienta ante una mesa, sola con las palabras, y construye con ellas<br \/>\nun mundo nuevo. Este hombre, o esta mujer, puede usar una m\u00e1quina de escribir o emplear los servicios de una<br \/>\ncomputadora o bien, como yo, puede pasarse treinta a\u00f1os escribiendo con una pluma estilogr\u00e1fica sobre el papel.<br \/>\nPuede fumar, puede beber caf\u00e9 o t\u00e9. De vez en cuando puede lanzar una mirada a trav\u00e9s de la ventana, sobre los ni\u00f1os<br \/>\nque se divierten en la calle -si tiene suerte, sobre los \u00e1rboles o un paisaje-, o sobre un muro sombr\u00edo. Puede escribir<br \/>\npoes\u00eda, teatro, o novelas, como yo. Todas esas diferencias surgen despu\u00e9s de la tarea crucial que consiste en sentarse<br \/>\nante la mesa y entrar pacientemente en su mundo interior. Escribir es traducir en palabras esta introspecci\u00f3n, esta<br \/>\nindagaci\u00f3n de s\u00ed mismo, y gozar de la alegr\u00eda de explorar con paciencia y obstinaci\u00f3n un mundo nuevo. Sentado ante<br \/>\nmi mesa mientras los d\u00edas, los a\u00f1os y los meses transcurr\u00edan y mientras yo iba agregando nuevas palabras sobre las<br \/>\np\u00e1ginas en blanco, sent\u00eda que estaba construyendo un nuevo mundo interior para m\u00ed mismo; que yo, del mismo modo<br \/>\nque quien construye un puente o una c\u00fapula, piedra sobre piedra, estaba descubriendo otra persona en mi interior. Para<br \/>\nnosotros, escritores, las palabras son nuestras piedras de construcci\u00f3n. Conoci\u00e9ndolas y valor\u00e1ndolas en sus relaciones<br \/>\nrec\u00edprocas, juzg\u00e1ndolas a veces a la distancia, acarici\u00e1ndolas en ocasiones con las yemas de los dedos o con la pluma<br \/>\nestilogr\u00e1fica, sopes\u00e1ndolas, colocamos a cada una de ellas en su lugar, para ir construyendo nuevos mundos a lo largo<br \/>\nde los a\u00f1os, sin perder la esperanza, con obstinaci\u00f3n, pacientemente.<br \/>\nEl secreto del escritor, para m\u00ed, no es la inspiraci\u00f3n -pues nunca se sabe de d\u00f3nde viene-, sino la obstinaci\u00f3n y la<br \/>\npaciencia. Hay una hermosa expresi\u00f3n turca, \u201ccavar un pozo con una aguja\u201d, y a m\u00ed me parece que fue inventada<br \/>\npensando en nosotros los escritores. En los antiguos relatos, yo amo y comprendo la paciencia de Ferhad, quien, seg\u00fan<br \/>\nla leyenda, perforaba las monta\u00f1as por el amor de Shirine. Cuando escrib\u00ed en mi novela Me llamo Rojo, sobre los<br \/>\nantiguos miniaturistas persas que dibujaban el mismo caballo durante a\u00f1os hasta memorizarlo al punto de que pod\u00edan<br \/>\ndibujarlo con los ojos cerrados, yo sab\u00eda que estaba escribiendo tambi\u00e9n sobre el oficio del escritor y sobre mi propia<br \/>\nvida. Para alcanzar el don de poder narrar su propia vida, lentamente y como si fuera la historia de otros, para sentir<br \/>\nen s\u00ed mismo esta fuerza narrativa, me parece que el escritor debe dedicar todos sus a\u00f1os a este arte y a este oficio ante<br \/>\nsu escritorio, con la necesaria condici\u00f3n del optimismo. El \u00e1ngel de la inspiraci\u00f3n, que visita regularmente a algunos<br \/>\ny jam\u00e1s a otros, favorece al optimista y al que conf\u00eda en s\u00ed mismo; y cuando el escritor se siente m\u00e1s solo que nunca<br \/>\ny duda m\u00e1s que nunca de sus esfuerzos, de sus sue\u00f1os y del valor de sus escritos -es decir, cuando cree que su relato<br \/>\nes \u00fanicamente el relato de s\u00ed mismo-, es entonces cuando el \u00e1ngel le revela las historias, las im\u00e1genes y los sue\u00f1os que<br \/>\nunen el mundo del cual quer\u00eda salir el escritor con el mundo que quiere construir. Mi sentimiento m\u00e1s estremecedor,<br \/>\nen este oficio de escritor al que he dedicado toda mi vida, ha sido la sensaci\u00f3n, a veces, de que algunas frases, fantas\u00edas<br \/>\ny p\u00e1ginas que me han hecho inmensamente feliz, no proced\u00edan de mi propia imaginaci\u00f3n sino que me hab\u00edan sido<br \/>\nreveladas generosamente por alguna fuerza externa.<br \/>\nYo ten\u00eda miedo de abrir el malet\u00edn de mi padre y de leer sus cuadernos, porque yo sab\u00eda que \u00e9l jam\u00e1s habr\u00eda soportado<br \/>\nlas dificultades que yo mismo tuve que afrontar. \u00c9l no amaba la soledad sino los amigos, las multitudes, los salones,<br \/>\nlas bromas, las diversiones sociales. Pero mis pensamientos tomaron luego otro rumbo: estas ideas, estos sue\u00f1os sobre<br \/>\nla paciencia y el ascetismo, todas esas concepciones que yo hab\u00eda construido pod\u00edan ser solamente mis propios<br \/>\nprejuicios ligados a mi vida y a mi experiencia como escritor. Ha habido una gran cantidad de autores brillantes que<br \/>\nescribieron rodeados de multitudes, de sus familias, del bullicioso esplendor y el alegre parloteo de la vida social.<br \/>\nAdem\u00e1s, mi padre nos hab\u00eda abandonado cuando \u00e9ramos ni\u00f1os, aburrido de la monoton\u00eda de la vida familiar. Se hab\u00eda<br \/>\nido a Par\u00eds y all\u00ed, en habitaciones de hotel -como tantos otros escritores- llenaba, uno tras otro, cuadernos y m\u00e1s<br \/>\ncuadernos de notas. Yo sab\u00eda que en el malet\u00edn se encontraba una parte de esos cuadernos, pues durante los a\u00f1os que<br \/>\nprecedieron a la entrega de la peque\u00f1a valija mi padre hab\u00eda comenzado a hablarme sobre ese per\u00edodo de su vida.<br \/>\nTambi\u00e9n hab\u00eda hablado sobre aquellos a\u00f1os cuando yo era ni\u00f1o, pero sin mencionar su vulnerabilidad ni sus sue\u00f1os<br \/>\nde convertirse en poeta ni sus angustias existenciales en las habitaciones de hotel. Contaba c\u00f3mo hab\u00eda visto<br \/>\nfrecuentemente a Sartre en las aceras de Par\u00eds, y hablaba con entusiasmo ingenuo, como portador de noticias muy<br \/>\nimportantes, de los libros que hab\u00eda le\u00eddo y las pel\u00edculas que hab\u00eda visto. M\u00e1s tarde, ya convertido en escritor, no he<br \/>\nolvidado nunca que llegu\u00e9 a serlo gracias a que mi padre, en lugar de recordar a los famosos pach\u00e1s y los grandes<br \/>\nl\u00edderes religiosos, me hablaba frecuentemente de los grandes autores de la literatura universal. Tal vez por esto deb\u00eda<br \/>\nyo abordar la lectura de los cuadernos de mi padre, sin pensar tanto en el valor literario de sus escritos, considerando<br \/>\ntodo lo que yo deb\u00eda a los libros de su biblioteca y recordando que \u00e9l, cuando viv\u00eda con nosotros, no aspiraba sino a<br \/>\nencerrarse en una habitaci\u00f3n -como yo- para estar en \u00edntimo contacto con sus libros y sus pensamientos.<br \/>\nSin embargo, contemplando con zozobra este malet\u00edn cerrado, sent\u00ed que era precisamente esto lo que yo era incapaz<br \/>\nde hacer. Mi padre acostumbraba en ocasiones tenderse en el sof\u00e1, frente a sus libros, dejar a un lado el libro o la<br \/>\nrevista que ten\u00eda en sus manos y hundirse durante largo rato en sus pensamientos y fantas\u00edas. En su rostro aparec\u00eda<br \/>\nentonces una nueva expresi\u00f3n, diferente de la que mostraba en las bromas, el bullicio y las ri\u00f1as de la vida familiar.<br \/>\nEsa expresi\u00f3n denotaba una profunda introspecci\u00f3n que me hizo comprender, ya desde mi infancia y durante los<br \/>\nprimeros a\u00f1os juveniles, que mi padre sufr\u00eda un desasosiego interior que me inquietaba. Ahora s\u00e9, muchos a\u00f1os<br \/>\ndespu\u00e9s, que ese desasosiego es una de las fuerzas decisivas que hacen de un ser humano un escritor. Para llegar a ser<br \/>\nescritor se necesita, antes que la paciencia y el esfuerzo, el impulso interior que nos hace huir de las multitudes, la<br \/>\nvida social, las cosas cotidianas que todos comparten, y encerrarse en una habitaci\u00f3n. Los escritores necesitamos la<br \/>\npaciencia y la esperanza para encontrar en nosotros mismos los cimientos del mundo que creamos para nosotros. Pero<br \/>\nel deseo de encerrarnos en una habitaci\u00f3n, en una sala llena de libros, es lo primero que nos impulsa. Montaigne fue<br \/>\nsin duda quien marc\u00f3 el inicio de la literatura moderna, el primer gran ejemplo de escritor libre de temores y prejuicios,<br \/>\nel primero que discuti\u00f3 las palabras de otros sin escuchar otra voz que la de su propia conciencia y, en conversaci\u00f3n<br \/>\ncon sus libros, desarroll\u00f3 sus propias ideas y su propio mundo. Montaigne es uno de los escritores que mi padre le\u00eda<br \/>\nuna y otra vez y a cuya lectura me incitaba siempre. Yo quisiera verme a m\u00ed mismo como un seguidor de esta tradici\u00f3n<br \/>\nde escritores que, sea en Oriente, sea en Occidente, se apartan de la vida social para encerrarse, junto con su biblioteca,<br \/>\nen su estudio. El punto de partida de la verdadera literatura es el ser humano encerrado, a solas, con sus libros.<br \/>\nPronto descubrimos, sin embargo, en ese recinto donde nos hallamos encerrados, que no estamos tan solos como<br \/>\npodr\u00eda creerse. Nos hacen compa\u00f1\u00eda las palabras de otros y las historias de otros, sus libros, todo aquello que llamamos<br \/>\nla tradici\u00f3n literaria. Estoy convencido de que la literatura es el m\u00e1s valioso acervo de materiales que la humanidad<br \/>\nha creado en su esfuerzo por comprenderse a s\u00ed misma. Las sociedades humanas, tribus, naciones, se hacen m\u00e1s<br \/>\ninteligentes, se enriquecen y se elevan en la misma medida en que toman en serio su literatura y escuchan a sus<br \/>\nescritores. Como todos sabemos, las hogueras de libros y las persecuciones contra los escritores han sido el anuncio<br \/>\nde tiempos de tinieblas e irracionalidad para naciones enteras. Pero la literatura nunca es un asunto puramente nacional.<br \/>\nEl escritor que se encierra con sus libros y emprende, antes que nada, el viaje interior, descubre con el correr de los<br \/>\na\u00f1os esta regla imperiosa: la literatura es el arte de narrar nuestra propia historia como si fuera la de otros, y la historia<br \/>\nde otros como si fuera la nuestra. Para lograr esto debemos viajar a trav\u00e9s de las historias y libros de otros.<br \/>\nMi padre ten\u00eda una buena biblioteca, con unos mil quinientos libros, m\u00e1s que suficiente para un escritor. Cuando yo<br \/>\nten\u00eda veintid\u00f3s a\u00f1os no hab\u00eda le\u00eddo quiz\u00e1s todos esos libros, pero a todos los conoc\u00eda, uno por uno, sab\u00eda cu\u00e1les eran<br \/>\nimportantes, cu\u00e1les eran ligeros y f\u00e1ciles de leer, cu\u00e1les eran cl\u00e1sicos, cu\u00e1les eran parte imprescindible de la literatura<br \/>\nuniversal, cu\u00e1les eran testimonios olvidables pero entretenidos de la historia local y cu\u00e1les eran las obras de un escritor<br \/>\nfranc\u00e9s a quien mi padre ten\u00eda en alta estimaci\u00f3n. Yo contemplaba a veces esta biblioteca desde cierta distancia e<br \/>\nimaginaba que un d\u00eda, en una casa propia, tendr\u00eda una biblioteca igual o incluso mejor, y que construir\u00eda para m\u00ed un<br \/>\nmundo de libros. Vista desde la distancia, la biblioteca de mi padre me parec\u00eda en ocasiones una peque\u00f1a imagen de<br \/>\ntodo el mundo real. Pero era un mundo visto desde nuestro \u00e1ngulo de visi\u00f3n, desde Estambul. El contenido de la<br \/>\nbiblioteca daba testimonio de esto. Mi padre la hab\u00eda formado con los libros adquiridos durante sus viajes, sobre todo<br \/>\nen Par\u00eds y en Am\u00e9rica, con los que hab\u00eda comprado en su juventud a libreros que vend\u00edan literatura extranjera en<br \/>\nEstambul durante las d\u00e9cadas de 1940 y 1950, y con los que hab\u00eda continuado adquiriendo en librer\u00edas que yo tambi\u00e9n<br \/>\nconoc\u00eda. Mi mundo es esta mezcla del mundo local, el nacional y el occidental. A partir de la d\u00e9cada de 1970 comenc\u00e9<br \/>\nyo tambi\u00e9n, ambiciosamente, a formar mi propia biblioteca. Aun no me hab\u00eda decidido por completo a convertirme<br \/>\nen escritor. Como he relatado en mi libro Estambul, yo ya hab\u00eda intuido que nunca llegar\u00eda a ser pintor, pero no sab\u00eda<br \/>\ncon exactitud qu\u00e9 camino tomar\u00eda mi vida. Ten\u00eda una curiosidad insaciable y universal, una avidez ingenua y<br \/>\nexcesivamente optimista por leer y aprender; pero al mismo tiempo ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que a mi vida le faltar\u00eda algo<br \/>\ny que yo no podr\u00eda vivir como otros. Esta sensaci\u00f3n, exactamente como la que yo experimentaba al contemplar la<br \/>\nbiblioteca de mi padre, estaba asociada con la idea de encontrarme lejos del centro, esto que los habitantes de Estambul<br \/>\nsent\u00edamos en aquellos tiempos, esta sensaci\u00f3n de vivir en la periferia. Esta era otra circunstancia que aumentaba mi<br \/>\npreocupaci\u00f3n y me hac\u00eda sentir de alg\u00fan modo incompleto, porque yo sab\u00eda muy bien que viv\u00eda en un pa\u00eds que no<br \/>\nvaloraba ni estimulaba a sus artistas -fueran ellos pintores o escritores- y les ofrec\u00eda una vida sin esperanza alguna. En<br \/>\nlos a\u00f1os setenta, como impulsado por un deseo apremiante y angustioso de resolver estas carencias de mi vida, visitaba<br \/>\ncon impaciencia furiosa los atiborrados quioscos y tiendas de libros de Estambul; y cuando compraba a los libreros de<br \/>\nocasi\u00f3n, con el dinero que mi padre me daba, libros descoloridos, manoseados, descuadernados y polvorientos, el<br \/>\nestado lastimoso de estas tiendas de libros usados y el aspecto miserable de los pobres libreros que pon\u00edan sus<br \/>\nmercanc\u00edas en las orillas de las calles, en los patios de la mezquitas y en los nichos de muros en ruinas, la decrepitud<br \/>\ny la pobreza s\u00f3rdida de todos estos lugares me impresionaban tan poderosamente como las hondas vivencias que el<br \/>\ncontenido de esos libros me promet\u00eda.<br \/>\nEn cuanto a mi lugar en el mundo, mi sentimiento fundamental, tanto en la vida como en la literatura, era el de \u201cno<br \/>\nestar en el centro\u201d. En el centro del mundo hab\u00eda una vida m\u00e1s rica y atractiva que la nuestra y, como todos los<br \/>\nhabitantes de Estambul y de toda Turqu\u00eda, est\u00e1bamos excluidos de ella. Hoy me imagino que yo compart\u00eda este<br \/>\nsentimiento con la mayor\u00eda de los habitantes del mundo. Del mismo modo, hab\u00eda una literatura mundial cuyo centro<br \/>\nse hallaba muy lejos de m\u00ed. En realidad yo pensaba m\u00e1s en la literatura occidental que en la literatura universal; pero<br \/>\nnosotros, los turcos, est\u00e1bamos tambi\u00e9n fuera de ella. La biblioteca de mi padre lo confirmaba. De una parte, conten\u00eda<br \/>\nlibros y literatura de Estambul, nuestro mundo local, con la rica diversidad de detalles que amo y nunca he podido<br \/>\ndejar de amar, y de otra parte estaban los libros del mundo occidental que en nada se parec\u00eda al nuestro, diferencia que<br \/>\npara nosotros era tan dolorosa como inspiradora de esperanzas. Escribir y leer era como dejar un mundo para encontrar<br \/>\nel consuelo en la realidad extra\u00f1a, singular y fant\u00e1stica del otro mundo. Yo sent\u00eda que mi padre tambi\u00e9n hab\u00eda le\u00eddo<br \/>\nnovelas para escapar de su vida y huir hacia Occidente, tal como yo lo har\u00eda m\u00e1s tarde. O bien, tal vez me parec\u00eda por<br \/>\nesos d\u00edas que esos libros eran el medio de que nos serv\u00edamos como una cura contra nuestro sentimiento de inferioridad<br \/>\ncultural. No solamente la lectura, tambi\u00e9n el acto de escribir era el pasaje que nos permit\u00eda viajar de nuestra vida en<br \/>\nEstambul a Occidente y participar un poco de ese mundo. Mi padre hab\u00eda viajado a Par\u00eds para poder llenar la mayor\u00eda<br \/>\nde sus cuadernos, se hab\u00eda encerrado en el silencio de su habitaci\u00f3n de hotel y despu\u00e9s hab\u00eda regresado con sus escritos<br \/>\na Turqu\u00eda. Yo sent\u00eda que esto me causaba desasosiego e inquietud cuando fijaba la mirada en el malet\u00edn de mi padre.<br \/>\nDespu\u00e9s de los veinticinco a\u00f1os de aislamiento en mi estudio para realizarme como escritor en Turqu\u00eda, la vista de ese<br \/>\nmalet\u00edn me produc\u00eda irritaci\u00f3n por el hecho de que el oficio del escritor, este ejercicio de escribir libre y sinceramente<br \/>\nlo que hay en nuestro mundo interior, ten\u00eda que ser una ocupaci\u00f3n que se realiza en secreto, fuera de las miradas de la<br \/>\nsociedad, del estado y de la naci\u00f3n. Quiz\u00e1s esta era la principal raz\u00f3n por la cual yo me sent\u00eda enfadado con mi padre,<br \/>\npor no haber tomado la literatura tan en serio como yo lo hac\u00eda.<br \/>\nEn realidad, yo estaba irritado con mi padre porque \u00e9l no hab\u00eda llevado una vida como la m\u00eda, porque \u00e9l hab\u00eda evitado<br \/>\nsiempre hasta el m\u00e1s m\u00ednimo conflicto, independientemente de cu\u00e1l fuera el asunto, porque \u00e9l hab\u00eda vivido sonriendo,<br \/>\nfeliz, entre sus amigos y sus seres amados. Pero en alg\u00fan lugar de mi conciencia yo sab\u00eda que tambi\u00e9n podr\u00eda decir<br \/>\nque estaba \u201cenvidioso\u201d en lugar de \u201cenojado\u201d, que tal vez esa era una palabra m\u00e1s correcta, y eso tambi\u00e9n me<br \/>\ninquietaba. Y entonces, cuando me preguntaba a m\u00ed mismo con mi voz siempre rencorosa y poco razonable: \u201c\u00bfQu\u00e9 es<br \/>\nla felicidad?\u201d \u00bfEs felicidad vivir sentado solo en un cuarto y creer que se vive una vida intelectualmente profunda?<br \/>\n\u00bfO es felicidad llevar una vida agradable en sociedad, creyendo las mismas cosas que todos los dem\u00e1s creen, o<br \/>\nsimulando creerlas? \u00bfEs felicidad, o infelicidad, pasar la vida escribiendo en secreto en un lugar donde nadie puede<br \/>\nverlo a uno, y aparentando en p\u00fablico estar en armon\u00eda con todos a su alrededor? Eran preguntas muy molestas y<br \/>\nextremadamente irritantes para m\u00ed. Por otra parte, \u00bfde d\u00f3nde hab\u00eda sacado yo esta idea de que la felicidad era el criterio<br \/>\nde una buena vida? La gente, los peri\u00f3dicos, todo el mundo actuaba como si la m\u00e1s importante medida de la vida fuera<br \/>\nla felicidad. \u00bfEsto solo no sugiere que valdr\u00eda la pena tratar de averiguar si lo contrario es verdad? \u00bfQu\u00e9 tan<br \/>\nhondamente conoc\u00eda yo a mi padre, a \u00e9l, que se hab\u00eda alejado de nosotros, de su familia, hasta d\u00f3nde pod\u00eda yo decir<br \/>\nque comprend\u00eda su inquietud profunda?<br \/>\nEstos fueron los impulsos que finalmente me hicieron abrir el malet\u00edn de mi padre. \u00bfAcaso hab\u00eda en su vida un secreto,<br \/>\nuna infelicidad que yo desconoc\u00eda, algo que \u00e9l solo pudo hacer soportable verti\u00e9ndolo en sus escritos? En cuanto abr\u00ed<br \/>\nel malet\u00edn evoqu\u00e9 aquellos olores tra\u00eddos en su viajes, reconoc\u00ed varios cuadernos y record\u00e9 que mi padre me los hab\u00eda<br \/>\nmostrado muchos a\u00f1os antes, sin otorgarles mayor importancia. La mayor\u00eda de los cuadernos que yo ahora hojeaba,<br \/>\nuno tras otro, hab\u00edan sido escritos cuando mi padre, joven todav\u00eda, nos hab\u00eda dejado y se hab\u00eda ido a Par\u00eds. Como<br \/>\nsiempre me ocurr\u00eda con respecto a otros escritores que admiraba, cuyas obras y biograf\u00edas hab\u00eda le\u00eddo y conoc\u00eda, yo<br \/>\ndeseaba saber lo que el autor de estos textos hab\u00eda escrito y lo que pensaba cuando ten\u00eda la misma edad m\u00eda. Muy<br \/>\npronto comprend\u00ed que ah\u00ed no iba a encontrar nada de eso. Adem\u00e1s, me produjo gran inquietud encontrar, aqu\u00ed y all\u00e1,<br \/>\nuna voz de narrador que, pensaba yo, no era la voz de mi padre, no era aut\u00e9ntica o por lo menos no pertenec\u00eda a la<br \/>\npersona que yo conoc\u00eda como mi padre. Un miedo intenso se despert\u00f3 entonces en m\u00ed, m\u00e1s fuerte aun que la inquietante<br \/>\ncircunstancia de que mi padre, cuando escrib\u00eda, pudiera no haber sido mi padre. El miedo profundo, \u00edntimo, de no<br \/>\nlograr ser aut\u00e9ntico, hab\u00eda crecido por encima de mis temores de que los escritos de mi padre no fueran buenos o de<br \/>\nconstatar, incluso, que \u00e9l estaba excesivamente influenciado por otros escritores; y este miedo se iba transformando<br \/>\nen una crisis de identidad como aquella tan profunda que en mis a\u00f1os juveniles me hab\u00eda obligado a revisar a fondo<br \/>\ntoda mi existencia, mi vida, mi voluntad de escribir y mi propia producci\u00f3n literaria. Durante mis primeros diez a\u00f1os<br \/>\ncomo novelista yo sent\u00eda estos temores m\u00e1s intensamente, me esforzaba por luchar contra ellos y a veces me aterraba<br \/>\nla idea de que un d\u00eda, as\u00ed como hab\u00eda abandonado la pintura, esta angustia terminar\u00eda por doblegarme y yo dejar\u00eda de<br \/>\nescribir novelas.<br \/>\nYa he mencionado los dos sentimientos esenciales que me invadieron cuando yo cerr\u00e9 y guard\u00e9 el malet\u00edn de mi padre:<br \/>\nla sensaci\u00f3n de vivir en la periferia, lejos del centro, y la angustia de carecer de autenticidad. Esta no era ciertamente<br \/>\nla primera vez que yo experimentaba tan profundamente estos estados de \u00e1nimo. Durante a\u00f1os, en mis lecturas y mi<br \/>\nescritura, yo hab\u00eda estado estudiando e investigando en mi escritorio, descubriendo, ahondando en estas emociones,<br \/>\nen toda su amplitud y sus inesperadas consecuencias, sus interconexiones, sus causas y sus variados matices.<br \/>\nCiertamente mi \u00e1nimo hab\u00eda sido sacudido muchas veces, especialmente en mi juventud, por las confusiones, las<br \/>\nsusceptibilidades y los momentos de tristeza indefinible con que la vida y los libros me aflig\u00edan. Pero fue solamente<br \/>\nescribiendo libros que llegu\u00e9 a comprender a fondo la angustia de la autenticidad (como en Mi Nombre es Rojo y El<br \/>\nLibro Negro) y el sentimiento de vivir en la periferia (como en Nieve y en Estambul). Para m\u00ed, ser un escritor significa<br \/>\nobservar con atenci\u00f3n las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o<br \/>\ncasi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte<br \/>\nconsciente de nuestra escritura y nuestra identidad.<br \/>\nSer escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo,<br \/>\nofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar. El mismo placer sentimos, sin<br \/>\nduda, en el arte de expresar fielmente por escrito lo que sabemos de la realidad. Un escritor que, durante largos a\u00f1os,<br \/>\nencerrado en el silencio de su estudio, ha perfeccionado su arte y ha iniciado la creaci\u00f3n de su mundo comenzando<br \/>\npor sus propias heridas secretas, posee, consciente o inconscientemente, una confianza profunda en la humanidad.<br \/>\nSiempre he albergado en m\u00ed la confianza en que los otros tienen heridas como las m\u00edas y que esta circunstancia ha de<br \/>\nconducir al convencimiento de que todos los seres humanos nos parecemos. Todos los logros genuinos de la literatura<br \/>\nse construyen a partir de esta esperanzadora certeza, de este optimismo infantil, de que todos los seres humanos somos<br \/>\nparecidos. Y esta humanidad en un mundo sin centro, es lo que el escritor que ha trabajado en el aislamiento durante<br \/>\na\u00f1os aspira a alcanzar.<br \/>\nPero como se puede deducir del malet\u00edn de mi padre y de los p\u00e1lidos colores de nuestras vidas en Estambul, el mundo<br \/>\nten\u00eda un centro en alg\u00fan lugar, muy lejos de nosotros. En mis libros he descrito, con cierto detalle, de qu\u00e9 modo este<br \/>\nhecho b\u00e1sico produjo un sentimiento chejoviano de provincianismo y c\u00f3mo, de otro lado, me llev\u00f3 a interrogarme<br \/>\nsobre mi autenticidad. S\u00e9 por experiencia que la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n mundial vive bajo el peso de estos<br \/>\nmismos sentimientos y que muchos sufren tensiones todav\u00eda m\u00e1s desgastadoras y destructivas, como la falta de<br \/>\nconfianza en s\u00ed mismos o el temor de ser sometidos a la humillaci\u00f3n. S\u00ed, los principales problemas de la humanidad<br \/>\nson todav\u00eda la pobreza, el hambre, la falta de vivienda\u2026 Pero hoy los canales de televisi\u00f3n y los peri\u00f3dicos nos<br \/>\ninforman sobre estos problemas fundamentales de un modo m\u00e1s r\u00e1pido y sencillo que la literatura. Lo que la literatura<br \/>\ndebe describir y explorar hoy son las preocupaciones principales de la persona humana: el miedo a la exclusi\u00f3n, a<br \/>\nsentirse insignificante, y los sentimientos de inutilidad que se derivan de esos temores, el orgullo herido de sociedades<br \/>\nenteras, la vulnerabilidad, la angustia de ser objeto de desprecio, todas las formas de la c\u00f3lera, los desaires, los<br \/>\nagravios, las susceptibilidades, las infinitas afrentas imaginarias y sus hermanas, las jactancias nacionalistas, el<br \/>\nengreimiento y la arrogancia\u2026 Semejantes monstruos de la imaginaci\u00f3n, que casi siempre se expresan con un lenguaje<br \/>\nirracional y exageradamente apasionado, salen a mi encuentro cada vez que me asomo a la zona oscura de mi mundo<br \/>\ninterior. A menudo somos testigos de c\u00f3mo las grandes muchedumbres, sociedades y naciones del mundo no<br \/>\noccidental, con las cuales yo puedo identificarme f\u00e1cilmente, caen en las garras del temor que los conduce a cometer<br \/>\nactos insensatos a causa de su vulnerabilidad y de su angustia por temor a ser sometidos a la humillaci\u00f3n. Tambi\u00e9n s\u00e9<br \/>\nque en el mundo occidental, con el cual puedo identificarme con la misma facilidad, existen estados y naciones<br \/>\nimbuidos de un exagerado orgullo por haber producido el Renacimiento, la Ilustraci\u00f3n y la Modernidad, y que en<br \/>\nocasiones caen en una arrogancia que tambi\u00e9n conduce a la insensatez.<br \/>\nAs\u00ed pues, no solamente mi padre, sino todos nosotros, sobreestimamos la idea de que el mundo tiene un centro. Sin<br \/>\nembargo, lo que nos mantiene durante a\u00f1os encerrados en un estudio para escribir, es la confianza contraria; es la<br \/>\ncreencia de que un d\u00eda nuestros escritos ser\u00e1n le\u00eddos y entendidos, porque los seres humanos de todas las regiones del<br \/>\nmundo somos semejantes. Pero yo s\u00e9 por m\u00ed mismo y por lo que mi padre ha escrito, que este es un optimismo cargado<br \/>\nde inquietud, lacerado por la c\u00f3lera de la marginaci\u00f3n y la exclusi\u00f3n. Muchas veces he sentido \u00edntimamente la pasi\u00f3n<br \/>\nde amor y odio que Dostoievsky sinti\u00f3 hacia Occidente durante toda su vida. Pero de \u00e9l aprend\u00ed algo esencial, pues<br \/>\nencontr\u00e9 la verdadera fuente del optimismo en el mundo diferente, extraordinario, que el gran escritor construy\u00f3 a<br \/>\npartir de su relaci\u00f3n de amor-odio y m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites.<br \/>\nTodos los escritores que han consagrado sus vidas a esta tarea conocen esta verdad: cualquiera que sea el motivo<br \/>\noriginal que nos ha impulsado a escribir, el mundo que construimos durante a\u00f1os y a\u00f1os de escritura esperanzada toma<br \/>\nfinalmente forma en un lugar diferente. Desde el escritorio ante el cual nos sentamos a trabajar bajo el influjo de la<br \/>\namargura o de la c\u00f3lera, vamos hallando el sendero hacia un mundo interior totalmente distinto, m\u00e1s all\u00e1 de todas esas<br \/>\nfurias y congojas. \u00bfPodr\u00eda mi padre haber alcanzado, \u00e9l mismo, ese mundo interior? Ese mundo que nos da la sensaci\u00f3n<br \/>\nde haber vivido un milagro, como cuando, despu\u00e9s de una larga traves\u00eda por mar, se diluye la niebla y una isla emerge<br \/>\nante nuestros ojos con todo el esplendor de sus colores. O bien, tal vez sentimos el impacto de la misma fascinaci\u00f3n<br \/>\nque experimentan los viajeros occidentales cuando sus nav\u00edos se aproximan a Estambul y la ciudad surge a su vista al<br \/>\ndisiparse la niebla del amanecer. Al final del largo viaje, iniciado con esperanza y curiosidad, aparece ante ellos una<br \/>\nciudad, un mundo entero con sus mezquitas, sus alminares, sus casas, sus calles empinadas, sus colinas, sus puentes.<br \/>\nComo un lector impaciente que se pierde entre las p\u00e1ginas del libro, el viajero quiere entrar inmediatamente en este<br \/>\nmundo que se abre ante sus ojos y fundirse en \u00e9l. As\u00ed, nos hemos sentado ante una mesa sinti\u00e9ndonos provincianos,<br \/>\nexcluidos, marginados, enojados o profundamente acongojados, y hemos descubierto un nuevo mundo interior que<br \/>\nnos hace olvidar esos sentimientos.<br \/>\nContrariamente a lo que yo sent\u00eda en mi infancia y en mi juventud, para m\u00ed, ahora, el centro del mundo es Estambul.<br \/>\nNo solamente porque yo he vivido all\u00ed toda mi vida, sino porque durante los \u00faltimos treinta y tres a\u00f1os,<br \/>\nidentific\u00e1ndome completamente con la ciudad, he estado describiendo en mis narraciones sus calles, sus puentes, sus<br \/>\ngentes, sus perros, sus casas, sus mezquitas, sus fuentes, sus h\u00e9roes asombrosos, sus tiendas, sus personajes famosos,<br \/>\nsus gentes humildes, sus recovecos oscuros, sus d\u00edas y sus noches. A partir de cierto momento, este mundo que he<br \/>\nimaginado se libera, escapa de mi control y deviene m\u00e1s real que la ciudad en la cual vivo. Entonces parece que todas<br \/>\nesas gentes y calles, esos objetos y edificios, comienzan a hablar los unos con los otros y a construir entre ellos<br \/>\nrelaciones rec\u00edprocas y viven sus propias vidas fuera de mi imaginaci\u00f3n y de mis libros. Este mundo que yo hab\u00eda<br \/>\ncreado, imagin\u00e1ndomelo pacientemente, como quien cava un pozo con una aguja, parece entonces, para m\u00ed, m\u00e1s real<br \/>\nque todo lo dem\u00e1s.<br \/>\nTal vez mi padre tambi\u00e9n hab\u00eda conocido esta felicidad reservada a los escritores que han dedicado tantos a\u00f1os a su<br \/>\noficio; y yo me dec\u00eda que deb\u00eda liberarme de todo prejuicio y mirar el contenido de su malet\u00edn. Despu\u00e9s de todo, \u00e9l<br \/>\nnunca fue un padre imperativo, r\u00edgido, represivo o castigador, sino un padre que siempre me dio libertad y siempre<br \/>\nme trat\u00f3 con sumo respeto, por lo cual yo le guardaba gratitud. A diferencia de muchos amigos de mi infancia y<br \/>\ncompa\u00f1eros de mi juventud, jam\u00e1s tuve miedo de mi padre y a veces cre\u00ed que esta era la causa de que mi imaginaci\u00f3n<br \/>\npudiera funcionar libremente, con desenfreno infantil, y en ocasiones pens\u00e9 sinceramente que pod\u00eda llegar a ser un<br \/>\nescritor porque mi padre quiso convertirse \u00e9l mismo en escritor en su juventud. Deb\u00eda leerlo con buena voluntad y<br \/>\ncomprender lo que hab\u00eda escrito en esas habitaciones de hotel.<br \/>\nCon estos pensamientos optimistas abr\u00ed el malet\u00edn que hab\u00eda permanecido varios d\u00edas all\u00ed donde mi padre lo hab\u00eda<br \/>\ndejado; usando toda mi fuerza de voluntad, le\u00ed algunos manuscritos y cuadernos. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda escrito mi padre?<br \/>\nRecuerdo ahora algunas descripciones de hoteles parisienses, algunos poemas, paradojas, reflexiones\u2026 Me siento<br \/>\nahora como alguien que, despu\u00e9s de un accidente de tr\u00e1fico, solamente tiene recuerdos fragmentarios y se esfuerza<br \/>\npor reconstruir lo sucedido, pero no quiere recordar demasiado.<br \/>\nCuando yo era ni\u00f1o y mi padre y madre estaban a punto de iniciar una disputa, cuando reinaba entre ellos un silencio<br \/>\nmortal y ninguno de los dos pronunciaba una sola palabra, mi padre encend\u00eda la radio para aliviar la tensi\u00f3n de los<br \/>\n\u00e1nimos y la m\u00fasica nos ayudaba a olvidarnos m\u00e1s r\u00e1pidamente de todo el incidente. Perm\u00edtanme cambiar de tema y<br \/>\ndecir unas palabras ligeras que cumplan la funci\u00f3n de esa m\u00fasica. Como ustedes saben, la pregunta que los escritores<br \/>\ndebemos responder con m\u00e1s frecuencia es: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 escribe usted?\u201d \u00a1Escribo porque quiero hacerlo, con toda el<br \/>\nalma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo com\u00fan y corriente. Escribo para que<br \/>\nlibros como los m\u00edos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo.<br \/>\nEscribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente<br \/>\nmodificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa c\u00f3mo yo, c\u00f3mo nosotros en Estambul<br \/>\ny en Turqu\u00eda hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque<br \/>\ncreo m\u00e1s en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un h\u00e1bito, una pasi\u00f3n.<br \/>\nEscribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir<br \/>\nconlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qu\u00e9 estoy furioso con ustedes, con todos.<br \/>\nEscribo porque me gusta ser le\u00eddo. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta p\u00e1gina que<br \/>\nen alg\u00fan momento comenc\u00e9 a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil<br \/>\nen la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendr\u00e1n en los estantes. Escribo porque la vida, el<br \/>\nmundo, todo es incre\u00edblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la<br \/>\nopulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del<br \/>\nsentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jam\u00e1s podr\u00e9 llegar. Escribo porque nunca<br \/>\nhe conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz.<br \/>\nUna semana despu\u00e9s de que mi padre vino a mi estudio y me dej\u00f3 su malet\u00edn, volvi\u00f3 a hacerme otra visita. Trajo,<br \/>\ncomo siempre, una barra de chocolate (hab\u00eda olvidado que yo ten\u00eda 48 a\u00f1os). Como era nuestra costumbre, charlamos<br \/>\nalegremente sobre la vida, la pol\u00edtica y los chismes familiares. En alg\u00fan momento los ojos de mi padre se dirigieron<br \/>\nal rinc\u00f3n donde hab\u00eda dejado su malet\u00edn y not\u00f3 que yo lo hab\u00eda movido de all\u00ed. Nuestras miradas se cruzaron. Se<br \/>\nprodujo un silencio embarazoso. Yo no le dije que hab\u00eda abierto el malet\u00edn y que hab\u00eda intentado leer sus escritos.<br \/>\nRehu\u00ed su mirada. Pero \u00e9l entendi\u00f3. Asimismo, yo comprend\u00ed que \u00e9l hab\u00eda entendido. Y \u00e9l entendi\u00f3 que yo hab\u00eda<br \/>\nentendido que \u00e9l hab\u00eda entendido. Pero todo este intercambio de comprensiones rec\u00edprocas solo dur\u00f3 unos segundos.<br \/>\nPorque mi padre era un hombre seguro de s\u00ed mismo, despreocupado y feliz; como de costumbre, se ech\u00f3 a re\u00edr. Y<br \/>\ncomo siempre lo hab\u00eda hecho cuando sal\u00eda de la casa, tambi\u00e9n esta vez me dijo, con tono paternal, algunas palabras<br \/>\namables y alentadoras.<br \/>\nAl verlo salir sent\u00ed, como de costumbre, envidia de su felicidad y de su comportamiento sin tristezas ni preocupaciones.<br \/>\nPero recuerdo tambi\u00e9n que ese d\u00eda sent\u00ed un \u00edntimo estremecimiento de avergonzada alegr\u00eda. Yo pod\u00eda no ser tan<br \/>\ndespreocupado como \u00e9l; yo pod\u00eda no haber vivido una vida feliz y sin tristezas, como \u00e9l; pero yo hab\u00eda desagraviado,<br \/>\nle hab\u00eda hecho justicia al arte de escribir, y este sentimiento, bueno, ustedes entienden \u2026 Yo estaba avergonzado de<br \/>\nsentir estas cosas con respecto a mi padre. Adem\u00e1s, mi padre, lejos de ser una figura central y represiva en mi vida,<br \/>\nme hab\u00eda dejado siempre en completa libertad. Todo esto nos debe recordar que el arte de escribir y la literatura est\u00e1n<br \/>\n\u00edntimamente ligadas a alguna carencia central en torno a la cual gira nuestra vida, a sentimientos de felicidad y de<br \/>\nculpa.<br \/>\nPero mi historia tiene otra parte, que record\u00e9 de inmediato ese d\u00eda, y cuya simetr\u00eda me produjo un sentimiento de culpa<br \/>\na\u00fan m\u00e1s profundo. Veintitr\u00e9s a\u00f1os antes de que mi padre me dejara su malet\u00edn y cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de que yo tomara<br \/>\nla decisi\u00f3n de convertirme en escritor y abandonar todo lo dem\u00e1s, a la edad de veintid\u00f3s, me encerr\u00e9 en un cuarto y<br \/>\ntermin\u00e9 mi primera novela, Cevdet Bey y sus hijos. Con las manos temblorosas entregu\u00e9 el texto mecanografiado de<br \/>\nla novela in\u00e9dita a mi padre y le ped\u00ed que la leyera y me diera su opini\u00f3n. Su aprobaci\u00f3n era importante para m\u00ed, no<br \/>\nsolamente porque yo confiaba en su inteligencia y en su gusto literario, sino tambi\u00e9n porque \u00e9l, a diferencia de mi<br \/>\nmadre, no se hab\u00eda opuesto a mis planes de convertirme en escritor. Por aquel tiempo mi padre no estaba con nosotros.<br \/>\nEsper\u00e9 con impaciencia su retorno. Cuando lleg\u00f3, dos semanas m\u00e1s tarde, corr\u00ed a abrirle la puerta. Mi padre no dijo<br \/>\nnada, pero me abraz\u00f3 de manera tan especial que yo comprend\u00ed de inmediato: mi libro le hab\u00eda gustado mucho. Durante<br \/>\nun rato nos sumergimos en esa forma de silencio embarazoso que con frecuencia acompa\u00f1a momentos de gran<br \/>\nemoci\u00f3n. Luego, cuando nos tranquilizamos y comenzamos a hablar, mi padre expres\u00f3, con enorme entusiasmo y<br \/>\nexaltadas palabras, su confianza en m\u00ed y en mi primer libro, y luego me dijo, como al pasar, que alg\u00fan d\u00eda yo ganar\u00eda<br \/>\nel premio que ahora, con mucha alegr\u00eda, he venido a recibir.<br \/>\nNo dijo esto por convicci\u00f3n, ni para marcar este premio como una meta hacia la cual deber\u00edan dirigirse los esfuerzos<br \/>\ndel escritor; lo dijo como un padre turco que, para apoyar y estimular a su hijo, le dice: \u201c\u00a1Un d\u00eda ser\u00e1s un pach\u00e1!\u201d Y<br \/>\ndurante a\u00f1os repiti\u00f3 esas palabras cada vez que nos encontr\u00e1bamos, para infundirme \u00e1nimo y confianza.<br \/>\nMi padre muri\u00f3 en diciembre de 2002.<br \/>\nHonorables miembros de la Academia Sueca, que me han otorgado este gran premio y este honor; distinguidos<br \/>\ninvitados: c\u00f3mo me hubiera gustado que mi padre estuviera hoy entre nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MALETA DE MI PADRE Orhan Pamuk Discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de Literatura 2006 ante la Academia Sueca 10 de diciembre de 2006 Dos a\u00f1os antes de su muerte mi padre me entreg\u00f3 un malet\u00edn lleno de sus textos manuscritos y sus cuadernos de notas. Con su habitual aire bromista me dijo, como [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":16056,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-16055","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16055","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16055"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16055\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16057,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16055\/revisions\/16057"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/16056"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16055"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16055"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16055"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}