{"id":16986,"date":"2020-09-30T06:12:02","date_gmt":"2020-09-30T12:12:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16986"},"modified":"2020-09-30T09:46:06","modified_gmt":"2020-09-30T15:46:06","slug":"xvl-centenario-de-traductor-de-la-vulgata-san-jeronimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=16986","title":{"rendered":"XVl Centenario del traductor de La Vulgata: San Jer\u00f3nimo"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>CARTA APOST\u00d3LICA<\/p>\n<p>Scripturae Sacrae affectus&#8230;<\/p>\n<p>Del Papa Francisco<\/p>\n<p>EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN JER\u00d3NIMO<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita es la herencia que san Jer\u00f3nimo ha dejado a la Iglesia a trav\u00e9s de su vida y sus obras.<\/p>\n<p>Las expresiones, tomadas de la memoria lit\u00fargica del santo[1], nos ofrecen una clave de lectura indispensable para conocer, en el XVI centenario de su muerte, su admirable figura en la historia de la Iglesia y su gran amor por Cristo.<\/p>\n<p>Este amor se extiende, como un r\u00edo en muchos cauces, a trav\u00e9s de su obra de incansable estudioso, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura; fino int\u00e9rprete de los textos b\u00edblicos; ardiente y en ocasiones impetuoso defensor de la verdad cristiana; asc\u00e9tico y eremita intransigente, adem\u00e1s de experto gu\u00eda espiritual, en su generosidad y ternura.<\/p>\n<p>Hoy, mil seiscientos a\u00f1os despu\u00e9s, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros, cristianos del siglo XXI.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>El 30 de septiembre del a\u00f1o 420, Jer\u00f3nimo conclu\u00eda su vida terrena en Bel\u00e9n, en la comunidad que fund\u00f3 junto a la gruta de la Natividad. De este modo se confiaba a ese Se\u00f1or que siempre hab\u00eda buscado y conocido en la Escritura, el mismo que como Juez ya hab\u00eda encontrado en una visi\u00f3n, cuando padec\u00eda fiebre, quiz\u00e1 en la Cuaresma del a\u00f1o 375. En ese acontecimiento, que marc\u00f3 un viraje decisivo en su vida, un momento de conversi\u00f3n y cambio de perspectiva, se sinti\u00f3 arrastrado a la presencia del Juez: \u00abInterrogado acerca de mi condici\u00f3n, respond\u00ed que era cristiano. Pero el que estaba sentado me dijo: \u201cMientes; t\u00fa eres ciceroniano, t\u00fa no eres cristiano\u201d\u00bb.[2] San Jer\u00f3nimo, en efecto, hab\u00eda amado desde joven la belleza l\u00edmpida de los textos cl\u00e1sicos latinos y, en comparaci\u00f3n, los escritos de la Biblia le parec\u00edan, inicialmente, toscos e imprecisos, demasiado \u00e1speros para su refinado gusto literario.<\/p>\n<p>Ese episodio de su vida favoreci\u00f3 la decisi\u00f3n de consagrarse totalmente a Cristo y a su Palabra, dedicando su existencia a hacer que las palabras divinas, a trav\u00e9s de su infatigable trabajo de traductor y comentarista, fueran cada vez m\u00e1s accesibles a los dem\u00e1s. Ese acontecimiento dio a su vida una orientaci\u00f3n nueva y m\u00e1s decidida: convertirse en servidor de la Palabra de Dios, como enamorado de la \u201ccarne de la Escritura\u201d. As\u00ed, en la b\u00fasqueda continua que caracteriz\u00f3 su vida, revaloriz\u00f3 sus estudios juveniles y la formaci\u00f3n recibida en Roma, reordenando su saber en un servicio m\u00e1s maduro a Dios y a la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>Por eso, san Jer\u00f3nimo entra con pleno derecho entre las grandes figuras de la Iglesia de la \u00e9poca antigua, en el periodo llamado el siglo de oro de la patr\u00edstica, verdadero puente entre Oriente y Occidente: fue amigo de juventud de Rufino de Aquilea, visit\u00f3 a Ambrosio y mantuvo una intensa correspondencia con Agust\u00edn. En Oriente conoci\u00f3 a Gregorio Nacianceno, D\u00eddimo el Ciego, Epifanio de Salamina. La tradici\u00f3n iconogr\u00e1fica cristiana lo consagr\u00f3 represent\u00e1ndolo, junto con Agust\u00edn, Ambrosio y Gregorio Magno, entre los cuatro grandes doctores de la Iglesia de Occidente.<\/p>\n<p>Mis predecesores tambi\u00e9n quisieron recordar su figura en diversas circunstancias. Hace un siglo, con ocasi\u00f3n del decimoquinto centenario de su muerte, Benedicto XV le dedic\u00f3 la Carta enc\u00edclica Spiritus Paraclitus (15 septiembre 1920), present\u00e1ndolo al mundo como \u00abdoctor maximus explanandis Scripturis\u00bb.[3] En tiempos m\u00e1s recientes, Benedicto XVI expuso su personalidad y sus obras en dos catequesis sucesivas.[4] Ahora, en el decimosexto centenario de su muerte, tambi\u00e9n yo deseo recordar a san Jer\u00f3nimo y volver a proponer la actualidad de su mensaje y de sus ense\u00f1anzas, a partir de su gran estima por las Escrituras.<\/p>\n<p>En este sentido, puede conectarse perfectamente, como gu\u00eda segura y testigo privilegiado, con la XII Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos, dedicada a la Palabra de Dios,[5] y con la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Verbum Domini (VD) de mi predecesor Benedicto XVI, publicada precisamente en la fiesta del santo, el 30 de septiembre de 2010.[6]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De Roma a Bel\u00e9n<\/p>\n<p>La vida y el itinerario personal de san Jer\u00f3nimo se consumaron por las v\u00edas del imperio romano, entre Europa y Oriente. Naci\u00f3 alrededor del a\u00f1o 345 en Estrid\u00f3n, frontera entre Dalmacia y Panonia, en el territorio de la actual Croacia y Eslovenia, y recibi\u00f3 una s\u00f3lida educaci\u00f3n en una familia cristiana. Seg\u00fan el uso de la \u00e9poca, fue bautizado en edad adulta, en los a\u00f1os en que estudi\u00f3 ret\u00f3rica en Roma, entre el 358 y el 364. Precisamente en este periodo romano se convirti\u00f3 en un lector insaciable de los cl\u00e1sicos latinos, que estudiaba bajo la gu\u00eda de los maestros de ret\u00f3rica m\u00e1s ilustres de su tiempo.<\/p>\n<p>Al finalizar los estudios emprendi\u00f3 un largo viaje a la Galia, que lo llev\u00f3 a la ciudad imperial de Tr\u00e9veris, hoy Alemania. All\u00ed entr\u00f3 en contacto, por primera vez, con la experiencia mon\u00e1stica oriental difundida por san Atanasio. De este modo madur\u00f3 un deseo profundo que lo acompa\u00f1\u00f3 a Aquilea donde inici\u00f3 con algunos de sus amigos \u00abun coro de bienaventurados\u00bb[7], un periodo de vida en com\u00fan.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 374, pasando por Antioqu\u00eda, decidi\u00f3 retirarse al desierto de Calcis, para realizar, de forma cada vez m\u00e1s radical, una vida asc\u00e9tica, en la que estaba reservado un amplio espacio al estudio de las lenguas b\u00edblicas, primero del griego y despu\u00e9s del hebreo. Se confi\u00f3 a un hermano jud\u00edo, convertido al cristianismo, que lo introdujo en el conocimiento de la nueva lengua hebrea y de los sonidos, que defini\u00f3 \u00abpalabras fricativas y aspiradas\u00bb.[8]<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo eligi\u00f3 y vivi\u00f3 el desierto, con la consiguiente vida erem\u00edtica, en su significado m\u00e1s profundo: como lugar de las elecciones existenciales fundamentales, de intimidad y encuentro con Dios, donde a trav\u00e9s de la contemplaci\u00f3n, las pruebas interiores y el combate espiritual lleg\u00f3 al conocimiento de la fragilidad, con una mayor conciencia de los l\u00edmites propios y ajenos, reconociendo la importancia de las l\u00e1grimas.[9] As\u00ed, en el desierto, experiment\u00f3 concretamente la presencia de Dios, la necesaria relaci\u00f3n del ser humano con \u00c9l, su consolaci\u00f3n misericordiosa. A este respecto, me gusta recordar una an\u00e9cdota, de tradici\u00f3n ap\u00f3crifa. Jer\u00f3nimo le dijo al Se\u00f1or: \u201c\u00bfQu\u00e9 quieres de m\u00ed?\u201d Y \u00c9l le respondi\u00f3: \u201cTodav\u00eda no me has dado todo\u201d. \u201cPero, Se\u00f1or, yo te di esto, esto y esto\u2026\u201d \u2014\u201cFalta una cosa\u201d \u2014\u201c\u00bfQu\u00e9 cosa?\u201d \u2014\u201cDame tus pecados, para que pueda tener la alegr\u00eda de perdonarlos otra vez\u201d.[10]<\/p>\n<p>Volvemos a encontrarlo en Antioqu\u00eda, donde fue ordenado sacerdote por el obispo Paulino, despu\u00e9s en Constantinopla, hacia el a\u00f1o 379, donde conoci\u00f3 a Gregorio Nacianceno y prosigui\u00f3 sus estudios; se dedic\u00f3 a traducir del griego al lat\u00edn importantes obras (las homil\u00edas de Or\u00edgenes y la cr\u00f3nica de Eusebio), respir\u00f3 el clima del Concilio celebrado en esa ciudad en el a\u00f1o 381. En esos a\u00f1os, su pasi\u00f3n y su generosidad se revelaron en el estudio. Una bendita inquietud lo guiaba y lo volv\u00eda incansable y apasionado en la b\u00fasqueda: \u00abCu\u00e1ntas veces me desanim\u00e9, cu\u00e1ntas desist\u00ed para empezar de nuevo en mi empe\u00f1o de aprender\u00bb, conducido por la \u201camarga semilla\u201d de semejantes estudios para poder recoger \u201cdulces frutos\u201d.[11]<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 382 Jer\u00f3nimo volvi\u00f3 a Roma y se puso a disposici\u00f3n del papa D\u00e1maso quien, valorando sus grandes cualidades, lo nombr\u00f3 su estrecho colaborador. Aqu\u00ed Jer\u00f3nimo se dedic\u00f3 a una actividad incesante, sin olvidar la dimensi\u00f3n espiritual. En el Aventino, gracias al apoyo de mujeres aristocr\u00e1ticas romanas, deseosas de elecciones evang\u00e9licas radicales, como Marcela, Paula y su hija Eustoquio, cre\u00f3 un cen\u00e1culo fundado en la lectura y el estudio riguroso de la Escritura. Jer\u00f3nimo fue exegeta, docente, gu\u00eda espiritual. En ese tiempo comenz\u00f3 una revisi\u00f3n de las anteriores traducciones latinas de los Evangelios, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de otras partes del Nuevo Testamento; continu\u00f3 su trabajo como traductor de homil\u00edas y comentarios escritur\u00edsticos de Or\u00edgenes, despleg\u00f3 una intensa actividad epistolar, se confront\u00f3 p\u00fablicamente con autores her\u00e9ticos, a veces con excesos e intransigencias, pero siempre movido sinceramente por el deseo de defender la verdadera fe y el dep\u00f3sito de las Escrituras.<\/p>\n<p>Este periodo intenso y prol\u00edfico se interrumpi\u00f3 con la muerte del papa D\u00e1maso. Se vio obligado a dejar Roma y, seguido por algunos amigos y mujeres deseosas de continuar la experiencia espiritual y el estudio b\u00edblico que hab\u00edan comenzado, parti\u00f3 hacia Egipto \u2014donde conoci\u00f3 al gran te\u00f3logo D\u00eddimo el Ciego\u2014 y Palestina, para establecerse definitivamente en Bel\u00e9n en el a\u00f1o 386. Retom\u00f3 sus estudios filol\u00f3gicos, arraigados en los lugares f\u00edsicos que hab\u00edan sido escenario de esas narraciones.<\/p>\n<p>La importancia que daba a los lugares santos se evidencia no s\u00f3lo por la elecci\u00f3n de vivir en Palestina, desde el a\u00f1o 386 hasta su muerte, sino tambi\u00e9n por el servicio a las peregrinaciones. Precisamente en Bel\u00e9n, lugar privilegiado para \u00e9l, cerca de la gruta de la Natividad fund\u00f3 dos monasterios \u201cgemelos\u201d, masculino y femenino, con albergues para acoger a los peregrinos venidos ad loca sancta, manifestando as\u00ed su generosidad para alojar a cuantos llegaban a aquella tierra para ver y tocar los lugares de la historia de la salvaci\u00f3n, uniendo de este modo la b\u00fasqueda cultural a la espiritual.[12]<\/p>\n<p>Poni\u00e9ndose a la escucha, Jer\u00f3nimo se encontr\u00f3 a s\u00ed mismo en la Sagrada Escritura, como tambi\u00e9n el rostro de Dios y de los hermanos, y afin\u00f3 su predilecci\u00f3n por la vida comunitaria. De ah\u00ed su deseo de vivir con los amigos, como en los tiempos de Aquilea, y de fundar comunidades mon\u00e1sticas, persiguiendo el ideal cenob\u00edtico de vida religiosa que ve al monasterio como \u201clugar de entrenamiento\u201d donde formar personas \u00abque se hayan hecho los m\u00e1s insignificantes de todos para merecer ser los primeros\u00bb, felices en la pobreza y capaces de ense\u00f1ar con el propio estilo de vida. De hecho, consideraba formativo vivir \u00abbajo la disciplina de un solo padre y en compa\u00f1\u00eda de muchos hermanos\u00bb para aprender la humildad, la paciencia, el silencio y la mansedumbre, consciente de que \u00aba la verdad no le gustan los rincones ni le hacen falta los chismosos\u00bb.[13] Adem\u00e1s, confiesa que comenz\u00f3 a \u00absentir [\u2026] nostalgia de las celdas del monasterio y a echar de menos la similitud de aquellas hormigas con los monjes, entre los cuales se trabaja en com\u00fan y, aunque nada sea propiedad de cada cual, todos lo tienen todo\u00bb.[14]<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo no encontr\u00f3 en el estudio un deleite ef\u00edmero centrado en s\u00ed mismo, sino un ejercicio de vida espiritual, un medio para llegar a Dios y, de este modo, su formaci\u00f3n cl\u00e1sica se reorden\u00f3 tambi\u00e9n en un servicio m\u00e1s maduro a la comunidad eclesial. Pensemos en la ayuda que dio al papa D\u00e1maso, en la ense\u00f1anza que dedic\u00f3 a las mujeres, especialmente para el hebreo, desde el primer cen\u00e1culo en el Aventino, hasta hacer entrar a Paula y Eustoquio en \u00ablas discrepancias de los traductores\u00bb[15] y, algo inaudito para ese tiempo, permitirles que pudieran leer y cantar los Salmos en la lengua original.[16]<\/p>\n<p>Una cultura, la suya, puesta al servicio y confirmada como necesaria para todo evangelizador. As\u00ed le recordaba al amigo Nepociano: \u00abLa palabra del presb\u00edtero est\u00e1 inspirada por la lectura de las Escrituras. No te quiero ni declamador, ni deslenguado, ni charlat\u00e1n, sino conocedor del misterio e instruido en los designios de tu Dios. Hablar con engolamiento o precipitadamente para suscitar admiraci\u00f3n ante el vulgo ignorante es propio de hombres incultos. El hombre de frente altanera se lanza con frecuencia a interpretar lo que ignora, y si logra convencer a los dem\u00e1s, se arroga para s\u00ed mismo el saber\u00bb.[17]<\/p>\n<p>Hasta su muerte en el a\u00f1o 420, Jer\u00f3nimo transcurri\u00f3 en Bel\u00e9n el periodo m\u00e1s fecundo e intenso de su vida, completamente dedicado al estudio de la Escritura, comprometido en la monumental obra de traducci\u00f3n de todo el Antiguo Testamento a partir del original hebreo. Al mismo tiempo, comentaba los libros prof\u00e9ticos, los salmos, las obras paulinas, escrib\u00eda subsidios para el estudio de la Biblia. El trabajo valioso que se encuentra en sus obras es fruto del di\u00e1logo y la colaboraci\u00f3n, desde la copia y el an\u00e1lisis de los manuscritos hasta su reflexi\u00f3n y discusi\u00f3n: Para estudiar \u00ablos libros divinos yo nunca he confiado en mis propias fuerzas ni he tenido como maestra mi propia opini\u00f3n, sino que he solido preguntar incluso sobre aquellas cosas que yo cre\u00eda saber, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s sobre aquellas de las que yo estaba dudoso!\u00bb.[18] Por eso, consciente de sus propios l\u00edmites, ped\u00eda auxilio continuamente en la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n, para que la traducci\u00f3n de los textos sagrados estuviera hecha \u00abcon el mismo esp\u00edritu con que fueron escritos los libros\u00bb[19], sin olvidar traducir tambi\u00e9n otras obras de autores como Or\u00edgenes, indispensables para el trabajo exeg\u00e9tico, para \u00abprocurar materiales a quienes quieran adelantar en el conocimiento de las cosas\u00bb.[20]<\/p>\n<p>El estudio de Jer\u00f3nimo se revel\u00f3 como un esfuerzo realizado en la comunidad y al servicio de la comunidad, modelo de sinodalidad tambi\u00e9n para nosotros, para nuestro tiempo y para las diversas instituciones culturales de la Iglesia, con vistas a que sean siempre \u00ablugar donde el saber se vuelve servicio, porque sin el saber nacido de la colaboraci\u00f3n y que se traduce en la cooperaci\u00f3n no hay desarrollo humano genuino e integral\u00bb[21]. El fundamento de esa comuni\u00f3n es la Escritura, que no podemos leer por nuestra cuenta: \u00abLa Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. S\u00f3lo en esta comuni\u00f3n con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente, con el \u201cnosotros\u201d, en el n\u00facleo de la verdad que Dios mismo quiere comunicarnos\u00bb.[22]<\/p>\n<p>La vigorosa experiencia de vida de Jer\u00f3nimo, alimentada por la Palabra de Dios, hizo que se convirtiera en gu\u00eda espiritual, a trav\u00e9s de una intensa correspondencia epistolar. Se hizo compa\u00f1ero de viaje, convencido de que \u00abning\u00fan arte se aprende sin maestro\u00bb, como escribe a R\u00fastico: \u00abTodo lo que pretendo insinuarte, tom\u00e1ndote de la mano, todo lo que pretendo inculcarte, como el experto marino que ha pasado por muchos naufragios lo har\u00eda con un remero biso\u00f1o\u00bb.[23] Desde aquel rinc\u00f3n tranquilo del mundo acompa\u00f1aba a la humanidad en una \u00e9poca de grandes cambios, marcada por acontecimientos como el saqueo de Roma del a\u00f1o 410, que lo afect\u00f3 profundamente.<\/p>\n<p>Confiaba en sus cartas las pol\u00e9micas doctrinales, siempre en defensa de la recta fe, revel\u00e1ndose como hombre de relaciones vividas con fuerza y con dulzura, involucrado totalmente, sin formas edulcoradas, experimentando que \u00abel amor no tiene precio\u00bb.[24] As\u00ed viv\u00eda sus afectos, con \u00edmpetu y sinceridad. Esta implicaci\u00f3n en las situaciones en las que viv\u00eda y actuaba se constata tambi\u00e9n con el hecho de que ofrec\u00eda su trabajo de traducci\u00f3n y cr\u00edtica como munus amicitiae. Era un don ante todo para los amigos, a quienes destinaba y dedicaba sus obras, y a quienes les ped\u00eda que las leyeran con ojos amigables m\u00e1s que cr\u00edticos, y luego para los lectores, sus contempor\u00e1neos y los de todos los tiempos.[25]<\/p>\n<p>Dedic\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os de su vida a la lectura orante personal y comunitaria de la Escritura, a la contemplaci\u00f3n, al servicio a los hermanos a trav\u00e9s de sus obras. Todo esto en Bel\u00e9n, junto a la gruta donde la Virgen dio a luz al Verbo, consciente de que es \u00abdichoso aquel que porta en su pecho la cruz, la resurrecci\u00f3n y el lugar del nacimiento de Cristo y el de la ascensi\u00f3n. Dichoso aquel que tiene a Bel\u00e9n en su coraz\u00f3n, y en cuyo coraz\u00f3n Cristo nace a diario\u00bb.[26]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La clave sapiencial de su retrato<\/p>\n<p>Para una plena comprensi\u00f3n de la personalidad de san Jer\u00f3nimo es necesario conjugar dos dimensiones caracter\u00edsticas de su existencia como creyente. Por un lado, su absoluta y rigurosa consagraci\u00f3n a Dios, con la renuncia a cualquier satisfacci\u00f3n humana, por amor a Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2; Flp 3,8.10); por otro lado, el esfuerzo de estudio asiduo, dirigido exclusivamente a una comprensi\u00f3n del misterio del Se\u00f1or cada vez m\u00e1s profunda. Es precisamente este doble testimonio ofrecido de modo admirable por san Jer\u00f3nimo, el que se propone como modelo, sobre todo, para los monjes, quienes viven de ascesis y oraci\u00f3n, con vistas a que se dediquen al trabajo asiduo de la investigaci\u00f3n y del pensamiento; despu\u00e9s, para los estudiosos, que deben recordar que el saber s\u00f3lo es v\u00e1lido religiosamente si est\u00e1 fundado en el amor exclusivo a Dios, y expoliado de toda ambici\u00f3n humana y aspiraci\u00f3n mundana.<\/p>\n<p>Tales dimensiones fueron incorporadas en el campo de la historia del arte, donde la presencia de san Jer\u00f3nimo es frecuente: grandes maestros de la pintura occidental nos han dejado sus representaciones. Podr\u00edamos organizar las diversas tipolog\u00edas iconogr\u00e1ficas en dos l\u00edneas distintas. Una lo define sobre todo como monje y penitente, con un cuerpo marcado por el ayuno, retirado en zonas des\u00e9rticas, de rodillas o postrado en tierra, en muchos casos apretando una piedra en la mano derecha para golpearse el pecho, y con los ojos vueltos al Crucificado. En esta l\u00ednea se sit\u00faa la conmovedora obra maestra de Leonardo da Vinci conservada en la Pinacoteca Vaticana. Otro modo de representar a Jer\u00f3nimo es el que lo muestra vestido como un estudioso, sentado en su escritorio, dedicado a la traducci\u00f3n y al comentario de la Sagrada Escritura, rodeado de libros y pergaminos, consagrado a la misi\u00f3n de defender la fe a trav\u00e9s del pensamiento y la escritura. Albrecht D\u00fcrer, por citar otro ejemplo ilustre, lo represent\u00f3 m\u00e1s de una vez en esta actitud.<\/p>\n<p>Los dos aspectos evocados anteriormente se encuentran unidos en el lienzo de Caravaggio, en la Galer\u00eda Borghese de Roma. En una \u00fanica escena se representa al anciano asceta, vestido ligeramente con un manto rojo, que tiene un cr\u00e1neo sobre la mesa, s\u00edmbolo de la vanidad de las realidades terrenas; pero al mismo tiempo tambi\u00e9n se manifiesta con vehemencia su cualidad de estudioso, que tiene los ojos fijos en el libro, mientras su mano mete la pluma en el tintero, como acto que caracteriza al escritor.<\/p>\n<p>De manera an\u00e1loga \u2014que llamar\u00eda sapiencial\u2014 debemos comprender el doble perfil del itinerario biogr\u00e1fico de Jer\u00f3nimo. Cuando, como un verdadero \u00abLe\u00f3n de Bel\u00e9n\u00bb, exageraba en los tonos, lo hac\u00eda por la b\u00fasqueda de una verdad que estaba dispuesto a servir incondicionalmente. Y como \u00e9l mismo explica en el primero de sus escritos, Vida de san Pablo, ermita\u00f1o de Tebas, los leones son capaces de \u00abdesaforados rugidos\u00bb, pero tambi\u00e9n de l\u00e1grimas.[27] Por este motivo, las dos fisonom\u00edas contrapuestas que aparecen en su figura son, en realidad, elementos con los que el Esp\u00edritu Santo le permiti\u00f3 madurar su unidad interior.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Amor por la Sagrada Escritura<\/p>\n<p>El rasgo peculiar de la figura espiritual de san Jer\u00f3nimo sigue siendo, sin duda, su amor apasionado por la Palabra de Dios, transmitida a la Iglesia en la Sagrada Escritura. Si todos los Doctores de la Iglesia \u2014y en particular los de la \u00e9poca cristiana primitiva\u2014 obtuvieron expl\u00edcitamente de la Biblia el contenido de sus ense\u00f1anzas, Jer\u00f3nimo lo hizo de una manera m\u00e1s sistem\u00e1tica y en algunos aspectos \u00fanica.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tiempos los exegetas han descubierto el genio narrativo y po\u00e9tico de la Biblia, exaltado precisamente por su calidad expresiva. Jer\u00f3nimo, en cambio, lo que enfatizaba de las Escrituras era m\u00e1s bien el car\u00e1cter humilde con el que Dios se revel\u00f3, expres\u00e1ndose en la naturaleza \u00e1spera y casi primitiva de la lengua hebrea, comparada con el refinamiento del lat\u00edn ciceroniano. Por tanto, no se dedicaba a la Sagrada Escritura por un gusto est\u00e9tico, sino \u2014como es bien conocido\u2014 s\u00f3lo porque lo llevaba a conocer a Cristo, porque ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.[28]<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo nos ense\u00f1a que no s\u00f3lo se deben estudiar los Evangelios, y que no es solamente la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, presente en los Hechos de los Ap\u00f3stoles y en las Cartas, la que hay que comentar, sino que todo el Antiguo Testamento es indispensable para penetrar en la verdad y la riqueza de Cristo.[29] Las mismas p\u00e1ginas del Evangelio lo atestiguan: nos hablan de Jes\u00fas como Maestro que, para explicar su misterio, recurre a Mois\u00e9s, a los profetas y a los Salmos (cf. Lc 4,16-21; 24,27.44-47). Incluso la predicaci\u00f3n de Pedro y Pablo, en los Hechos, se fundamenta emblem\u00e1ticamente en las antiguas Escrituras; sin ellas, no puede entenderse plenamente la figura del Hijo de Dios, el Mes\u00edas Salvador. El Antiguo Testamento no debe considerarse como un vasto repertorio de citas que demuestran el cumplimiento de las profec\u00edas en la persona de Jes\u00fas de Nazaret. En cambio, m\u00e1s radicalmente, s\u00f3lo a la luz de las \u201cfiguras\u201d veterotestamentarias es posible comprender plenamente el significado del acontecimiento de Cristo, cumplido en su muerte y resurrecci\u00f3n. De ah\u00ed la necesidad de redescubrir, en la pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica y en la predicaci\u00f3n, as\u00ed como en las discusiones teol\u00f3gicas, el aporte indispensable del Antiguo Testamento, que debe ser le\u00eddo y asimilado como alimento precioso (cf. Ez 3,1-11; Ap 10,8-11).[30]<\/p>\n<p>La dedicaci\u00f3n total de Jer\u00f3nimo a las Escrituras se manifest\u00f3 en una forma de expresi\u00f3n apasionada, semejante a la de los antiguos profetas. De ellos sacaba nuestro Doctor su fuego interior, que se convert\u00eda en palabra impetuosa y explosiva (cf. Jr 5,14; 20,9; 23,29; Ml 3,2; Si 48,1; Mt 3,11; Lc 12,49), necesaria para expresar el celo ardiente del servidor de la causa de Dios. Siguiendo los pasos de El\u00edas, Juan el Bautista e incluso el ap\u00f3stol Pablo, el desd\u00e9n ante la mentira, la hipocres\u00eda y las falsas doctrinas enciende el discurso de Jer\u00f3nimo haci\u00e9ndolo provocativo y aparentemente duro. La dimensi\u00f3n pol\u00e9mica de sus escritos se comprende mejor si se lee como una especie de calco y actualizaci\u00f3n de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica m\u00e1s aut\u00e9ntica. Jer\u00f3nimo, por tanto, es un modelo de testimonio inflexible de la verdad, que asume la severidad del reproche para inducir a la conversi\u00f3n. En la intensidad de las locuciones e im\u00e1genes se manifiesta la valent\u00eda del siervo que no quiere agradar a los hombres sino s\u00f3lo a su Se\u00f1or (Ga 1,10), por quien ha consumido toda la energ\u00eda espiritual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El estudio de la Sagrada Escritura<\/p>\n<p>El amor apasionado de san Jer\u00f3nimo por las divinas Escrituras est\u00e1 impregnado de obediencia. En primer lugar respecto a Dios, que se ha comunicado con palabras que exigen una escucha reverente[31] y, en consecuencia, tambi\u00e9n la obediencia a quienes en la Iglesia representan la tradici\u00f3n interpretativa viva del mensaje revelado. Sin embargo, la \u00abobediencia de la fe\u00bb (Rm 1,5; 16,26) no es una mera recepci\u00f3n pasiva de lo que es conocido; al contrario, requiere el compromiso activo de la investigaci\u00f3n personal. Podemos considerar a san Jer\u00f3nimo como un \u201cservidor\u201d de la Palabra, fiel y trabajador, completamente consagrado a favorecer en sus hermanos de fe una comprensi\u00f3n m\u00e1s adecuada del \u00abdep\u00f3sito\u00bb sagrado que les ha sido confiado (cf. 1 Tm 6,20; 2 Tm 1,14). Si no se entiende lo escrito por los autores inspirados, la misma Palabra de Dios carece de eficacia (cf. Mt 13,19) y el amor a Dios no puede surgir.<\/p>\n<p>Ahora bien, las p\u00e1ginas b\u00edblicas no siempre son accesibles de inmediato. Como se dice en Isa\u00edas (29,11), incluso para aquellos que saben \u201cleer\u201d \u2014es decir, que han tenido una formaci\u00f3n intelectual suficiente\u2014 el libro sagrado aparece \u201csellado\u201d, cerrado herm\u00e9ticamente a la interpretaci\u00f3n. Por tanto, es necesario que intervenga un testigo competente para proporcionar la llave liberadora, la de Cristo Se\u00f1or, \u00fanico capaz de desatar los sellos y abrir el libro (cf. Ap 5,1-10), para revelar la prodigiosa efusi\u00f3n de la gracia (cf. Lc 4,17-21). Muchos entonces, incluso entre los cristianos practicantes, declaran abiertamente que no saben leer (cf. Is 29,12), no por analfabetismo, sino porque no est\u00e1n preparados para el lenguaje b\u00edblico, sus modos expresivos y las tradiciones culturales antiguas, por lo que el texto b\u00edblico resulta indescifrable, como si estuviera escrito en un alfabeto desconocido y en una lengua poco comprensible.<\/p>\n<p>Se vuelve necesario, por tanto, la mediaci\u00f3n del int\u00e9rprete, ejerciendo su funci\u00f3n \u201cdiaconal\u201d, al ponerse al servicio de quienes no pueden comprender el sentido de lo escrito prof\u00e9ticamente. La imagen que se puede evocar, a este respecto, es la del di\u00e1cono Felipe, impulsado por el Se\u00f1or para ir en ayuda del eunuco que est\u00e1 leyendo un pasaje de Isa\u00edas en su carroza (53,7-8), pero sin poder comprender su significado: \u00ab\u00bfCrees entender lo que est\u00e1s leyendo?\u00bb, pregunta Felipe; y el eunuco responde: \u00ab\u00bfC\u00f3mo voy a entender si nadie me lo explica?\u00bb (Hch 8,30-31).[32]<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo es nuestro gu\u00eda sea porque, como lo hizo Felipe (cf. Hch 8,35), lleva a quien lee al misterio de Jes\u00fas, sea tambi\u00e9n porque asume responsable y sistem\u00e1ticamente las mediaciones exeg\u00e9ticas y culturales necesarias para una lectura correcta y fecunda de la Sagrada Escritura[33]. La competencia en las lenguas en las que se transmiti\u00f3 la Palabra de Dios, el cuidadoso an\u00e1lisis y evaluaci\u00f3n de los manuscritos, la investigaci\u00f3n arqueol\u00f3gica precisa, adem\u00e1s del conocimiento de la historia de la interpretaci\u00f3n, en definitiva, todos los recursos metodol\u00f3gicos que estaban disponibles en su \u00e9poca hist\u00f3rica los supo utilizar arm\u00f3nica y sabiamente, para orientar hacia una comprensi\u00f3n correcta de la Escritura inspirada.<\/p>\n<p>Una dimensi\u00f3n tan ejemplar de la actividad de san Jer\u00f3nimo es muy importante incluso en la Iglesia de hoy. Como nos ense\u00f1a la Dei Verbum, si la Biblia es \u00abcomo el alma de la sagrada teolog\u00eda\u00bb[34] y la columna vertebral espiritual de la pr\u00e1ctica religiosa cristiana[35], es indispensable que el acto interpretativo de la misma est\u00e9 sostenido por competencias espec\u00edficas.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito sirven ciertamente los centros especializados para la investigaci\u00f3n b\u00edblica \u2014como el Pontificio Instituto B\u00edblico en Roma y L\u2019\u00c9cole Biblique y el Studium Biblicum Franciscanum en Jerusal\u00e9n\u2014 y patr\u00edstica \u2014como el Augustinianum en Roma\u2014, pero tambi\u00e9n las Facultades de Teolog\u00eda deben esforzarse para que la ense\u00f1anza de la Sagrada Escritura est\u00e9 programada de tal manera que se asegure a los estudiantes una capacidad interpretativa competente, tanto en la ex\u00e9gesis de los textos como en la s\u00edntesis de la teolog\u00eda b\u00edblica. La riqueza de las Escrituras es desafortunadamente ignorada o minimizada por muchos, porque no se les han proporcionado las bases esenciales del conocimiento. Por tanto, junto a un incremento de los estudios eclesi\u00e1sticos dirigidos a sacerdotes y catequistas, que valoricen de manera m\u00e1s adecuada la competencia en la Sagrada Escritura, se debe promover una formaci\u00f3n extendida a todos los cristianos, para que cada uno sea capaz de abrir el libro sagrado y extraer los frutos inestimables de sabidur\u00eda, esperanza y vida.[36]<\/p>\n<p>Aqu\u00ed quisiera recordar lo que expres\u00f3 mi predecesor en la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Verbum Domini: \u00abLa sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analog\u00eda con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados. [\u2026] Sobre la actitud que se ha de tener con respecto a la Eucarist\u00eda y la Palabra de Dios, dice san Jer\u00f3nimo: \u201cNosotros leemos las Sagradas Escrituras. Yo pienso que el Evangelio es el Cuerpo de Cristo; yo pienso que las Sagradas Escrituras son su ense\u00f1anza. Y cuando \u00e9l dice: ?Quien no come mi carne y bebe mi sangre\u2019 (Jn 6,53), aunque estas palabras puedan entenderse como referidas tambi\u00e9n al Misterio [eucar\u00edstico], sin embargo, el cuerpo de Cristo y su sangre es realmente la palabra de la Escritura, es la ense\u00f1anza de Dios\u201d\u00bb.[37]<\/p>\n<p>Lamentablemente, en muchas familias cristianas nadie se siente capaz \u2014como en cambio est\u00e1 prescrito en la Tor\u00e1 (cf. Dt 6,6)\u2014 de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Se\u00f1or, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual. Por eso quise establecer el Domingo de la Palabra de Dios,[38] animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios.[39] Todas las dem\u00e1s manifestaciones de la religiosidad se enriquecer\u00e1n as\u00ed de sentido, estar\u00e1n orientadas por una jerarqu\u00eda de valores y se dirigir\u00e1n a lo que constituye la cumbre de la fe: la adhesi\u00f3n plena al misterio de Cristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Vulgata<\/p>\n<p>El \u201cfruto m\u00e1s dulce de la ardua siembra\u201d[40] del estudio del griego y el hebreo, realizado por Jer\u00f3nimo, es la traducci\u00f3n del Antiguo Testamento del hebreo original al lat\u00edn. Hasta ese momento, los cristianos del imperio romano s\u00f3lo pod\u00edan leer la Biblia en griego en su totalidad. Mientras que los libros del Nuevo Testamento se hab\u00edan escrito en griego, para los del Antiguo exist\u00eda una traducci\u00f3n completa, la llamada Septuaginta (es decir, la versi\u00f3n de los Setenta) realizada por la comunidad jud\u00eda de Alejandr\u00eda alrededor del siglo II a.C. Para los lectores de lengua latina, sin embargo, no hab\u00eda una versi\u00f3n completa de la Biblia en su propio idioma, sino s\u00f3lo algunas traducciones, parciales e incompletas, que proced\u00edan del griego. Jer\u00f3nimo, y despu\u00e9s de \u00e9l sus seguidores, tuvieron el m\u00e9rito de haber emprendido una revisi\u00f3n y una nueva traducci\u00f3n de toda la Escritura. Con el est\u00edmulo del papa D\u00e1maso, Jer\u00f3nimo comenz\u00f3 en Roma la revisi\u00f3n de los Evangelios y los Salmos, y luego, en su retiro en Bel\u00e9n, empez\u00f3 la traducci\u00f3n de todos los libros veterotestamentarios, directamente del hebreo; una obra que dur\u00f3 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para completar este trabajo de traducci\u00f3n, Jer\u00f3nimo hizo un buen uso de sus conocimientos de griego y hebreo, as\u00ed como de su s\u00f3lida formaci\u00f3n latina, y utiliz\u00f3 las herramientas filol\u00f3gicas que ten\u00eda a su disposici\u00f3n, en particular las Hexaplas de Or\u00edgenes. El texto final combin\u00f3 la continuidad en las f\u00f3rmulas, ahora de uso com\u00fan, con una mayor adherencia al estilo hebreo, sin sacrificar la elegancia de la lengua latina. El resultado es un verdadero monumento que ha marcado la historia cultural de Occidente, dando forma al lenguaje teol\u00f3gico. Superados algunos rechazos iniciales, la traducci\u00f3n de Jer\u00f3nimo se convirti\u00f3 inmediatamente en patrimonio com\u00fan tanto de los eruditos como del pueblo cristiano, de ah\u00ed el nombre de Vulgata.[41] La Europa medieval aprendi\u00f3 a leer, orar y razonar en las p\u00e1ginas de la Biblia traducidas por Jer\u00f3nimo. \u00abLa Sagrada Escritura se ha convertido as\u00ed en una especie de \u201cinmenso vocabulario\u201d (P. Claudel) y de \u201cAtlas iconogr\u00e1fico\u201d (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos\u00bb.[42] La literatura, las artes e incluso el lenguaje popular se han inspirado constantemente en la versi\u00f3n jeronimiana de la Biblia, dej\u00e1ndonos tesoros de belleza y devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a este hecho indiscutible, el Concilio de Trento estableci\u00f3 el car\u00e1cter \u00abaut\u00e9ntico\u00bb de la Vulgata en el decreto Insuper, rindiendo homenaje al uso secular que la Iglesia hab\u00eda hecho de ella y certificando su valor como instrumento de estudio, predicaci\u00f3n y discusi\u00f3n p\u00fablica.[43] Sin embargo, no pretend\u00eda minimizar la importancia de las lenguas originales, como no dejaba de recordar Jer\u00f3nimo, ni mucho menos prohibir nuevos trabajos de traducci\u00f3n integral en el futuro. San Pablo VI, asumiendo el mandato de los Padres del Concilio Vaticano II, quiso que la revisi\u00f3n de la traducci\u00f3n de la Vulgata se completara y se pusiera a disposici\u00f3n de toda la Iglesia. As\u00ed es como san Juan Pablo II, en la Constituci\u00f3n apost\u00f3lica Scripturarum thesaurus,[44] promulg\u00f3 en 1979 la edici\u00f3n t\u00edpica llamada Neovulgata.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La traducci\u00f3n como inculturaci\u00f3n<\/p>\n<p>Con su traducci\u00f3n, Jer\u00f3nimo logr\u00f3 \u201cinculturar\u201d la Biblia en la lengua y la cultura latina, y esta obra se convirti\u00f3 en un paradigma permanente para la acci\u00f3n misionera de la Iglesia. En efecto, \u00abcuando una comunidad acoge el anuncio de la salvaci\u00f3n, el Esp\u00edritu Santo fecunda su cultura con la fuerza transformadora del Evangelio\u00bb[45], y de este modo se establece una especie de circularidad: as\u00ed como la traducci\u00f3n de Jer\u00f3nimo est\u00e1 en deuda con la lengua y la cultura de los cl\u00e1sicos latinos, cuyas huellas son claramente visibles, as\u00ed ella, con su lengua y su contenido simb\u00f3lico y de im\u00e1genes, se ha convertido a su vez en un elemento creador de cultura.<\/p>\n<p>El trabajo de traducci\u00f3n de Jer\u00f3nimo nos ense\u00f1a que los valores y las formas positivas de cada cultura representan un enriquecimiento para toda la Iglesia. Los diferentes modos en que la Palabra de Dios se anuncia, se comprende y se vive con cada nueva traducci\u00f3n enriquecen la Escritura misma, puesto que \u2014seg\u00fan la conocida expresi\u00f3n de Gregorio Magno\u2014 crece con el lector,[46] recibiendo a lo largo de los siglos nuevos acentos y nueva sonoridad. La inserci\u00f3n de la Biblia y del Evangelio en las diferentes culturas hace que la Iglesia se manifieste cada vez m\u00e1s como \u00absponsa ornata monilibus suis\u00bb (Is 61,10). Y atestigua, al mismo tiempo, que la Biblia necesita ser traducida constantemente a las categor\u00edas ling\u00fc\u00edsticas y mentales de cada cultura y de cada generaci\u00f3n, incluso en la secularizada cultura global de nuestro tiempo.[47]<\/p>\n<p>Ha sido recordado, con raz\u00f3n, que es posible establecer una analog\u00eda entre la traducci\u00f3n, como acto de hospitalidad ling\u00fc\u00edstica, y otras formas de hospitalidad.[48] Por eso, la traducci\u00f3n no es un trabajo que concierne \u00fanicamente al lenguaje, sino que corresponde, de hecho, a una decisi\u00f3n \u00e9tica m\u00e1s amplia, que est\u00e1 relacionada con toda la visi\u00f3n de la vida. Sin traducci\u00f3n, las diferentes comunidades ling\u00fc\u00edsticas no podr\u00edan comunicarse entre s\u00ed; nosotros cerrar\u00edamos las puertas de la historia y negar\u00edamos la posibilidad de construir una cultura del encuentro.[49] En efecto, sin traducci\u00f3n no hay hospitalidad y se fortalecen las acciones de hostilidad. El traductor es un constructor de puentes. \u00a1Cu\u00e1ntos juicios temerarios, cu\u00e1ntas condenas y conflictos surgen del hecho de ignorar el idioma de los dem\u00e1s y de no esforzarnos, con tenaz esperanza, en esta prueba infinita de amor que es la traducci\u00f3n!<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo tambi\u00e9n tuvo que oponerse al pensamiento dominante de su \u00e9poca. Si en los albores del imperio romano, el saber griego era relativamente com\u00fan, en ese momento ya era una rareza. Sin embargo, lleg\u00f3 a ser uno de los mejores conocedores de la lengua y literatura griega cristiana y se embarc\u00f3 solo en un viaje a\u00fan m\u00e1s arduo cuando se dedic\u00f3 al estudio del hebreo. Como fue escrito, si \u00ablos l\u00edmites de mi lenguaje son los l\u00edmites de mi mundo\u00bb,[50] podemos decir que le debemos al poliglotismo de san Jer\u00f3nimo una comprensi\u00f3n m\u00e1s universal del cristianismo y, al mismo tiempo, m\u00e1s acorde con sus fuentes.<\/p>\n<p>Con la celebraci\u00f3n del centenario de la muerte de san Jer\u00f3nimo, nuestra mirada se vuelve hacia la extraordinaria vitalidad misionera expresada por la traducci\u00f3n de la Palabra de Dios a m\u00e1s de tres mil idiomas. Muchos son los misioneros a quienes debemos la preciosa labor de publicar gram\u00e1ticas, diccionarios y otras herramientas ling\u00fc\u00edsticas que ofrecen las bases de la comunicaci\u00f3n humana y son un veh\u00edculo del \u00absue\u00f1o misionero de llegar a todos\u00bb.[51] Es necesario valorar todo este trabajo e invertir en \u00e9l, contribuyendo a superar las fronteras de la incomunicabilidad y de la falta de encuentro. Todav\u00eda queda mucho por hacer. Como ha sido afirmado, no existe comprensi\u00f3n sin traducci\u00f3n;[52] no nos comprenderemos a nosotros mismos, ni a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo y la c\u00e1tedra de Pedro<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo siempre tuvo una relaci\u00f3n especial con la ciudad de Roma: Roma es el puerto espiritual al que regres\u00f3 continuamente; en Roma se form\u00f3 el humanista y se forj\u00f3 el cristiano; \u00e9l era homo romanus. Este v\u00ednculo se daba, de manera muy peculiar, en la lengua de la Urbe, el lat\u00edn, del que fue maestro y conocedor, pero estuvo sobre todo vinculado a la Iglesia de Roma y, en especial, a la c\u00e1tedra de Pedro. La tradici\u00f3n iconogr\u00e1fica, de manera anacr\u00f3nica, lo representaba con la p\u00farpura cardenalicia, para se\u00f1alar su pertenencia al presbiterio de Roma junto al papa D\u00e1maso. Fue en Roma donde comenz\u00f3 la revisi\u00f3n de la traducci\u00f3n; e incluso cuando la envidia y la incomprensi\u00f3n lo obligaron a abandonar la ciudad, siempre permaneci\u00f3 fuertemente vinculado a la c\u00e1tedra de Pedro.<\/p>\n<p>Para Jer\u00f3nimo, la Iglesia de Roma era el terreno f\u00e9rtil donde la semilla de Cristo da fruto abundante.[53] En una \u00e9poca agitada, en la que la t\u00fanica incons\u00fatil de la Iglesia se ve\u00eda a menudo desgarrada por las divisiones entre los cristianos, Jer\u00f3nimo consideraba la c\u00e1tedra de Pedro como un punto de referencia seguro: \u00abYo, que no sigo m\u00e1s primac\u00eda que la de Cristo, me uno por la comuni\u00f3n a tu beatitud, es decir, a la c\u00e1tedra de Pedro. S\u00e9 que la Iglesia est\u00e1 edificada sobre esa roca\u00bb. En medio de las disputas contra los arrianos, escribi\u00f3 a D\u00e1maso: \u00abQuien no recoge contigo, desparrama; es decir, el que no es de Cristo es del anticristo\u00bb.[54] Por eso pod\u00eda afirmar tambi\u00e9n: \u00abEl que se adhiera a la c\u00e1tedra de Pedro es m\u00edo\u00bb.[55]<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo a menudo se vio involucrado en discusiones \u00e1speras a causa de la fe. Su amor por la verdad y la ardiente defensa de Cristo quiz\u00e1 lo llevaron a exagerar la violencia verbal en sus cartas y escritos. Sin embargo, viv\u00eda orientado a la paz: \u00abTambi\u00e9n nosotros queremos la paz, y no s\u00f3lo la queremos, sino que la pedimos suplicantes. Pero la paz de Cristo, la paz verdadera, una paz sin enemistades, una paz que no lleve escondida la guerra, una paz que no esclavice a los adversarios, sino que los una como amigos\u00bb.[56]<\/p>\n<p>Nuestro mundo necesita m\u00e1s que nunca la medicina de la misericordia y la comuni\u00f3n. Perm\u00edtanme repetir una vez m\u00e1s: Demos un testimonio de comuni\u00f3n fraterna que sea atractivo y luminoso.[57] \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os am\u00e1is unos a otros\u00bb (Jn 13,35). Es lo que pidi\u00f3 intensamente Jes\u00fas con su oraci\u00f3n al Padre: \u00abPara que todos sean uno [\u2026] en nosotros, para que el mundo crea\u00bb (Jn 17,21).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Amar lo que Jer\u00f3nimo am\u00f3<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n de esta Carta, quisiera hacer un nuevo llamamiento a todos. Entre los muchos elogios que la posteridad le rinde a san Jer\u00f3nimo est\u00e1 el de no ser considerado solamente uno de los m\u00e1s grandes estudiosos de la \u201cbiblioteca\u201d de la que el cristianismo se nutre a lo largo del tiempo, comenzando por el tesoro de las Sagradas Escrituras; sino que tambi\u00e9n se le puede aplicar lo que \u00e9l mismo escribi\u00f3 sobre Nepociano: \u00abPor la asidua lectura y la meditaci\u00f3n prolongada, hab\u00eda hecho de su coraz\u00f3n una biblioteca de Cristo\u00bb.[58] Jer\u00f3nimo no escatim\u00f3 esfuerzos para enriquecer su biblioteca, en la que siempre vio un laboratorio indispensable para la comprensi\u00f3n de la fe y la vida espiritual; y en esto constituye un maravilloso ejemplo tambi\u00e9n para el presente. Pero, adem\u00e1s, fue m\u00e1s lejos. Para \u00e9l, el estudio no se limitaba a sus primeros a\u00f1os juveniles de formaci\u00f3n, sino que era un compromiso constante, una prioridad de todos los d\u00edas de su vida. En definitiva, podemos decir que asimil\u00f3 toda una biblioteca y se convirti\u00f3 en dispensador de conocimiento para muchos otros. Postumiano, que en el siglo IV viaj\u00f3 a Oriente para descubrir los movimientos mon\u00e1sticos, fue testigo ocular del estilo de vida de Jer\u00f3nimo, con quien permaneci\u00f3 unos meses, y lo describi\u00f3 de la siguiente manera: \u00ab\u00c9l es todo en la lectura, todo en los libros; no descansa ni de d\u00eda ni de noche; siempre lee o escribe algo\u00bb.[59]<\/p>\n<p>En este sentido, a menudo pienso en la experiencia que puede tener un joven hoy al entrar en una librer\u00eda de su ciudad, o en una p\u00e1gina de internet, y buscar el sector de libros religiosos. Es un espacio que, cuando existe, en la mayor\u00eda de los casos no s\u00f3lo es marginal, sino carente de obras sustanciales. Al examinar esos estantes, o esas p\u00e1ginas en la red, es dif\u00edcil para un joven comprender c\u00f3mo la investigaci\u00f3n religiosa pueda ser una aventura emocionante que une pensamiento y coraz\u00f3n; c\u00f3mo la sed de Dios haya encendido grandes mentes a lo largo de los siglos hasta hoy; c\u00f3mo la maduraci\u00f3n de la vida espiritual haya contagiado a te\u00f3logos y fil\u00f3sofos, artistas y poetas, historiadores y cient\u00edficos. Uno de los problemas actuales, no s\u00f3lo de religi\u00f3n, es el analfabetismo: escasean las competencias hermen\u00e9uticas que nos hagan int\u00e9rpretes y traductores cre\u00edbles de nuestra propia tradici\u00f3n cultural. Deseo lanzar un desaf\u00edo, de modo particular, a los j\u00f3venes: Vayan en busca de su herencia. El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesi\u00f3n. Apasi\u00f3nense de esta historia, que es de ustedes. Atr\u00e9vanse a fijar la mirada en Jer\u00f3nimo, ese joven inquieto que, como el personaje de la par\u00e1bola de Jes\u00fas, vendi\u00f3 todo lo que ten\u00eda para comprar \u00abla perla de gran valor\u00bb (Mt 13,46).<\/p>\n<p>Verdaderamente, Jer\u00f3nimo es la \u00abbiblioteca de Cristo\u00bb, una biblioteca perenne que diecis\u00e9is siglos despu\u00e9s sigue ense\u00f1\u00e1ndonos lo que significa el amor de Cristo, un amor que no se puede separar del encuentro con su Palabra. Por esta raz\u00f3n, el centenario actual representa una llamada a amar lo que Jer\u00f3nimo am\u00f3, redescubriendo sus escritos y dej\u00e1ndonos tocar por el impacto de una espiritualidad que puede describirse, en su n\u00facleo m\u00e1s vital, como el deseo inquieto y apasionado de un conocimiento m\u00e1s profundo del Dios de la Revelaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo no escuchar, en nuestros d\u00edas, lo que Jer\u00f3nimo exhortaba incesantemente a sus contempor\u00e1neos: \u00abLee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado se te caiga de las manos\u00bb?[60]<\/p>\n<p>Un ejemplo luminoso es la Virgen Mar\u00eda, evocada por Jer\u00f3nimo sobre todo como madre virginal, pero tambi\u00e9n en su actitud de lectora orante de la Escritura. Mar\u00eda meditaba en su coraz\u00f3n (cf. Lc 2,19.51) porque \u00abera santa y hab\u00eda le\u00eddo las Sagradas Escrituras, conoc\u00eda a los profetas y recordaba lo que el \u00e1ngel Gabriel le hab\u00eda anunciado y lo que se le hab\u00eda augurado por boca de los profetas. [\u2026] Ve\u00eda a Aquel reci\u00e9n nacido, que era su Hijo, su \u00fanico Hijo, acostado y dando vagidos, en ese pesebre, pero a quien en realidad estaba viendo all\u00ed acostado era al Hijo de Dios; y lo que ella estaba viendo andaba compar\u00e1ndolo con cuanto hab\u00eda o\u00eddo y le\u00eddo\u00bb.[61] Encomend\u00e9monos a ella, que mejor que nadie puede ense\u00f1arnos a leer, meditar, rezar y contemplar a Dios, que se hace presente en nuestra vida sin cansarse jam\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 30 de septiembre, memoria de san Jer\u00f3nimo, del a\u00f1o 2020, octavo de mi pontificado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>FRANCISCO<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; CARTA APOST\u00d3LICA Scripturae Sacrae affectus&#8230; Del Papa Francisco EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN JER\u00d3NIMO &nbsp; Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita es la herencia que san Jer\u00f3nimo ha dejado a la Iglesia a trav\u00e9s de su vida y sus [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":16987,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-16986","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16986","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16986"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16986\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17009,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16986\/revisions\/17009"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/16987"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16986"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16986"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16986"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}