{"id":16569,"date":"2020-09-04T10:21:50","date_gmt":"2020-09-04T16:21:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16569"},"modified":"2020-09-04T10:21:50","modified_gmt":"2020-09-04T16:21:50","slug":"a-sor-filotea-de-la-cruz-por-sor-juana-ines-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16569","title":{"rendered":"\u00abA Sor Filotea De La Cruz\u00bb por Sor Juana In\u00e9s De La Cruz"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muy ilustre Se\u00f1ora, mi Se\u00f1ora:<\/p>\n<p>No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos d\u00edas mi respuesta. \u00bfQu\u00e9 mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero (y para m\u00ed el m\u00e1s riguroso) es saber responder a vuestra doct\u00edsima, discret\u00edsima, sant\u00edsima y amoros\u00edsima carta. Y si veo que preguntado el \u00c1ngel de las Escuelas, Santo Tom\u00e1s, de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondi\u00f3 que callaba porque nada sab\u00eda decir digno de Alberto, con cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n callar\u00eda, no como el Santo, de humildad, sino que en la realidad es no saber algo digno de vos. El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado favor, de dar a las prensas mis borrones: merced tan sin medida que aun se le pasara por alto a la esperanza m\u00e1s ambiciosa y al deseo m\u00e1s fant\u00e1stico; y que ni aun como ente de raz\u00f3n pudiera caber en mis pensamientos; y en fin, de tal magnitud que no s\u00f3lo no se puede estrechar a lo limitado de las voces, pero excede a la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado, que es lo que dijo Quintiliano: Minorem spei, maiorem benefacti gloriam pereunt. Y tal que enmudecen al beneficiado.<\/p>\n<p>Cuando la felizmente est\u00e9ril para ser milagrosamente fecunda, madre del Bautista vio en su casa tan desproporcionada visita como la Madre del Verbo, se le entorpeci\u00f3 el entendimiento y se le suspendi\u00f3 el discurso; y as\u00ed, en vez de agradecimientos, prorrumpi\u00f3 en dudas y preguntas: Et unde hoc mihi? \u00bfDe d\u00f3nde a m\u00ed viene tal cosa? Lo mismo sucedi\u00f3 a Sa\u00fal cuando se vio electo y ungido rey de Israel: \u00bfNumquid non filius Iemini ego sum de minima tribu Israel, et cognatio mea novissima inter omnes de tribu Beniamin? \u00bfQuare igitur locutus es mihi sermonem istum? As\u00ed yo dir\u00e9: \u00bfde d\u00f3nde, venerable Se\u00f1ora, de d\u00f3nde a m\u00ed tanto favor? \u00bfPor ventura soy m\u00e1s que una pobre monja, la m\u00e1s m\u00ednima criatura del mundo y la m\u00e1s indigna de ocupar vuestra atenci\u00f3n? \u00bfPues quare locutus es mihi sermonem istum? \u00bfEt unde hoc mihi?<\/p>\n<p>Ni al primer imposible tengo m\u00e1s que responder que no ser nada digno de vuestros ojos; ni al segundo m\u00e1s que admiraciones, en vez de gracias, diciendo que no soy capaz de agradeceros la m\u00e1s m\u00ednima parte de lo que os debo. No es afectada modestia, Se\u00f1ora, sino ingenua verdad de toda mi alma, que al llegar a mis manos, impresa, la carta que vuestra propiedad llam\u00f3 Atenag\u00f3rica, prorrump\u00ed (con no ser esto en m\u00ed muy f\u00e1cil) en l\u00e1grimas de confusi\u00f3n, porque me pareci\u00f3 que vuestro favor no era m\u00e1s que una reconvenci\u00f3n que Dios hace a lo mal que le correspondo; y que como a otros corrige con castigos, a m\u00ed me quiere reducir a fuerza de beneficios. Especial favor de que conozco ser su deudora, como de otros infinitos de su inmensa bondad; pero tambi\u00e9n especial modo de avergonzarme y confundirme: que es m\u00e1s primoroso medio de castigar hacer que yo misma, con mi conocimiento, sea el juez que me sentencie y condene mi ingratitud. Y as\u00ed, cuando esto considero ac\u00e1 a mis solas, suelo decir: Bendito se\u00e1is vos, Se\u00f1or, que no s\u00f3lo no quisisteis en manos de otra criatura el juzgarme, y que ni aun en la m\u00eda lo pusisteis, sino que lo reservasteis a la vuestra, y me librasteis a m\u00ed de m\u00ed y de la sentencia que yo misma me dar\u00eda &#8211;que, forzada de mi propio conocimiento, no pudiera ser menos que de condenaci\u00f3n&#8211;, y vos la reservasteis a vuestra misericordia, porque me am\u00e1is m\u00e1s de lo que yo me puedo amar.<\/p>\n<p>Perdonad, Se\u00f1ora m\u00eda, la digresi\u00f3n que me arrebat\u00f3 la fuerza de la verdad; y si la he de confesar toda, tambi\u00e9n es buscar efugios para huir la dificultad de responder, y casi me he determinado a dejarlo al silencio; pero como \u00e9ste es cosa negativa, aunque explica mucho con el \u00e9nfasis de no explicar, es necesario ponerle alg\u00fan breve r\u00f3tulo para que se entienda lo que se pretende que el silencio diga; y si no, dir\u00e1 nada el silencio, porque \u00e9se es su propio oficio: decir nada. Fue arrebatado el Sagrado Vaso de Elecci\u00f3n al tercer Cielo, y habiendo visto los arcanos secretos de Dios dice: Audivit arcana Dei, quae no licet homini loqui. No dice lo que vio, pero dice que no lo puede decir; de manera que aquellas cosas que no se pueden decir, es menester decir siquiera que no se pueden decir, para que se entienda que el callar no es no haber qu\u00e9 decir, sino no caber en las voces lo mucho que hay que decir. Dice San Juan que si hubiera de escribir todas las maravillas que obr\u00f3 nuestro Redentor, no cupieran en todo el mundo los libros; y dice Vieyra, sobre este lugar, que en sola esta cl\u00e1usula dijo m\u00e1s el Evangelista que en todo cuanto escribi\u00f3; y dice muy bien el F\u00e9nix Lusitano (pero \u00bfcu\u00e1ndo no dice bien, aun cuando no dice bien?), porque aqu\u00ed dice San Juan todo lo que dej\u00f3 de decir y expres\u00f3 lo que dej\u00f3 de expresar. As\u00ed, yo, Se\u00f1ora m\u00eda, s\u00f3lo responder\u00e9 que no s\u00e9 qu\u00e9 responder; s\u00f3lo agradecer\u00e9 diciendo que no soy capaz de agradeceros; y dir\u00e9, por breve r\u00f3tulo de lo que dejo al silencio, que s\u00f3lo con la confianza de favorecida y con los valimientos de honrada, me puedo atrever a hablar con vuestra grandeza. Si fuere necedad, perdonadla, pues es alhaja de la dicha, y en ella ministrar\u00e9 yo m\u00e1s materia a vuestra benignidad y vos dar\u00e9is mayor forma a mi reconocimiento.<\/p>\n<p>No se hallaba digno Mois\u00e9s, por balbuciente, para hablar con Fara\u00f3n, y, despu\u00e9s, el verse tan favorecido de Dios, le infunde tales alientos, que no s\u00f3lo habla con el mismo Dios, sino que se atreve a pedirle imposibles: Ostende mihi faciem tuam. Pues as\u00ed yo, Se\u00f1ora m\u00eda, ya no me parecen imposibles los que puse al principio, a vista de lo que me favorec\u00e9is; porque quien hizo imprimir la Carta tan sin noticia m\u00eda, quien la intitul\u00f3, quien la coste\u00f3, quien la honr\u00f3 tanto (siendo de todo indigna por s\u00ed y por su autora), \u00bfqu\u00e9 no har\u00e1?, \u00bfqu\u00e9 no perdonar\u00e1?, \u00bfqu\u00e9 dejar\u00e1 de hacer y qu\u00e9 dejar\u00e1 de perdonar? Y as\u00ed, debajo del supuesto de que hablo con el salvoconducto de vuestros favores y debajo del seguro de vuestra benignidad, y de que me hab\u00e9is, como otro Asuero, dado a besar la punta del cetro de oro de vuestro cari\u00f1o en se\u00f1al de concederme ben\u00e9vola licencia para hablar y proponer en vuestra venerable presencia, digo que recibo en mi alma vuestra sant\u00edsima amonestaci\u00f3n de aplicar el estudio a Libros Sagrados, que aunque viene en traje de consejo, tendr\u00e1 para m\u00ed sustancia de precepto; con no peque\u00f1o consuelo de que aun antes parece que preven\u00eda mi obediencia vuestra pastoral insinuaci\u00f3n, como a vuestra direcci\u00f3n, inferido del asunto y pruebas de la misma Carta. Bien conozco que no cae sobre ella vuestra cuerd\u00edsima advertencia, sino sobre lo mucho que habr\u00e9is visto de asuntos humanos que he escrito; y as\u00ed, lo que he dicho no es m\u00e1s que satisfaceros con ella a la falta de aplicaci\u00f3n que habr\u00e9is inferido (con mucha raz\u00f3n) de otros escritos m\u00edos. Y hablando con m\u00e1s especialidad os confieso, con la ingenuidad que ante vos es debida y con la verdad y claridad que en m\u00ed siempre es natural y costumbre, que el no haber escrito mucho de asuntos sagrados no ha sido desafici\u00f3n, ni de aplicaci\u00f3n la falta, sino sobra de temor y reverencia debida a aquellas Sagradas Letras, para cuya inteligencia yo me conozco tan incapaz y para cuyo manejo soy tan indigna; reson\u00e1ndome siempre en los o\u00eddos, con no peque\u00f1o horror, aquella amenaza y prohibici\u00f3n del Se\u00f1or a los pecadores como yo: \u00bfQuare tu enarras iustitias meas, et assumis testamentum meum per os tuum? Esta pregunta y el ver que aun a los varones doctos se prohib\u00eda el leer los Cantares hasta que pasaban de treinta a\u00f1os, y aun el G\u00e9nesis: \u00e9ste por su oscuridad, y aqu\u00e9llos porque de la dulzura de aquellos epitalamios no tomase ocasi\u00f3n la imprudente juventud de mudar el sentido en carnales afectos. Compru\u00e9balo mi gran Padre San Jer\u00f3nimo, mandando que sea esto lo \u00faltimo que se estudie, por la misma raz\u00f3n: Ad ultimum sine periculo discat Canticum Canticorum, ne si in exordio legerit, sub carnalibus verbis spiritualium nuptiarum Epithalamium non intelligens, vulneretur; y S\u00e9neca dice: Teneris in annis haut clara est fides. Pues \u00bfc\u00f3mo me atreviera yo a tomarlo en mis indignas manos, repugn\u00e1ndolo el sexo, la edad y sobre todo las costumbres? Y as\u00ed confieso que muchas veces este temor me ha quitado la pluma de la mano y ha hecho retroceder los asuntos hacia el mismo entendimiento de quien quer\u00edan brotar; el cual inconveniente no topaba en los asuntos profanos, pues una herej\u00eda contra el arte no la castiga el Santo Oficio, sino los discretos con risa y los cr\u00edticos con censura; y \u00e9sta, iusta vel iniusta, timenda non est, pues deja comulgar y o\u00edr misa, por lo cual me da poco o ning\u00fan cuidado; porque, seg\u00fan la misma decisi\u00f3n de los que lo calumnian, ni tengo obligaci\u00f3n para saber ni aptitud para acertar; luego, si lo yerro, ni es culpa ni es descr\u00e9dito. No es culpa, porque no tengo obligaci\u00f3n; no es descr\u00e9dito, pues no tengo posibilidad de acertar, y ad impossibilia nemo tenetur. Y, a la verdad, yo nunca he escrito sino violentada y forzada y s\u00f3lo por dar gusto a otros; no s\u00f3lo sin complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de m\u00ed que tenga el caudal de letras e ingenio que pide la obligaci\u00f3n de quien escribe; y as\u00ed, es la ordinaria respuesta a los que me instan, y m\u00e1s si es asunto sagrado: \u00bfQu\u00e9 entendimiento tengo yo, qu\u00e9 estudio, qu\u00e9 materiales, ni qu\u00e9 noticias para eso, sino cuatro bachiller\u00edas superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposici\u00f3n malsonante o torcer la genuina inteligencia de alg\u00fan lugar. Yo no estudio para escribir, ni menos para ense\u00f1ar (que fuera en m\u00ed desmedida soberbia), sino s\u00f3lo por ver si con estudiar ignoro menos. As\u00ed lo respondo y as\u00ed lo siento.<\/p>\n<p>El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis. Lo que s\u00ed es verdad que no negar\u00e9 (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra m\u00ed, me ha hecho Dios la merced de darme grand\u00edsimo amor a la verdad) que desde que me ray\u00f3 la primera luz de la raz\u00f3n, fue tan vehemente y poderosa la inclinaci\u00f3n a las letras, que ni ajenas reprensiones &#8211;que he tenido muchas&#8211;, ni propias reflejas &#8211;que he hecho no pocas&#8211;, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en m\u00ed: Su Majestad sabe por qu\u00e9 y para qu\u00e9; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando s\u00f3lo lo que baste para guardar su Ley, pues lo dem\u00e1s sobra, seg\u00fan algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que da\u00f1a. Sabe tambi\u00e9n Su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar con mi nombre mi entendimiento, y sacrific\u00e1rsele s\u00f3lo a quien me le dio; y que no otro motivo me entr\u00f3 en religi\u00f3n, no obstante que al desembarazo y quietud que ped\u00eda mi estudiosa intenci\u00f3n eran repugnantes los ejercicios y compa\u00f1\u00eda de una comunidad; y despu\u00e9s, en ella, sabe el Se\u00f1or, y lo sabe en el mundo quien s\u00f3lo lo debi\u00f3 saber, lo que intent\u00e9 en orden a esconder mi nombre, y que no me lo permiti\u00f3, diciendo que era tentaci\u00f3n; y s\u00ed ser\u00eda. Si yo pudiera pagaros algo de lo que os debo, Se\u00f1ora m\u00eda, creo que s\u00f3lo os pagara en contaros esto, pues no ha salido de mi boca jam\u00e1s, excepto para quien debi\u00f3 salir. Pero quiero que con haberos franqueado de par en par las puertas de mi coraz\u00f3n, haci\u00e9ndoos patentes sus m\u00e1s sellados secretos, conozc\u00e1is que no desdice de mi confianza lo que debo a vuestra venerable persona y excesivos favores.<\/p>\n<p>Prosiguiendo en la narraci\u00f3n de mi inclinaci\u00f3n, de que os quiero dar entera noticia, digo que no hab\u00eda cumplido los tres a\u00f1os de mi edad cuando enviando mi madre a una hermana m\u00eda, mayor que yo, a que se ense\u00f1ase a leer en una de las que llaman Amigas, me llev\u00f3 a m\u00ed tras ella el cari\u00f1o y la travesura; y viendo que la daban lecci\u00f3n, me encend\u00ed yo de manera en el deseo de saber leer, que enga\u00f1ando, a mi parecer, a la maestra, la dije que mi madre ordenaba me diese lecci\u00f3n. Ella no lo crey\u00f3, porque no era cre\u00edble; pero, por complacer al donaire, me la dio. Prosegu\u00ed yo en ir y ella prosigui\u00f3 en ense\u00f1arme, ya no de burlas, porque la desenga\u00f1\u00f3 la experiencia; y supe leer en tan breve tiempo, que ya sab\u00eda cuando lo supo mi madre, a quien la maestra lo ocult\u00f3 por darle el gusto por entero y recibir el galard\u00f3n por junto; y yo lo call\u00e9, creyendo que me azotar\u00edan por haberlo hecho sin orden. A\u00fan vive la que me ense\u00f1\u00f3 (Dios la guarde), y puede testificarlo.<\/p>\n<p>Acu\u00e9rdome que en estos tiempos, siendo mi golosina la que es ordinaria en aquella edad, me absten\u00eda de comer queso, porque o\u00ed decir que hac\u00eda rudos, y pod\u00eda conmigo m\u00e1s el deseo de saber que el de comer, siendo \u00e9ste tan poderoso en los ni\u00f1os. Teniendo yo despu\u00e9s como seis o siete a\u00f1os, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, o\u00ed decir que hab\u00eda Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias, en M\u00e9jico; y apenas lo o\u00ed cuando empec\u00e9 a matar a mi madre con instantes e importunos ruegos sobre que, mud\u00e1ndome el traje, me enviase a M\u00e9jico, en casa de unos deudos que ten\u00eda, para estudiar y cursar la Universidad; ella no lo quiso hacer, e hizo muy bien, pero yo despiqu\u00e9 el deseo en leer muchos libros varios que ten\u00eda mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones a estorbarlo; de manera que cuando vine a M\u00e9jico, se admiraban, no tanto del ingenio, cuanto de la memoria y noticias que ten\u00eda en edad que parec\u00eda que apenas hab\u00eda tenido tiempo para aprender a hablar.<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a deprender gram\u00e1tica, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tom\u00e9; y era tan intenso mi cuidado, que siendo as\u00ed que en las mujeres &#8211;y m\u00e1s en tan florida juventud&#8211; es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de \u00e9l cuatro o seis dedos, midiendo hasta d\u00f3nde llegaba antes, e imponi\u00e9ndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta all\u00ed no sab\u00eda tal o tal cosa que me hab\u00eda propuesto deprender en tanto que crec\u00eda, me lo hab\u00eda de volver a cortar en pena de la rudeza. Suced\u00eda as\u00ed que \u00e9l crec\u00eda y yo no sab\u00eda lo propuesto, porque el pelo crec\u00eda aprisa y yo aprend\u00eda despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parec\u00eda raz\u00f3n que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era m\u00e1s apetecible adorno. Entr\u00e9me religiosa, porque aunque conoc\u00eda que ten\u00eda el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negaci\u00f3n que ten\u00eda al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo m\u00e1s decente que pod\u00eda elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvaci\u00f3n; a cuyo primer respeto (como al fin m\u00e1s importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupaci\u00f3n obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinaci\u00f3n, hasta que alumbr\u00e1ndome personas doctas de que era tentaci\u00f3n, la venc\u00ed con el favor divino, y tom\u00e9 el estado que tan indignamente tengo. Pens\u00e9 yo que hu\u00eda de m\u00ed misma, pero \u00a1miserable de m\u00ed! tr\u00e1jeme a m\u00ed conmigo y traje mi mayor enemigo en esta inclinaci\u00f3n, que no s\u00e9 determinar si por prenda o castigo me dio el Cielo, pues de apagarse o embarazarse con tanto ejercicio que la religi\u00f3n tiene, reventaba como p\u00f3lvora, y se verificaba en m\u00ed el privatio est causa appetitus.<\/p>\n<p>Volv\u00ed (mal dije, pues nunca ces\u00e9); prosegu\u00ed, digo, a la estudiosa tarea (que para m\u00ed era descanso en todos los ratos que sobraban a mi obligaci\u00f3n) de leer y m\u00e1s leer, de estudiar y m\u00e1s estudiar, sin m\u00e1s maestro que los mismos libros. Ya se ve cu\u00e1n duro es estudiar en aquellos caracteres sin alma, careciendo de la voz viva y explicaci\u00f3n del maestro; pues todo este trabajo sufr\u00eda yo muy gustosa por amor de las letras. \u00a1Oh, si hubiese sido por amor de Dios, que era lo acertado, cu\u00e1nto hubiera merecido! Bien que yo procuraba elevarlo cuanto pod\u00eda y dirigirlo a su servicio, porque el fin a que aspiraba era a estudiar Teolog\u00eda, pareci\u00e9ndome menguada inhabilidad, siendo cat\u00f3lica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales, de los divinos misterios; y que siendo monja y no seglar, deb\u00eda, por el estado eclesi\u00e1stico, profesar letras; y m\u00e1s siendo hija de un San Jer\u00f3nimo y de una Santa Paula, que era degenerar de tan doctos padres ser idiota la hija. Esto me propon\u00eda yo de m\u00ed misma y me parec\u00eda raz\u00f3n; si no es que era (y eso es lo m\u00e1s cierto) lisonjear y aplaudir a mi propia inclinaci\u00f3n, proponi\u00e9ndola como obligatorio su propio gusto.<\/p>\n<p>Con esto prosegu\u00ed, dirigiendo siempre, como he dicho, los pasos de mi estudio a la cumbre de la Sagrada Teolog\u00eda; pareci\u00e9ndome preciso, para llegar a ella, subir por los escalones de las ciencias y artes humanas; porque \u00bfc\u00f3mo entender\u00e1 el estilo de la Reina de las Ciencias quien aun no sabe el de las ancilas? \u00bfC\u00f3mo sin L\u00f3gica sabr\u00eda yo los m\u00e9todos generales y particulares con que est\u00e1 escrita la Sagrada Escritura? \u00bfC\u00f3mo sin Ret\u00f3rica entender\u00eda sus figuras, tropos y locuciones? \u00bfC\u00f3mo sin F\u00edsica, tantas cuestiones naturales de las naturalezas de los animales de los sacrificios, donde se simbolizan tantas cosas ya declaradas, y otras muchas que hay? \u00bfC\u00f3mo si el sanar Sa\u00fal al sonido del arpa de David fue virtud y fuerza natural de la m\u00fasica, o sobrenatural que Dios quiso poner en David? \u00bfC\u00f3mo sin Aritm\u00e9tica se podr\u00e1n entender tantos c\u00f3mputos de a\u00f1os, de d\u00edas, de meses, de horas, de hebd\u00f3madas tan misteriosas como las de Daniel, y otras para cuya inteligencia es necesario saber las naturalezas, concordancias y propiedades de los n\u00fameros? \u00bfC\u00f3mo sin Geometr\u00eda se podr\u00e1n medir el Arca Santa del Testamento y la Ciudad Santa de Jerusal\u00e9n, cuyas misteriosas mensuras hacen un cubo con todas sus dimensiones, y aquel repartimiento proporcional de todas sus partes tan maravilloso? \u00bfC\u00f3mo sin Arquitectura, el gran Templo de Salom\u00f3n, donde fue el mismo Dios el art\u00edfice que dio la disposici\u00f3n y la traza, y el Sabio Rey s\u00f3lo fue sobrestante que la ejecut\u00f3; donde no hab\u00eda basa sin misterio, columna sin s\u00edmbolo, cornisa sin alusi\u00f3n, arquitrabe sin significado; y as\u00ed de otras sus partes, sin que el m\u00e1s m\u00ednimo filete estuviese s\u00f3lo por el servicio y complemento del Arte, sino simbolizando cosas mayores? \u00bfC\u00f3mo sin grande conocimiento de reglas y partes de que consta la Historia se entender\u00e1n los libros historiales? Aquellas recapitulaciones en que muchas veces se pospone en la narraci\u00f3n lo que en el hecho sucedi\u00f3 primero. \u00bfC\u00f3mo sin grande noticia de ambos Derechos podr\u00e1n entenderse los libros legales? \u00bfC\u00f3mo sin grande erudici\u00f3n tantas cosas de historias profanas, de que hace menci\u00f3n la Sagrada Escritura; tantas costumbres de gentiles, tantos ritos, tantas maneras de hablar? \u00bfC\u00f3mo sin muchas reglas y lecci\u00f3n de Santos Padres se podr\u00e1 entender la oscura locuci\u00f3n de los Profetas? Pues sin ser muy perito en la M\u00fasica, \u00bfc\u00f3mo se entender\u00e1n aquellas proporciones musicales y sus primores que hay en tantos lugares, especialmente en aquellas peticiones que hizo a Dios Abraham, por las Ciudades, de que si perdonar\u00eda habiendo cincuenta justos, y de este n\u00famero baj\u00f3 a cuarenta y cinco, que es sesquinona y es como de mi a re; de aqu\u00ed a cuarenta, que es sesquioctava y es como de re a mi; de aqu\u00ed a treinta, que es sesquitercia, que es la del diatesar\u00f3n; de aqu\u00ed a veinte, que es la proporci\u00f3n sesqui\u00e1ltera, que es la del diapente; de aqu\u00ed a diez, que es la dupla, que es el diapas\u00f3n; y como no hay m\u00e1s proporciones arm\u00f3nicas no pas\u00f3 de ah\u00ed? Pues \u00bfc\u00f3mo se podr\u00e1 entender esto sin M\u00fasica? All\u00e1 en el Libro de Job le dice Dios: Numquid coniungere valebis micantes stellas Pleiadas, aut gyrum Arcturi poteris dissipare? Numquid producis Luciferum in tempore suo, et Vesperum super filios terrae consurgere facis?, cuyos t\u00e9rminos, sin noticia de Astrolog\u00eda, ser\u00e1 imposible entender. Y no s\u00f3lo estas nobles ciencias; pero no hay arte mec\u00e1nica que no se mencione. Y en fin, c\u00f3mo el Libro que comprende todos los libros, y la Ciencia en que se incluyen todas las ciencias, para cuya inteligencia todas sirven; y despu\u00e9s de saberlas todas (que ya se ve que no es f\u00e1cil, ni aun posible) pide otra circunstancia m\u00e1s que todo lo dicho, que es una continua oraci\u00f3n y pureza de vida, para impetrar de Dios aquella purgaci\u00f3n de \u00e1nimo e iluminaci\u00f3n de mente que es menester para la inteligencia de cosas tan altas; y si esto falta, nada sirve de lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Del Ang\u00e9lico Doctor Santo Tom\u00e1s dice la Iglesia estas palabras: In difficultatibus locorum Sacrae Scripturae ad orationem ieiunium adhibebat. Quin etiam sodali suo Fratri Reginaldo dicere solebat, quidquid sciret, non tam studio, aut labore suo peperisse, quam divinitus traditum accepisse. Pues yo, tan distante de la virtud y las letras, \u00bfc\u00f3mo hab\u00eda de tener \u00e1nimo para escribir? Y as\u00ed por tener algunos principios granjeados, estudiaba continuamente diversas cosas, sin tener para alguna particular inclinaci\u00f3n, sino para todas en general; por lo cual, el haber estudiado en unas m\u00e1s que en otras, no ha sido en m\u00ed elecci\u00f3n, sino que el acaso de haber topado m\u00e1s a mano libros de aquellas facultades les ha dado, sin arbitrio m\u00edo, la preferencia. Y como no ten\u00eda inter\u00e9s que me moviese, ni l\u00edmite de tiempo que me estrechase el continuado estudio de una cosa por la necesidad de los grados, casi a un tiempo estudiaba diversas cosas o dejaba unas por otras; bien que en eso observaba orden, porque a unas llamaba estudio y a otras diversi\u00f3n; y en \u00e9stas descansaba de las otras: de donde se sigue que he estudiado muchas cosas y nada s\u00e9, porque las unas han embarazado a las otras. Es verdad que esto digo de la parte pr\u00e1ctica en las que la tienen, porque claro est\u00e1 que mientras se mueve la pluma descansa el comp\u00e1s y mientras se toca el arpa sosiega el \u00f3rgano, et sic de caeteris; porque como es menester mucho uso corporal para adquirir h\u00e1bito, nunca le puede tener perfecto quien se reparte en varios ejercicios; pero en lo formal y especulativo sucede al contrario, y quisiera yo persuadir a todos con mi experiencia a que no s\u00f3lo no estorban, pero se ayudan dando luz y abriendo camino las unas para las otras, por variaciones y ocultos engarces \u2014que para esta cadena universal les puso la sabidur\u00eda de su Autor\u2014, de manera que parece se corresponden y est\u00e1n unidas con admirable trabaz\u00f3n y concierto. Es la cadena que fingieron los antiguos que sal\u00eda de la boca de J\u00fapiter, de donde pend\u00edan todas las cosas eslabonadas unas con otras. As\u00ed lo demuestra el R. P. Atanasio Quirqueiro en su curioso libro De Magnete. Todas las cosas salen de Dios, que es el centro a un tiempo y la circunferencia de donde salen y donde paran todas las l\u00edneas criadas.<\/p>\n<p>Yo de m\u00ed puedo asegurar que lo que no entiendo en un autor de una facultad, lo suelo entender en otro de otra que parece muy distante; y esos propios, al explicarse, abren ejemplos metaf\u00f3ricos de otras artes: como cuando dicen los l\u00f3gicos que el medio se ha con los t\u00e9rminos como se ha una medida con dos cuerpos distantes, para conferir si son iguales o no; y que la oraci\u00f3n del l\u00f3gico anda como la l\u00ednea recta, por el camino m\u00e1s breve, y la del ret\u00f3rico se mueve, como la corva, por el m\u00e1s largo, pero van a un mismo punto los dos; y cuando dicen que los expositores son como la mano abierta y los escol\u00e1sticos como el pu\u00f1o cerrado. Y as\u00ed no es disculpa, ni por tal la doy, el haber estudiado diversas cosas, pues \u00e9stas antes se ayudan, sino que el no haber aprovechado ha sido ineptitud m\u00eda y debilidad de mi entendimiento, no culpa de la variedad. Lo que s\u00ed pudiera ser descargo m\u00edo es el sumo trabajo no s\u00f3lo en carecer de maestro, sino de condisc\u00edpulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo s\u00f3lo por maestro un libro mudo, por condisc\u00edpulo un tintero insensible; y en vez de explicaci\u00f3n y ejercicio muchos estorbos, no s\u00f3lo los de mis religiosas obligaciones (que \u00e9stas ya se sabe cu\u00e1n \u00fatil y provechosamente gastan el tiempo) sino de aquellas cosas accesorias de una comunidad: como estar yo leyendo y antoj\u00e1rseles en la celda vecina tocar y cantar; estar yo estudiando y pelear dos criadas y venirme a constituir juez de su pendencia; estar yo escribiendo y venir una amiga a visitarme, haci\u00e9ndome muy mala obra con muy buena voluntad, donde es preciso no s\u00f3lo admitir el embarazo, pero quedar agradecida del perjuicio. Y esto es continuamente, porque como los ratos que destino a mi estudio son los que sobran de lo regular de la comunidad, esos mismos les sobran a las otras para venirme a estorbar; y s\u00f3lo saben cu\u00e1nta verdad es \u00e9sta los que tienen experiencia de vida com\u00fan, donde s\u00f3lo la fuerza de la vocaci\u00f3n puede hacer que mi natural est\u00e9 gustoso, y el mucho amor que hay entre m\u00ed y mis amadas hermanas, que como el amor es uni\u00f3n, no hay para \u00e9l extremos distantes.<\/p>\n<p>En esto s\u00ed confieso que ha sido inexplicable mi trabajo; y as\u00ed no puedo decir lo que con envidia oigo a otros: que no les ha costado af\u00e1n el saber. \u00a1Dichosos ellos! A m\u00ed, no el saber (que a\u00fan no s\u00e9), s\u00f3lo el desear saber me le ha costado tan grande que pudiera decir con mi Padre San Jer\u00f3nimo (aunque no con su aprovechamiento): Quid ibi laboris insumpserim, quid sustinuerim difficultatis, quoties desperaverim, quotiesque cessaverim et contentione discendi rursus inceperim; testis est conscientia, tam mea, qui passus sum, quam eorum qui mecum duxerunt vitam. Menos los compa\u00f1eros y testigos (que aun de ese alivio he carecido), lo dem\u00e1s bien puedo asegurar con verdad. \u00a1Y que haya sido tal esta mi negra inclinaci\u00f3n, que todo lo haya vencido!<\/p>\n<p>Sol\u00eda sucederme que, como entre otros beneficios, debo a Dios un natural tan blando y tan afable y las religiosas me aman mucho por \u00e9l (sin reparar, como buenas, en mis faltas) y con esto gustan mucho de mi compa\u00f1\u00eda, conociendo esto y movida del grande amor que las tengo, con mayor motivo que ellas a m\u00ed, gusto m\u00e1s de la suya: as\u00ed, me sol\u00eda ir los ratos que a unas y a otras nos sobraban, a consolarlas y recrearme con su conversaci\u00f3n. Repar\u00e9 que en este tiempo hac\u00eda falta a mi estudio, y hac\u00eda voto de no entrar en celda alguna si no me obligase a ello la obediencia o la caridad: porque, sin este freno tan duro, al de s\u00f3lo prop\u00f3sito le rompiera el amor; y este voto (conociendo mi fragilidad) le hac\u00eda por un mes o por quince d\u00edas; y dando cuando se cumpl\u00eda, un d\u00eda o dos de treguas, lo volv\u00eda a renovar, sirviendo este d\u00eda, no tanto a mi descanso (pues nunca lo ha sido para m\u00ed el no estudiar) cuanto a que no me tuviesen por \u00e1spera, retirada e ingrata al no merecido cari\u00f1o de mis car\u00edsimas hermanas.<\/p>\n<p>Bien se deja en esto conocer cu\u00e1l es la fuerza de mi inclinaci\u00f3n. Bendito sea Dios que quiso fuese hacia las letras y no hacia otro vicio, que fuera en m\u00ed casi insuperable; y bien se infiere tambi\u00e9n cu\u00e1n contra la corriente han navegado (o por mejor decir, han naufragado) mis pobres estudios. Pues a\u00fan falta por referir lo m\u00e1s arduo de las dificultades; que las de hasta aqu\u00ed s\u00f3lo han sido estorbos obligatorios y casuales, que indirectamente lo son; y faltan los positivos que directamente han tirado a estorbar y prohibir el ejercicio. \u00bfQui\u00e9n no creer\u00e1, viendo tan generales aplausos, que he navegado viento en popa y mar en leche, sobre las palmas de las aclamaciones comunes? Pues Dios sabe que no ha sido muy as\u00ed, porque entre las flores de esas mismas aclamaciones se han levantado y despertado tales \u00e1spides de emulaciones y persecuciones, cuantas no podr\u00e9 contar, y los que m\u00e1s nocivos y sensibles para m\u00ed han sido, no son aqu\u00e9llos que con declarado odio y malevolencia me han perseguido, sino los que am\u00e1ndome y deseando mi bien (y por ventura, mereciendo mucho con Dios por la buena intenci\u00f3n), me han mortificado y atormentado m\u00e1s que los otros, con aquel: \u00abNo conviene a la santa ignorancia que deben, este estudio; se ha de perder, se ha de desvanecer en tanta altura con su misma perspicacia y agudeza\u00bb. \u00bfQu\u00e9 me habr\u00e1 costado resistir esto? \u00a1Rara especie de martirio donde yo era el m\u00e1rtir y me era el verdugo!<\/p>\n<p>Pues por la &#8211;en m\u00ed dos veces infeliz&#8211; habilidad de hacer versos, aunque fuesen sagrados, \u00bfqu\u00e9 pesadumbres no me han dado o cu\u00e1les no me han dejado de dar? Cierto, se\u00f1ora m\u00eda, que algunas veces me pongo a considerar que el que se se\u00f1ala &#8211;o le se\u00f1ala Dios, que es quien s\u00f3lo lo puede hacer&#8211; es recibido como enemigo com\u00fan, porque parece a algunos que usurpa los aplausos que ellos merecen o que hace estanque de las admiraciones a que aspiraban, y as\u00ed le persiguen.<\/p>\n<p>Aquella ley pol\u00edticamente b\u00e1rbara de Atenas, por la cual sal\u00eda desterrado de su rep\u00fablica el que se se\u00f1alaba en prendas y virtudes porque no tiranizase con ellas la libertad p\u00fablica, todav\u00eda dura, todav\u00eda se observa en nuestros tiempos, aunque no hay ya aquel motivo de los atenienses; pero hay otro, no menos eficaz aunque no tan bien fundado, pues parece m\u00e1xima del imp\u00edo Maquiavelo: que es aborrecer al que se se\u00f1ala porque desluce a otros. As\u00ed sucede y as\u00ed sucedi\u00f3 siempre.<\/p>\n<p>Y si no, \u00bfcu\u00e1l fue la causa de aquel rabioso odio de los fariseos contra Cristo, habiendo tantas razones para lo contrario? Porque si miramos su presencia, \u00bfcu\u00e1l prenda m\u00e1s amable que aquella divina hermosura? \u00bfCu\u00e1l m\u00e1s poderosa para arrebatar los corazones? Si cualquiera belleza humana tiene jurisdicci\u00f3n sobre los albedr\u00edos y con blanda y apetecida violencia los sabe sujetar, \u00bfqu\u00e9 har\u00eda aqu\u00e9lla con tantas prerrogativas y dotes soberanos? \u00bfQu\u00e9 har\u00eda, qu\u00e9 mover\u00eda y qu\u00e9 no har\u00eda y qu\u00e9 no mover\u00eda aquella incomprensible beldad, por cuyo hermoso rostro, como por un terso cristal, se estaban transparentando los rayos de la Divinidad? \u00bfQu\u00e9 no mover\u00eda aquel semblante, que sobre incomparables perfecciones en lo humano, se\u00f1alaba iluminaciones de divino? Si el de Mois\u00e9s, de s\u00f3lo la conversaci\u00f3n con Dios, era intolerable a la flaqueza de la vista humana, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda el del mismo Dios humanado? Pues si vamos a las dem\u00e1s prendas, \u00bfcu\u00e1l m\u00e1s amable que aquella celestial modestia, que aquella suavidad y blandura derramando misericordias en todos sus movimientos, aquella profunda humildad y mansedumbre, aquellas palabras de vida eterna y eterna sabidur\u00eda? Pues \u00bfc\u00f3mo es posible que esto no les arrebatara las almas, que no fuesen enamorados y elevados tras \u00e9l?<\/p>\n<p>Dice la Santa Madre y madre m\u00eda Teresa, que despu\u00e9s que vio la hermosura de Cristo qued\u00f3 libre de poderse inclinar a criatura alguna, porque ninguna cosa ve\u00eda que no fuese fealdad, comparada con aquella hermosura. Pues \u00bfc\u00f3mo en los hombres hizo tan contrarios efectos? Y ya que como toscos y viles no tuvieran conocimiento ni estimaci\u00f3n de sus perfecciones, siquiera como interesables \u00bfno les moviera sus propias conveniencias y utilidades en tantos beneficios como les hac\u00eda, sanando los enfermos, resucitando los muertos, curando los endemoniados? Pues \u00bfc\u00f3mo no le amaban? \u00a1Ay Dios, que por eso mismo no le amaban, por eso mismo le aborrec\u00edan! As\u00ed lo testificaron ellos mismos.<\/p>\n<p>J\u00fantanse en su concilio y dicen: Quid facimus, quia hic homo multa signa facit? \u00bfHay tal causa? Si dijeran: \u00e9ste es un malhechor, un transgresor de la ley, un alborotador que con enga\u00f1os alborota el pueblo, mintieran, como mintieron cuando lo dec\u00edan; pero eran causales m\u00e1s congruentes a lo que solicitaban, que era quitarle la vida; mas dar por causal que hace cosas se\u00f1aladas, no parece de hombres doctos, cuales eran los fariseos. Pues as\u00ed es, que cuando se apasionan los hombres doctos prorrumpen en semejantes inconsecuencias. En verdad que s\u00f3lo por eso sali\u00f3 determinado que Cristo muriese. Hombres, si es que as\u00ed se os puede llamar, siendo tan brutos, \u00bfpor qu\u00e9 es esa tan cruel determinaci\u00f3n? No responden m\u00e1s sino que multa signa facit. \u00a1V\u00e1lgame Dios, que el hacer cosas se\u00f1aladas es causa para que uno muera! Haciendo reclamo este multa signa facit a aquel: radix Iesse, qui stat in signum populorum, y al otro: in signum cui contradicetur. \u00bfPor signo? \u00a1Pues muera! \u00bfSe\u00f1alado? \u00a1Pues padezca, que eso es el premio de quien se se\u00f1ala!<\/p>\n<p>Suelen en la eminencia de los templos colocarse por adorno unas figuras de los Vientos y de la Fama, y por defenderlas de las aves, las llenan todas de p\u00faas; defensa parece y no es sino propiedad forzosa: no puede estar sin p\u00faas que la puncen quien est\u00e1 en alto. All\u00ed est\u00e1 la ojeriza del aire; all\u00ed es el rigor de los elementos; all\u00ed despican la c\u00f3lera los rayos; all\u00ed es el blanco de piedras y flechas. \u00a1Oh infeliz altura, expuesta a tantos riesgos! \u00a1Oh signo que te ponen por blanco de la envidia y por objeto de la contradicci\u00f3n! Cualquiera eminencia, ya sea de dignidad, ya de nobleza, ya de riqueza, ya de hermosura, ya de ciencia, padece esta pensi\u00f3n; pero la que con m\u00e1s rigor la experimenta es la del entendimiento. Lo primero, porque es el m\u00e1s indefenso, pues la riqueza y el poder castigan a quien se les atreve, y el entendimiento no, pues mientras es mayor es m\u00e1s modesto y sufrido y se defiende menos. Lo segundo es porque, como dijo doctamente Graci\u00e1n, las ventajas en el entendimiento lo son en el ser. No por otra raz\u00f3n es el \u00e1ngel m\u00e1s que el hombre que porque entiende m\u00e1s; no es otro el exceso que el hombre hace al bruto, sino solo entender; y as\u00ed como ninguno quiere ser menos que otro, as\u00ed ninguno confiesa que otro entiende m\u00e1s, porque es consecuencia del ser m\u00e1s. Sufrir\u00e1 uno y confesar\u00e1 que otro es m\u00e1s noble que \u00e9l, que es m\u00e1s rico, que es m\u00e1s hermoso y aun que es m\u00e1s docto; pero que es m\u00e1s entendido apenas habr\u00e1 quien lo confiese: Rarus est, qui velit cedere ingenio. Por eso es tan eficaz la bater\u00eda contra esta prenda.<\/p>\n<p>Cuando los soldados hicieron burla, entretenimiento y diversi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, trajeron una p\u00farpura vieja y una ca\u00f1a hueca y una corona de espinas para coronarle por rey de burlas. Pues ahora, la ca\u00f1a y la p\u00farpura eran afrentosas, pero no dolorosas; pues \u00bfpor qu\u00e9 s\u00f3lo la corona es dolorosa? \u00bfNo basta que, como las dem\u00e1s insignias, fuese de escarnio e ignominia, pues \u00e9se era el fin? No, porque la sagrada cabeza de Cristo y aquel divino cerebro eran dep\u00f3sito de la sabidur\u00eda; y cerebro sabio en el mundo no basta que est\u00e9 escarnecido, ha de estar tambi\u00e9n lastimado y maltratado; cabeza que es erario de sabidur\u00eda no espere otra corona que de espinas. \u00bfCu\u00e1l guirnalda espera la sabidur\u00eda humana si ve la que obtuvo la divina? Coronaba la soberbia romana las diversas haza\u00f1as de sus capitanes tambi\u00e9n con diversas coronas: ya con la c\u00edvica al que defend\u00eda al ciudadano; ya con la castrense al que entraba en los reales enemigos; ya con la mural al que escalaba el muro; ya con la obsidional al que libraba la ciudad cercada o el ej\u00e9rcito sitiado o el campo o en los reales; ya con la naval, ya con la oval, ya con la triunfal otras haza\u00f1as, seg\u00fan refieren Plinio y Aulo Gelio; mas viendo yo tantas diferencias de coronas, dudaba de cu\u00e1l especie ser\u00eda la de Cristo, y me parece que fue obsidional, que (como sab\u00e9is, se\u00f1ora) era la m\u00e1s honrosa y se llamaba obsidional de obsidio, que quiere decir cerco; la cual no se hac\u00eda de oro ni de plata, sino de la misma grama o yerba que cr\u00eda el campo en que se hac\u00eda la empresa. Y como la haza\u00f1a de Cristo fue hacer levantar el cerco al Pr\u00edncipe de las Tinieblas, el cual ten\u00eda sitiada toda la tierra, como lo dice en el libro de Job: Circuivi terram et ambulavi per eam y de \u00e9l dice San Pedro: Circuit, quaerens quem devoret; y vino nuestro caudillo y le hizo levantar el cerco: nunc princeps huius mundi eiicietur foras, as\u00ed los soldados le coronaron no con oro ni plata, sino con el fruto natural que produc\u00eda el mundo que fue el campo de la lid, el cual, despu\u00e9s de la maldici\u00f3n, spinas et tribulos germinabit tibi, no produc\u00eda otra cosa que espinas; y as\u00ed fue prop\u00edsima corona de ellas en el valeroso y sabio vencedor con que le coron\u00f3 su madre la Sinagoga; saliendo a ver el doloroso triunfo, como al del otro Salom\u00f3n festivas, a \u00e9ste llorosas las hijas de Si\u00f3n, porque es el triunfo de sabio obtenido con dolor y celebrado con llanto, que es el modo de triunfar la sabidur\u00eda; siendo Cristo, como rey de ella, quien estren\u00f3 la corona, porque santificada en sus sienes, se quite el horror a los otros sabios y entiendan que no han de aspirar a otro honor.<\/p>\n<p>Quiso la misma Vida ir a dar la vida a L\u00e1zaro difunto; ignoraban los disc\u00edpulos el intento y le replicaron: Rabbi, nunc quaerebant te Iudaei lapidare, et iterum vadis illuc? Satisfizo el Redentor el temor: Nonne duodecim sunt horae diei? Hasta aqu\u00ed, parece que tem\u00edan porque ten\u00edan el antecedente de quererle apedrear porque les hab\u00eda reprendido llam\u00e1ndoles ladrones y no pastores de las ovejas. Y as\u00ed, tem\u00edan que si iba a lo mismo (como las reprensiones, aunque sean tan justas, suelen ser mal reconocidas), corriese peligro su vida; pero ya desenga\u00f1ados y enterados de que va a dar vida a L\u00e1zaro, \u00bfcu\u00e1l es la raz\u00f3n que pudo mover a Tom\u00e1s para que tomando aqu\u00ed los alientos que en el huerto Pedro: Eamus et nos, ut moriamur cum eo. \u00bfQu\u00e9 dices, ap\u00f3stol santo? A morir no va el Se\u00f1or, \u00bfde qu\u00e9 es el recelo? Porque a lo que Cristo va no es a reprender, sino a hacer una obra de piedad, y por esto no le pueden hacer mal. Los mismos jud\u00edos os pod\u00edan haber asegurado, pues cuando los reconvino, queri\u00e9ndole apedrear: \u00bfMulta bona opera ostendi vobis ex Patre meo, propter quod eorum opus me lapidatis?, le respondieron: De bono opere non lapidamus te, sed de blasphemia. Pues si ellos dicen que no le quieren apedrear por las buenas obras y ahora va a hacer una tan buena como dar la vida a L\u00e1zaro, \u00bfde qu\u00e9 es el recelo o por qu\u00e9? \u00bfNo fuera mejor decir: Vamos a gozar el fruto del agradecimiento de la buena obra que va a hacer nuestro Maestro; a verle aplaudir y rendir gracias al beneficio; a ver las admiraciones que hacen del milagro? Y no decir, al parecer una cosa tan fuera del caso como es: Eamus et nos, ut moriamur cum eo. Mas \u00a1ay! que el Santo temi\u00f3 como discreto y habl\u00f3 como ap\u00f3stol. \u00bfNo va Cristo a hacer un milagro? Pues \u00bfqu\u00e9 mayor peligro? Menos intolerable es para la soberbia o\u00edr las reprensiones, que para la envidia ver los milagros. En todo lo dicho, venerable se\u00f1ora, no quiero (ni tal desatino cupiera en m\u00ed) decir que me han perseguido por saber, sino s\u00f3lo porque he tenido amor a la sabidur\u00eda y a las letras, no porque haya conseguido ni uno ni otro.<\/p>\n<p>Hall\u00e1base el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, en un tiempo, tan distante de la sabidur\u00eda como pondera aquel enf\u00e1tico: Petrus vero sequebatur eum a longe; tan lejos de los aplausos de docto quien ten\u00eda el t\u00edtulo de indiscreto: Nesciens quid diceret; y aun examinado del conocimiento de la sabidur\u00eda dijo \u00e9l mismo que no hab\u00eda alcanzado la menor noticia: Mulier, nescio quid dicis. Mulier, non novi illum. Y \u00bfqu\u00e9 le sucede? Que teniendo estos cr\u00e9ditos de ignorante, no tuvo la fortuna, s\u00ed las aflicciones, de sabio. \u00bfPor qu\u00e9? No se dio otra causal sino: Et hic cum illo erat. Era afecto a la sabidur\u00eda, llev\u00e1bale el coraz\u00f3n, and\u00e1base tras ella, preci\u00e1base de seguidor y amoroso de la sabidur\u00eda; y aunque era tan a longe que no le comprend\u00eda ni alcanzaba, bast\u00f3 para incurrir sus tormentos. Ni falt\u00f3 soldado de fuera que no le afligiese, ni mujer dom\u00e9stica que no le aquejase. Yo confieso que me hallo muy distante de los t\u00e9rminos de la sabidur\u00eda y que la he deseado seguir, aunque a longe. Pero todo ha sido acercarme m\u00e1s al fuego de la persecuci\u00f3n, al crisol del tormento; y ha sido con tal extremo que han llegado a solicitar que se me prohiba el estudio.<\/p>\n<p>Una vez lo consiguieron una prelada muy santa y muy c\u00e1ndida que crey\u00f3 que el estudio era cosa de Inquisici\u00f3n y me mand\u00f3 que no estudiase. Yo la obedec\u00ed (unos tres meses que dur\u00f3 el poder ella mandar) en cuanto a no tomar libro, que en cuanto a no estudiar absolutamente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios cri\u00f3, sirvi\u00e9ndome ellas de letras, y de libro toda esta m\u00e1quina universal. Nada ve\u00eda sin refleja; nada o\u00eda sin consideraci\u00f3n, aun en las cosas m\u00e1s menudas y materiales; porque como no hay criatura, por baja que sea, en que no se conozca el me fecit Deus, no hay alguna que no pasme el entendimiento, si se considera como se debe. As\u00ed yo, vuelvo a decir, las miraba y admiraba todas; de tal manera que de las mismas personas con quienes hablaba, y de lo que me dec\u00edan, me estaban resaltando mil consideraciones: \u00bfDe d\u00f3nde emanar\u00eda aquella variedad de genios e ingenios, siendo todos de una especie? \u00bfCu\u00e1les ser\u00edan los temperamentos y ocultas cualidades que lo ocasionaban? Si ve\u00eda una figura, estaba combinando la proporci\u00f3n de sus l\u00edneas y medi\u00e1ndola con el entendimiento y reduci\u00e9ndola a otras diferentes. Pase\u00e1bame algunas veces en el testero de un dormitorio nuestro (que es una pieza muy capaz) y estaba observando que siendo las l\u00edneas de sus dos lados paralelas y su techo a nivel, la vista fing\u00eda que sus l\u00edneas se inclinaban una a otra y que su techo estaba m\u00e1s bajo en lo distante que en lo pr\u00f3ximo: de donde infer\u00eda que las l\u00edneas visuales corren rectas, pero no paralelas, sino que van a formar una figura piramidal. Y discurr\u00eda si ser\u00eda \u00e9sta la raz\u00f3n que oblig\u00f3 a los antiguos a dudar si el mundo era esf\u00e9rico o no. Porque, aunque lo parece, pod\u00eda ser enga\u00f1o de la vista, demostrando concavidades donde pudiera no haberlas.<\/p>\n<p>Este modo de reparos en todo me suced\u00eda y sucede siempre, sin tener yo arbitrio en ello, que antes me suelo enfadar porque me cansa la cabeza; y yo cre\u00eda que a todos suced\u00eda esto mismo y el hacer versos, hasta que la experiencia me ha mostrado lo contrario; y es de tal manera esta naturaleza o costumbre, que nada veo sin segunda consideraci\u00f3n. Estaban en mi presencia dos ni\u00f1as jugando con un trompo, y apenas yo vi el movimiento y la figura, cuando empec\u00e9, con esta mi locura, a considerar el f\u00e1cil moto de la forma esf\u00e9rica, y c\u00f3mo duraba el impulso ya impreso e independiente de su causa, pues distante la mano de la ni\u00f1a, que era la causa motiva, bailaba el trompillo; y no contenta con esto, hice traer harina y cernerla para que, en bailando el trompo encima, se conociese si eran c\u00edrculos perfectos o no los que describ\u00eda con su movimiento; y hall\u00e9 que no eran sino unas l\u00edneas espirales que iban perdiendo lo circular cuanto se iba remitiendo el impulso. Jugaban otras a los alfileres (que es el m\u00e1s fr\u00edvolo juego que usa la puerilidad); yo me llegaba a contemplar las figuras que formaban; y viendo que acaso se pusieron tres en tri\u00e1ngulo, me pon\u00eda a enlazar uno en otro, acord\u00e1ndome de que aqu\u00e9lla era la figura que dicen ten\u00eda el misterioso anillo de Salom\u00f3n, en que hab\u00eda unas lejanas luces y representaciones de la Sant\u00edsima Trinidad, en virtud de lo cual obraba tantos prodigios y maravillas; y la misma que dicen tuvo el arpa de David, y que por eso sanaba Sa\u00fal a su sonido; y casi la misma conservan las arpas en nuestros tiempos.<\/p>\n<p>Pues \u00bfqu\u00e9 os pudiera contar, Se\u00f1ora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Veo que un huevo se une y fr\u00ede en la manteca o aceite y, por contrario, se despedaza en el alm\u00edbar; ver que para que el az\u00facar se conserve fluida basta echarle una muy m\u00ednima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el az\u00facar, sirve cada una de por s\u00ed y juntos no. Por no cansaros con tales frialdades, que s\u00f3lo refiero por daros entera noticia de mi natural y creo que os causar\u00e1 risa; pero, se\u00f1ora, \u00bfqu\u00e9 podemos saber las mujeres sino filosof\u00edas de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Arist\u00f3teles hubiera guisado, mucho m\u00e1s hubiera escrito. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo que esto es tan continuo en m\u00ed, que no necesito de libros; y en una ocasi\u00f3n que, por un grave accidente de est\u00f3mago, me prohibieron los m\u00e9dicos el estudio, pas\u00e9 as\u00ed algunos d\u00edas, y luego les propuse que era menos da\u00f1oso el conced\u00e9rmelos, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, que consum\u00edan m\u00e1s esp\u00edritus en un cuarto de hora que el estudio de los libros en cuatro d\u00edas; y as\u00ed se redujeron a concederme que leyese; y m\u00e1s, Se\u00f1ora m\u00eda, que ni aun el sue\u00f1o se libr\u00f3 de este continuo movimiento de mi imaginativa; antes suele obrar en \u00e9l m\u00e1s libre y desembarazada, confiriendo con mayor claridad y sosiego las especies que ha conservado del d\u00eda, arguyendo, haciendo versos, de que os pudiera hacer un cat\u00e1logo muy grande, y de algunas razones y delgadezas que he alcanzado dormida mejor que despierta, y las dejo por no cansaros, pues basta lo dicho para que vuestra discreci\u00f3n y trascendencia penetre y se entere perfectamente en todo mi natural y del principio, medios y estado de mis estudios.<\/p>\n<p>Si \u00e9stos, Se\u00f1ora, fueran m\u00e9ritos (como los veo por tales celebrar en los hombres), no lo hubieran sido en m\u00ed, porque obro necesariamente. Si son culpa, por la misma raz\u00f3n creo que no la he tenido; mas, con todo, vivo siempre tan desconfiada de m\u00ed, que ni en esto ni en otra cosa me f\u00edo de mi juicio; y as\u00ed remito la decisi\u00f3n a ese soberano talento, someti\u00e9ndome luego a lo que sentenciare, sin contradici\u00f3n ni repugnancia, pues esto no ha sido m\u00e1s de una simple narraci\u00f3n de mi inclinaci\u00f3n a las letras.<\/p>\n<p>Confieso tambi\u00e9n que con ser esto verdad tal que, como he dicho, no necesitaba de ejemplares, con todo no me han dejado de ayudar los muchos que he le\u00eddo, as\u00ed en divinas como en humanas letras. Porque veo a una D\u00e9bora dando leyes, as\u00ed en lo militar como en lo pol\u00edtico, y gobernando el pueblo donde hab\u00eda tantos varones doctos. Veo una sapient\u00edsima reina de Sab\u00e1, tan docta que se atreve a tentar con enigmas la sabidur\u00eda del mayor de los sabios, sin ser por ello reprendida, antes por ello ser\u00e1 juez de los incr\u00e9dulos. Veo tantas y tan insignes mujeres: unas adornadas del don de profec\u00eda, como una Abiga\u00edl; otras de persuasi\u00f3n, como Ester; otras, de piedad, como Rahab; otras de perseverancia, como Ana, madre de Samuel; y otras infinitas, en otras especies de prendas y virtudes.<\/p>\n<p>Si revuelvo a los gentiles, lo primero que encuentro es con las Sibilas, elegidas de Dios para profetizar los principales misterios de nuestra Fe; y en tan doctos y elegantes versos que suspenden la admiraci\u00f3n. Veo adorar por diosa de las ciencias a una mujer como Minerva, hija del primer J\u00fapiter y maestra de toda la sabidur\u00eda de Atenas. Veo una Pola Argentaria, que ayud\u00f3 a Lucano, su marido, a escribir la gran Batalla Fars\u00e1lica. Veo a la hija del divino Tiresias, m\u00e1s docta que su padre. Veo a una Cenobia, reina de los Palmirenos, tan sabia como valerosa. A una Arete, hija de Aristipo, doct\u00edsima. A una Nicostrata, inventora de las letras latinas y erudit\u00edsima en las griegas. A una Aspasia Milesia que ense\u00f1\u00f3 filosof\u00eda y ret\u00f3rica y fue maestra del fil\u00f3sofo Pericles. A una Hipasia que ense\u00f1\u00f3 astrolog\u00eda y ley\u00f3 mucho tiempo en Alejandr\u00eda. A una Leoncia, griega, que escribi\u00f3 contra el fil\u00f3sofo Teofrasto y le convenci\u00f3. A una Jucia, a una Corina, a una Cornelia; y en fin a toda la gran turba de las que merecieron nombres, ya de griegas, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron m\u00e1s que mujeres doctas, tenidas y celebradas y tambi\u00e9n veneradas de la antig\u00fcedad por tales. Sin otras infinitas, de que est\u00e1n los libros llenos, pues veo aquella egipc\u00edaca Catarina, leyendo y convenciendo todas las sabidur\u00edas de los sabios de Egipto. Veo una Gertrudis leer, escribir y ense\u00f1ar. Y para no buscar ejemplos fuera de casa, veo una sant\u00edsima madre m\u00eda, Paula, docta en las lenguas hebrea, griega y latina y apt\u00edsima para interpretar las Escrituras. \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s que siendo su cronista un M\u00e1ximo Jer\u00f3nimo, apenas se hallaba el Santo digno de serlo, pues con aquella viva ponderaci\u00f3n y en\u00e9rgica eficacia con que sabe explicarse dice: Si todos los miembros de mi cuerpo fuesen lenguas, no bastar\u00edan a publicar la sabidur\u00eda y virtud de Paula. Las mismas alabanzas le mereci\u00f3 Blesila, viuda; y las mismas la esclarecida virgen Eustoquio, hijas ambas de la misma Santa; y la segunda, tal, que por su ciencia era llamada Prodigio del Mundo. Fabiola, romana, fue tambi\u00e9n doct\u00edsima en la Sagrada Escritura. Proba Falconia, mujer romana, escribi\u00f3 un elegante libro con centones de Virgilio, de los misterios de Nuestra Santa Fe. Nuestra reina Do\u00f1a Isabel, mujer del d\u00e9cimo Alfonso, es corriente que escribi\u00f3 de astrolog\u00eda. Sin otras que omito por no trasladar lo que otros han dicho (que es vicio que siempre he abominado), pues en nuestros tiempos est\u00e1 floreciendo la gran Cristina Alejandra, Reina de Suecia, tan docta como valerosa y magn\u00e1nima, y las Excelent\u00edsimas se\u00f1oras Duquesa de Aveyro y Condesa de Villaumbrosa.<\/p>\n<p>El venerable Doctor Arce (digno profesor de Escritura por su virtud y letras), en su Studioso Bibliorum excita esta cuesti\u00f3n: An liceat foeminis sacrorum Bibliorum studio incumbere? eaque interpretari? Y trae por la parte contraria muchas sentencias de santos, en especial aquello del Ap\u00f3stol: Mulieres in Ecclesiis taceant, non enim permittitur eis loqui, etc. Trae despu\u00e9s otras sentencias, y del mismo Ap\u00f3stol aquel lugar ad Titum: Anus similiter in habitu sancto, bene docentes, con interpretaciones de los Santos Padres; y al fin resuelve, con su prudencia, que el leer p\u00fablicamente en las c\u00e1tedras y predicar en los p\u00falpitos, no es l\u00edcito a las mujeres; pero que el estudiar, escribir y ense\u00f1ar privadamente, no s\u00f3lo les es l\u00edcito, pero muy provechoso y \u00fatil; claro est\u00e1 que esto no se debe entender con todas, sino con aquellas a quienes hubiere Dios dotado de especial virtud y prudencia y que fueren muy provectas y eruditas y tuvieren el talento y requisitos necesarios para tan sagrado empleo. Y esto es tan justo que no s\u00f3lo a las mujeres, que por tan ineptas est\u00e1n tenidas, sino a los hombres, que con s\u00f3lo serlo piensan que son sabios, se hab\u00eda de prohibir la interpretaci\u00f3n de las Sagradas Letras, en no siendo muy doctos y virtuosos y de ingenios d\u00f3ciles y bien inclinados; porque de lo contrario creo yo que han salido tantos sectarios y que ha sido la ra\u00edz de tantas herej\u00edas; porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son de \u00e1nimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la Ley (que es quien las rehusa); y as\u00ed hasta que por decir lo que nadie ha dicho dicen una herej\u00eda, no est\u00e1n contentos. De \u00e9stos dice el Esp\u00edritu Santo: In malevolam animam non introibit sapientia. A \u00e9stos, m\u00e1s da\u00f1o les hace el saber que les hiciera el ignorar. Dijo un discreto que no es necio entero el que no sabe lat\u00edn, pero el que lo sabe est\u00e1 calificado. Y a\u00f1ado yo que le perfecciona (si es perfecci\u00f3n la necedad) el haber estudiado su poco de filosof\u00eda y teolog\u00eda y el tener alguna noticia de lenguas, que con eso es necio en muchas ciencias y lenguas: porque un necio grande no cabe en s\u00f3lo la lengua materna.<\/p>\n<p>A \u00e9stos, vuelvo a decir, hace da\u00f1o el estudiar, porque es poner espada en manos del furioso; que siendo instrumento nobil\u00edsimo para la defensa, en sus manos es muerte suya y de muchos. Tales fueron las Divinas Letras en poder del malvado Pelagio y del protervo Arrio, del malvado Lutero y de los dem\u00e1s heresiarcas, como lo fue nuestro Doctor (nunca fue nuestro ni doctor) Cazalla; a los cuales hizo da\u00f1o la sabidur\u00eda porque, aunque es el mejor alimento y vida del alma, a la manera que en el est\u00f3mago mal acomplexionado y de viciado calor, mientras mejores los alimentos que recibe, m\u00e1s \u00e1ridos, fermentados y perversos son los humores que cr\u00eda, as\u00ed estos mal\u00e9volos, mientras m\u00e1s estudian, peores opiniones engendran; obstr\u00fayeseles el entendimiento con lo mismo que hab\u00eda de alimentarse, y es que estudian mucho y digieren poco, sin proporcionarse al vaso limitado de sus entendimientos. A esto dice el Ap\u00f3stol: Dico enim per gratiam quae data est mihi, omnibus qui sunt inter vos: Non plus sapere quam oportet sapere, sed sapere ad sobrietatem: et unicuique sicut Deus divisit mensuram fidei. Y en verdad no lo dijo el Ap\u00f3stol a las mujeres, sino a los hombres; y que no es s\u00f3lo para ellas el taceant, sino para todos los que no fueren muy aptos. Querer yo saber tanto o m\u00e1s que Arist\u00f3teles o que San Agust\u00edn, si no tengo la aptitud de San Agust\u00edn o de Arist\u00f3teles, aunque estudie m\u00e1s que los dos, no s\u00f3lo no lo conseguir\u00e9 sino que debilitar\u00e9 y entorpecer\u00e9 la operaci\u00f3n de mi flaco entendimiento con la desproporci\u00f3n del objeto.<\/p>\n<p>\u00a1Oh si todos &#8211;y yo la primera, que soy una ignorante&#8211; nos tom\u00e1semos la medida al talento antes de estudiar, y lo peor es, de escribir con ambiciosa codicia de igualar y aun de exceder a otros, qu\u00e9 poco \u00e1nimo nos quedara y de cu\u00e1ntos errores nos excus\u00e1ramos y cu\u00e1ntas torcidas inteligencias que andan por ah\u00ed no anduvieran! Y pongo las m\u00edas en primer lugar, pues si conociera, como debo, esto mismo no escribiera. Y protesto que s\u00f3lo lo hago por obedeceros; con tanto recelo, que me deb\u00e9is m\u00e1s en tomar la pluma con este temor, que me debi\u00e9rades si os remitiera m\u00e1s perfectas obras. Pero, bien que va a vuestra correcci\u00f3n; borradlo, rompedlo y reprendedme, que eso apreciar\u00e9 yo m\u00e1s que todo cuanto vano aplauso me pueden otros dar: Corripiet me iustus in misericordia, et increpabit: oleum autem peccatoris non impinguet caput meum.<\/p>\n<p>Y volviendo a nuestro Arce, digo que trae en confirmaci\u00f3n de su sentir aquellas palabras de mi Padre San Jer\u00f3nimo (ad Laetam, de institutione filiae), donde dice: Adhuc tenera lingua psalmis dulcibus imbuatur. Ipsa nomina per quae consuescit paulatim verba contexere; non sint fortuita, sed certa, et coacervata de industria. Prophetarum videlicet, atque Apostolorum, et omnis ab Adam Patriarcharum series, de Matthaeo, Lucaque descendat, ut dum aliud agit, futurae memoriae praeparetur. Reddat tibi pensum quotidie, de Scripturarum floribus carptum. Pues si as\u00ed quer\u00eda el Santo que se educase una ni\u00f1a que apenas empezaba a hablar, \u00bfqu\u00e9 querr\u00e1 en sus monjas y en sus hijas espirituales? Bien se conoce en las referidas Eustoquio y Fabiola y en Marcela, su hermana Pac\u00e1tula y otras a quienes el Santo honra en sus ep\u00edstolas, exhort\u00e1ndolas a este sagrado ejercicio, como se conoce en la citada ep\u00edstola donde not\u00e9 yo aquel reddat tibi pensum, que es reclamo y concordante del bene docentes de San Pablo; pues el reddat tibi de mi gran Padre da a entender que la maestra de la ni\u00f1a ha de ser la misma Leta su madre.<\/p>\n<p>\u00a1Oh cu\u00e1ntos da\u00f1os se excusaran en nuestra rep\u00fablica si las ancianas fueran doctas como Leta, y que supieran ense\u00f1ar como manda San Pablo y mi Padre San Jer\u00f3nimo! Y no que por defecto de esto y la suma flojedad en que han dado en dejar a las pobres mujeres, si algunos padres desean doctrinar m\u00e1s de lo ordinario a sus hijas, les fuerza la necesidad y falta de ancianas sabias, a llevar maestros hombres a ense\u00f1ar a leer, escribir y contar, a tocar y otras habilidades, de que no pocos da\u00f1os resultan, como se experimentan cada d\u00eda en lastimosos ejemplos de desiguales consorcios, porque con la inmediaci\u00f3n del trato y la comunicaci\u00f3n del tiempo, suele hacerse f\u00e1cil lo que no se pens\u00f3 ser posible. Por lo cual, muchos quieren m\u00e1s dejar b\u00e1rbaras e incultas a sus hijas que no exponerlas a tan notorio peligro como la familiaridad con los hombres, lo cual se excusara si hubiera ancianas doctas, como quiere San Pablo, y de unas en otras fuese sucediendo el magisterio como sucede en el de hacer labores y lo dem\u00e1s que es costumbre.<\/p>\n<p>Porque \u00bfqu\u00e9 inconveniente tiene que una mujer anciana, docta en letras y de santa conversaci\u00f3n y costumbres, tuviese a su cargo la educaci\u00f3n de las doncellas? Y no que \u00e9stas o se pierden por falta de doctrina o por quer\u00e9rsela aplicar por tan peligrosos medios cuales son los maestros hombres, que cuando no hubiera m\u00e1s riesgo que la indecencia de sentarse al lado de una mujer verecunda (que aun se sonrosea de que la mire a la cara su propio padre) un hombre tan extra\u00f1o, a tratarla con casera familiaridad y a tratarla con magistral llaneza, el pudor del trato con los hombres y de su conversaci\u00f3n basta para que no se permitiese. Y no hallo yo que este modo de ense\u00f1ar de hombres a mujeres pueda ser sin peligro, si no es en el severo tribunal de un confesonario o en la distante docencia de los p\u00falpitos o en el remoto conocimiento de los libros, pero no en el manoseo de la inmediaci\u00f3n. Y todos conocen que esto es verdad; y con todo, se permite s\u00f3lo por el defecto de no haber ancianas sabias; luego es grande da\u00f1o el no haberlas. Esto deb\u00edan considerar los que atados al Mulieres in Ecclesia taceant, blasfeman de que las mujeres sepan y ense\u00f1en; como que no fuera el mismo Ap\u00f3stol el que dijo: bene docentes. Dem\u00e1s de que aquella prohibici\u00f3n cay\u00f3 sobre lo historial que refiere Eusebio, y es que en la Iglesia primitiva se pon\u00edan las mujeres a ense\u00f1ar las doctrinas unas a otras en los templos; y este rumor confund\u00eda cuando predicaban los ap\u00f3stoles y por eso se les mand\u00f3 callar; como ahora sucede, que mientras predica el predicador no se reza en alta voz.<\/p>\n<p>No hay duda de que para inteligencia de muchos lugares es menester mucha historia, costumbres, ceremonias, proverbios y aun maneras de hablar de aquellos tiempos en que se escribieron, para saber sobre qu\u00e9 caen y a qu\u00e9 aluden algunas locuciones de las divinas letras. Scindite corda vestra, et non vestimenta vestra, \u00bfno es alusi\u00f3n a la ceremonia que ten\u00edan los hebreos de rasgar los vestidos, en se\u00f1al de dolor, como lo hizo el mal pont\u00edfice cuando dijo que Cristo hab\u00eda blasfemado? Muchos lugares del Ap\u00f3stol sobre el socorro de las viudas \u00bfno miraban tambi\u00e9n a las costumbres de aquellos tiempos? Aquel lugar de la mujer fuerte: Nobilis in portis vir eius \u00bfno alude a la costumbre de estar los tribunales de los jueces en las puertas de las ciudades? El dare terram Deo \u00bfno significaba hacer alg\u00fan voto? Hiemantes \u00bfno se llamaban los pecadores p\u00fablicos, porque hac\u00edan penitencia a cielo abierto, a diferencia de los otros que la hac\u00edan en un portal? Aquella queja de Cristo al fariseo de la falta del \u00f3sculo y lavatorio de pies \u00bfno se fund\u00f3 en la costumbre que de hacer estas cosas ten\u00edan los jud\u00edos? Y otros infinitos lugares no s\u00f3lo de las letras divinas sino tambi\u00e9n de las humanas, que se topan a cada paso, como el adorate purpuram, que significaba obedecer al rey; el manumittere eum, que significa dar libertad, aludiendo a la costumbre y ceremonia de dar una bofetada al esclavo para darle libertad. Aquel intonuit coelum, de Virgilio, que alude al ag\u00fcero de tronar hacia occidente, que se ten\u00eda por bueno. Aquel tu nunquam leporem edisti, de Marcial, que no s\u00f3lo tiene el donaire de equ\u00edvoco en el leporem, sino la alusi\u00f3n a la propiedad que dec\u00edan tener la liebre. Aquel proverbio: Maleam legens, quae sunt domi obliviscere, que alude al gran peligro del promontorio de Laconia. Aquella respuesta de la casta matrona al pretensor molesto, de: \u00abpor m\u00ed no se untar\u00e1n los quicios, ni arder\u00e1n las teas\u00bb, para decir que no quer\u00eda casarse, aludiendo a la ceremonia de untar las puertas con manteca y encender las teas nupciales en los matrimonios; como si ahora dij\u00e9ramos: por m\u00ed no se gastar\u00e1n arras ni echar\u00e1 bendiciones el cura. Y as\u00ed hay tanto comento de Virgilio y de Homero y de todos los poetas y oradores. Pues fuera de esto, \u00bfqu\u00e9 dificultades no se hallan en los lugares sagrados, aun en lo gramatical, de ponerse el plural por singular, de pasar de segunda a tercera persona, como aquello de los Cantares: osculetur me osculo oris sui: quia meliora sunt ubera tua vino? Aquel poner los adjetivos en genitivo, en vez de acusativo, como Calicem salutaris accipiam? Aquel poner el femenino por masculino; y, al contrario, llamar adulterio a cualquier pecado?<\/p>\n<p>Todo esto pide m\u00e1s lecci\u00f3n de lo que piensan algunos que, de meros gram\u00e1ticos, o cuando mucho con cuatro t\u00e9rminos de S\u00famulas, quieren interpretar las Escrituras y se aferran del Mulieres in Ecclesiis taceant, sin saber c\u00f3mo se ha de entender. Y de otro lugar: Mulier in silentio discat; siendo este lugar m\u00e1s en favor que en contra de las mujeres, pues manda que aprendan, y mientras aprenden claro est\u00e1 que es necesario que callen. Y tambi\u00e9n est\u00e1 escrito: Audi Israel, et tace; donde se habla con toda la colecci\u00f3n de los hombres y mujeres, y a todos se manda callar, porque quien oye y aprende es mucha raz\u00f3n que atienda y calle. Y si no, yo quisiera que estos int\u00e9rpretes y expositores de San Pablo me explicaran c\u00f3mo entienden aquel lugar: Mulieres in Ecclesia taceant. Porque o lo han de entender de lo material de los p\u00falpitos y c\u00e1tedras, o de lo formal de la universalidad de los fieles, que es la Iglesia. Si lo entienden de lo primero (que es, en mi sentir, su verdadero sentido, pues vemos que, con efecto, no se permite en la Iglesia que las mujeres lean p\u00fablicamente ni prediquen), \u00bfpor qu\u00e9 reprenden a las que privadamente estudian? Y si lo entienden de lo segundo y quieren que la prohibici\u00f3n del Ap\u00f3stol sea trascendentalmente, que ni en lo secreto se permita escribir ni estudiar a las mujeres, \u00bfc\u00f3mo vemos que la Iglesia ha permitido que escriba una Gertrudis, una Teresa, una Br\u00edgida, la monja de \u00c1greda y otras muchas? Y si me dicen que \u00e9stas eran santas, es verdad, pero no obsta a mi argumento; lo primero, porque la proposici\u00f3n de San Pablo es absoluta y comprende a todas las mujeres sin excepci\u00f3n de santas, pues tambi\u00e9n en su tiempo lo eran Marta y Mar\u00eda, Marcela, Mar\u00eda madre de Jacob, y Salom\u00e9, y otras muchas que hab\u00eda en el fervor de la primitiva Iglesia, y no las except\u00faa; y ahora vemos que la Iglesia permite escribir a las mujeres santas y no santas, pues la de \u00c1greda y Mar\u00eda de la Antigua no est\u00e1n canonizadas y corren sus escritos; y ni cuando Santa Teresa y las dem\u00e1s escribieron, lo estaban: luego la prohibici\u00f3n de San Pablo s\u00f3lo mir\u00f3 a la publicidad de los p\u00falpitos, pues si el Ap\u00f3stol prohibiera el escribir, no lo permitiera la Iglesia. Pues ahora, yo no me atrevo a ense\u00f1ar &#8211;que fuera en m\u00ed muy desmedida presunci\u00f3n&#8211;; y el escribir, mayor talento que el m\u00edo requiere y muy grande consideraci\u00f3n. As\u00ed lo dice San Cipriano: Gravi consideratione indigent, quae scribimus. Lo que s\u00f3lo he deseado es estudiar para ignorar menos: que, seg\u00fan San Agust\u00edn, unas cosas se aprenden para hacer y otras para s\u00f3lo saber: Discimus quaedam, ut sciamus; quaedam, ut faciamus. Pues \u00bfen qu\u00e9 ha estado el delito, si aun lo que es l\u00edcito a las mujeres, que es ense\u00f1ar escribiendo, no hago yo porque conozco que no tengo caudal para ello, siguiendo el consejo de Quintiliano: Noscat quisque, et non tantum ex alienis praeceptis, sed ex natura sua capiat consilium?<\/p>\n<p>Si el crimen est\u00e1 en la Carta Atenag\u00f3rica, \u00bffue aqu\u00e9lla m\u00e1s que referir sencillamente mi sentir con todas las venias que debo a nuestra Santa Madre Iglesia? Pues si ella, con su sant\u00edsima autoridad, no me lo prohibe, \u00bfpor qu\u00e9 me lo han de prohibir otros? \u00bfLlevar una opini\u00f3n contraria de Vieyra fue en m\u00ed atrevimiento, y no lo fue en su Paternidad llevarla contra los tres Santos Padres de la Iglesia? Mi entendimiento tal cual \u00bfno es tan libre como el suyo, pues viene de un solar? \u00bfEs alguno de los principios de la Santa Fe, revelados, su opini\u00f3n, para que la hayamos de creer a ojos cerrados? Dem\u00e1s que yo ni falt\u00e9 al decoro que a tanto var\u00f3n se debe, como ac\u00e1 ha faltado su defensor, olvidado de la sentencia de Tito Lucio: Artes committatur decor; ni toqu\u00e9 a la Sagrada Compa\u00f1\u00eda en el pelo de la ropa; ni escrib\u00ed m\u00e1s que para el juicio de quien me lo insinu\u00f3; y seg\u00fan Plinio, non similis est conditio publicantis, et nominatim dicentis. Que si creyera se hab\u00eda de publicar, no fuera con tanto desali\u00f1o como fue. Si es, como dice el censor, her\u00e9tica, \u00bfpor qu\u00e9 no la delata? y con eso \u00e9l quedar\u00e1 vengado y yo contenta, que aprecio, como debo, m\u00e1s el nombre de cat\u00f3lica y de obediente hija de mi Santa Madre Iglesia, que todos los aplausos de docta. Si est\u00e1 b\u00e1rbara &#8211;que en eso dice bien&#8211;, r\u00edase, aunque sea con la risa que dicen del conejo, que yo no le digo que me aplauda, pues como yo fui libre para disentir de Vieyra, lo ser\u00e1 cualquiera para disentir de mi dictamen.<\/p>\n<p>Pero \u00bfd\u00f3nde voy, Se\u00f1ora m\u00eda? Que esto no es de aqu\u00ed, ni es para vuestros o\u00eddos, sino que como voy tratando de mis impugnadores, me acord\u00e9 de las cl\u00e1usulas de uno que ha salido ahora, e insensiblemente se desliz\u00f3 la pluma a quererle responder en particular, siendo mi intento hablar en general. Y as\u00ed, volviendo a nuestro Arce, dice que conoci\u00f3 en esta ciudad dos monjas: la una en el convento de Regina, que ten\u00eda el Breviario de tal manera en la memoria, que aplicaba con grand\u00edsima prontitud y propiedad sus versos, salmos y sentencias de homil\u00edas de los santos, en las conversaciones. La otra, en el convento de la Concepci\u00f3n, tan acostumbrada a leer las Ep\u00edstolas de mi Padre San Jer\u00f3nimo, y locuciones del Santo, de tal manera que dice Arce: Hieronymum ipsum hispane loquentem audire me existimarem. Y de \u00e9sta dice que supo, despu\u00e9s de su muerte, hab\u00eda traducido dichas Ep\u00edstolas en romance; y se duele de que tales talentos no se hubieran empleado en mayores estudios con principios cient\u00edficos, sin decir los nombres de la una ni de la otra, aunque las trae para confirmaci\u00f3n de su sentencia, que es que no s\u00f3lo es l\u00edcito, pero util\u00edsimo y necesario a las mujeres el estudio de las sagradas letras, y mucho m\u00e1s a las monjas, que es lo mismo a que vuestra discreci\u00f3n me exhorta y a que concurren tantas razones.<\/p>\n<p>Pues si vuelvo los ojos a la tan perseguida habilidad de hacer versos \u2014que en m\u00ed es tan natural, que aun me violento para que esta carta no lo sean, y pudiera decir aquello de Quidquid conabar dicere, versus erat\u2014, vi\u00e9ndola condenar a tantos tanto y acriminar, he buscado muy de prop\u00f3sito cu\u00e1l sea el da\u00f1o que puedan tener, y no le he hallado; antes s\u00ed los veo aplaudidos en las bocas de las Sibilas; santificados en las plumas de los Profetas, especialmente del Rey David, de quien dice el gran expositor y amado Padre m\u00edo, dando raz\u00f3n de las mensuras de sus metros: In morem Flacci et Pindari nunc iambo currit, nunc alcaico personat, nunc sapphico tumet, nunc semipede ingreditur. Los m\u00e1s de los libros sagrados est\u00e1n en metro, como el C\u00e1ntico de Mois\u00e9s; y los de Job, dice San Isidoro, en sus Etimolog\u00edas, que est\u00e1n en verso heroico. En los Epitalamios los escribi\u00f3 Salom\u00f3n; en los Trenos, Jerem\u00edas. Y as\u00ed dice Casiodoro: Omnis poetica locutio a Divinis scripturis sumpsit exordium. Pues nuestra Iglesia Cat\u00f3lica no s\u00f3lo no los desde\u00f1a, mas los usa en sus Himnos y recita los de San Ambrosio, Santo Tom\u00e1s, de San Isidoro y otros. San Buenaventura les tuvo tal afecto que apenas hay plana suya sin versos. San Pablo bien se ve que los hab\u00eda estudiado, pues los cita, y traduce el de Arato: In ipso enim vivimus, et movemur, et sumus, y alega el otro de Parm\u00e9nides: Cretenses semper mendaces, malae bestiae, pigri. San Gregorio Nacianceno disputa en elegantes versos las cuestiones de Matrimonio y la de la Virginidad. Y \u00bfqu\u00e9 me canso? La Reina de la Sabidur\u00eda y Se\u00f1ora nuestra, con sus sagrados labios, enton\u00f3 el C\u00e1ntico de la Magnificat; y habi\u00e9ndola tra\u00eddo por ejemplar, agravio fuera traer ejemplos profanos, aunque sean de varones grav\u00edsimos y doct\u00edsimos, pues esto sobra para prueba; y el ver que, aunque como la elegancia hebrea no se pudo estrechar a la mensura latina, a cuya causa el traductor sagrado, m\u00e1s atento a lo importante del sentido, omiti\u00f3 el verso, con todo, retienen los Salmos el nombre y divisiones de versos; pues \u00bfcu\u00e1l es el da\u00f1o que pueden tener ellos en s\u00ed? Porque el mal uso no es culpa del arte, sino del mal profesor que los vicia, haciendo de ellos lazos del demonio; y esto en todas las facultades y ciencias sucede.<\/p>\n<p>Pues si est\u00e1 el mal en que los use una mujer, ya se ve cu\u00e1ntas los han usado loablemente; pues \u00bfen qu\u00e9 est\u00e1 el serlo yo? Confieso desde luego mi ruindad y vileza; pero no juzgo que se habr\u00e1 visto una copla m\u00eda indecente. Dem\u00e1s, que yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos; de tal manera, que no me acuerdo haber escrito por mi gusto sino es un papelillo que llaman El Sue\u00f1o. Esa carta que vos, Se\u00f1ora m\u00eda, honrasteis tanto, la escrib\u00ed con m\u00e1s repugnancia que otra cosa; y as\u00ed porque era de cosas sagradas a quienes (como he dicho) tengo reverente temor, como porque parec\u00eda querer impugnar, cosa a que tengo aversi\u00f3n natural. Y creo que si pudiera haber prevenido el dichoso destino a que nac\u00eda &#8211;pues, como a otro Mois\u00e9s, la arroj\u00e9 exp\u00f3sita a las aguas del Nilo del silencio, donde la hall\u00f3 y acarici\u00f3 una princesa como vos&#8211;; creo, vuelvo a decir, que si yo tal pensara, la ahogara antes entre las mismas manos en que nac\u00eda, de miedo de que pareciesen a la luz de vuestro saber los torpes borrones de mi ignorancia. De donde se conoce la grandeza de vuestra bondad, pues est\u00e1 aplaudiendo vuestra voluntad lo que precisamente ha de estar repugnando vuestro clar\u00edsimo entendimiento. Pero ya que su ventura la arroj\u00f3 a vuestras puertas, tan exp\u00f3sita y hu\u00e9rfana que hasta el nombre le pusisteis vos, p\u00e9same que, entre m\u00e1s deformidades, llevase tambi\u00e9n los defectos de la prisa; porque as\u00ed por la poca salud que continuamente tengo, como por la sobra de ocupaciones en que me pone la obediencia, y carecer de quien me ayude a escribir, y estar necesitada a que todo sea de mi mano y porque, como iba contra mi genio y no quer\u00eda m\u00e1s que cumplir con la palabra a quien no pod\u00eda desobedecer, no ve\u00eda la hora de acabar; y as\u00ed dej\u00e9 de poner discursos enteros y muchas pruebas que se me ofrec\u00edan, y las dej\u00e9 por no escribir m\u00e1s; que, a saber que se hab\u00eda de imprimir, no las hubiera dejado, siquiera por dejar satisfechas algunas objeciones que se han excitado, y pudiera remitir, pero no ser\u00e9 tan desatenta que ponga tan indecentes objetos a la pureza de vuestros ojos, pues basta que los ofenda con mis ignorancias, sin que los remita a ajenos atrevimientos. Si ellos por s\u00ed volaren por all\u00e1 (que son tan livianos que s\u00ed har\u00e1n), me ordenar\u00e9is lo que debo hacer; que, si no es interviniendo vuestros preceptos, lo que es por mi defensa nunca tomar\u00e9 la pluma, porque me parece que no necesita de que otro le responda, quien en lo mismo que se oculta conoce su error, pues, como dice mi Padre San Jer\u00f3nimo, bonus sermo secreta non quaerit, y San Ambrosio: latere criminosae est conscientiae. Ni yo me tengo por impugnada, pues dice una regla del Derecho: Accusatio non tenetur si non curat de persona, quae produxerit illam. Lo que s\u00ed es de ponderar es el trabajo que le ha costado el andar haciendo traslados. \u00a1Rara demencia: cansarse m\u00e1s en quitarse el cr\u00e9dito que pudiera en granjearlo! Yo, Se\u00f1ora m\u00eda, no he querido responder; aunque otros lo han hecho, sin saberlo yo: basta que he visto algunos papeles, y entre ellos uno que por docto os remito y porque el leerle os desquite parte del tiempo que os he malgastado en lo que yo escribo. Si vos, Se\u00f1ora, gust\u00e1redes de que yo haga lo contrario de lo que ten\u00eda propuesto a vuestro juicio y sentir, al menor movimiento de vuestro gusto ceder\u00e1, como es raz\u00f3n, mi dictamen que, como os he dicho, era de callar, porque aunque dice San Juan Cris\u00f3stomo: calumniatores convincere oportet, interrogatores docere, veo que tambi\u00e9n dice San Gregorio: Victoria non minor est, hostes tolerare, quam hostes vincere; y que la paciencia vence tolerando y triunfa sufriendo. Y si entre los gentiles romanos era costumbre, en la m\u00e1s alta cumbre de la gloria de sus capitanes &#8211;cuando entraban triunfando de las naciones, vestidos de p\u00farpura y coronados de laurel, tirando el carro, en vez de brutos, coronadas frentes de vencidos reyes, acompa\u00f1ados de los despojos de las riquezas de todo el mundo y adornada la milicia vencedora de las insignias de sus haza\u00f1as, oyendo los aplausos populares en tan honrosos t\u00edtulos y renombres como llamarlos Padres de la Patria, Columnas del Imperio, Muros de Roma, Amparos de la Rep\u00fablica y otros nombres gloriosos&#8211;, que en este supremo auge de la gloria y felicidad humana fuese un soldado, en voz alta diciendo al vencedor, como con sentimiento suyo y orden del Senado: Mira que eres mortal; mira que tienes tal y tal defecto; sin perdonar los m\u00e1s vergonzosos, como sucedi\u00f3 en el triunfo de C\u00e9sar, que voceaban los m\u00e1s viles soldados a sus o\u00eddos: Cavete romani, adducimus vobis adulterum calvum. Lo cual se hac\u00eda porque en medio de tanta honra no se desvaneciese el vencedor, y porque el lastre de estas afrentas hiciese contrapeso a las velas de tantos aplausos, para que no peligrase la nave del juicio entre los vientos de las aclamaciones. Si esto, digo, hac\u00edan unos gentiles, con sola la luz de la Ley Natural, nosotros, cat\u00f3licos, con un precepto de amar a los enemigos, \u00bfqu\u00e9 mucho haremos en tolerarlos? Yo de m\u00ed puedo asegurar que las calumnias algunas veces me han mortificado, pero nunca me han hecho da\u00f1o, porque yo tengo por muy necio al que teniendo ocasi\u00f3n de merecer, pasa el trabajo y pierde el m\u00e9rito, que es como los que no quieren conformarse al morir y al fin mueren sin servir su resistencia de excusar la muerte, sino de quitarles el m\u00e9rito de la conformidad, y de hacer mala muerte la muerte que pod\u00eda ser bien. Y as\u00ed, Se\u00f1ora m\u00eda, estas cosas creo que aprovechan m\u00e1s que da\u00f1an, y tengo por mayor el riesgo de los aplausos en la flaqueza humana, que suelen apropiarse lo que no es suyo, y es menester estar con mucho cuidado y tener escritas en el coraz\u00f3n aquellas palabras del Ap\u00f3stol: Quid autem habes quod non accepisti? \u00bfSi autem accepisti, quid gloriaris quasi non acceperis?, para que sirvan de escudo que resista las puntas de las alabanzas, que son lanzas que, en no atribuy\u00e9ndose a Dios, cuyas son, nos quitan la vida y nos hacen ser ladrones de la honra de Dios y usurpadores de los talentos que nos entreg\u00f3 y de los dones que nos prest\u00f3 y de que hemos de dar estrech\u00edsima cuenta. Y as\u00ed, Se\u00f1ora, yo temo m\u00e1s esto que aquello; porque aquello, con s\u00f3lo un acto sencillo de paciencia, est\u00e1 convertido en provecho; y esto, son menester muchos actos reflexos de humildad y propio conocimiento para que no sea da\u00f1o. Y as\u00ed, de m\u00ed lo conozco y reconozco que es especial favor de Dios el conocerlo, para saberme portar en uno y en otro con aquella sentencia de San Agust\u00edn: Amico laudanti credendum non est, sicut nec inimico detrahenti. Aunque yo soy tal que las m\u00e1s veces lo debo de echar a perder o mezclarlo con tales defectos e imperfecciones, que vicio lo que de suyo fuera bueno. Y as\u00ed, en lo poco que se ha impreso m\u00edo, no s\u00f3lo mi nombre, pero ni el consentimiento para la impresi\u00f3n ha sido dictamen propio, sino libertad ajena que no cae debajo de mi dominio, como lo fue la impresi\u00f3n de la Carta Atenag\u00f3rica; de suerte que solamente unos Ejercicios de la Encarnaci\u00f3n y unos Ofrecimientos de los Dolores, se imprimieron con gusto m\u00edo por la p\u00fablica devoci\u00f3n, pero sin mi nombre; de los cuales remito algunas copias, porque (si os parece) los repart\u00e1is entre nuestras hermanas las religiosas de esa santa comunidad y dem\u00e1s de esa ciudad. De los Dolores va s\u00f3lo uno porque se han consumido ya y no pude hallar m\u00e1s. H\u00edcelos s\u00f3lo por la devoci\u00f3n de mis hermanas, a\u00f1os ha, y despu\u00e9s se divulgaron; cuyos asuntos son tan improporcionados a mi tibieza como a mi ignorancia, y s\u00f3lo me ayud\u00f3 en ellos ser cosas de nuestra gran Reina: que no s\u00e9 qu\u00e9 se tiene el que en tratando de Mar\u00eda Sant\u00edsima se enciende el coraz\u00f3n m\u00e1s helado. Yo quisiera, venerable Se\u00f1ora m\u00eda, remitiros obras dignas de vuestra virtud y sabidur\u00eda; pero como dijo el Poeta:<\/p>\n<p>Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas: hac ego contentos, auguror esse Deos.<\/p>\n<p>Si algunas otras cosillas escribiere, siempre ir\u00e1n a buscar el sagrado de vuestras plantas y el seguro de vuestra correcci\u00f3n, pues no tengo otra alhaja con que pagaros, y en sentir de S\u00e9neca, el que empez\u00f3 a hacer beneficios se oblig\u00f3 a continuarlos; y as\u00ed os pagar\u00e1 a vos vuestra propia liberalidad, que s\u00f3lo as\u00ed puedo yo quedar dignamente desempe\u00f1ada, sin que caiga en m\u00ed aquello del mismo S\u00e9neca: Turpe est beneficiis vinci. Que es bizarr\u00eda del acreedor generoso dar al deudor pobre, con que pueda satisfacer la deuda. As\u00ed lo hizo Dios con el mundo imposibilitado de pagar: diole a su Hijo propio para que se le ofreciese por digna satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si el estilo, venerable Se\u00f1ora m\u00eda, de esta carta, no hubiere sido como a vos es debido, os pido perd\u00f3n de la casera familiaridad o menos autoridad de que trat\u00e1ndoos como a una religiosa de velo, hermana m\u00eda, se me ha olvidado la distancia de vuestra ilustr\u00edsima persona, que a veros yo sin velo, no sucediera as\u00ed; pero vos, con vuestra cordura y benignidad, suplir\u00e9is o enmendar\u00e9is los t\u00e9rminos, y si os pareciere incongruo el Vos de que yo he usado por parecerme que para la reverencia que os debo es muy poca reverencia la Reverencia, mudadlo en el que os pareciere decente a lo que vos merec\u00e9is, que yo no me he atrevido a exceder de los l\u00edmites de vuestro estilo ni a romper el margen de vuestra modestia.<\/p>\n<p>Y mantenedme en vuestra gracia, para impetrarme la divina, de que os conceda el Se\u00f1or muchos aumentos y os guarde, como le suplico y he menester. De este convento de N. Padre San Jer\u00f3nimo de M\u00e9jico, a primero d\u00eda del mes de marzo de mil seiscientos y noventa y un a\u00f1os.<\/p>\n<p>B. V. M. vuestra m\u00e1s favorecida<\/p>\n<p>Juana In\u00e9s de la Cruz<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Muy ilustre Se\u00f1ora, mi Se\u00f1ora: No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos d\u00edas mi respuesta. \u00bfQu\u00e9 mucho si, al primer paso, encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero (y para m\u00ed el m\u00e1s riguroso) es saber responder a vuestra doct\u00edsima, discret\u00edsima, sant\u00edsima y amoros\u00edsima carta. 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