{"id":16159,"date":"2020-07-05T13:45:16","date_gmt":"2020-07-05T19:45:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16159"},"modified":"2020-07-05T13:45:16","modified_gmt":"2020-07-05T19:45:16","slug":"saturnino-herran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16159","title":{"rendered":"Saturnino Herr\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>A pesar de su corta vida, pues muri\u00f3 a los treinta y un a\u00f1os, en 1918, Saturnino Herr\u00e1n (1887) dej\u00f3 una obra pict\u00f3rica de gran perfecci\u00f3n t\u00e9cnica y expresiva. En este ensayo-cr\u00f3nica se habla de su amistad con Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde, Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, Efr\u00e9n Rebolledo, el autor de \u2018Salamandra\u2019; de la revista \u2018Pegaso\u2019, y de una \u00e9poca de gran trascendencia en la cultura mexicana de principios del siglo pasado. El autor de \u2018Leyenda de los volcanes\u2019, \u2018Tehuana\u2019, \u2018La dama del mant\u00f3n\u2019, \u2018El jarabe\u2019, \u2018La bailadora de jarabe\u2019 y \u2018De feria\u2019 fue finalmente reivindicado como un precursor del muralismo y plumas como la de Carlos Fuentes, Fausto Ram\u00edrez, V\u00edctor Mu\u00f1oz y Luis Carlos Emerich se ocuparon de su obra.<br \/>\nAlguien, quien podr\u00eda ser el narrador, que est\u00e1 escribiendo la novela Salamandra, al cual podr\u00edamos llamar Efr\u00e9n Rebolledo, entra en la Casa de los Azulejos. Es el 24 de noviembre de 1918. La Casa de los Azulejos, hecha con mosaico de talavera poblano, tambi\u00e9n llamada Casa del conde de Orizaba, y desde un a\u00f1o antes, 1917, y lo que es desde entonces y hasta hoy, el restaurante Sanborns. Desde 1881 a 1915 fue la casa del Jockey Club, y luego, brevemente por dos a\u00f1os, la Casa del Obrero Mundial.<\/p>\n<p>Rebolledo, quien fue el primero que escribi\u00f3 los poemas m\u00e1s abiertamente sexuales de la poes\u00eda mexicana (Caro Victrix), va a mirar la primera exposici\u00f3n individual de un pintor muerto hac\u00eda un mes y medio, a quien conoci\u00f3 y trat\u00f3, exposici\u00f3n gestionada por la mano generosa de Federico Mariscal, Carlos Laso y Alberto Gardu\u00f1o.<\/p>\n<p>Asistir a la exposici\u00f3n le servir\u00e1 para despu\u00e9s, en un breve cap\u00edtulo de su cincelada novela Salamandra, describir sucintamente qui\u00e9n era el pintor, el ambiente en la exposici\u00f3n y el sitio y el momento en que se conocen el poeta Eugenio Le\u00f3n y Elena Rivas (modelo, en versi\u00f3n mexicana, de la mujer vamp o la femme fatale o s\u00f3lo la ardorosa y helada salamandra). La relaci\u00f3n de ambos, vanamente amorosa, con sus dolorosos avatares, es el centro de la trama. En los primeros p\u00e1rrafos del tercer cap\u00edtulo el narrador habla de su visita a la exposici\u00f3n:<\/p>\n<p>La casa del Conde de Orizaba abr\u00eda sus pesados batientes adornados con dibujos de sutil cerrajer\u00eda cediendo el paso al p\u00fablico capitalino, que sacudiendo su cr\u00f3nico marasmo, acud\u00eda a la Exposici\u00f3n de Rutilio Incl\u00e1n.<\/p>\n<p>Aunque su personalidad art\u00edstica se destacaba con vigoroso relieve, no era debidamente conocido, por no haber logrado en vida exhibir sus cuadros como era su m\u00e1s vivo anhelo. Adoleci\u00f3 de una enfermedad que lo convirti\u00f3 en una momia con la piel pegada a los huesos, y cuando expir\u00f3, en medio de un optimismo que no lo desampar\u00f3 nunca, su muerte, aunque esperada, produjo la impresi\u00f3n de una tragedia. No era tr\u00e1gico que desapareciera joven, que as\u00ed se van los amados de los dioses, sino que no hubiera realizado la obra para la que se hab\u00eda preparado durante toda su vida laboriosa y recoleta.<\/p>\n<p>Dedic\u00f3 sus contados a\u00f1os al arte, en un medio ingrato donde el artista no es aguijoneado por ning\u00fan est\u00edmulo, y con el oscuro presentimiento de que iba a vivir poco, pint\u00f3 febrilmente, adorando a su joven compa\u00f1era, de quien dej\u00f3 varios retratos, y a su hijo, hermoso como un seraf\u00edn renacentista.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la exposici\u00f3n, se contaba que un ministro hab\u00eda pagado varios \u00f3leos mun\u00edficamente, y que un general hab\u00eda adquirido en subida suma una sola tela. Sus amigos estimaban en un caudal el producto de la venta, y hab\u00edan tasado en altas cifras el \u00faltimo boceto, cerrando los ojos a la indiferencia y ruindad de nuestros ricos.<\/p>\n<p>De un auto que se detuvo ante la fachada de lucida azulejer\u00eda y marcos de labrada chiluca, descendi\u00f3 Elena Rivas, en compa\u00f1\u00eda de Lola Zavala, una amiga con quien sal\u00eda a todas partes, y de Fernando Berm\u00fadez, penetrando en el bello patio colonial, cuyos muros estaban tapizados con los cuadros<br \/>\ndel artista.<\/p>\n<p>Llamaba la atenci\u00f3n el gran n\u00famero de pinturas. Maravillaba hasta a los mismos admiradores de Incl\u00e1n que concurr\u00edan asiduamente al peque\u00f1o estudio de la calle de Mesones. Hab\u00eda bastantes \u00f3leos, pero sobre todo dibujos, porque eran muy caros los colores de aceite. Vista aisladamente, cada obra revelaba caracteres de fuerza; pero la impresi\u00f3n del conjunto era de irremediable abatimiento. Caras de ni\u00f1os tristes, cabezas de viejos apergaminados, cuerpos musculosos de atletas en actitud de vencidos. Aunque la l\u00ednea era firme, era d\u00e9bil el colorido, con predominio del azul y del violeta.<\/p>\n<p>El p\u00fablico discurr\u00eda de un lado a otro, haciendo apreciaciones sobre los cuadros.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTe has fijado en los precios?, pregunt\u00f3 Lola Zavala.<\/p>\n<p>\u2013Muy altos, contest\u00f3 Elena, y sin embargo,<br \/>\nyo querr\u00eda comprar algo; pero todo es de una tristeza que me enferma.<\/p>\n<p>Vamos a tratar de contextualizar lo escrito por Rebolledo acerca de la exposici\u00f3n que, en general, es muy realista. Lo primero que sorprende es el cambio de nombre del artista no muy afortunado. Saturnino Herr\u00e1n se convierte en Rutilio Incl\u00e1n, nombre que parece el de un bur\u00f3crata con el traje gris desgastado por el uso y abuso de la silla en<br \/>\nla oficina.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde, hermano del alma de Saturnino, pese a que codirigi\u00f3 con Rebolledo un a\u00f1o antes la revista Pegaso, no mencion\u00f3 en toda su obra a Rebolledo. No s\u00e9 por qu\u00e9. En poes\u00eda eran esp\u00edritus afines. No escribi\u00f3 una l\u00ednea de los sonetos de Caro Victrix, ni habl\u00f3 de su cuento \u201cLa cabellera\u201d o de su breve novela Salamandra. En Pegaso, uno de los ilustradores fue Saturnino Herr\u00e1n e incluso la portada del primer n\u00famero es un Pegaso hecho por su mano puntual. Con ese caballo alado despega la revista. En su deliciosa cr\u00f3nica \u201cLa Avenida Madero\u201d, Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde escribi\u00f3 refiri\u00e9ndose a la portada: \u201cPegaso vuela sobre la Avenida. Sobre el hormiguero, sobre el espejismo de lujo, sobre los trenes del placer, sobre el azoro forastero, m\u00e9cese Pegaso. Mas, si no lo ayud\u00e1is un poco, azotar\u00e1, alica\u00eddo, como cualquier caballejo de sitio.\u201d Y Pegaso cay\u00f3 alica\u00eddo, como caballejo de sitio, luego de veinte n\u00fameros, pese a reunir a muchas de las mejores plumas de tres promociones: la Revista Moderna, El Ateneo de la Juventud y la nueva camada representada por L\u00f3pez Velarde.<\/p>\n<p>Herr\u00e1n hizo para la revista varias portadas e ilustraciones. Codirigieron los diez primeros n\u00fameros de Pegaso Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, Efr\u00e9n Rebolledo y el joven Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde. Los otros los dirigi\u00f3 Jes\u00fas b. Gonz\u00e1lez. La revista semanal dur\u00f3 del 8 de marzo al 27 de julio de 1917. De cu\u00e1nto Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez apreciaba a Herr\u00e1n como artista baste citar que ilustr\u00f3 cuarto portadas de sus libros de poemas.<\/p>\n<p>Con seguridad Rebolledo trat\u00f3 a Herr\u00e1n en las oficinas de la revista, situada en la calle de Cinco de Mayo 32, edificio de la Bancaria, departamento 406, y habr\u00e1 visitado varias veces su casa, que era tambi\u00e9n estudio, en calle Mesones 82. Unas cinco o seis cuadras desde la oficina a la casa. El estudio de Saturnino, decorado con muy buen gusto, seg\u00fan vemos en un par de fotograf\u00edas de esos a\u00f1os, era lugar de reuni\u00f3n de los amigos.<br \/>\nEl estudio lo presid\u00eda en uno de los muros su bella y sensual pintura la Leyenda de los volcanes. Por Rebolledo, que lo dice l\u00edneas adelante, sabemos que el estudio era peque\u00f1o.<\/p>\n<p>\u201cLa impresi\u00f3n de una tragedia\u201d<\/p>\n<p>\u201cFalto de vanidad y sobrado de orgullo\u201d, defini\u00f3 L\u00f3pez Velarde en 1919 al pintor aguascalentense (\u201cOraci\u00f3n f\u00fanebre\u201d). Herr\u00e1n vendi\u00f3 muy poco en vida. Sab\u00eda del valor de su arte y nunca quiso malbaratarlo ni venderlo a gente que no lo apreciar\u00eda. Hay una foto colectiva de 1917, donde ambos, Efr\u00e9n Rebolledo y Saturnino Herr\u00e1n aparecen en el festejo del primer aniversario de la editorial Cultura. Herr\u00e1n est\u00e1 de perfil. Si no los se\u00f1alan bien en el pie de foto, corren el riesgo de perderse entre los veintitr\u00e9s fotografiados.<\/p>\n<p>Tiene raz\u00f3n Rebolledo cuando en la p\u00e1gina de Salamandra se\u00f1ala que el pintor llev\u00f3, no la vida del solitario, sino una \u201claboriosa y recoleta\u201d. En su breve vida Herr\u00e1n fue hombre de muchos conocidos de fama: poetas, escritores, pintores, acad\u00e9micos y cr\u00edticos de arte.<\/p>\n<p>Se desprende de los p\u00e1rrafos que Rebolledo ten\u00eda una viva estimaci\u00f3n por el artista y la persona. Para la comunidad art\u00edstica fue un duro golpe la muerte de Herr\u00e1n, quien morir\u00eda a los treinta y un a\u00f1os el 8 de octubre de 1918, lo cual producir\u00eda \u201cla impresi\u00f3n de una tragedia\u201d. Ha de ver visto a Saturnino en los \u00faltimos meses porque habla de una enfermedad \u201cque lo convirti\u00f3 en una momia con la piel pegada a los huesos\u201d, o si no, al menos, habr\u00eda enflaquecido en demas\u00eda. No es que Herr\u00e1n no hubiera realizado su obra, como dice Rebolledo; hizo una excepcional, pero muri\u00f3 en el resplandor de sus dones, cuando le quedaban muchas cosas grandes a\u00fan por dibujar o pintar.<\/p>\n<p>Desde luego, en una sociedad capitalista, el artista, salvo grandes excepciones, le toca padecer en \u201cun medio ingrato\u201d. Seguramente, de lo que Herr\u00e1n y su esposa e hijo se mantuvieron en sus a\u00f1os de vida capitalina fue del producto de sus clases como maestro en la Academia de San Carlos. No ha de haber recibido mayor dinero por sus ilustraciones en peri\u00f3dicos y revistas. El narrador menciona afectuosamente a la reci\u00e9n viuda (Rosario Arellano), \u201cla joven compa\u00f1era\u201d, y al hijo (Jos\u00e9 Francisco), quien tendr\u00eda entonces tres a\u00f1os. Habla de pinturas que hizo sobre la esposa, de las cuales son espl\u00e9ndidas, en especial dos, con su intensa luz y la combinaci\u00f3n delicada y exacta del blanco, del turquesa y del rojo: Tehuana y La dama del mant\u00f3n. Son de una excepcional elegancia mexicana.<\/p>\n<p>En efecto, desde el principio, respecto a los precios, amigos y esposa estuvieron de acuerdo en que fueran muy altos, pero s. h. todav\u00eda no era muy conocido y, al no estar en el mercado, se acentuar\u00eda \u201cla indiferencia y la ruindad de nuestros ricos\u201d, para quienes muy por lo regular un cuadro cuesta por la fama del autor y no lo que vale est\u00e9ticamente. El \u00fanico cuadro que se hab\u00eda vendido antes o durante la exposici\u00f3n, La leyenda de los volcanes, lo compr\u00f3 el gobierno de Coahuila, el cual ahora se encuentra en el Ateneo Fuente de Saltillo, muy mal expuesto, y que necesitar\u00eda una esmerada restauraci\u00f3n. Respecto a lo dicho por el narrador de que un ministro hab\u00eda comprado a elevados precios cuadros de Herr\u00e1n, es algo m\u00e1s de o\u00eddas que una realidad. Ese \u00fanico ministro deb\u00eda ser Manuel Aguirre Berlanga, ministro del Interior con Venustiano Carranza, de quien L\u00f3pez Velarde era amigo y asesor, y L\u00f3pez Velarde ha de haber influido para recomend\u00e1rselo con el fin de que la viuda de Herr\u00e1n se allegase alg\u00fan dinero. Por una serie de cartas cruzadas entre Ixca Far\u00edas, director en Guadalajara del reci\u00e9n inaugurado Museo Estatal (ahora Museo Regional), L\u00f3pez Velarde, Jos\u00e9 Guadalupe Zuno y Aguirre Berlanga, entre el 26 de diciembre de 1918 y el 24 de febrero de 1919, sabemos que no se compr\u00f3 ning\u00fan cuadro con dinero del ministerio para darlo al museo por escasez de fondos. En cuanto a lo del general que compr\u00f3 el cuadro debi\u00f3 ser s\u00f3lo un buen deseo.<\/p>\n<p>Si llamaba la atenci\u00f3n del narrador (llam\u00e9moslo Rebolledo) \u201cel gran n\u00famero de pinturas\u201d es porque deber\u00eda estar exhibi\u00e9ndose muy buena parte del acervo de Herr\u00e1n. Tambi\u00e9n debi\u00f3 haber habido un buen n\u00famero de sus soberbios dibujos. Su disc\u00edpulo en la Academia de San Carlos, Antonio Ruiz, el Corsito, escribi\u00f3 en 1949 acerca de c\u00f3mo Herr\u00e1n dibujaba: \u201cEra impresionante ver c\u00f3mo, con un material tan deleznable como el polvo de carb\u00f3n, pudiera corporizar fotogr\u00e1ficamente y llevar en forma gradual los t\u00e9rminos del claro-oscuro con la extraordinaria finura de su tacto.\u201d<\/p>\n<p>En su paseo por la exposici\u00f3n, el autor (llam\u00e9moslo Rebolledo) razona que si se ve\u00eda cada obra aisladamente \u201crevelaba caracteres de fuerza, pero la impresi\u00f3n del conjunto era de irremediable abatimiento\u201d, algo que dice tambi\u00e9n l\u00edneas m\u00e1s adelante la salamandra Elena Rivas. S\u00f3lo parcialmente, decimos. En efecto, hay \u201ccaras de ni\u00f1os tristes, cabezas de viejos apergaminados, cuerpos musculosos de atletas en actitud de vencidos\u201d y aun de gente pobr\u00edsima, como, por ejemplo, los ind\u00edgenas que van a bordo de la canoa en La ofrenda, o los alba\u00f1iles de Labor, o el dram\u00e1tico Ciegos, o El pordiosero; eso no los hace menos magistrales. Rebolledo observa que la \u201cl\u00ednea era firme\u201d y \u201cd\u00e9bil el colorido, con predominio del azul y el violeta\u201d. Sin embargo, o no estaban expuestos en la Casa de los Azulejos o Rebolledo no se detuvo a ver otros que son un viento de vivo color y de viva sensualidad, como Las criollas, especialmente La criolla de la mantilla, donde pint\u00f3 a la bailarina T\u00f3rtola Valencia; o intensamente visuales, que parecen en movimiento, como El jarabe, La bailadora de jarabe y De feria, donde destellan, en un juego prodigioso, la luz y los colores matizados del blanco y el rojo y que contrastan con los colores opacos; o como los antedichos \u00f3leos donde pint\u00f3 a su esposa Rosario.<\/p>\n<p>\u00daltimas im\u00e1genes: la helada y ardiente Elena\u2026<\/p>\n<p>Con todo o contra todo, las de Rebolledo, aun si narradas de manera indirecta en p\u00e1ginas de ficci\u00f3n, son de las primeras apreciaciones de la persona y la obra de Saturnino Herr\u00e1n. Est\u00e1n escritas con conocimiento de la obra y con limpia nobleza. En 1920 Manuel Toussaint redactar\u00eda el primer libro acerca de la obra de Saturnino. Despu\u00e9s, salvo alg\u00fan art\u00edculo aqu\u00ed y all\u00e1, alguna opini\u00f3n aqu\u00ed y all\u00e1, hubo un silencio de d\u00e9cadas. Con todo o contra todo, desde los a\u00f1os noventa destacan excelentes ensayos y estudios, entre otros, de Carlos Fuentes, Fausto Ram\u00edrez, V\u00edctor Mu\u00f1oz y Luis Carlos Emerich. Su nieto, Saturnino Herr\u00e1n Gudi\u00f1o, ha sido fervorosamente su gran divulgador.<\/p>\n<p>Hubo justicia: ahora a Herr\u00e1n se le aprecia como uno de los antecedentes del Muralismo, como impulsor de lo mexicano en el arte, como un devoto de Ciudad de M\u00e9xico \u2013de la que us\u00f3 templos y edificios coloniales como fondo de sus retratos\u2013, y ante todo, como un pintor de singular perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al final del cap\u00edtulo de la breve novela, la salamandra Elena, todav\u00eda en la Casa de los Azulejos, olvidada ya de la exposici\u00f3n, se hace presentar al poeta Eugenio Le\u00f3n, a quien tal vez desde ese momento empieza a pensar c\u00f3mo va a llevarlo al aniquilamiento irremisible. De haber vivido al menos un a\u00f1o m\u00e1s, me figuro que Herr\u00e1n, quien gustaba de la literatura, habr\u00eda le\u00eddo la Salamandra, de Efr\u00e9n Rebolledo con curiosidad atractiva y le habr\u00eda atra\u00eddo el personaje de la helada y ardiente Elena Rivas, y aun acaso la podr\u00eda haber imaginado como un modelo magn\u00edfico para una pintura de intensa sensualidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A pesar de su corta vida, pues muri\u00f3 a los treinta y un a\u00f1os, en 1918, Saturnino Herr\u00e1n (1887) dej\u00f3 una obra pict\u00f3rica de gran perfecci\u00f3n t\u00e9cnica y expresiva. En este ensayo-cr\u00f3nica se habla de su amistad con Ram\u00f3n L\u00f3pez Velarde, Enrique Gonz\u00e1lez Mart\u00ednez, Efr\u00e9n Rebolledo, el autor de \u2018Salamandra\u2019; de la revista \u2018Pegaso\u2019, y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":16160,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-16159","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16159","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16159"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16159\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16161,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16159\/revisions\/16161"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/16160"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16159"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16159"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16159"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}