{"id":16418,"date":"2020-08-23T18:52:06","date_gmt":"2020-08-24T00:52:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16418"},"modified":"2020-08-23T18:52:06","modified_gmt":"2020-08-24T00:52:06","slug":"san-petersburgo-1917","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16418","title":{"rendered":"San Petersburgo 1917"},"content":{"rendered":"<p>Tom\u00e1s Dom\u00ednguez<\/p>\n<p>(apro).-<\/p>\n<p>Enzo Traverso se form\u00f3 en la Universidad de G\u00e9nova, Italia, pero apenas concluidos sus estudios como historiador viaj\u00f3 a Francia para continuar su carrera acad\u00e9mica. A partir de 2014 y hasta ahora vive en Estados Unidos, donde ejerce la c\u00e1tedra en la Universidad Cornell.<\/p>\n<p>Sus estudios est\u00e1n marcados por la impronta de la Escuela de Frankfurt, de ah\u00ed su pasi\u00f3n por los aportes de intelectuales judeo-alemanes como Hannah Arendt, Sigfried Kracauer y Walter Benjamin. El texto que se presenta a continuaci\u00f3n est\u00e1 compuesto por fragmentos del cap\u00edtulo 20 del libro La Revoluci\u00f3n rusa cien a\u00f1os despu\u00e9s, volumen de reciente aparici\u00f3n bajo el sello de editorial Akal de Madrid, Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Juan Andrade y Fernando Hern\u00e1ndez S\u00e1nchez, compiladores de los 20 trabajos, someten el asalto al Palacio de Invierno de San Petersburgo, el 7 de noviembre de 1917 \u2013seg\u00fan el calendario Juliano vigente entonces en Rusia\u2013, a un ejercicio de retrodicci\u00f3n, concepto actual para revisar el pasado.<\/p>\n<p>El ensayo de Traverso se ofrece en partes a los lectores de Apro, pues el tema y su tratamiento lo ameritan.<\/p>\n<p>\u201cHistorizando el comunismo\u201d<\/p>\n<p>Durante un siglo, en todo el mundo, la mayor parte de la izquierda \u2013mucho m\u00e1s all\u00e1 de los movimientos comunistas oficiales\u2013 percibi\u00f3 la Revoluci\u00f3n de Octubre de una forma similar: como la imagen emblem\u00e1tica de las aspiraciones ut\u00f3picas y la prueba irrefutable de una visi\u00f3n teleol\u00f3gica que postulaba el socialismo como el final natural de la historia.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n opuesta presentaba a los bolcheviques como encarnaci\u00f3n de las potencialidades totalitarias de la modernidad. Tras la consolidaci\u00f3n de la URSS en la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1920, se abandonaron las descripciones iniciales \u2013debidas a la pluma de Churchill\u2013 de una manada de babuinos saltando sobre un campo de ruinas y cr\u00e1neos, pero el comunismo sigui\u00f3 apareciendo como una patolog\u00eda peligrosa de las sociedades modernas. Para muchos pensadores conservadores, desde Isaiah Berlin hasta Martin Malia, desde Karl Popper hasta Richard Pipes, era una especie de \u201cideocracia\u201d, el inevitable resultado de la transformaci\u00f3n coercitiva de la sociedad siguiendo un modelo abstracto y autoritario.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esa convicci\u00f3n de la derecha, la voluntad de crear una comunidad de iguales engendra una sociedad de esclavos. Fran\u00e7ois Furet, por poner un ejemplo, rechaz\u00f3 la \u201cpasi\u00f3n\u201d comunista junto con su ideolog\u00eda y las conect\u00f3 a la locura original de la propia Revoluci\u00f3n, estableciendo una trayectoria lineal desde el Terror jacobino al Gulag sovi\u00e9tico: \u201cHoy el Gulag conduce a un replanteamiento del Terror precisamente porque los dos proyectos se entienden como id\u00e9nticos\u201d.<\/p>\n<p>(\u2026) Varias d\u00e9cadas despu\u00e9s de su agotamiento, la experiencia comunista no necesita ser defendida, idealizada o demonizada; merece ser entendida cr\u00edticamente como un todo, como una totalidad dial\u00e9ctica configurada por tensiones y contradicciones internas, que presenta m\u00faltiples dimensiones en un vasto espectro de colores que va desde el impulso redentor hasta la violencia totalitaria, desde la democracia participativa y la deliberaci\u00f3n colectiva hasta la opresi\u00f3n ciega y el exterminio masivo, desde la imaginaci\u00f3n m\u00e1s ut\u00f3pica hasta la dominaci\u00f3n m\u00e1s burocr\u00e1tica, pasando a veces de una a otra en un corto lapso de tiempo. En 1991, escribiendo un nuevo prefacio al informe autobiogr\u00e1fico de su ruptura con el Partido Comunista Franc\u00e9s, Edgar Morin propuso una definici\u00f3n del estalinismo que capta al mismo tiempo la complejidad y el car\u00e1cter contradictorio de la experiencia comunista: fue, escrib\u00eda, \u201cel monstruoso paso de una gigantesca aventura para cambiar el mundo\u201d.<\/p>\n<p>El asalto al Palacio de Invierno en una pintura de Ivan Vladimirov.<br \/>\nEl asalto al Palacio de Invierno en una pintura de Ivan Vladimirov.<br \/>\nInevitablemente, ese momento de pesadilla dejaba en la sombra al resto, y de hecho a todo el siglo XX, pero esa aventura hab\u00eda comenzado antes y continu\u00f3 despu\u00e9s de la ca\u00edda del socialismo real.<\/p>\n<p>As\u00ed, historizar el comunismo significa inscribirlo en esa \u201cgigantesca aventura\u201d, tan antigua como el propio capitalismo. El comunismo era un camale\u00f3n que no pod\u00eda ser aislado como una experiencia insular o separado de sus precursores y herederos.<\/p>\n<p>El comunismo surgi\u00f3 de la Revoluci\u00f3n de Octubre, que fue todo un proceso, aunque no reprodujo la visi\u00f3n evolutiva de Gibbon del Imperio romano: or\u00edgenes, ascenso y ca\u00edda. Ni su surgimiento ni su conclusi\u00f3n eran inevitables, a pesar de sus premisas hist\u00f3ricas, y muchos de sus virajes resultaron de circunstancias inesperadas. Lejos de ser lineal, su trayectoria fue quebrada, marcada por roturas y bifurcaciones. Incluye insurgencias desde abajo y cambios radicales \u201cdesde arriba\u201d, saltos y regresiones termidorianas que una visi\u00f3n retrospectiva podr\u00eda inscribir en una sola secuencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Lenin y Stalin no eran iguales, insiste Sheila Fitzpatrick, pero pertenecen al mismo proceso: \u201cLas guerras revolucionarias de Napole\u00f3n pueden ser incluidas en nuestra concepci\u00f3n general de la Revoluci\u00f3n francesa, aunque no las veamos como encarnaci\u00f3n del esp\u00edritu de 1789; y un enfoque similar parece leg\u00edtimo en el caso de la Revoluci\u00f3n rusa\u201d. En su libro, la Revoluci\u00f3n rusa se desarrolla desde febrero de 1917 hasta las grandes purgas de 1936-1938. Creyendo en una posible \u00abregeneraci\u00f3n\u00bb de su esp\u00edritu original, Isaac Deutscher extendi\u00f3 el proceso hasta la desestalinizaci\u00f3n de 1956.<\/p>\n<p>Hoy podemos f\u00e1cilmente reconocer que su diagn\u00f3stico era incorrecto, pero su percepci\u00f3n de un movimiento en marcha era compartida por millones de personas en todo el mundo. La visi\u00f3n binaria de un bolchevismo revolucionario opuesto a una contrarrevoluci\u00f3n estalinista permite distinguir entre violencia emancipatoria y represi\u00f3n totalitaria, pero esconde las conexiones que las unen y se arriesga a resultar tan est\u00e9ril como la interpretaci\u00f3n conservadora de una continuidad sustancial desde Lenin hasta Gorbachov, enraizada en las bases ideol\u00f3gicas de la URSS.<\/p>\n<p>Entender el comunismo como una experiencia hist\u00f3rica global requiere distinguir entre movimientos y reg\u00edmenes \u2013como recomend\u00f3 Renzo De Felices para la interpretaci\u00f3n del fascismo italiano\u2013, sin separarlos: los movimientos no s\u00f3lo se convirtieron en reg\u00edmenes, sino que estos \u00faltimos mantuvieron un v\u00ednculo simbi\u00f3tico con los primeros, que orientaron sus proyectos y acciones. El partido bolchevique anterior a 1917, compuesto en su mayor\u00eda por intelectuales y parias exiliados, parece un universo muy alejado del gigantesco aparato burocr\u00e1tico que dirigi\u00f3 la URSS durante las d\u00e9cadas siguientes.<\/p>\n<p>Son dos mundos diferentes, pero muchos hilos los conectan. Esto no afecta exclusivamente a la historia del bolchevismo ruso, sino m\u00e1s bien a la historia del comunismo en su conjunto, al menos durante sus primeras d\u00e9cadas. Mientras que en la URSS Stalin decidi\u00f3 eliminar a la vieja guardia bolchevique y m\u00e1s all\u00e1 (se estiman medio mill\u00f3n de ejecuciones en la segunda mitad de la d\u00e9cada de 1930 y durante la de 1940), los comunistas dirigieron movimientos de resistencia contra el fascismo en Europa occidental y organizaron una de las experiencias revolucionarias m\u00e1s \u00e9picas del siglo XX con la Larga Marcha a trav\u00e9s de China (1934-1935). Muchos l\u00edderes comunistas, desde Palmiro Togliatti hasta Otto Braun, desde Gueorgui Dimitrov hasta M. N. Roy y Ho Chi Minh, vivieron o se formaron en Mosc\u00fa.<\/p>\n<p>Como muchos otros \u201cismos\u201d de nuestro l\u00e9xico pol\u00edtico y filos\u00f3fico, el comunismo es una palabra ambigua. Hist\u00f3ricamente entendida, no es ni un tipo ideal ni realmente un concepto, sino m\u00e1s bien una met\u00e1fora de m\u00faltiples eventos y experiencias. Su ambig\u00fcedad no reside exclusivamente en la distancia que separa la idea comunista \u2013elaborada por muchos pensadores ut\u00f3picos hasta Marx\u2013 de sus encarnaciones hist\u00f3ricas. Radica en la extrema diversidad de sus expresiones. No s\u00f3lo porque los comunismos ruso, chino o italiano eran diferentes, sino tambi\u00e9n porque a largo plazo muchos movimientos comunistas cambiaron profundamente, a pesar de mantener los mismos l\u00edderes y referencias ideol\u00f3gicas. Considerado como un todo, el comunismo parece m\u00e1s bien un mosaico de comunismos. Dibujando su \u201canatom\u00eda\u201d se pueden distinguir al menos cuatro formas amplias de comunismo, interrelacionadas y no necesariamente opuestas entre s\u00ed, pero lo suficientemente diferentes como para ser reconocidas como tales: el comunismo como revoluci\u00f3n; el comunismo como r\u00e9gimen; el comunismo como anticolonialismo; y, finalmente, el comunismo como una variante de la socialdemocracia.<\/p>\n<p>La Revoluci\u00f3n de Octubre era su matriz com\u00fan. Esto no significa que todas ellas tengan un origen ruso, en la medida en que el propio bolchevismo fue producto de un proceso hist\u00f3rico global; pero s\u00ed significa que todas las formas del comunismo del siglo xx estaban relacionadas con la Revoluci\u00f3n rusa, el gran acontecimiento hist\u00f3rico en el que reconoc\u00edan su punto de partida y su epifan\u00eda.<\/p>\n<p>(\u2026) La Revoluci\u00f3n rusa se gest\u00f3 durante la Gran Guerra. Fue el producto del colapso del \u201clargo siglo XIX\u201d, la era de los \u201ccien a\u00f1os de paz\u201d, como dijo Karl Polanyi, y el v\u00ednculo simbi\u00f3tico entre la guerra y la revoluci\u00f3n configur\u00f3 toda la trayectoria del comunismo durante el siglo XX. La Comuna de Par\u00eds, nacida de la Guerra franco-prusiana de 1870, hab\u00eda sido precursora de la pol\u00edtica militarizada, como insist\u00edan a menudo muchos pensadores bolcheviques; pero la Revoluci\u00f3n de Octubre la ampli\u00f3 a una escala incomparablemente mayor: la Guardia Nacional no era el Ej\u00e9rcito Rojo y los veinte distritos de la capital francesa no pod\u00edan compararse con el Imperio zarista.<\/p>\n<p>La Primera Guerra Mundial transform\u00f3 al propio bolchevismo, que cambi\u00f3 muchas de sus caracter\u00edsticas: varias obras can\u00f3nicas de la tradici\u00f3n comunista como La revoluci\u00f3n proletaria y el renegado Kautsky (1918) de Lenin o Terrorismo y comunismo de Le\u00f3n Trotsky (1920) habr\u00edan sido inimaginables antes de 1914. As\u00ed como 1789 dio pie a un nuevo concepto de revoluci\u00f3n, que ya no ten\u00eda que ver principalmente con una rotaci\u00f3n astron\u00f3mica, sino con una ruptura social y pol\u00edtica, Octubre de 1917 la reformul\u00f3 en t\u00e9rminos militares: crisis del viejo orden, movilizaci\u00f3n masiva, dualidad de poder, insurrecci\u00f3n armada, dictadura proletaria, guerra civil y choque violento con la contrarrevoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Estado y la revoluci\u00f3n de Lenin (1917) formaliz\u00f3 el bolchevismo como ideolog\u00eda (una interpretaci\u00f3n de las ideas de Marx) y como un conjunto de preceptos estrat\u00e9gicos que lo distingu\u00edan del reformismo socialdem\u00f3crata, una pol\u00edtica perteneciente a la agotada era del capitalismo del siglo XIX. El bolchevismo emergi\u00f3 de una \u00e9poca de brutalizaci\u00f3n de la cultura y la pol\u00edtica, en la que la guerra irrumpi\u00f3 en la pol\u00edtica, cambiando su lenguaje y su pr\u00e1ctica. Fue un producto de la transformaci\u00f3n antropol\u00f3gica que, como dec\u00eda George L. Mosse, configur\u00f3 el viejo continente al final de la Gran Guerra. Ese c\u00f3digo gen\u00e9tico del bolchevismo era visible en todas partes, de los textos a las lenguas, de la iconograf\u00eda a las canciones, de los s\u00edmbolos a los rituales. Sobrevivi\u00f3 a la Segunda Guerra Mundial y se mantuvo pujante en los movimientos rebeldes de los a\u00f1os setenta, cuyos lemas y liturgias insist\u00edan obsesivamente en la idea de un choque violento contra el Estado.<\/p>\n<p>El bolchevismo cre\u00f3 un paradigma militar de la revoluci\u00f3n que marc\u00f3 a fondo la historia de los comunismos en todo el planeta. La resistencia europea, as\u00ed como los brotes socialistas en China, Corea, Vietnam y Cuba, reprodujeron un v\u00ednculo simbi\u00f3tico similar entre la guerra y la revoluci\u00f3n, de manera que el movimiento comunista internacional acab\u00f3 entendi\u00e9ndose como un ej\u00e9rcito revolucionario formado por millones de combatientes, y esto tuvo consecuencias inevitables en t\u00e9rminos de organizaci\u00f3n, autoritarismo, disciplina, reparto de tareas y, por \u00faltimo, pero no menos importante, de jerarqu\u00edas de g\u00e9nero. En un movimiento de guerreros, las l\u00edderes femeninas s\u00f3lo pod\u00edan ser excepciones. Ni siquiera Gramsci, que trat\u00f3 de cuestionar el paradigma bolchevique para la revoluci\u00f3n en Occidente, eludi\u00f3 un marco te\u00f3rico militar en el que distingu\u00eda entre la \u201cguerra de movimientos\u201d y la \u201cguerra de posiciones\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tom\u00e1s Dom\u00ednguez (apro).- Enzo Traverso se form\u00f3 en la Universidad de G\u00e9nova, Italia, pero apenas concluidos sus estudios como historiador viaj\u00f3 a Francia para continuar su carrera acad\u00e9mica. A partir de 2014 y hasta ahora vive en Estados Unidos, donde ejerce la c\u00e1tedra en la Universidad Cornell. 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