{"id":16504,"date":"2020-08-30T11:10:47","date_gmt":"2020-08-30T17:10:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16504"},"modified":"2020-08-30T11:10:47","modified_gmt":"2020-08-30T17:10:47","slug":"fracmento-de-carta-a-un-viejo-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16504","title":{"rendered":"Fracmento de \u00abCarta a un viejo poeta\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>En 1993, el fil\u00f3sofo, poeta y ensayista Santiago Kovadloff le dedic\u00f3 unas sentidas y elaboradas palabras a Jorge Luis Borges, en ocasi\u00f3n de la reedici\u00f3n de \u201cFervor de Buenos Aires\u201d, que hab\u00eda sido publicado en 1923 y reformulado por el propio Borges en 1969. Aqu\u00ed reproducimos un fragmento de la carta.<\/p>\n<p>Hace ya alg\u00fan tiempo que circula entre nosotros la edici\u00f3n facsimilar en dos vol\u00famenes del libro \u201cFervor de Buenos Aires\u201d. Uno de ellos lo reproduce tal como apareci\u00f3 en 1923. El otro contiene las correcciones introducidas por Borges en el a\u00f1o 1969. No fueron estos los primeros ni los \u00faltimos retoques estimados por Borges como indispensables. Pero ya son, qu\u00e9 duda cabe, los del escritor consumado.<\/p>\n<p>La reedici\u00f3n de la obra, setenta a\u00f1os despu\u00e9s de su aparici\u00f3n, fue concebida y espl\u00e9ndidamente realizada por Alberto Casares. En su librer\u00eda de la calle Suipacha tuvo lugar, el 22 de diciembre de 1993, la presentaci\u00f3n de ese notable tributo bibliogr\u00e1fico que Borges no hubiera vacilado en calificar como excesivo. La carta que sigue fue le\u00edda por m\u00ed en esa ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cQuerido Borges:<\/p>\n<p>Perm\u00edtale a un desconocido que lo llame as\u00ed. Le debo, como tantos argentinos, la emoci\u00f3n y aun el asombro de haberme reconciliado conmigo en muchas de sus palabras.<\/p>\n<p>Hay algo que se me impone decirle inicialmente. Solo los hombres como usted -y no los hombres como yo- son verdaderamente mortales. Los hombres como yo somos eternos. Nada esencial nos distingue a unos de otros y, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, nos sucedemos asegurando, con la terca monoton\u00eda que a todo le imprime nuestra irremediable trivialidad, la subsistencia tenaz de un prototipo: el del hombre sin relieve, el del hombre ajeno a la bendici\u00f3n y al tormento de la singularidad. (\u2026)<\/p>\n<p>En cambio a usted, Borges, le ha tocado morir. Ha muerto porque solo muere lo excepcional. Por eso, cuando alguien como usted nos deja -y rara vez nos deja alguien como usted-, el misterio que envuelve esa presencia tan prodigiosa como infrecuente a la que llamamos esp\u00edritu, resalta con una intensidad profunda y dolorosa.<\/p>\n<p>S\u00e9 que tambi\u00e9n usted ha pensado en la inmortalidad como atributo menor, como rasgo distintivo de lo impersonal, como victoria indigna de lo aut\u00e9nticamente grande.<\/p>\n<p>Lo grande siempre es moment\u00e1neo. Un lapsus contundente de lo usual y lo constante. (\u2026) Lo grande es \u00fanico como un verdadero amor y usted ha sido grande y por ello su muerte fue real.<\/p>\n<p>Una y otra vez me lo repito: alguien llamado Jorge Luis Borges efectivamente muri\u00f3. Su desaparici\u00f3n nos llena a\u00fan de congoja. \u00bfY sabe usted por qu\u00e9? Porque en ella adivinamos tanto el f\u00e9rreo destino que gobierna a lo verdaderamente vivo, como la pavorosa eternidad que nos aguarda a quienes no hemos sido como usted.<\/p>\n<p>Si estuviera usted esta noche con nosotros seguramente evocar\u00eda a Her\u00e1clito, el que supo distinguir entre hombres dormidos y despiertos. A usted le toca cargar con el imperativo de la vigilia y ser, entre nosotros, uno de esos contados hombres despiertos.<\/p>\n<p>He pensado tambi\u00e9n con frecuencia que su ceguera fue la piadosa ofrenda que nos hizo su humildad para que nadie entre nosotros advirtiera que por nuestras calles y por nuestro tiempo marchaba un hombre que todo lo ve\u00eda. (\u2026)<\/p>\n<p>Hemos sido contempor\u00e1neos de Borges como otros lo han sido de S\u00f3focles y de Dante, de Shakespeare y de Pascal, de Cam\u00f5es y de Goethe. Oscuramente presentimos que en su palabra algo perdurar\u00e1 de lo que fuimos, que en ella encuentra albergue y sustento lo que en la nuestra no fue m\u00e1s que efervescencia y vana compulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto hemos sido: contempor\u00e1neos de Borges. Nos fue dado saber de un escritor mayor en forma directa, di\u00e1fana, palpable.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n no tuvo trato con usted? \u00bfQui\u00e9n no reconoci\u00f3 en su acento nuestro acento? \u00bfEn sus calles evocadas nuestras calles? \u00bfEn su idioma el esplendor de un castellano que supo ser el nuestro? Su obra ha hecho de Buenos Aires una met\u00e1fora m\u00e1s de lo universal; un nombre m\u00e1s entre los nombres ineludibles que retratan el v\u00ednculo de nuestro tiempo con los dilemas de la verdad.<\/p>\n<p>A veces una muda emoci\u00f3n puede ser la forma m\u00e1s \u00edntima de la gratitud. Usted, Borges, ha sido real y por usted hemos dejado nosotros de estar \u00fanicamente inscriptos en esa cruenta irrealidad que es la intrascendencia expresiva. Usted ocurri\u00f3 entre nosotros. Hubo aqu\u00ed una vez un hombre llamado Jorge Luis Borges. Usted nunca supo qui\u00e9n fue. Nosotros, en cambio, bien sabemos que usted fue por todos nosotros.<\/p>\n<p>Releyendo en la vejez las p\u00e1ginas del libro cuya reedici\u00f3n hoy celebramos, usted se persuadi\u00f3 de que ellas conten\u00edan todo su futuro. Que la vida de un escritor, cuando es afortunada, constituye siempre el despliegue de una primera y radical intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>Si ello es as\u00ed, habr\u00e1 que admitir que, a medida que un autor cabal envejece como hombre, va alcanzando, como creador, una lozan\u00eda creciente, una vitalidad expresiva que en \u00e9l no se advert\u00eda en los a\u00f1os de juventud. De hecho, el lenguaje de \u201cFervor de Buenos Aires\u201d era, en 1923, infinitamente menos borgeano que el suyo y, por eso mismo, m\u00e1s viejo que en 1969, fecha en la que usted decidi\u00f3 enmendar la versi\u00f3n inicial del libro. As\u00ed fue como el joven Borges, a los setenta a\u00f1os, salv\u00f3 a su libro de los riesgos de extinci\u00f3n que lo amenazaban al haber sido escrito por un anciano poeta de algo m\u00e1s de veinte. Sin embargo ya hay un rasgo, en ese muchacho de 1923, que en usted se sostuvo para siempre. A ese rasgo lo llamar\u00eda yo, impulsado por el acoso de las definiciones, su manera sustantiva de ver. Esa que ya entonces le aseguraba que, al mirar la pampa, hab\u00eda visto usted \u00abel \u00fanico lugar de la tierra donde puede caminar Dios a sus anchas\u00bb. A los setenta a\u00f1os, su frescura expresiva expurga de abusos y propuestas esclerosadas el lenguaje de aquel jovencito que, m\u00e1s all\u00e1 de sus desmesuras, era ya el autor de sus libros (\u2026).<\/p>\n<p>Que yo sepa, usted nunca manifest\u00f3 admiraci\u00f3n por Hegel. Sin embargo, esta convicci\u00f3n -la de que, de alg\u00fan modo, lo que habremos de ser est\u00e1 ya contenido en lo que somos y en lo que fuimos- hubiera complacido al pensador de la \u201cL\u00f3gica\u201d (\u2026).<\/p>\n<p>Haber sido uno una \u00fanica vez. Tal el misterio mayor y la m\u00e1xima epifan\u00eda en la que, seguramente, su agnosticismo muchas veces se deleit\u00f3.<\/p>\n<p>Nos hemos reunido aqu\u00ed, Borges, entre los incontables libros de Alberto Casares, su editor artesano, m\u00e1s que para rendirle homenaje, cosa que a usted le hubiera resultado un desprop\u00f3sito, para compartir una emoci\u00f3n que seguramente fue suya: la de que hubiese habido aquel muchacho que escribi\u00f3 \u201cFervor de Buenos Aires\u201d. Sepa usted que a ese chico lo queremos tambi\u00e9n nosotros. \u00c9l est\u00e1 en nuestro coraz\u00f3n y en la mira de nuestra gratitud porque, con las l\u00edneas tr\u00e9mulas y s\u00fabitamente luminosas que traz\u00f3 hacia 1923, rozaba ya, con extra\u00f1a sabidur\u00eda, el enigm\u00e1tico fondo de nuestra identidad\u201d.<\/p>\n<p>Del libro \u201cSentido y riesgo de la vida cotidiana\u201d, Editorial Emec\u00e9\/Planeta, 2004.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1993, el fil\u00f3sofo, poeta y ensayista Santiago Kovadloff le dedic\u00f3 unas sentidas y elaboradas palabras a Jorge Luis Borges, en ocasi\u00f3n de la reedici\u00f3n de \u201cFervor de Buenos Aires\u201d, que hab\u00eda sido publicado en 1923 y reformulado por el propio Borges en 1969. Aqu\u00ed reproducimos un fragmento de la carta. 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