{"id":16797,"date":"2020-09-20T07:04:37","date_gmt":"2020-09-20T13:04:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16797"},"modified":"2020-09-20T07:04:37","modified_gmt":"2020-09-20T13:04:37","slug":"la-insurrecta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16797","title":{"rendered":"\u00abLa insurrecta\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLa insurrecta\u201d,<\/p>\n<p>De Guillermo Barba<\/p>\n<p>ROBERTO PONCE<\/p>\n<p>\u201cLa insurrecta\u201d, de Guillermo Barba.<\/p>\n<p>(proceso.com.mx).\u2013<\/p>\n<p>Autor de \u201cLa conspiradora\u201d, Guillermo Barba Behrens (1951-2020) realiz\u00f3 estudios multidisciplinarios en dise\u00f1o industrial, comunicaci\u00f3n, filosof\u00eda y letras, y trabaj\u00f3 en publicidad hasta 2002.<\/p>\n<p>A partir de entonces se dedic\u00f3 a la direcci\u00f3n cinematogr\u00e1fica y a la escritura, publicando aquel a\u00f1o su novela \u201cJuana sin sue\u00f1o\u201d, adem\u00e1s de los guiones para sus pel\u00edculas \u201cAmar no es querer\u201d (2011) y \u201cCasi una gran estafa\u201d (2019).<\/p>\n<p>Si en el thriller pol\u00edtico \u201cLa conspiradora\u201d (Planeta, 2019) retrat\u00f3 al personaje hist\u00f3rico de la G\u00fcera Rodr\u00edguez, otra mujer de la vida real le inspir\u00f3 \u201cLa insurrecta\u201d: Manuela Taboada, quien fuera la esposa de Mariano Abasolo y una de las figuras m\u00e1s valientes de su \u00e9poca. Leemos en esta edici\u00f3n de Planeta Mexicana y sello Mart\u00ednez Roca (MR), con 355 p\u00e1ginas:<\/p>\n<p>\u201cUna vez m\u00e1s, Guillermo Barba nos ofrece una estupenda novela de intrigas donde se funden la historia y el suspenso para narrar un pasaje, tan perdido como fascinante, de la historia de M\u00e9xico: la conspiraci\u00f3n para asesinar a Miguel Hidalgo.\u201d (www.planetadelibros.com.mx)<\/p>\n<p>Este es un fragmento del cap\u00edtulo segundo, tomado de la primera parte de tres que contiene \u201cLa insurrecta\u201d.<\/p>\n<p>Noche arremolinada<br \/>\nEl cura Hidalgo ya estaba al tanto de algunos rumores que mencionaban una conspiraci\u00f3n, en la cual se hallaban implicados varios militares. No quiso darlos por v\u00e1lidos ya que d\u00eda a d\u00eda corr\u00eda ese tipo de chismes; los tiempos eran convulsos y la gente cre\u00eda descubrir insurrecciones hasta por debajo de las piedras. No obstante, dos d\u00edas antes hab\u00eda enviado un mensaje a Ignacio Allende para que acudiera a Dolores, con la intenci\u00f3n de repasar entre ellos los planes establecidos, discutir sobre la posibilidad de adelantar el levantamiento y consensuar un plan alternativo.<\/p>\n<p>Allende hab\u00eda arribado al pueblo la tarde del viernes 14 de septiembre y, como era costumbre, se aloj\u00f3 en la casa del cura. Tras cenar unas enchiladas potosinas, la especialidad de las hermanas del cura, ambos se recluyeron en el gabinete, donde el sacerdote realizaba sus labores administrativas, para charlar mientras tomaban chocolate con leche y bizcochos.<\/p>\n<p>\u2013Deben de ser habladur\u00edas sin sustento \u2013dijo Hidalgo mientras endulzaba su chocolate con terrones de piloncillo\u2013; ya son tres rumores que escucho en tan solo dos semanas, y de seguro este ser\u00e1 tan falso como los anteriores. Es m\u00e1s, las personas que lo propagan no mencionan con certeza nombre alguno.<\/p>\n<p>\u2013Es posible, don Miguel, pero es de sabios entender que \u2018cuando el r\u00edo suena, es que agua lleva\u2019 \u2013opin\u00f3 Ignacio, alis\u00e1ndose las pobladas patullas\u2013; el d\u00eda menos pensado ser\u00e1 una delaci\u00f3n real, por lo cual debemos precaver cualquier eventualidad, quiera Dios que no suceda. (\u2026)<\/p>\n<p>Utilizando su astucia que le hab\u00eda merecido el apodo de el Zorro, Hidalgo fue a jugar cartas la noche del s\u00e1bado, como siempre, a casa de don Nicol\u00e1s Fern\u00e1ndez del Rinc\u00f3n, subdelegado de Dolores, quien no merec\u00eda sus afectos: si bien hab\u00eda nacido en Am\u00e9rica, profesaba ideas contrarias a la independencia. No pretend\u00eda pasar un rato de diversi\u00f3n; deseaba averiguar si los rumores hab\u00edan alcanzado a otras personas del pueblo.<\/p>\n<p>En una mesa ubicada en el sencillo comedor, decorado con policromados platos de cer\u00e1mica elaborados en los talleres del cura, jugaban tresillo, juego de naipes que tanto gustaba a los europeos. La partida no le favorec\u00eda porque, m\u00e1s preocupado en obtener informaci\u00f3n, desatend\u00eda el juego. En la mesa se hallaba tambi\u00e9n do\u00f1a Teresa, la rubicunda esposa de don Nicol\u00e1s, muy dada a la espont\u00e1nea carcajada; don Ignacio D\u00edez Cortina, gachup\u00edn recolector de diezmo, y do\u00f1a Encarnaci\u00f3n, su silenciosa, enjuta y abnegada mujer.<\/p>\n<p>\u2013Las noticias llegadas de Espa\u00f1a no son halag\u00fce\u00f1as \u2013dijo don Miguel, marcando un estudioso gesto de aflicci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013Ni me lo recuerde, padre, los sucesos son alarmantes \u2013agreg\u00f3 al instante don Ignacio con perfecta pronunciaci\u00f3n de eses y ces, a la usanza de los nacidos en Espa\u00f1a\u2013. Hoy hemos de olvidar pesares y preocupaciones; jugad sin temores, os lo suplico.<\/p>\n<p>\u2013Don Ignacio \u2013comenz\u00f3 Hidalgo con una sonrisa maliciosa\u2013, \u00bfc\u00f3mo no preocuparnos?; el pueblo considera a las autoridades de Nueva Espa\u00f1a capaces de entregar el reino de los franceses, enemigos de nuestra santa religi\u00f3n, como ya sucedi\u00f3 en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Eso jam\u00e1s suceder\u00e1 en nuestras tierras! \u2013protest\u00f3 don Nicol\u00e1s levantando el dedo \u00edndice para acentuar su pronunciamiento\u2013. Los nacidos en Am\u00e9rica somos fieles a Fernando VII\u2026 \u00a1Las tropas de Napole\u00f3n jam\u00e1s pisar\u00e1n Nueva Espa\u00f1a!<\/p>\n<p>\u2013Podr\u00eda meter la mano al fuego por ustedes, hijos m\u00edos \u2013dijo el cura sacando su cajilla de rap\u00e9 y llevando un poco del polvo de tabaco a su nariz\u2013, pero no ciertamente por las autoridades de la Ciudad de M\u00e9xico. En Madrid los principales colaboradores de su majestad se han rendido ante Pepe Botella. \u00bfQui\u00e9n asegura que ac\u00e1 no har\u00e1n lo mismo? Por ello a diario se escuchan rumores de levantamientos.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Paparruchas que lo digo yo! \u2013manote\u00f3 el gachup\u00edn don Ignacio\u2013. En lo personal no he o\u00eddo rumor alguno; esas son comidillas de gente vulgar, chusma sin oficio ni beneficio.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Encarnaci\u00f3n coloc\u00f3 sobre la mesa el rey de bastos, carta que le daba el triunfo en la partida, y sin ocultar un tremendo placer agreg\u00f3 entre resoplidos y carcajadas:<\/p>\n<p>\u2013Mientras vosotros os perd\u00e9is en pol\u00edtica, yo gano una y otra vez. Poned atenci\u00f3n, el triunfo sencillo no causa placer.<\/p>\n<p>La criada de la casa, una mestiza de cuerpo rechoncho y baja estatura, peinada con dos largas trenzas, apareci\u00f3 tras la puerta.<\/p>\n<p>\u2013Perdonen sus mercedes, un mozo busca al cura Hidalgo.<\/p>\n<p>Un mal presentimiento invadi\u00f3 al cura. Mantuvo la calma y disculp\u00e1ndose con los anfitriones, se puso de pie para dirigirse al zagu\u00e1n donde le esperaba Mateo, embozado en un sarape, ya que una persistente llovizna ca\u00eds sobre el pueblo y sus cercan\u00edas.<\/p>\n<p>\u2013Padre, el capit\u00e1n Allende pregunta si debe esperarlo despierto.<\/p>\n<p>\u2013Regresa y dile que cene y me espere \u2013orden\u00f3, aliviado al constatar que no hab\u00eda malas noticias.<\/p>\n<p>Retorn\u00f3 a la mesa sonriente y tranquilo.<\/p>\n<p>\u2013Un recado de mu hermana Vicenta \u2013aclar\u00f3 al sentarse campechanamente en la mesa\u2013. Preguntaba que si deb\u00eda prepararme algo para cenar cuando regrese.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Santo cielo! \u2013exclam\u00f3 do\u00f1a Teresa\u2013. Como si en esta casa no atendi\u00e9ramos a nuestros invitados. Ande, don Miguel, coma otro bizcocho; yo misma los he horneado.<\/p>\n<p>Hidalgo gan\u00f3 dos partidas y perdi\u00f3 las dem\u00e1s. Finalmente decidi\u00f3 retirarse, pero antes solicit\u00f3 al colector de diezmos doscientos pesos prestados, para sufragar obras urgentes de la parroquia \u2013minti\u00f3; deseaba saber d\u00f3nde guardaba el dinero recaudado, por si fuera necesario\u2013. El otro no tuvo empacho en d\u00e1rselos, as\u00ed que ambos pasaron por un instante a su habitaci\u00f3n, donde ocultaba las monedas en un cofre con candado de por medio.<\/p>\n<p>Al recibir las monedas, don Miguel las abraz\u00f3 sobre su pecho; sab\u00eda que necesitar\u00edan de todo el dinero disponible para encaminar sus planes. De solo pensarlo, un el\u00e9ctrico escalofr\u00edo recorri\u00f3 su nuca. (\u2026)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u201cLa insurrecta\u201d, De Guillermo Barba ROBERTO PONCE \u201cLa insurrecta\u201d, de Guillermo Barba. (proceso.com.mx).\u2013 Autor de \u201cLa conspiradora\u201d, Guillermo Barba Behrens (1951-2020) realiz\u00f3 estudios multidisciplinarios en dise\u00f1o industrial, comunicaci\u00f3n, filosof\u00eda y letras, y trabaj\u00f3 en publicidad hasta 2002. 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