{"id":16199,"date":"2020-07-09T10:16:17","date_gmt":"2020-07-09T16:16:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16199"},"modified":"2020-07-09T10:16:17","modified_gmt":"2020-07-09T16:16:17","slug":"el-mundo-que-da-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16199","title":{"rendered":"El mundo que da miedo"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mundo que da miedo<\/p>\n<p>Sergio Ram\u00edrez<\/p>\n<p>He vuelto a ver el video donde el tenor polaco Leszek ?widzi?ski canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman m\u00e9dicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los integrantes del coro, vestido de cualquier manera, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, como de otro planeta. El mundo del encierro. Siento que podr\u00eda contemplar la escena desde una de esas ventanas.<\/p>\n<p>El aria de Puccini, ascendiendo hacia el pozo de luz arriba de los edificios grises, suena m\u00e1s triste que nunca. Nadie duerme. Nadie sabr\u00e1 mi nombre. Un beso fantasmal del que nadie sabr\u00e1 nada nunca. Por desgracia hay que morir. Que se vaya la noche. Que se pongan las estrellas. El amanecer ser\u00e1 un triunfo. \u00bfVendr\u00e1 el amanecer?<\/p>\n<p>Me han fascinado esos videos para promover el gusto por la \u00f3pera, donde los cantantes andan por las plazas, loscaf\u00e9s, los centros comerciales, los mercados, disfrazados de paseantes, de empleados y compradores, y de pronto el tenor o la soprano, rompen a cantar, se les junta el coro, van llegando uno a uno los m\u00fasicos con sus instrumentos, y la gente se detiene primero extra\u00f1ada, luego empieza a prestar atenci\u00f3n, hasta que se siente en el concierto.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 otro escenario m\u00e1s espl\u00e9ndido que el caf\u00e9 Iru\u00f1a de Pamplona para elcoro del brindis de La Traviata. Enel mercado de San Ambrosio, en Florencia, la mezzosoprano disfrazada de expendedora de carne se quita el mandil y empieza a cantar una de las arias de Carmen. Un celista toca en solitario en el Crystal Court, un mall de compras de Minneapolis, la gente pone billetes en el sombrero que tiene a sus pies; van llegando m\u00e1s m\u00fasicos, m\u00e1s y m\u00e1s, comenzamos a identificar los acordes de la Oda a la alegr\u00eda, luego la orquesta completa; es la Wayzata Symphony Orchestra y ahora estamos dentro del torbellino ascendente de las voces que reclaman esperanza y contento para la humanidad.<\/p>\n<p>Todos estos conciertos, que han pasado alguna vez por la pantalla de mi tel\u00e9fono celular, son de hace tiempo, 10 a\u00f1os al menos. Es un pasado demasiado remoto, ahora que el tiempo se ha quebrado en astillas y nos cuesta m\u00e1s recomponer el cuadro del pasado, c\u00f3mo fue, qu\u00e9 fuimos, y del futuro s\u00f3lo tenemos una visi\u00f3n borrosa y llena de signos abstractos incomprensibles, como en las pantallas nevadas llenas de ralladuras negras de los viejos televisores cuando se iba la transmisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta ayer mismo ten\u00edamos una idea m\u00e1s o menos razonable del tiempo transcurrido y por transcurrir. En el fondo de nuestras mentes reposaba esa idea silenciosa de que el progreso es ine-vitable, y sin otra cosa que agregar que no fueran exclamaciones de admiraci\u00f3n, ve\u00edamos c\u00f3mo los sistemas y objetos, fruto del af\u00e1n tecnol\u00f3gico y de la capacidad de invenci\u00f3n, se suced\u00edan unos a otros.<\/p>\n<p>Y, sin sorpresa tampoco, \u00edbamos viendo c\u00f3mo las invenciones, tan desconcertantes al llegar a nosotros como novedades, se volv\u00edan obsoletas a una velocidad sorprendente, y, como en ninguna otra etapa de la civilizaci\u00f3n, ten\u00edamos cada uno un cuarto atiborrado de trastos envejecidos prematuramente porque otros, m\u00e1s novedosos a\u00fan, ven\u00edan a reponerlos.<\/p>\n<p>Y el progreso nos conced\u00eda seguridades. Viajar m\u00e1s r\u00e1pido, comunicarnos mejor, resolver todas nuestras necesidades de la vida diaria mediante un peque\u00f1o aparato manual. Y la prolongaci\u00f3n de la vida, sobre todo. Adivinar por adelantado los pasos de la muerte. Medicamentos inteligentes. Cirug\u00edas sobrenaturales. La cota de edad de envejecimiento cada vez m\u00e1s alta. La vejez saludable, sin carencias, empezando por el vigor sexual. Un fetiche benefactor llamado calidad de vida.<\/p>\n<p>Y, de pronto, lo que tenemos es incertidumbre. De la seguridad del progreso que vuela en alas del \u00e1ngel de la historia, hemos pasado a escuchar el fragor del hurac\u00e1n que arrastra esas alas hacia atr\u00e1s, para recordar la reflexi\u00f3n de Walter Benjamin frente al cuadro de Klee.<\/p>\n<p>Sabemos, tambi\u00e9n de pronto, que estamos viviendo el principio de algo todav\u00eda desconocido. No sabemos lo que ser\u00e1, pero s\u00ed sabemos que no ser\u00e1 lo mismo.<\/p>\n<p>Y desesperamos por una vacuna milagrosa. No se sabe cu\u00e1nto tardar\u00e1 en descubrirse y luego fabricarse. Porque pueden pasar a\u00f1os, y, mientras tanto, la inseguridad continuar\u00e1, y no se podr\u00e1 prescindir del distanciamiento como regla de vida. Es otro mundo. El mundo que da miedo.<\/p>\n<p>La gente sale de sus encierros, con la ansiedad de dejar atr\u00e1s la pesadilla. La vida est\u00e1 afuera, esperando. Pero la mano oscura te detiene. Malas noticias. La contaminaci\u00f3n recrudece, la curva no se aplaca, se mueve hacia arriba otra vez, con movimiento de l\u00e1tigo implacable. Los \u00edndices crecen de nuevo en Estados Unidos. Am\u00e9rica Latina es el nuevo centro mundial de la pandemia.<\/p>\n<p>\u00bfVolver\u00e1 el mundo a ser tan seguro como antes, en el sentido de que no le tem\u00edamos al pr\u00f3jimo? Al amigo escritor que ten\u00edas tiempo de no ver, junto al que te sientas en la mesa donde van a presentar juntos un libro, a dialogar sobre literatura. La cajera a quien pagas los libros que has comprado. El chofer del taxi que te lleva al recinto de ferias desde el hotel, a m\u00ed que me gusta sentarme adelante y entretenerme e instruirme en la conversaci\u00f3n con los taxistas, que saben de todo y le mientan la madre al gobierno de turno.<\/p>\n<p>Se acabaron las certezas. Porque llegar\u00e1 un momento en que la pandemia habr\u00e1 dejado de ser una amenaza constante para la mayor\u00eda, que tendr\u00e1 que regresar de cualquier manera a la vida diaria. Pero habr\u00e1 quienes deberemos ser m\u00e1s cautos. Los m\u00e1s vulnerables. Los que estamos en la franja de la tercera edad.<\/p>\n<p>O, en todo caso, si queremos sobrevivir, deberemos aceptar las reglas del claustro, como hac\u00edan los viejos monjes medievales.<\/p>\n<p>San Isidro de la Cruz Verde, julio 2020<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El mundo que da miedo Sergio Ram\u00edrez He vuelto a ver el video donde el tenor polaco Leszek ?widzi?ski canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman m\u00e9dicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los integrantes del coro, vestido de cualquier manera, y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":16200,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-16199","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16199","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16199"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16199\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16201,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16199\/revisions\/16201"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/16200"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16199"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16199"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16199"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}