{"id":17024,"date":"2020-10-01T06:46:11","date_gmt":"2020-10-01T12:46:11","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17024"},"modified":"2020-10-01T06:46:11","modified_gmt":"2020-10-01T12:46:11","slug":"rufino-tamayo-el-irruptor-en-la-pintura-mexicana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17024","title":{"rendered":"Rufino Tamayo, el irruptor en la pintura mexicana"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rufino Tamayo<\/p>\n<p>(Oaxaca, 1899 &#8211; Ciudad de M\u00e9xico, 1991) Pintor mexicano.<\/p>\n<p>Figura capital en el panorama de la pintura mexicana del siglo XX, Rufino Tamayo fue uno de los primeros artistas latinoamericanos que, junto con los representantes del conocido \u00abgrupo de los tres\u00bb (Rivera, Siqueiros y Orozco), alcanz\u00f3 un relieve y una difusi\u00f3n aut\u00e9nticamente internacionales. Como ellos, particip\u00f3 en el importante movimiento muralista que floreci\u00f3 en el per\u00edodo comprendido entre las dos guerras mundiales. Sus obras, sin embargo, por su voluntad creadora y sus caracter\u00edsticas, tienen una dimensi\u00f3n distinta y se distinguen claramente de las del mencionado grupo y sus ep\u00edgonos.<\/p>\n<p>Rufino Tamayo<\/p>\n<p>Coincidiendo en sus aspiraciones con el quehacer del brasile\u00f1o C\u00e1ndido Portinari, el trabajo de Rufino Tamayo se caracteriza por su voluntad de integrar pl\u00e1sticamente, en sus obras, la herencia precolombina aut\u00f3ctona, la experimentaci\u00f3n y las innovadoras tendencias pl\u00e1sticas que revolucionaban los ambientes art\u00edsticos europeos a comienzos de siglo. Esta actividad sincr\u00e9tica, esa atenci\u00f3n a los movimientos y teor\u00edas art\u00edsticas del otro lado del Atl\u00e1ntico lo distinguen, precisamente, del n\u00facleo fundamental de los \u00abmuralistas\u00bb, cuya preocupaci\u00f3n central era mantener una absoluta independencia est\u00e9tica respecto a los par\u00e1metros europeos y beber s\u00f3lo en las fuentes de una pretendida herencia pict\u00f3rica precolombina, resueltamente indigenista.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n desde el punto de vista te\u00f3rico tiene Tamayo una personalidad distinta, pues no suscribi\u00f3 el radical compromiso pol\u00edtico que sustentaba las producciones de los muralistas citados y prest\u00f3 mayor atenci\u00f3n a las calidades pict\u00f3ricas. Es decir, aunque por la monumentalidad de su trabajo y las dimensiones y funci\u00f3n de sus obras podr\u00eda incorporarse al movimiento mural mexicano, diverge, no obstante, por su independencia de los planteamientos ideol\u00f3gicos y revolucionarios, y por una voluntad est\u00e9tica que desarrolla el tema indio con un estilo m\u00e1s formal y abstracto.<\/p>\n<p>Biograf\u00eda<\/p>\n<p>Nacido en Oaxaca, en el Estado del mismo nombre, hijo de ind\u00edgenas zapotecas y, tal vez por ello, sin necesidad de reivindicar ideol\u00f3gicamente una herencia art\u00edstica ind\u00edgena que le era absolutamente natural, Rufino Tamayo fue un pintor de fecunda y larga vida, pues muri\u00f3 a la provecta edad de noventa y tres a\u00f1os, en Ciudad de M\u00e9xico, en 1991. Su vocaci\u00f3n art\u00edstica y su inclinaci\u00f3n por el dibujo se manifestaron muy pronto en el joven y su familia nunca pretendi\u00f3 contrariar aquellas tendencias, como era casi de rigor entre los j\u00f3venes mexicanos que pretend\u00edan dedicarse a las artes pl\u00e1sticas.<\/p>\n<p>El pintor inici\u00f3 su formaci\u00f3n profesional y acad\u00e9mica ingresando, cuando s\u00f3lo contaba diecis\u00e9is a\u00f1os, en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Pero su temperamento rebelde y sus dificultades para aceptar la f\u00e9rrea disciplina que exig\u00eda aquella instituci\u00f3n le impulsaron a abandonar enseguida aquellos estudios y, a finales de aquel mismo a\u00f1o, dej\u00f3 las aulas y se lanz\u00f3 a una andadura que lo llevar\u00eda al estudio de los modelos del arte popular mexicano y a recorrer todos los caminos del arte contempor\u00e1neo, sin temor a que ello pudiera significarle una p\u00e9rdida de autenticidad.<\/p>\n<p>En 1926, en su primera exposici\u00f3n p\u00fablica, se hicieron ya ostensibles algunas de las caracter\u00edsticas de su obra y la evoluci\u00f3n de su pensamiento art\u00edstico, puesta de relieve por el paso de un primitivismo de voluntad indigenista (patente en obras tan emblem\u00e1ticas como su Autorretrato de 1931) a la influencia del constructivismo (evidente en sus cuadros posteriores, especialmente en Barquillo de fresa, pintado en el a\u00f1o 1938). Una evoluci\u00f3n que hab\u00eda de llevarlo, tambi\u00e9n, a ciertos ensayos vinculados al surrealismo.<\/p>\n<p>Paralelamente, Tamayo desempe\u00f1\u00f3 cargos administrativos y se entreg\u00f3 a una tarea did\u00e1ctica. En 1921 consigui\u00f3 la titularidad del Departamento de Dibujo Etnogr\u00e1fico del Museo Nacional de Arqueolog\u00eda de M\u00e9xico, hecho que para algunos cr\u00edticos fue decisivo en su toma de conciencia de las fuentes del arte mexicano. Gracias al \u00e9xito conseguido en aquella primer exposici\u00f3n de 1926, fue invitado a exponer sus obras en el Art Center de Nueva York. M\u00e1s tarde, en 1928, ejerci\u00f3 como profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes y, en 1932, fue nombrado director del Departamento de Artes Pl\u00e1sticas de la Secretar\u00eda de Educaci\u00f3n P\u00fablica.<\/p>\n<p>Animales (1941), de Rufino Tamayo<\/p>\n<p>En 1938 recibi\u00f3 y acept\u00f3 una oferta para ense\u00f1ar en la Dalton School of Art de Nueva York, ciudad en la que permanecer\u00eda casi veinte a\u00f1os y que ser\u00eda decisiva en el proceso art\u00edstico del pintor. All\u00ed, en efecto, dio por concluido el per\u00edodo formativo de su vida y se fue desprendiendo lentamente de su inter\u00e9s por el arte europeo para iniciar una trayectoria art\u00edstica marcada por la originalidad y por una exploraci\u00f3n absolutamente personal del universo pict\u00f3rico. En Nueva York se defini\u00f3, tambi\u00e9n, su inconfundible lenguaje pl\u00e1stico, caracterizado por el rigor est\u00e9tico, la perfecci\u00f3n de la t\u00e9cnica y una imaginaci\u00f3n que transfigura los objetos, apoy\u00e1ndose en las formas de la cultura prehisp\u00e1nica y en el simbolismo del arte precolombino para dar libre curso a una poderosa inspiraci\u00f3n po\u00e9tica que bebe en las fuentes de una l\u00edrica visionaria.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s de su nombramiento como director del Departamento de Artes Pl\u00e1sticas realiz\u00f3 su primer mural, trabajo que le hab\u00eda sido encargado por el Conservatorio Nacional de M\u00e9xico y en el que se puso de manifiesto su ruptura con los presupuestos est\u00e9ticos que hab\u00edan informado, hasta entonces, las obras de los muralistas encabezados por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Jos\u00e9 Clemente Orozco. En obra mural se percibe un voluntario rechazo a la grandilocuencia y un consciente alejamiento de los mensajes revolucionarios y de los planteamientos pol\u00edticos esquem\u00e1ticos que informaban las realizaciones del grupo, lo cual lo enfrent\u00f3 con \u00ablos tres grandes\u00bb. No puede afirmarse, sin embargo, que su actitud fuera apol\u00edtica o reaccionaria, aunque muchas veces se le acusara de ello, pero no cabe duda, y no se abstuvo nunca de decirlo con claridad, que para \u00e9l la llamada escuela mexicana de pintura mural estaba agotada y que hab\u00eda ca\u00eddo en plena decadencia tras el florecimiento de los a\u00f1os veinte.<\/p>\n<p>La propuesta mural de Tamayo tomaba caminos distintos, innovadores, que desde\u00f1aban las formas m\u00e1s superficialmente populares, folcl\u00f3ricas casi, de la cultura de su pa\u00eds y, por sendas m\u00e1s elaboradas, buscaba la plasmaci\u00f3n de sus ra\u00edces ind\u00edgenas y de sus v\u00ednculos con la Am\u00e9rica prehisp\u00e1nica en equivalencias po\u00e9ticas m\u00e1s sutiles. Aun durante su larga residencia en el extranjero, que se prolong\u00f3 a lo largo de casi tres d\u00e9cadas, sigui\u00f3 visitando M\u00e9xico para encargarse de los trabajos murales que se le encomendaban, muchas veces porque los representantes fresquistas los rechazaban o no pod\u00edan abarcarlos.<\/p>\n<p>La parte fundamental de su producci\u00f3n, sin embargo, se encauza a trav\u00e9s de la pintura de caballete, en la que Tamayo es uno de los pocos artistas latinoamericanos que cultiva la naturaleza muerta (representando objetos, frutos ex\u00f3ticos y tambi\u00e9n figuras o personajes pintorescos) por medio de una transmutaci\u00f3n formal, un elaborado simbolismo de indiscutibles ra\u00edces intelectuales y est\u00e9tica experimental que lo alejaron sin duda de la buscada popularidad, pero lo convirtieron en uno de los grandes artistas representativos de la pintura mexicana de la segunda mitad del siglo XX.<\/p>\n<p>Ya a los treinta y siete a\u00f1os, cuando viaj\u00f3 en calidad de delegado al Congreso Internacional de Artistas celebrado en Nueva York, recibi\u00f3 un primer homenaje que le vali\u00f3, como se ha visto, el nombramiento como profesor de pintura en la Dalton School. Pero puede considerarse que su \u00e9xito internacional se consolida cuando, a principios de la d\u00e9cada de los cincuenta, la Bienal de Venecia instal\u00f3 una Sala Tamayo y obtuvo el Primer Premio de la Bienal de S\u00e3o Paulo (1953), junto al franc\u00e9s Alfred Mannesier.<\/p>\n<p>Detalle del mural Am\u00e9rica (1956)<\/p>\n<p>Se inicia entonces la \u00e9poca dorada en la vida y en la producci\u00f3n art\u00edstica del pintor. Comienzan a llover los encargos y se lanza a la producci\u00f3n fresquista tanto en M\u00e9xico, donde realiza su primer fresco del Palacio de Bellas Artes de la capital (1952), como en el extranjero, donde sus obras florecen en los ambientes y pa\u00edses m\u00e1s diversos. Pone en pie as\u00ed, en Houston, Estados Unidos, el que es quiz\u00e1 su mural de mayor envergadura, titulado Am\u00e9rica (1956); antes, en 1953, hab\u00eda realizado el mural El Hombre para el Dallas Museum of Cine Arts; en 1957, y para la biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, lleva a cabo su mural Prometeo y, un a\u00f1o despu\u00e9s, en 1958, los ambientes art\u00edsticos y culturales europeos que tanto le hab\u00edan influido en sus comienzos le rinden un c\u00e1lido homenaje cuando realiza un monumental fresco para el Palacio de la UNESCO en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Esta consagraci\u00f3n internacional se ve avalada, tambi\u00e9n, por un largo rosario de galardones, reconocimientos y nombramientos a cargos de organismos art\u00edsticos del mundo entero. En 1961 es elegido para integrarse en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos; antes hab\u00eda recibido ya, en 1959, su nombramiento como Miembro Correspondiente de la Academia de Artes de Buenos Aires. Pero el galard\u00f3n del que se sentir\u00eda m\u00e1s orgulloso es anterior a todos ellos: en 1957 hab\u00eda sido nombrado en Francia Caballero de la Legi\u00f3n de Honor, t\u00edtulo que siempre consider\u00f3 como un reconocimiento valios\u00edsimo al proceder de un pa\u00eds que, para \u00e9l, hab\u00eda sido la cuna del arte de vanguardia.<\/p>\n<p>En 1963 lleva a cabo dos murales para decorar el casco del paquebote Shalom: Israel Ayer e Israel Hoy. Era el resultado de sus amistosas (y controvertidas) relaciones con el Estado de Israel, al que apoy\u00f3 en los dif\u00edciles momentos de su conflicto con los estados \u00e1rabes a causa del problema palestino. Se explica as\u00ed que varios museos israel\u00edes, especialmente en Jerusal\u00e9n y Tel-Aviv, posean numerosas muestras de su producci\u00f3n art\u00edstica, aunque su obra se ha expuesto pr\u00e1cticamente en todo el mundo y sus creaciones forman hoy parte de las m\u00e1s importantes colecciones y museos internacionales. Los innumerables premios recibidos y las exposiciones individuales que realiz\u00f3 en Nueva York, San Francisco, Chicago, Cincinnati, Buenos Aires, Los \u00c1ngeles, Washington, Houston, Oslo, Par\u00eds, Zurich o Tokio dispararon su cotizaci\u00f3n art\u00edstica, que en las d\u00e9cadas de los ochenta y noventa alcanzar\u00eda valores astron\u00f3micos en la bolsa del arte.<\/p>\n<p>Al iniciarse la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesenta, Rufino Tamayo regres\u00f3 a su M\u00e9xico natal. Su obra revelaba ya la madurez de un hombre que ha bebido de las m\u00e1s distintas fuentes est\u00e9ticas e intelectuales, integr\u00e1ndolas en una personalidad art\u00edstica profundamente original. Pese a considerarse a s\u00ed mismo \u00abel eterno inconforme con lo que se ha pretendido que es la pintura mexicana\u00bb, no cabe duda de que Tamayo es un crisol en el que se amalgaman las m\u00e1s vivas tradiciones de su pa\u00eds y las investigaciones est\u00e9ticas en una s\u00edntesis superior de personal\u00edsimas caracter\u00edsticas e innegable fuerza expresiva.<\/p>\n<p>Hombre de pocas palabras en su vida cotidiana (consideraba que el pintor debe manifestarse con sus pinceles y que la \u00fanica raz\u00f3n de una obra es la propia obra), en la producci\u00f3n de Tamayo sorprende la exquisita disposici\u00f3n de los signos que junto a las superficies que comparten se disputan a veces la tela; hay en el volumen de su materia, lentamente forjada en capas superpuestas de color, paulatinamente elaboradas, un colorido peculiar, suntuoso, fruto de estudiadas y brillantes yuxtaposiciones; el poderoso fluir de sus or\u00edgenes \u00e9tnicos, la fuerza mestiza que alienta en el arte de M\u00e9xico, empapa su paleta con todas las calidades e intensidad de los azules nocturnos, la palidez de los malvas, el impacto violento de los p\u00farpura, un espectro de naranjas, rosados, verdes, colores de las m\u00e1s primigenias civilizaciones que se concretan en s\u00edmbolos ir\u00f3nicos o indescifrables, fascinantes para el profano, como los antiguos e inaccesibles jerogl\u00edficos de los templos, como un ritual ins\u00f3lito y sobrecogedor. Todo cabe en su obra, desde la preocupaci\u00f3n c\u00f3smica por el destino humano hasta la vida er\u00f3tica.<\/p>\n<p>Su obra como muralista, cicl\u00f3pea y hecha en el m\u00e1s puro \u00abmexicanismo\u00bb, culmina en el mural El D\u00eda y la Noche. Realizado en 1964 para el Museo Nacional de Antropolog\u00eda e Historia de M\u00e9xico, simboliza la lucha entre el d\u00eda (serpiente emplumada) y la noche (tigre). Ese mismo a\u00f1o recibi\u00f3 el Premio Nacional de Artes. Sus \u00faltimos trabajos monumentales datan de 1967 y 1968, cuando por encargo gubernamental realiz\u00f3 los frescos para los pabellones de M\u00e9xico en la Exposici\u00f3n de Montreal y en la Feria Internacional de San Antonio (Texas). A partir de entonces, retirado casi, se dedic\u00f3 de lleno a transmitir el saber acumulado en su larga e intensa vida art\u00edstica.<\/p>\n<p>Pero, como ya se ha dicho, la parte m\u00e1s significativa de su obra corresponde a su pintura de caballete, que no abandon\u00f3 hasta poco antes de su muerte. Entre sus numerosas obras hay que citar Hippy en blanco (1972), expuesto en el Museo de Arte Moderno, o Dos mujeres (1981), en el Museo Rufino Tamayo. Su inter\u00e9s por el arte precolombino cristaliz\u00f3 al inaugurarse en 1974, en la ciudad de Oaxaca, el Museo de Arte Prehisp\u00e1nico Rufino Tamayo, con 1.300 piezas arqueol\u00f3gicas coleccionadas, catalogadas y donadas por el artista.<\/p>\n<p>C\u00f3mo citar este art\u00edculo:<br \/>\nRuiza, M., Fern\u00e1ndez, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Rufino Tamayo. En Biograf\u00edas y Vidas. La enciclopedia biogr\u00e1fica en l\u00ednea. Barcelona (Espa\u00f1a). Recuperado de https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/t\/tamayo.htm el 1 de octubre de 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Rufino Tamayo (Oaxaca, 1899 &#8211; Ciudad de M\u00e9xico, 1991) Pintor mexicano. 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