{"id":16752,"date":"2020-09-17T09:00:16","date_gmt":"2020-09-17T15:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16752"},"modified":"2020-09-17T09:00:16","modified_gmt":"2020-09-17T15:00:16","slug":"michelet-jules","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16752","title":{"rendered":"Michelet Jules"},"content":{"rendered":"<p>MCN Biograf\u00edas.com<\/p>\n<p>Michelet, Jules (1798-1874).<\/p>\n<p>Erudito, ensayista, historiador, fil\u00f3sofo y traductor franc\u00e9s, nacido en Par\u00eds el 21 de agosto de 1798 y fallecido en Hy\u00e8res (Provenza) el 9 de febrero de 1874. Autor de una extensa, brillante y documentada producci\u00f3n impresa que, animada siempre por su talante liberal, intent\u00f3 presentar la historia como \u00abla resurrecci\u00f3n de la vida integral del pasado\u00bb, est\u00e1 considerado como una de las figuras m\u00e1s relevantes de la historiograf\u00eda rom\u00e1ntica, y, sin lugar a dudas, una de las voces cimeras de la intelectualidad francesa decimon\u00f3nica. En sus escritos brilla con singular fulgor, al margen del valioso acopio de documentos y testimonios que iluminan un per\u00edodo crucial en la historia de Francia, una prosa en\u00e9rgica, vibrante e impetuosa que ha llevado a una parte considerable de la cr\u00edtica literaria a considerar a Michelet no s\u00f3lo como un destacado escritor, sino incluso como \u00abuno de los grandes poetas rom\u00e1nticos\u00bb de las Letras francesas.<\/p>\n<p>Vida<br \/>\nNacido con los \u00faltimos estertores de la Revoluci\u00f3n Francesa, vino al mundo en el coro de una iglesia en la que su padre hab\u00eda instalado una imprenta durante el per\u00edodo revolucionario conocido como \u00abel Terror\u00bb. En los primeros a\u00f1os de su infancia, el peque\u00f1o Jules pas\u00f3 grandes calamidades derivadas de la pobreza en que hab\u00eda quedado sumida su familia a ra\u00edz de la llegada al poder de Napole\u00f3n (1769-1821), cuyo desp\u00f3tico gobierno hab\u00eda limitado y censurado salvajemente el mercado editorial, con el subsiguiente perjuicio para el gremio de impresores (y, en general, para cualquiera que desempe\u00f1ase un oficio relacionado con el libro).<\/p>\n<p>Tras implicar a todos los medios de su familia en su desesperada lucha por sacar adelante su peque\u00f1a empresa, el padre del futuro escritor hubo de renunciar a este negocio y acept\u00f3 un mediocre empleo como contable, con el que gan\u00f3 lo suficiente para enviar al peque\u00f1o Jules al prestigioso Coll\u00e8ge Charlemagne de Par\u00eds; en dicha instituci\u00f3n, los profesores Villemain y Leclerc advirtieron con presteza las asombrosas dotes intelectuales de su joven alumno, quien sobresali\u00f3 en el estudio de las disciplinas human\u00edsticas y, particularmente, de la literatura y la ret\u00f3rica (lleg\u00f3 a ganar un premio de oratoria en un certamen de implantaci\u00f3n nacional). As\u00ed las cosas, en 1819, al poco de haber cumplido los veinte a\u00f1os de edad, Jules Michelet ya hab\u00eda obtenido el grado de doctor en Letras, t\u00edtulo al que accedi\u00f3 tras la lectura de dos tesis: la primera de ellas, que daba cuenta de su constante inter\u00e9s por la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica greco-latina, estaba centrada en las Vidas paralelas del bi\u00f3grafo griego Plutarco (ca. 50-ca.125); la segunda, que dejaba patentes sus hondas inquietudes filos\u00f3ficas, llevaba por t\u00edtulo el de L&#8217;id\u00e9e de l&#8217;infini d&#8217;apr\u00e8s Locke (La noci\u00f3n de infinito despu\u00e9s de Locke).<\/p>\n<p>Estos trabajos le granjearon un precoz reconocimiento intelectual que despert\u00f3 el inter\u00e9s de varios centros docentes de gran prestigio, deseosos de contar en sus respectivos claustros con el humanista parisino. As\u00ed, tras iniciarse como profesor en la instituci\u00f3n Briand en 1821, fue inmediatamente reclamado por el abad Nicole, uno de los fundadores del afamado Coll\u00e8ge de Sainte-Barbe, para que impartiera all\u00ed clases de Historia. Integrado, as\u00ed, en dicho centro de ense\u00f1anza superior, el joven maestro Michelet redact\u00f3, para uso de sus alumnos, un espl\u00e9ndido manual titulado Tableau chronologique de l&#8217;histoire moderne (1453-1789) (Cuadro cronol\u00f3gico de la historia moderna [1453-1789], 1824), al que luego a\u00f1adi\u00f3, al cabo de un lustro, su Pr\u00e9cis d&#8217;histoire moderne (Compendio de historia moderna, 1829), obra -esta \u00faltima- en la que resum\u00eda su labor docente en el colegio de Sainte-Barbe. Ambos trabajos sentaron las bases para sus posteriores escritos historiogr\u00e1ficos, que habr\u00edan de convertirle en uno de los historiadores m\u00e1s le\u00eddos y respetados de su tiempo.<\/p>\n<p>Sin embargo, durante aquel per\u00edodo en las aulas del Sainte-Barbe el humanista parisino se sent\u00eda mucho m\u00e1s atra\u00eddo por la filosof\u00eda que por la historia (materia en la que se hab\u00eda introducido para ganarse la vida como profesor, mas no siguiendo los aut\u00e9nticos dictados de su vocaci\u00f3n, que le arrastraban m\u00e1s hacia el terreno de la reflexi\u00f3n y la especulaci\u00f3n). En efecto, mientras impart\u00eda sus lecciones de historia trabajaba por su cuenta en la traducci\u00f3n de algunas obras filos\u00f3ficas del pensador escoc\u00e9s Thomas Reid (1710-1796), del ingl\u00e9s Dugald Stewart (1753-1828) y del gran humanista italiano Giambattista Vico (1668-1744), de quien verti\u00f3 al franc\u00e9s sus c\u00e9lebres Principios de una ciencia nueva sobre la naturaleza de las naciones -que puso bajo el t\u00edtulo de Filosof\u00eda de la historia (Philosophie de l&#8217;histoire, 1829)-. En todos estos trabajos, Michelet mostr\u00f3 su inter\u00e9s por presentar una filosof\u00eda aplicada al conocimiento \u00fatil de otras materias, unas veces situadas en la \u00f3rbita de sus inquietudes human\u00edsticas (con la literatura y la historia), y otras veces pertenecientes a otros campos del saber que tampoco se escapaban a su vasta curiosidad intelectual (como el de las ciencias naturales).<\/p>\n<p>En 1826, reci\u00e9n abierta la Escuela Preparatoria -que ven\u00eda a ocupar el vac\u00edo dejado por la desaparici\u00f3n de la antigua Escuela Normal-, Jules Michelet concurri\u00f3 a las c\u00e1tedras de filosof\u00eda e historia de esta instituci\u00f3n y, durante dos a\u00f1os (1827-1829), estuvo impartiendo ambas materias; pero en 1829 se le aconsej\u00f3 que renunciara a la c\u00e1tedra de filosof\u00eda para que pudiera consagrarse de lleno a la ense\u00f1anza de historia antigua, asignatura en la que ya era considerado una autoridad mundial. Volcado, as\u00ed, en esta disciplina, a comienzos de los a\u00f1os treinta dio a la imprenta la primera parte de su magn\u00edfica Histoire romaine (Historia romana, 1831), centrada en el per\u00edodo republicano de la Roma Antigua. Sirvi\u00e9ndose de un soberbio estilo literario que cautivaba al lector por su vigor y su claridad, Michelet recog\u00eda en este libro algunas de las ideas que el historiador dan\u00e9s Niebuhr (1776-1831), quien hab\u00eda impartido clases en las universidades de Berl\u00edn y Bonn, hab\u00eda difundido por Alemania a trav\u00e9s de su reveladora Historia de Roma, obra que, hasta entonces, no hab\u00eda merecido el inter\u00e9s de la historiograf\u00eda francesa; pero, adem\u00e1s, el erudito parisino enriquec\u00eda las aportaciones de Niebuhr con valios\u00edsimas ideas personales procedentes de su propia investigaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de los hechos.<\/p>\n<p>Mientras se hallaba escribiendo esta Historia romana, Michelet tuvo ocasi\u00f3n de visitar la Ciudad Eterna, en el transcurso de un primer viaje a Italia que realiz\u00f3 en la primavera de 1830. Sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, el diario en el que el humanista franc\u00e9s hab\u00eda ido anotando las impresiones de esta visita vio la luz bajo el t\u00edtulo de Rome (Roma, 1890). La edici\u00f3n de esta interesante obra semi-desconocida de Jules Michelet corri\u00f3 a cargo de un hijo de la duquesa de Berry, antiguo alumno del historiador parisino.<\/p>\n<p>A su regreso a Francia tras dicho recorrido por Italia, coincidiendo con la Revoluci\u00f3n liberal de 1830 y la reorganizaci\u00f3n de la Escuela Normal, Jules Michelet fue nombrado en este centro de ense\u00f1anza catedr\u00e1tico de historia medieval y moderna. Poco despu\u00e9s, empez\u00f3 a compaginar estas labores de docencia e investigaci\u00f3n con las obligaciones derivadas de un nuevo cargo que ven\u00eda a sancionar su merecido prestigio intelectual: jefe de secci\u00f3n de los Archivos Nacionales (1831). Por aquel tiempo, inici\u00f3 tambi\u00e9n la redacci\u00f3n de un ambicioso proyecto historiogr\u00e1fico que, a la postre, habr\u00eda de convertirse en su obra maestra, proyecto del que ofreci\u00f3 un suculento avance en 1833, cuando public\u00f3 su Pr\u00e9cis de l&#8217;histoire de France (Compendio de la historia de Francia). Unos meses despu\u00e9s, dio a los t\u00f3rculos los dos primeros vol\u00famenes de dicha obra maestra; se trata de su monumental Histoire de France (Historia de Francia, 1833-1844), en la que trabaj\u00f3 intensamente durante los diez a\u00f1os siguientes, hasta cubrir el per\u00edodo comprendido desde los or\u00edgenes hasta el final de la Edad Media.<\/p>\n<p>Entretanto, Michelet hab\u00eda seguido desplegando una intensa actividad docente que le hab\u00eda conducido en 1834 hasta las aulas de la Universidad de la Sorbona, en donde sustituy\u00f3 durante un curso acad\u00e9mico al celeb\u00e9rrimo historiador Pierre Guizot (1787-1874). Incansable en su dedicaci\u00f3n al estudio de la historia, durante aquel ajetreado per\u00edodo de su vida realiz\u00f3 numerosos viajes por diversos lugares de Europa (como Inglaterra, el sur-oeste de Francia, los Pa\u00edses Bajos, Alemania, Suiza y el norte de Italia), destinados a recopilar, in situ, valiosos documentos relacionados con esa magna labor historiogr\u00e1fica a la que se hab\u00eda consagrado. Siempre pendiente, adem\u00e1s, de ir anotando sus impresiones y recuerdos en un ameno y detallado diario personal, dej\u00f3 para la posteridad un interesante libro de viajes que no vio la luz hasta finales del siglo XIX, bajo el t\u00edtulo de Sur les chemins de l&#8217;Europa (Por los caminos de Europa, 1894). Por lo dem\u00e1s, su consagraci\u00f3n a la docencia y a la investigaci\u00f3n en la Escuela Normal y -de forma interina, como ya se ha anotado m\u00e1s arriba- en la Universidad de la Sorbona, le permiti\u00f3 dar a la imprenta otros trabajos tan notables como M\u00e9moires de Luther (Memorias de Lutero, 1835), Les origines du droit fran\u00e7ais (Los or\u00edgenes del derecho franc\u00e9s, 1837) y Actes du proc\u00e8s des templiers (Actas del proceso de los templarios, 1841-1851), todos ellos deudores de los vastos conocimientos acumulados por Michelet en el curso de la elaboraci\u00f3n de su monumental Historia de Francia.<\/p>\n<p>Para varias promociones de alumnos de la Escuela Normal, Jules Michelet se convirti\u00f3 en un punto obligado de referencia por su amplitud de saberes, su infatigable entrega a la investigaci\u00f3n, su brillantez expositiva, su extraordinario inter\u00e9s por la renovaci\u00f3n de los antiguos conocimientos y, sobre todo, su amor a la libertad e independencia del intelectual. Nombrado, en 1838, catedr\u00e1tico de historia y moral en el parisino Coll\u00e8ge de France, ejerci\u00f3 desde all\u00ed una aut\u00e9ntica campa\u00f1a en defensa de los principios democr\u00e1ticos dictados por su ideolog\u00eda liberal, compaginada con el respeto que sent\u00eda hacia el cristianismo desde 1816 (a\u00f1o en el que, a ra\u00edz de una profunda crisis espiritual propia de su edad juvenil, se hab\u00eda hecho bautizar). Este dif\u00edcil equilibrio entre su ardorosa defensa del liberalismo pol\u00edtico y filos\u00f3fico y su fascinaci\u00f3n por la espiritualidad cristiana -de la que lleg\u00f3 a participar fervorosamente en diferentes fases de su vida, como cuando fue contratado en la Escuela Preparatoria, per\u00edodo en el que pasaba por ser un cat\u00f3lico practicante-, le impuls\u00f3 a se\u00f1alar el Cristianismo, la Reforma y la Revoluci\u00f3n como los tres elementos capitales en la historia de la libertad humana (as\u00ed lo dej\u00f3 bien patente, v. gr., en su Introduction \u00e0 l&#8217;histoire universelle [Introducci\u00f3n a la historia universal], obra que permaneci\u00f3 in\u00e9dita hasta 1897).<\/p>\n<p>Fruto de la preparaci\u00f3n de los densos cursos de historia que dict\u00f3 en el Coll\u00e8ge de France fueron otras obras suyas tan dignas de menci\u00f3n como Les j\u00e9suites (Los jesuitas) -escrita en colaboraci\u00f3n con Edgar Quinet-, Du pr\u00eatre, de la femme, de la famille (Sobre el cura, la mujer y la familia) -libro plagado de sutiles apreciaciones sobre las costumbres y la moral de su tiempo-, y Le peuple (El pueblo, 1846) -una peque\u00f1a obra maestra, en la que la emoci\u00f3n y la elocuencia se dan la mano para clamar en pro de la justicia social y los principios democr\u00e1ticos-. Atento, simult\u00e1neamente, a las circunstancias pol\u00edticas y sociales que conformaban la realidad inmediata en la que se desenvolv\u00eda, Michelet presinti\u00f3 los radicales acontecimientos revolucionarios que se avecinaban y suspendi\u00f3 la redacci\u00f3n de su Historia de Francia cuando s\u00f3lo hab\u00eda cubierto hasta finales del siglo XV, para centrarse en la escritura de una obra mucho m\u00e1s acorde con el signo de aquellos tiempos: la Histoire de la R\u00e9volution (Historia de la Revoluci\u00f3n, 1847-1853). El rigor hist\u00f3rico y la calidad literaria alcanzadas por su Historia de Francia reaparecieron, rayando a id\u00e9ntica altura, en esta segunda obra maestra del erudito parisino, integrada por siete grandes vol\u00famenes m\u00e1s un peque\u00f1o tomo que, bajo el sugerente t\u00edtulo de Les femmes de la R\u00e9volution (Las mujeres de la Revoluci\u00f3n, 1854), se sum\u00f3 al grueso de la obra a guisa de ap\u00e9ndice.<\/p>\n<p>Tras este largo y fecundo par\u00e9ntesis consagrado a la \u00abhistoriograf\u00eda revolucionaria\u00bb, Jules Michelet reanud\u00f3 en 1855 su ambiciosa Historia de Francia, a la que aport\u00f3 once nuevos vol\u00famenes entre 1855 y 1867, de tal forma que dej\u00f3 cubierto el pasado hist\u00f3rico de su pueblo hasta el estallido de la Revoluci\u00f3n Francesa (1789). En total, si se suman los tomos de la primera etapa de esta obra (la que abarca desde los or\u00edgenes hasta el final de la Edad Media), m\u00e1s estos once vol\u00famenes de su segunda fase, m\u00e1s los tomos sobre el per\u00edodo revolucionario mencionados en el p\u00e1rrafo anterior, se halla que Michelet dedic\u00f3 a la historia de su naci\u00f3n veinticuatro vol\u00famenes, a los que a\u00fan habr\u00eda de a\u00f1adir -en su af\u00e1n por apurar su investigaci\u00f3n hasta el presente- los tres vol\u00famenes que conformaron su Histoire du XIXe si\u00e8cle (Historia del siglo XIX). De estos tres \u00faltimos, s\u00f3lo el primero vio la luz en vida de su autor (1872); los otros dos, que prolongan su estudio hasta la batalla de Waterloo (1815), vieron la luz en 1875, un a\u00f1o despu\u00e9s del fallecimiento del humanista parisino.<\/p>\n<p>En 1849, la reacci\u00f3n contraria a la revoluci\u00f3n del a\u00f1o anterior -revoluci\u00f3n que hab\u00eda sido saludada con alborozo por Michelet, pues hab\u00eda cifrado en ella todas sus esperanzas de alcanzar esa libertad extrema que ven\u00eda propugnando en sus clases y en sus escritos- apart\u00f3 al escritor parisino de la docencia en el Coll\u00e8ge de France, donde fue definitivamente destituido en 1851. Al a\u00f1o siguiente, con la llegada del nuevo imperio de Napole\u00f3n III, Michelet fue tambi\u00e9n despose\u00eddo de su cargo en los Archivos Nacionales (a los que pertenec\u00eda desde hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os), tras haberse negado a prestar juramento al gobierno conservador. No cay\u00f3, empero, en el des\u00e1nimo ni dej\u00f3 de investigar y escribir durante este per\u00edodo, en el que trabaj\u00f3 -adem\u00e1s de en esa interesante Historia de la Revoluci\u00f3n Francesa citada m\u00e1s arriba- en otras muchas obras, como L&#8217;\u00c9tudiant (El estudiante) -una recopilaci\u00f3n de ocho lecciones magistrales pronunciadas en el Coll\u00e8ge de France-, y los folletos Pologne et Russie (Polonia y Rusia) y Principaut\u00e9s danubiennes (Principados danubianos), ambos reunidos primero bajo el t\u00edtulo de L\u00e9gendes d\u00e9mocratiques du Nord (Leyendas democr\u00e1ticas del Norte, 1854) y m\u00e1s tarde en otro volumen titulado La Pologne martyre (La Polonia m\u00e1rtir, 1863).<\/p>\n<p>Privado, en fin, de cargos p\u00fablicos y sujeto, durante aquel per\u00edodo del Segundo Imperio, a la necesidad de subsistir \u00fanicamente del producto de su pluma, Jules Michelet encontr\u00f3 por aquel tiempo el apoyo incondicional de su joven esposa, Athana\u00efs Mialaret, con la que acababa de contraer matrimonio en 1850, a pesar de que entre ambos hab\u00eda una diferencia de edad de treinta a\u00f1os. En 1824 (es decir, cuatro a\u00f1os antes de que viniera al mundo Athana\u00efs), el erudito parisino se hab\u00eda casado con una mujer que le hab\u00eda dado una hija y un var\u00f3n, aunque hab\u00eda sido incapaz de entender su esp\u00edritu creativo y su consagraci\u00f3n al estudio y la investigaci\u00f3n, por lo que el matrimonio nunca lleg\u00f3 a funcionar. Viudo desde 1839, hacia 1848 la vida privada y dom\u00e9stica de Michelet transcurr\u00eda en soledad, pues su hija ya se hab\u00eda casado y su hijo resid\u00eda lejos de Par\u00eds; fue por aquel entonces cuando empez\u00f3 a mantener una intensa relaci\u00f3n epistolar con la joven Athana\u00efs Mialaret, a la saz\u00f3n afincada en Viena en calidad de institutriz en casa de la poderosa familia Esterhazy. En un principio, las cartas intercambiadas entre el afamado intelectual y la estudiosa joven s\u00f3lo abordaban cuestiones literarias y filos\u00f3ficas, que eran las que hab\u00edan empujado a Athana\u00efs a iniciar la correspondencia; pero, poco a poco, otras inquietudes personales se cruzaron en el ir y venir de las ep\u00edstolas, y antes de que hubieran transcurrido dos a\u00f1os la institutriz ya estaba aposentada en Par\u00eds, convertida en la nueva Mme. Michelet. A su lado, el ya maduro humanista encontr\u00f3 no s\u00f3lo esa felicidad conyugal que no hab\u00eda conocido en su primer matrimonio, sino tambi\u00e9n un aut\u00e9ntico est\u00edmulo para seguir consagrado por entero a sus investigaciones; de hecho, fue su nueva esposa quien le anim\u00f3 para que reanudara, cuando ya hab\u00eda rebasado el medio siglo de existencia, sus estudios juveniles sobre las ciencias naturales y la filosof\u00eda moral, que Michelet hab\u00eda ido relegando en beneficio de su consagraci\u00f3n a la historiograf\u00eda.<\/p>\n<p>Bajo este amoroso est\u00edmulo, Jules Michelet imprimi\u00f3 un novedoso giro a su escritura y dio a la imprenta algunas obras tan bellas y emotivas como L&#8217;oiseau (El p\u00e1jaro, 1856), L&#8217;insecte (El insecto, 1859), La mer (El mar, 1861) y La montagne (La monta\u00f1a, 1868), en las que su descripci\u00f3n de seres y fen\u00f3menos naturales alcanza altas cotas de refinamiento l\u00edrico, al tiempo que deja entrever la sensibilidad de un esp\u00edritu libre y sutil, pero traspasado por el sentimiento religioso. Dicha dimensi\u00f3n espiritual de su trabajo se aprecia tambi\u00e9n, bien es verdad que algo m\u00e1s atenuada, en otras obras suyas como L&#8217;amour (El amor, 1858), La femme (La mujer, 1859) y Nos fils (Nuestros hijos, 1869), en las que, siempre bajo el acicate del amor de Athana\u00efs, se revel\u00f3 como un agudo y solvente fil\u00f3sofo moralista, seguidor de las ideas ilustradas de Rousseau (1712-1778) y de las propuestas educativas del pedagogo suizo Pestalozzi (1746-1827). La sorci\u00e8re (La bruja, 1862), es otro libro de esta etapa de madurez de Michelet, un estudio de psicolog\u00eda hist\u00f3rica plagado de elementos fant\u00e1sticos que, en cierto modo, desorientan al lector acostumbrado a su rigor cient\u00edfico, pero enriquecido tambi\u00e9n por esa vena po\u00e9tica que hace de su estilo uno de los m\u00e1s amenos y literarios de las Letras francesas decimon\u00f3nicas; pero, sin lugar a dudas, su obra maestra de este \u00faltimo per\u00edodo de su trayectoria literaria e intelectual es La Biblie de l&#8217;humanit\u00e9 (La Bilblia de la humanidad, 1864), en cuyas p\u00e1ginas ofrece un hondo an\u00e1lisis de las religiones arias y sem\u00edticas, orientado a la b\u00fasqueda de una aut\u00e9ntica moral natural que pueda guiar a la humanidad sin coartar la libertad del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Afortunadamente para el viejo liberal republicano, la irrupci\u00f3n en su vida de Athana\u00efs Mialaret atenu\u00f3 la tristeza que le invadi\u00f3 tras el golpe de estado del 2 de diciembre de 1852, por v\u00eda del cual Luis Napole\u00f3n Bonaparte tomaba el nombre de Napole\u00f3n III y proclamaba el II Imperio. Otros acontecimientos posteriores contribuyeron a ensombrecer a\u00fan m\u00e1s sus \u00faltimos a\u00f1os de existencia, como la guerra franco-prusiana de 1870 -con la subsiguiente p\u00e9rdida de los territorios de Alsacia y Lorena- y el fracaso estrepitoso, rodeado de crueldades y atrocidades, de la Comuna de 1871. Desolado por la desmembraci\u00f3n de Francia y la descomposici\u00f3n de los ideales democr\u00e1ticos que hab\u00eda venido defendiendo durante toda su vida, Michelet a\u00fan tuvo br\u00edos, ya septuagenario, para protestar contra la nueva situaci\u00f3n pol\u00edtica y social en un folleto titulado La France devant l&#8217;Europe (Francia ante Europa, 1871), mientras segu\u00eda redactando su Historia del siglo XIX, traspasada en todas sus p\u00e1ginas por el odio del erudito parisino hacia los Bonaparte (que, en su opini\u00f3n, fueron los aut\u00e9nticos destructores del esp\u00edritu liberal y reformista surgido tras la Revoluci\u00f3n).<\/p>\n<p>A pesar de esta entrega permanente a su vocaci\u00f3n de estudioso e investigador, desde la p\u00e9rdida de Alsacia y Lorena Jules Michelet hab\u00eda dejado de ser ese intelectual animoso y combativo, capaz de afrontar los proyectos m\u00e1s laboriosos y de mostrar en ellos abiertamente todo el alcance liberal y democr\u00e1tico de su ideolog\u00eda. Francamente abatido por los acontecimientos que le amargaban la vejez, se retir\u00f3 en busca de sosiego y aislamiento a la tranquila localidad provenzal de Hy\u00e8res, en la que perdi\u00f3 la vida a comienzos de 1874.Tras su desaparici\u00f3n, su esposa Athana\u00efs Mialaret asumi\u00f3 la responsabilidad de reunir los textos in\u00e9ditos que hab\u00eda dejado el desaparecido humanista y darlos a la imprenta, culminando as\u00ed la impagable labor de est\u00edmulo sentimental e intelectual que hab\u00eda desempe\u00f1ado a su lado desde mediados del siglo XIX. Gracias a las gestiones de su viuda -proseguidas luego por el hijo que el hab\u00eda tenido el escritor en su primer matrimonio-, vieron la luz otras obras de Jules Michelet como sus dos libros de impresiones viajeras citados en par\u00e1grafos superiores, as\u00ed como dos interesantes dietarios que fueron publicados bajo los t\u00edtulos de Ma jeunesse (Mi juventud, 1884) y Mon journal (Mi diario, 1888). Adem\u00e1s, la viuda del escritor dio a los t\u00f3rculos un texto Michelet que hasta entonces era desconocido, Le banquet (El banquete, 1878), centrado en sus recuerdos acerca de una estancia en la costa de Liguria, y reeditado luego bajo el t\u00edtulo de Un hiver en Italie (Un invierno en Italia). Asimismo, en su af\u00e1n por divulgar la obra de su difunto esposo, Athana\u00efs Mialaret entresac\u00f3 numerosos fragmentos de sus monumentales trabajos y los public\u00f3 como extractos o muestras selectas de su producci\u00f3n literaria, ensay\u00edstica o historiogr\u00e1fica; entre estas selecciones de la obra de Michelet, cabe recordar las tituladas N\u00f4tre France (Nuestra Francia) et Les soldats de la r\u00e9volution (Los soldados de la Revoluci\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MCN Biograf\u00edas.com Michelet, Jules (1798-1874). Erudito, ensayista, historiador, fil\u00f3sofo y traductor franc\u00e9s, nacido en Par\u00eds el 21 de agosto de 1798 y fallecido en Hy\u00e8res (Provenza) el 9 de febrero de 1874. 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