{"id":16397,"date":"2020-08-23T18:09:36","date_gmt":"2020-08-24T00:09:36","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16397"},"modified":"2020-08-23T18:09:36","modified_gmt":"2020-08-24T00:09:36","slug":"la-elegia-libresca-de-alberto-manguel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16397","title":{"rendered":"La Eleg\u00eda libresca de Alberto Manguel"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alejandro Garc\u00eda Abreu<\/p>\n<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>En este ensayo se revela que para el escritor, traductor y editor argentino-canadiense Alberto Manguel (\u00abEn el bosque del espejo\u00bb, \u00abDiario de lecturas\u00bb y \u00abMientras embalo mi biblioteca\u00bb, entre muchos otros t\u00edtulos), vaciar una biblioteca personal y embalar sus libros, por desgarrador que resulte, no es una conclusi\u00f3n.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 los primeros libreros fueron los sacerdotes egipcios que vend\u00edan en sus templos ejemplares del Libro de los muertos a las familias de los difuntos, para guiar al alma en su viaje al m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Alberto Manguel<\/p>\n<p>El embalaje y la muerte<br \/>\nAlberto Manguel (Buenos Aires, 1948) instal\u00f3 su biblioteca en un antiguo presbiterio en el Valle del Loira a comienzos del siglo XXI. \u201cMi compa\u00f1ero y yo elegimos ese lugar porque junto a la casa hab\u00eda un granero, parcialmente derribado siglos atr\u00e1s, lo bastante grande como para albergar mi biblioteca, que para entonces ya ten\u00eda treinta y cinco mil libros. [\u2026] A lo largo de los a\u00f1os, mi compa\u00f1ero cuid\u00f3 el jard\u00edn, plant\u00f3 rosales y un huerto y se ocup\u00f3 de los \u00e1rboles\u201d, escribi\u00f3 Manguel en Mientras embalo mi biblioteca. Una eleg\u00eda y diez digresiones (traducci\u00f3n de Eduardo Hojman, Almad\u00eda, 2017).<\/p>\n<p>Sus editores narran que sinti\u00f3 finalmente que, al igual que sus libros, hab\u00eda encontrado un lugar habitable. \u201cPero la vida le desdijo y su biblioteca est\u00e1 ahora guardada en cajas en un dep\u00f3sito en Canad\u00e1.\u201d El volumen es \u201cun gesto de rebeld\u00eda frente a la amenaza de olvido que supone vaciar los estantes\u201d.<\/p>\n<p>Manguel iba a su torre en Francia, \u201cque estaba adosada al granero, y le\u00eda. S\u00f3lo el canto de los p\u00e1jaros (y, en verano, el zumbido de las abejas) interrump\u00eda el silencio\u201d, se lee en esta eleg\u00eda.<\/p>\n<p>En el libro se lamenta el acontecimiento aciago. Pero en su eleg\u00eda Manguel \u201creivindica con lucidez y sabidur\u00eda la biblioteca que sigue existiendo en la mente del lector, el poder de la palabra y los juegos de asociaciones y recuerdos que los libros, aun encerrados, producen\u201d. Una biblioteca, asevera Manguel, \u201ces una autobiograf\u00eda de muchas capas\u201d.<\/p>\n<p>Establece un s\u00edmil entre el embalaje de los libros y la muerte: \u201cal embalarlos sent\u00eda que ten\u00eda que deducir, como en unos de mis relatos detectivescos, qui\u00e9n era el responsable de ese cad\u00e1ver desmembrado, qu\u00e9 exactamente le hab\u00eda causado la muerte\u201d.<\/p>\n<p>Recuerda lecturas mientras embala su biblioteca: \u201cPara Kafka, el Jard\u00edn del Ed\u00e9n todav\u00eda existe, aunque ya no lo habitemos. Como la Ley ante cuyas puertas espera el protagonista de la f\u00e1bula narrada por el sacerdote en El proceso, el inaccesible Ed\u00e9n permanece abierto para nosotros hasta el momento de nuestra muerte. Vladimir Nabokov, sagaz lector de La metamorfosis, reconoci\u00f3 en ese relato fant\u00e1stico una descripci\u00f3n de nuestro destino cotidiano.\u201d<\/p>\n<p>Los elegidos de Borges<br \/>\nEn \u201cLas librer\u00edas de mi vida\u201d, ensayo publicado en Babelia el 23 mayo de 2020, Manguel confiesa: \u201cFue en Pigmali\u00f3n [librer\u00eda bonaerense de los a\u00f1os sesenta] que Borges me propuso que viniese a leerle por las noches los cuentos de Kipling, de Stevenson y de Henry James. Supe m\u00e1s tarde que Borges quer\u00eda revisitar los cuentos que \u00e9l consideraba obras maestras antes de volver a escribir las ficciones que llevar\u00edan el nombre de El informe de Brodie y El libro de arena. Para estudiar esos cuentos, necesitaba los ojos de otros. Yo fui uno de los muchos elegidos pero, con la arrogancia de un adolescente, cre\u00ed que yo le estaba haciendo un favor a un viejito ciego. Escuchar a Borges comentar esas lecturas fue quiz\u00e1 la lecci\u00f3n m\u00e1s importante en mi vida de lector.\u201d<\/p>\n<p>La \u201cD\u00e9cima digresi\u00f3n\u201d de Mientras embalo mi biblioteca presenta una certidumbre: \u201cla literatura nos recuerda que [las] cualidades humanas est\u00e1n all\u00ed, siguiendo nuestros horrores con la misma certeza con que el nacimiento sucede a la muerte\u201d. El destino cotidiano puede ser literario.<\/p>\n<p>\u201cSin embargo, puedo decir lo siguiente: vaciar una bi\u00adblioteca, por desgarrador que sea, y embalar sus libros, por injusto que se considere, no tiene que verse como una conclusi\u00f3n. Hay nuevos \u00f3rdenes posibles en las sombras, secretos pero impl\u00edcitos, que se hacen evidentes s\u00f3lo cuando se desmontan los anteriores. Nada que importe puede reemplazarse de verdad. Cada p\u00e9rdida (al menos parcialmente) es para toda la eternidad. La repetici\u00f3n implica variaci\u00f3n, preguntas nuevas, un cierto grado de cambio, incluso aunque gran parte siga siendo la misma, como nuestros rasgos en el espejo\u201d, afirma Manguel en Mientras embalo mi biblioteca.<\/p>\n<p>Suscribo el planteamiento del autor: \u201cCada p\u00e9rdida (al menos parcialmente) es para toda la eternidad.\u201d Cuando conversamos Manguel y yo, el ep\u00edlogo de Borges a El hacedor \u2013firmado en Buenos Aires en 1960\u2013 resulta un tema primordial: \u201cUn hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los a\u00f1os puebla un espacio con im\u00e1genes de provincias, de reinos, de monta\u00f1as, de bah\u00edas, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de l\u00edneas traza la imagen de su cara.\u201d El grado de la p\u00e9rdida est\u00e1 en el n\u00famero de cicatrices en el rostro \u2013f\u00edsicas o simb\u00f3licas\u2013 que uno puede percibir en su propio reflejo.<\/p>\n<p>VERSI\u00d3N PDF<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Alejandro Garc\u00eda Abreu La Jornada Semanal En este ensayo se revela que para el escritor, traductor y editor argentino-canadiense Alberto Manguel (\u00abEn el bosque del espejo\u00bb, \u00abDiario de lecturas\u00bb y \u00abMientras embalo mi biblioteca\u00bb, entre muchos otros t\u00edtulos), vaciar una biblioteca personal y embalar sus libros, por desgarrador que resulte, no es una conclusi\u00f3n. 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