{"id":16278,"date":"2020-07-20T13:53:55","date_gmt":"2020-07-20T19:53:55","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16278"},"modified":"2020-07-20T13:53:55","modified_gmt":"2020-07-20T19:53:55","slug":"hambre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16278","title":{"rendered":"\u00abHambre\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Hambre<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Dichosos los que no conocemos el hambre. Podemos frecuentar palabras como apetito, gusto o antojo para aludir el acto alimentario, y sazonarlas con hartazgo, satisfacci\u00f3n, deleite y coraz\u00f3n contento. Sin embargo, muchas personas, demasiadas, de hecho, la padecen de manera cotidiana en el largo plazo. Hambre cr\u00f3nica. Tiene muchos rostros, y s\u00f3lo en el extremo de la marginalidad y el abandono consiste en est\u00f3mago vac\u00edo, cuerpo emaciado, un deterioro celular que salte a la vista. Quienes la experimentan pueden ya ni darse cuenta. Aquellos proverbiales ni\u00f1os de Biafra se repiten en Sud\u00e1n, Yemen, Hait\u00ed, las monta\u00f1as de Chiapas y Guerrero. Como tema fotogr\u00e1fico, es uno de los m\u00e1s desgarradores, aun si alcanza la altura del arte, como en Sebastiao Salgado y otros reporteros de la miseria, atrapados en la contradicci\u00f3n de embellecerla al denunciarla. El mirar el dolor de los otros de Susan Sontag. Una contemplaci\u00f3n necesaria, obligatoria incluso, pero de poca utilidad como no sea para ganar cert\u00e1menes internacionales. La culpa no es del fot\u00f3grafo, sino de los responsables del hambre.<\/p>\n<p>En un mismo cuerpo pueden coexistir obesidad y hambre, pues una condici\u00f3n posible del hambriento es consumir materia que hace da\u00f1o o simplemente ataranta a la lombriz sin aportar ning\u00fan nutriente. Chaplin comi\u00e9ndose los zapatos prefigura la chatarra que hoy es masiva, omnipresente y enga\u00f1osa. Cu\u00e1ntos hambrientos en los campos y las ciudades distraen la necesidad de alimento con frituras derivadas del peor ma\u00edz y el petr\u00f3leo, con az\u00facar ap\u00f3crifa, grasas t\u00f3xicas, harinas degradadas y saborizantes artificiales. Con ello logran olvidar, se sienten ah\u00edtos y duermen tranquilos.<\/p>\n<p>Un cuerpo desnutrido se devora a s\u00ed mismo hasta la consunci\u00f3n irreversible, atrofia m\u00fasculos, erosiona mucosas y mata neuronas. La sangre que les corre es casi pura agua. El hambre extrema produce sopor, pereza o alucinaciones. Con la poca fuerza que le queda, el hambriento quiz\u00e1 robe para comer algo, quiz\u00e1 mate sin ser un verdadero criminal. El hambriento de Knut Hamsun describe al detalle la b\u00fasqueda in\u00fatil y la indiferencia necesaria para que el tiempo transcurra. Y cu\u00e1ntos criminales confiesan que en el origen de sus fechor\u00edas est\u00e1n los recuerdos de una infancia con hambre y la determinaci\u00f3n de nunca m\u00e1s tenerla costara lo que costara. Los pol\u00edticos en campa\u00f1a y los gobiernos conocen bien el efecto pan y circo.<\/p>\n<p>El hambre voluntaria o autoinfligida se debe a carencias afectivas o distorsiones en la percepci\u00f3n corporal. El artista del hambre de Franz Kafka puede sentirse perfectamente satisfecho de su ayuno en ejemplar autocastigo, tema definitorio en una obra poblada de procesos, condenas y colonias penitenciarias. A veces el hambre es un arma en el l\u00edmite, como en los presos que se declaran en huelga, dispuestos a morir.<\/p>\n<p>A\u00fan la desnutrici\u00f3n sin esperanza puede agudizarse. Regiones enteras, campamentos de desplazados, barrios depauperados en M\u00e9xico, Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica o Asia caen en hambruna, antesala del exterminio. La sequ\u00eda, el deterioro de suelo y agua y la guerra son madrinas de la inanici\u00f3n extrema.<\/p>\n<p>Ahora mismo, mientras usted lee estas l\u00edneas, hay familias enteras en los Altos de Chiapas, chabolas y favelas, los campos devastados de Matto Grosso do Sul y la Sierra Nevada en condiciones de hambruna. Son datos que abruman estudios y proyecciones de instancias internacionales, organismos civiles y centros acad\u00e9micos De alg\u00fan modo, al devenir informaci\u00f3n o estad\u00edstica, desnaturalizan la urgente gravedad del hambre.<\/p>\n<p>Los poderes ah\u00edtos y pr\u00f3speros son los beneficiarios del hambre, tanto como son sus responsables. La administran. La deciden. Condenan al hambre y la muerte a millones de seres humanos. Los sacrifican pues lo consideran necesario. Recuerdo al inquietante Thiago Cintra, sabio sin inocencia, cuando me describi\u00f3 c\u00f3mo las potencias hab\u00edan concluido que el futuro, para como va, ser\u00eda insostenible, y que los consejos de accionistas ya hab\u00edan decidido: no salvar\u00edan a grandes franjas de \u00c1frica y otras \u00e1reas del sur. Su sacrificio, su hambre, resultar\u00eda indispensable para sostener la riqueza. Se dir\u00e1 que siempre fue as\u00ed, pero s\u00f3lo es ahora que el planeta se aproxima a un s\u00e1lvese quien pueda donde se argumenta, falsamente, que no alcanza para todos.<\/p>\n<p>Estamos ante una farsa genocida, en un mundo donde m\u00e1s de la mitad de los alimentos acaban en la basura pues lo que importa es el mercado, no la distribuci\u00f3n justa. El colapso medioambiental, la destrucci\u00f3n de selvas, el derretimiento de los polos, la devastaci\u00f3n de r\u00edos, el envenenamiento de los oc\u00e9anos y la insaciable extracci\u00f3n minera y petrolera prevalecen sobre millones de personas que, seg\u00fan frase atribuida al Jefe Seattle, saben que el dinero no se come. Sobre todo porque no lo tienen, se los quitan as\u00ed como les arrebataron la tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hambre Hermann Bellinghausen Dichosos los que no conocemos el hambre. Podemos frecuentar palabras como apetito, gusto o antojo para aludir el acto alimentario, y sazonarlas con hartazgo, satisfacci\u00f3n, deleite y coraz\u00f3n contento. Sin embargo, muchas personas, demasiadas, de hecho, la padecen de manera cotidiana en el largo plazo. Hambre cr\u00f3nica. 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