{"id":17204,"date":"2020-10-08T09:35:43","date_gmt":"2020-10-08T15:35:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17204"},"modified":"2020-10-08T09:35:43","modified_gmt":"2020-10-08T15:35:43","slug":"el-elogio-innecesario-de-los-libros-por-carlos-monsivais","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17204","title":{"rendered":"El Elogio (innecesario) De Los Libros por Carlos Monsivais"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<div><strong>La lectura sigue siendo un acto profundamente personal. Y al Estado y la sociedad les corresponde<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>crear las condiciones para que quien lo desee tenga a su alcance las facilidades o las<\/strong><\/div>\n<div><strong>oportunidades para ejercer como lector, rango nada menospreciable de los placeres de la subjetividad. \u00bfUna conclusi\u00f3n? Tir\u00e9 mi coraz\u00f3n al azar y me lo gan\u00f3 la lectura.<\/strong><\/div>\n<p>ELOGIO (INNECESARIO) DE LOS LIBROS<\/p>\n<div>Por Carlos Monsiv\u00e1is<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Uno de los m\u00e1s importantes intelectuales mexicanos, el escritor Carlos Monsiv\u00e1is, regresa a las<\/div>\n<div>p\u00e1ginas de N\u00famero con este texto sobre los libros y la lectura que ley\u00f3 en la instalaci\u00f3n del Sexto<\/div>\n<div>Congreso Nacional de Lectura, dedicado este a\u00f1o al tema \u00abLectura para construir naci\u00f3n\u00bb,<\/div>\n<div>organizado por Fundalectura. Se publica con autorizaci\u00f3n de Fundalectura y del autor.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En relaci\u00f3n con la lectura en el siglo XXI latinoamericano, los agoreros podr\u00edan fallar y acertar a la<\/div>\n<div>vez. En conjunto se lee menos, y la lectura dista de ocupar el sitio real y mitol\u00f3gico de otro tiempo,<\/div>\n<div>donde las resonancias de los libros eran inmensas, as\u00ed s\u00f3lo la minor\u00eda leyera de modo regular.<\/div>\n<div>Ahora el costo de los libros los aleja con frecuencia de los estudiantes de la ense\u00f1anza p\u00fablica (en<\/div>\n<div>el \u00e1mbito de la ense\u00f1anza privada, lo inaccesible suele provenir del desinter\u00e9s, pues all\u00ed la<\/div>\n<div>posesi\u00f3n se valora muy por encima del conocimiento). As\u00ed mismo, no se dispone de un sistema de<\/div>\n<div>informaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica que oriente y ahorre esfuerzos (m\u00e1s del 90% de los libros carecen de una<\/div>\n<div>recepci\u00f3n m\u00ednimamente adecuada); disminuye, por razones de la cultura de masas, el valor<\/div>\n<div>atribuido a la lectura; no procede, con la rapidez debida, la actualizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, y as\u00ed<\/div>\n<div>sucesivamente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfC\u00f3mo afecta la globalizaci\u00f3n los procesos de lectura? Es muy pronto para decirlo y el asunto es<\/div>\n<div>de tal vastedad que s\u00f3lo un insensato titular\u00eda una ponencia \u00abLectura y globalizaci\u00f3n\u00bb. Sin<\/div>\n<div>embargo, aventuro un bosquejo del tema:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se perfeccionan o, si se quiere, se vuelven casi inapelables procesos ya advertibles desde hace<\/div>\n<div>d\u00e9cadas; el primero, el avasallamiento de las industrias culturales de Norteam\u00e9rica, que en<\/div>\n<div>materia de lectura imponen (proponer ser\u00eda un verbo de enorme modestia) dos grandes zonas del<\/div>\n<div>consumo: los bestsellers (a tal punto identificados con los viajes, que si uno est\u00e1 en casa de<\/div>\n<div>cualquier modo se abrocha el cintur\u00f3n de seguridad) y la literatura de autoayuda o superaci\u00f3n<\/div>\n<div>personal.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Internet obliga a un mucho mayor ejercicio de la lectura, as\u00ed sea fragmentaria y opuesta a las<\/div>\n<div>pr\u00e1cticas antiguas de concentraci\u00f3n, y tambi\u00e9n distribuye un c\u00famulo informativo desconocido y<\/div>\n<div>abrumador. Por ejemplo, lo que hoy los interesados en el mundo entero conocen sobre Leonardo<\/div>\n<div>da Vinci, el Opus Dei, los templarios, las sectas cat\u00f3licas, etc\u00e9tera, se debe al \u00e9xito de El c\u00f3digo Da Vinci, que remite a internet.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El lector se considera cada vez m\u00e1s representante de los lectores, debido al proceso que a todos,<\/div>\n<div>en alg\u00fan nivel, nos vuelve emblem\u00e1ticos de lo global. Falta poco para escuchar en las reuniones:<\/div>\n<div>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 global te viste!\u00bb o \u00abDe veras, no ten\u00eda idea de que fueras tan local\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las industrias editoriales, por fuerza, tienden a integrarse a grandes holdings, y el gran m\u00e9rito de<\/div>\n<div>las editoriales peque\u00f1as es y ser\u00e1 convertir su resistencia en una alternativa institucional.<\/div>\n<div>Se unifican de modo constante las visiones educativas y se globaliza el proceso de la ense\u00f1anza<\/div>\n<div>superior. Eso no elimina las distancias hist\u00f3ricas entre metr\u00f3polis y tercer mundo, pero s\u00ed las<\/div>\n<div>aclara y, por as\u00ed decirlo, quebranta las nociones deterministas. Las carencias cient\u00edficas y<\/div>\n<div>tecnol\u00f3gicas no describen mentalidad alguna, sino procesos del imperio, y la falta de proyectos y<\/div>\n<div>de posibilidades en las naciones sujetas a su hegemon\u00eda o, mejor, dependientes de sus ritos de<\/div>\n<div>pobreza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El universo de la imagen, la iconosfera, desplaza en la vida colectiva al universo del libro. Y a esta<\/div>\n<div>p\u00e9rdida de centralidad me refiero en las notas siguientes.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>Gracias a la lectura, cada persona se multiplica a lo largo del d\u00eda. El impulso del personaje de un<\/div>\n<div>relato, de una atm\u00f3sfera literaria, de un poema, renueva y vigoriza las opiniones morales y<\/div>\n<div>pol\u00edticas, vuelve por una hora un poeta o un narrador al que complementa con imaginaci\u00f3n lo<\/div>\n<div>le\u00eddo, ayuda a situarse ante el horizonte cient\u00edfico o social, vigoriza el sentido idiom\u00e1tico. As\u00ed sea a<\/div>\n<div>contracorriente de algunos textos, la lectura es el ingreso a la racionalidad, la fantas\u00eda, la grandeza<\/div>\n<div>de los idiomas, el don de extraer universos de la combinaci\u00f3n de las palabras. Lo afirma Borges,<\/div>\n<div>que ya lo dijo todo con tal de volvernos su sistema de ecos: \u00abNo vivo para leer, leo para vivir\u00bb.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>\u00bfHa disminuido el h\u00e1bito de la lectura? Tal vez s\u00ed, y uso el tal vez porque seg\u00fan mi experiencia,<\/div>\n<div>antes tampoco se le\u00eda mucho. Y el analfabetismo funcional se expande por razones diversas, que<\/div>\n<div>incluyen la falta de h\u00e1bito social y familiar de la lectura, el desinter\u00e9s de los gobiernos, la ausencia<\/div>\n<div>en la educaci\u00f3n b\u00e1sica de la recomendaci\u00f3n de libros, la decisi\u00f3n (involuntaria) de considerar<\/div>\n<div>bibliotecas y librer\u00edas espacios hostiles y extra\u00f1os (en M\u00e9xico, en 2001, el director del Instituto<\/div>\n<div>Nacional de la Juventud declar\u00f3 que el aumento del 15% del IVA a los libros servir\u00eda, ya<\/div>\n<div>reconvertido ese dinero en bibliotecas, \u00ab\u00a1para que ning\u00fan joven tenga que entrar a una librer\u00eda!\u00bb).<\/div>\n<div>Y la causa mayor es la competencia abrumadora de la iconosfera, del universo de im\u00e1genes. Con<\/div>\n<div>todo, se sigue leyendo porque sin el aprendizaje del lenguaje y sus recursos en distintos niveles, no existe la articulaci\u00f3n social.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Muy poco se consigue si se quiere obligar a la lectura a las personas o a las comunidades. S\u00ed hay tal cosa, como la vocaci\u00f3n lectora y los est\u00edmulos, y las incitaciones al libro algo consiguen, pero no milagros, en el estilo de \u00abUna ma\u00f1ana Gregorio Samsa despert\u00f3 y comprob\u00f3 que hab\u00eda le\u00eddo de principio a fin la Encyclopedia Britannica\u00bb. Se pueden multiplicar las ofertas y el acceso a los libros, pero los grandes lectores, los lectores profesionales, por as\u00ed decirlo, seguir\u00e1n siendo minor\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por lo dem\u00e1s, se modifica el acercamiento a la lectura. El libro ya no es un signo irrestricto de<\/div>\n<div>autoridad, no en Latinoam\u00e9rica, desde luego, donde si alguien quer\u00eda leer la Biblia requer\u00eda hasta<\/div>\n<div>hace medio siglo los \u00abint\u00e9rpretes calificados\u00bb, que evitaban los \u00abextrav\u00edos\u00bb. La cultura f\u00edlmica es<\/div>\n<div>hoy otra ruta formativa y lo visual se propone como la v\u00eda mayoritaria. Sin embargo, nada<\/div>\n<div>remplaza ni puede remplazar a la lectura en lo tocante a la comprensi\u00f3n de la historia, la sociedad<\/div>\n<div>y los seres humanos, a la estructuraci\u00f3n l\u00f3gica del conocimiento y al simple hecho de la<\/div>\n<div>comunicaci\u00f3n inteligible.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>A la pregunta del aporte de los libros a los ni\u00f1os y los j\u00f3venes, la respuesta obligada debe ser:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00abQue cada uno responda\u00bb. No conozco otra mejor. La persona que se entusiasma ante un libro<\/div>\n<div>est\u00e1 al tanto de uno de los aportes de la lectura y no necesita m\u00e1s explicaciones. Por unas horas,<\/div>\n<div>esas p\u00e1ginas le modificaron la vida y lo hicieron distinto. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se quiere que la p\u00e9rdida<\/div>\n<div>leg\u00edtima de identidad durante un tiempo de hechizamiento? Si uno al leer no es otro y no es otros,<\/div>\n<div>no es nadie.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>\u00bfHumaniza la lectura? La pregunta es una trampa heredada del tiempo de la superioridad<\/div>\n<div>indiscutible de los letrados y, de manera m\u00e1s enf\u00e1tica, del clasismo de las \u00e9lites, que se burlan de<\/div>\n<div>los analfabetos porque \u00e9stos no logran, como s\u00ed lo consiguen quienes los desprecian, renunciar al<\/div>\n<div>placer de la lectura. Y si los que se abstienen no se deshumanizan, los lectores tampoco se<\/div>\n<div>humanizan por el mero hecho de serlo, porque la ventaja de frecuentar lo impreso no consiste en<\/div>\n<div>la superioridad sobre los dem\u00e1s (imposible de obtener por un mero ejercicio \u00f3ptico), sino en el<\/div>\n<div>cambio interno; en la certeza de que uno ha sido mejor que de costumbre mientras lee, y volver\u00e1<\/div>\n<div>a remontar algunas de sus limitaciones cuando recuerde lo le\u00eddo. As\u00ed por ejemplo, en materia de<\/div>\n<div>cl\u00e1sicos \u2014de El Quijote a Cien a\u00f1os de soledad, de la Divina Comedia a Residencia en la tierra\u2014<\/div>\n<div>s\u00f3lo sus frecuentadores est\u00e1n al tanto de lo que se habr\u00edan perdido de no hacerlo. Y all\u00ed radica su<\/div>\n<div>gran ventaja: en la celebraci\u00f3n del tiempo ganado.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ejemplifico de mala manera las maniobras de la superioridad instant\u00e1nea de quienes dicen leer<\/div>\n<div>sobre quienes manifiestamente no lo hacen. En 2001 el presidente de M\u00e9xico, Vicente Fox, fue al<\/div>\n<div>Segundo Congreso de la Lengua en Valladolid, Espa\u00f1a. Al leer su discurso habl\u00f3 del gran escritor<\/div>\n<div>Jos\u00e9 Luis Borgues. El mundo ilustrado le cay\u00f3 encima y a\u00fan persiste la burla, originada en un 99%<\/div>\n<div>entre personas que jam\u00e1s han le\u00eddo a Borges, ni tal desmesura se proponen. Algo parecido a ser<\/div>\n<div>moderno a costa de la edad media. Y don Vicente Fox coron\u00f3 el episodio meses despu\u00e9s. Al<\/div>\n<div>pregunt\u00e1rsele por las cr\u00edticas recibidas, coment\u00f3: \u00abBueno, me atacaron much\u00edsimo porque no<\/div>\n<div>supe decir el nombre de un escritor. Pero cualquiera puede cometer un lapsus biling\u00fce\u00bb.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>\u00bfC\u00f3mo se impulsa la lectura? Desde la fundaci\u00f3n de las rep\u00fablicas, los gobernantes de<\/div>\n<div>Latinoam\u00e9rica ensalzan los libros en ceremonias escolares, se olvidan de los t\u00edmidos privilegios<\/div>\n<div>fiscales, editan joyas o joyitas de la prosa y la poes\u00eda nativas (que se eternizan en las bodegas, esos panteones de la identidad nacional), y les rinden homenaje a los grandes escritores, en veladas donde los asistentes, con celo policial, alivian su aburrimiento contabilizando los signos del tedio del gobernante.<\/div>\n<div>\u00a1Qu\u00e9 tipazo es el presidente! \u00bfUst\u00e9d c\u00f3mo dome\u00f1\u00f3 sus bostezos?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a1Ah! Y de vez en cuando se lanzan campa\u00f1as de animaci\u00f3n, como la del PRI en la d\u00e9cada de los<\/div>\n<div>a\u00f1os setenta, que mand\u00f3 imprimir miles de p\u00f3sters: \u00abHidalgo, un mexicano que aprendi\u00f3 a leer a<\/div>\n<div>tiempo \/ Ju\u00e1rez, un mexicano que aprendi\u00f3 a leer a tiempo \/ Zapata, un mexicano que aprendi\u00f3 a<\/div>\n<div>leer a tiempo\u00bb&#8230; A tiempo de entrar a la historia, uno supone, para descifrar la escritura en la<\/div>\n<div>pared, y no mucho m\u00e1s.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 han le\u00eddo los gobernantes? En principio, casi nada, porque no disponen de tiempo. Si acaso,<\/div>\n<div>leyeron o ya leer\u00e1n, lo que comprueba la calidad de sus improvisaciones. Antes, se recordaba lo<\/div>\n<div>le\u00eddo durante la etapa estudiantil, y eso con el fin de asombrarse a s\u00ed mismos. \u00bfA qu\u00e9 hora se lee y para qu\u00e9? Doy un ejemplo, para m\u00ed, relevante.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>A un pol\u00edtico del Partido Acci\u00f3n Nacional (de laderecha mexicana), Carlos Medina Placencia, un periodista le pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 lee ahora, senador?\u00bb. Responde: \u00abNada, porque me cambi\u00e9 de casa y tuve que meter mis libros en cajas\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Nuevo interrogante: \u00ab\u00bfY hace cu\u00e1nto se cambi\u00f3 de casa?\u00bb. Contestaci\u00f3n elocuente: \u00abHace como<\/div>\n<div>ocho a\u00f1os\u00bb. Adem\u00e1s, es notoria en todos los dirigentes de la vida p\u00fablica, eclesi\u00e1sticos y<\/div>\n<div>empresarios entre ellos, la ausencia del vocabulario proveniente de la lectura; Ludwig<\/div>\n<div>Wittgenstein lo defini\u00f3 en forma memorable: \u00abLos l\u00edmites de mi lenguaje son los l\u00edmites de mi<\/div>\n<div>mundo\u00bb. Digo la frase y visualizo a la clase dirigente latinoamericana, y no s\u00f3lo a ella, encerrada,<\/div>\n<div>previo \u00e1ngel exterminador, en el aula de aquel distante y cercano sexto a\u00f1o de educaci\u00f3n privada.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>A los pol\u00edticos, los mercad\u00f3logos (los nuevos poderes tras el trono) y los asesores de imagen (el<\/div>\n<div>nuevo trono) les aconsejan: \u00abNo se alejen de su electorado,\/ eviten las palabras domingueras,\/ no<\/div>\n<div>env\u00eden a sus oyentes al lugar m\u00e1s alejado del mundo, el diccionario\u00bb. Y el consejo culminante:<\/div>\n<div>\u00abHablen como la gente de la calle\u00bb, como si pudiesen hablar de otra manera. Sin embargo, el<\/div>\n<div>problema central de la capacidad tan menguante de la comprensi\u00f3n se halla tambi\u00e9n, y muy<\/div>\n<div>primordialmente, en varios temas.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>Afirma George Steiner: \u00abLeer bien es arriesgarse a mucho. Es dejar vulnerable nuestra identidad,<\/div>\n<div>nuestra posesi\u00f3n de nosotros mismos (&#8230;) Quien haya le\u00eddo La metamorfosis, de Kafka, y pueda<\/div>\n<div>mirarse imp\u00e1vido al espejo ser\u00e1 capaz, t\u00e9cnicamente, de leer la letra impresa, pero es un<\/div>\n<div>analfabeto en el \u00fanico sentido que cuenta\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Escribi\u00f3 Alfonso Reyes: \u00abEstamos tejidos en la sustancia de los libros mucho m\u00e1s de lo que a<\/div>\n<div>simple vista parece. Aun los rasgos m\u00e1s espont\u00e1neos de nuestra conducta y aun nuestras m\u00e1s<\/div>\n<div>humildes palabras tienen detr\u00e1s, sep\u00e1moslo o no, una larga tradici\u00f3n literaria que viene<\/div>\n<div>empuj\u00e1ndonos y gobern\u00e1ndonos\u00bb. Lo dicho por Reyes es innegable hasta cierto momento; luego<\/div>\n<div>un c\u00edrculo de fen\u00f3menos (la desaparici\u00f3n gracias a la telenovela del antiguo lenguaje del<\/div>\n<div>melodrama, tan armado en la ret\u00f3rica de las crispaciones; la preeminencia de los c\u00f3mics, el gran<\/div>\n<div>instrumento de la alfabetizaci\u00f3n de masas; el desvanecimiento del sitio central de la poes\u00eda; la<\/div>\n<div>erosi\u00f3n de la l\u00f3gica en el sistema universitario y en la formaci\u00f3n del conocimiento y, sobre todo, el<\/div>\n<div>culto a los fragmentos y el relegamiento de las visiones de conjunto) garantizan lo que en un<\/div>\n<div>primer momento pod\u00eda calificarse de \u00abactitud distra\u00edda\u00bb, que es, en rigor, la incapacidad de<\/div>\n<div>concentrarse culturalmente por el abandono o el desconocimiento del pensamiento abstracto y de<\/div>\n<div>los referentes culturales.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>El pluriling\u00fcismo no va a la par de la democracia. Si las \u00e9lites latinoamericanas reciben el siglo XX<\/div>\n<div>hablando franc\u00e9s, lo despiden \u00aben ingl\u00e9s\u00bb, por lo com\u00fan con el vocabulario m\u00ednimo, el que les<\/div>\n<div>hace leer a saltos The New York Times, Time Magazine, Newsweek, los servicios indispensables de internet, alg\u00fan bestseller de Stephen King o de Tom Clancy (o los relevos en la lista de The Top<\/div>\n<div>Ten) y los libros de su especialidad, nunca demasiados. Y lo usual, en todas las clases sociales, es detenerse en el ingl\u00e9s comercial, laboral y t\u00e9cnico. Y, ni modo, en el spanglish de la clase dirigente, el \u00fanico idioma del que algo se percibe es el espa\u00f1ol.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>En la parte cercana a los seminarios y a la erudici\u00f3n, la derecha latinoamericana dispuso de un<\/div>\n<div>pasado bibli\u00f3filo; ahora la modernidad les reduce el espacio de credibilidad y, adem\u00e1s, no les deja<\/div>\n<div>tiempo para leer, s\u00f3lo para inmovilizarse ante la televisi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la izquierda partidaria el antiintelectualismo se expresa por la devoci\u00f3n a la praxis, o, lo m\u00e1s com\u00fan, por la burocratizaci\u00f3n de la idea de la praxis. Lo que no es acci\u00f3n es traici\u00f3n, y hay que enviar la invitaci\u00f3n a la toma de conciencia con copia para las autoridades. Y la derecha, por otra parte, se especializa en su aversi\u00f3n a las audacias art\u00edsticas, lo que los lleva a censurar exposiciones, obras de teatro y pel\u00edculas. Por lo com\u00fan, la secularizaci\u00f3n de las sociedades los obliga a retroceder, pero jam\u00e1s desisten.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Resultan un tanto desalentadoras las campa\u00f1as gubernamentales \u00aben favor de la lectura\u00bb (frase<\/div>\n<div>usada hasta el cansancio en M\u00e9xico). Desde hace medio siglo en el mundo son excepciones los<\/div>\n<div>dirigentes de toda \u00edndole formados en la lectura. Recuerdo ahora la campa\u00f1a del candidato<\/div>\n<div>Vicente Fox. En un encuentro en el Polyforum con intelectuales y artistas, Fox se sincer\u00f3: \u00abA<\/div>\n<div>diferencia de ustedes, que se formaron leyendo libros, yo me form\u00e9 viendo las nubes\u00bb. \u00bfCu\u00e1ntos<\/div>\n<div>altos dirigentes podr\u00edan decir lo mismo? El presidente Bush tal vez no.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00c9l se form\u00f3 invadiendo las nubes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El alejamiento org\u00e1nico de la lectura de parte de la clase gobernante ha tenido, entre otros, un<\/div>\n<div>costo: la ausencia de medidas de protecci\u00f3n. A diferencia de los gobiernos de Espa\u00f1a, al tanto de<\/div>\n<div>las ventajas de una pol\u00edtica fiscal que aliente a las editoriales, los gobiernos en Am\u00e9rica Latina<\/div>\n<div>suelen presionar por m\u00e1s impuestos a libros y editoriales, sin la m\u00ednima visi\u00f3n de conjunto del<\/div>\n<div>asunto. Mi chovinismo me lleva al ejemplo del secretario de Hacienda de M\u00e9xico, Francisco Gil<\/div>\n<div>D\u00edaz, que al defender sus cargas impositivas acusa a los intelectuales de no haber conseguido que el pueblo lea, y concluye heroicamente: \u00abLo \u00fanico que se lee en M\u00e9xico son c\u00f3mics<\/div>\n<div>semipornogr\u00e1ficos\u00bb. Y sus acciones no le acarrean costos pol\u00edticos porque en materia de lecturas<\/div>\n<div>cada quien se conforma con reiterar sus promesas \u00edntimas: \u00abEl a\u00f1o que viene s\u00ed termino de leer<\/div>\n<div>este soneto\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Educaci\u00f3n y lectura<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La masificaci\u00f3n de la ense\u00f1anza tiene consecuencias positivas en lo cultural. En Am\u00e9rica Latina hay cientos de millones de estudiantes, de educaci\u00f3n primaria a posgrado, y si en relaci\u00f3n con otros pa\u00edses es a\u00fan insuficiente el n\u00famero de inscritos en la ense\u00f1anza superior (o postsecundaria, como suger\u00eda Octavio Paz, no s\u00e9 si mal\u00e9volamente), las cifras son alt\u00edsimas de cualquier modo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfDe qu\u00e9 se habla cuando se anuncia la \u00abcat\u00e1strofe educativa\u00bb? De varios procesos simult\u00e1neos:<\/div>\n<div>La incapacidad de las escuelas p\u00fablicas y privadas de actualizar los m\u00e9todos de ense\u00f1anza (y la<\/div>\n<div>falta de recursos para implantar adecuadamente la inform\u00e1tica en la ense\u00f1anza p\u00fablica).<\/div>\n<div>La distorsi\u00f3n de las dificultades de la literatura. \u00abNo entiendo poes\u00eda, se me hace muy dif\u00edcil\u00bb.<\/div>\n<div>La identificaci\u00f3n entre lectura y compromisos de adquisici\u00f3n del t\u00edtulo universitario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La deserci\u00f3n sistem\u00e1tica de los obligados a trabajar o, ser\u00e9 m\u00e1s espec\u00edfico, a buscar empleo; el<\/div>\n<div>crecimiento de la poblaci\u00f3n escolar y la disminuci\u00f3n constante de recursos del Estado en el caso<\/div>\n<div>de escuelas p\u00fablicas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El fin de la creencia en las bondades providenciales del t\u00edtulo universitario (ya no es cierto el dicho<\/div>\n<div>antiguo: \u00abCada abogado trae su pan\u00bb).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La falta de previsi\u00f3n en lo tocante a la relaci\u00f3n entre universidades y mercado de empleos.<\/div>\n<div>La conversi\u00f3n de la globalidad en religi\u00f3n civil, adorada en abstracto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La absoluta falta de planeaci\u00f3n. As\u00ed por ejemplo, la carrera de m\u00e1s acelerado desenvolvimiento en<\/div>\n<div>Am\u00e9rica Latina es ciencias de la comunicaci\u00f3n o de la informaci\u00f3n, poblada de ansiosos de<\/div>\n<div>aparecer en televisi\u00f3n, o de \u00abmanipular a las masas\u00bb (de seguir as\u00ed la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica de<\/div>\n<div>esta carrera, se ver\u00e1 el caso ins\u00f3lito de las masas manipulando a las masas). Y la mercadotecnia es la nueva carrera universitaria de crecimiento veloz.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la educaci\u00f3n p\u00fablica la burocracia se expande, son lamentables los salarios de los profesores,<\/div>\n<div>las instalaciones son ruinosas y los planes de estudios se improvisan cada tres a\u00f1os. La educaci\u00f3n privada no est\u00e1 mejor, instalaciones aparte en algunos casos, pero sus egresados s\u00ed disponen de m\u00e1s seguridades, o de alguna; por eso en M\u00e9xico a la carrera de administraci\u00f3n de empresas se le dice \u00abadministraci\u00f3n de herencias\u00bb. As\u00ed, no obstante la masificaci\u00f3n de la ense\u00f1anza, los sistemas educativos no han variado en lo b\u00e1sico porque la tecnolog\u00eda deja muy atr\u00e1s a la pedagog\u00eda y no hay suficiente dinero para la actualizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica.<\/div>\n<div>De la lectura como privilegio \u00f3ptico El deterioro del proceso educativo amengua considerablemente la puesta al d\u00eda cultural.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la d\u00e9cada de los a\u00f1os setenta se crey\u00f3 posible o se quiso creer que en Am\u00e9rica Latina hab\u00eda cientos o\u00a0miles de millones de estudiantes en la lectura. No hay tal por razones diversas, entre ellas la inexorable: en cualquier sociedad s\u00f3lo una minor\u00eda lee, y su proporci\u00f3n jam\u00e1s crece al ritmo exacto de la demograf\u00eda. Lo usual es el consumo de unos cuantos libros (por lo com\u00fan entendido como cumplimiento de tareas de clase) y abundan las copias xerox. El grado xerox de la lectura.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>S\u00ed, es muy importante el volumen de ediciones del Estado y las universidades (absolutamente<\/div>\n<div>desinteresadas en los asuntos de la distribuci\u00f3n), pero tampoco son menospreciables la desidia y<\/div>\n<div>la hipocres\u00eda. \u00a1Ah, esas quejas a gritos de lo caro del libro de quienes jam\u00e1s protestar\u00edan por el<\/div>\n<div>costo de las bebidas!<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El acercamiento a la lectura s\u00f3lo por obligaci\u00f3n desemboca en las \u00abgeneraciones fechadas\u00bb de<\/div>\n<div>profesionistas, de los que es posible saber, con exactitud pasmosa, sus a\u00f1os de universidad y de<\/div>\n<div>posgrado por las referencias bibliogr\u00e1ficas en su conversaci\u00f3n. Y el fen\u00f3meno se agrava con la<\/div>\n<div>inexistencia de un sistema de bibliotecas digno de tal nombre. Son varias las bibliotecas de Estados Unidos y Europa que tienen m\u00e1s vol\u00famenes que todas las de M\u00e9xico juntas (lo anterior no me convierte en fetichista de las bibliotecas).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pudo y puede ser de otro modo, pero en Am\u00e9rica Latina nunca se le ha reconocido provecho<\/div>\n<div>alguno al acto de leer, calificado de \u00abobsesi\u00f3n de grupos\u00bb; algo semejante a la Marca de Ca\u00edn, el<\/div>\n<div>mismo que no acompa\u00f1a a Abel por estar ante un libro. Leer \u00abest\u00e1 bien\u00bb si se viaja en avi\u00f3n, si se<\/div>\n<div>est\u00e1 enfermo, si se convalece o si se requieren temas de sobremesa. Hasta all\u00ed. Y con esto pierde la sociedad, al abandonar una de sus ventajas primordiales: la lectura como estructura personal del conocimiento. El que no lee se acerca a las ideas con miedo, rechazo previo, encono o veneraci\u00f3n parroquial; el que lee puede hacer eso mismo, pero es menor el n\u00famero de probabilidades.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde los a\u00f1os setenta, y el fen\u00f3meno es internacional, se renunci\u00f3 en la ense\u00f1anza elemental de<\/div>\n<div>Am\u00e9rica Latina a la memorizaci\u00f3n de fechas, poemas, procesos, y s\u00f3lo se ha conseguido potenciar la amnesia de lo jam\u00e1s aprendido. Y no se impulsa la lectura desde las instituciones educativas, ya que, en el fondo, no creen posible animar a los estudiantes a hacer lo que los funcionarios desde\u00f1an.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Este es el mensaje, no tan oculto: \u00abLee este libro en memoria de lo que nunca hojear\u00e1s o vislumbrar\u00e1s siquiera\u00bb. La mayor\u00eda abandona su proceso educativo en el sexto a\u00f1o de primaria y<\/div>\n<div>otro porcentaje importante lo hace en el ciclo secundario; quienes prosiguen no suelen ver en la<\/div>\n<div>lectura un instrumento del desarrollo personal, sino un rito de tr\u00e1nsito. El proceso es m\u00e1s o menos<\/div>\n<div>el siguiente:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los profesores de primaria y secundaria leen poco porque el salario no les alcanza y, por eso, no<\/div>\n<div>transmiten lo que no poseen: el placer de la lectura.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los maestros de ense\u00f1anza media y, con frecuencia, de educaci\u00f3n superior, no leen porque sus<\/div>\n<div>sueldos no lo permiten, y muy pocas veces las bibliotecas de sus instituciones tienen el acervo<\/div>\n<div>conveniente.<\/div>\n<div>Ergo, los maestros transmiten su moraleja de m\u00faltiples formas: el libro es prescindible, ya que a<\/div>\n<div>m\u00ed, el maestro, no me impuls\u00f3 en la vida, y a ustedes, los alumnos, los llevar\u00e1, si no se cuidan, a<\/div>\n<div>ser profesores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>S\u00e9 que generalizo, s\u00e9 que no generalizo. Al tema, siempre que aparece, lo acompa\u00f1a la soluci\u00f3n:<\/div>\n<div>formar a los lectores desde la ni\u00f1ez. Pero, en la pr\u00e1ctica, la apat\u00eda es notoria y es la minor\u00eda<\/div>\n<div>previsible la que lee desde siempre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00abMe gusta leer de noche para combatir el insomnio\u00bb<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El analfabetismo funcional es sin duda la relaci\u00f3n dominante con la lectura. Hay una impresi\u00f3n<\/div>\n<div>dominante: leer es dejar de ver lo interesante, leer es renunciar al ejercicio de la vista. Las madres<\/div>\n<div>exclaman al ver al hijo o a la hija leyendo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 haces all\u00ed sentadote? Ponte a hacer algo \u00fatil\u00bb.<\/div>\n<div>Por lo com\u00fan, se leen los textos que nada m\u00e1s exigen la atenci\u00f3n distra\u00edda y fragmentaria, o el<\/div>\n<div>apego devocional a falsos catecismos (la literatura de \u00abautoayuda\u00bb).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En Am\u00e9rica Latina, los prestigios literarios suelen darse por fe y no por demostraci\u00f3n. El atractivo hipn\u00f3tico de la tecnolog\u00eda auspicia generaciones de lectores que no se reconocer\u00edan como tales.<\/div>\n<div>La literatura del self help o de autoayuda pertenece al territorio de las generaciones, ya sin el<\/div>\n<div>menor sentido de culpa respecto a sus deberes hacia los libros. Los libros de superaci\u00f3n personal<\/div>\n<div>son el mejor ejemplo de lo que se lee contradiciendo las tradiciones de la lectura, y son tambi\u00e9n<\/div>\n<div>un regreso al \u00e1mbito del Catecismo del padre Ripalda en su versi\u00f3n triunfalista. Un ejemplo: P.:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 es el \u00e9xito?<\/div>\n<div>R.: La \u00fanica meta digna de obtener en la vida.<\/div>\n<div>P.: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el \u00e9xito?<\/div>\n<div>R.: Al alcance de la voluntad de la persona y de su capacidad para conseguirlo en diez lecciones<\/div>\n<div>f\u00e1ciles.<\/div>\n<div>P.: \u00bfD\u00f3nde se inicia la b\u00fasqueda del \u00e9xito?<\/div>\n<div>R.: Ante el espejo, asegurando que el rostro tiene una expresi\u00f3n decidida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La lectura de los alejados de los libros. Pero \u00e9stos, \u00bfqu\u00e9 leen en rigor? Adem\u00e1s de lo evidente<\/div>\n<div>(c\u00f3mics, peri\u00f3dicos deportivos, libros de autoayuda o de superaci\u00f3n personal, textos religiosos,<\/div>\n<div>divulgaciones de historia nacional e internacional, manuales de la especialidad), leen a trav\u00e9s de<\/div>\n<div>los di\u00e1logos del cine y la televisi\u00f3n (donde el sustrato literario se desvanece), de los mensajes<\/div>\n<div>religiosos (amenazados cada vez m\u00e1s por la mercadotecnia), de la publicidad, del habla de los<\/div>\n<div>c\u00f3micos televisivos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Del Mercado del Libro<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfC\u00f3mo se forman, se ampl\u00edan o, de ser el caso, se reducen las generaciones de lectores, las hoy<\/div>\n<div>llamadas escuetamente el Mercado del Libro? La pregunta surge de un proceso marcado por la<\/div>\n<div>crisis de la industria gr\u00e1fica y la industria editorial, la captura creciente de los puntos de venta por<\/div>\n<div>libros que s\u00f3lo lo son en apariencia (esoterismo, consejos para obtener \u00e9xito instant\u00e1neo,<\/div>\n<div>etc\u00e9tera), las inmensas dificultades de distribuci\u00f3n y la carencia (hist\u00f3rica) de proyecto cultural de<\/div>\n<div>las instituciones gubernamentales, carencia que los programas m\u00e1s ostentosos no resuelven. Que<\/div>\n<div>el problema es grave lo exhiben las declaraciones extremistas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En 1992, Jaime Labastida, director de Siglo XXI, fue categ\u00f3rico: \u00abLo que hace falta no son campa\u00f1as de promoci\u00f3n de la lectura, ni que los libros tengan mejores precios, ni tampoco que existan m\u00e1s bibliotecas y librer\u00edas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No necesitamos este tipo de est\u00edmulos porque los est\u00edmulos son mentales. Cuando hay verdadero<\/div>\n<div>inter\u00e9s, la actividad de la lectura se desarrolla por s\u00ed misma\u00bb (El Universal, 28 de diciembre de<\/div>\n<div>1992).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En su \u00e9nfasis, Labastida se acerca un tanto a la tesis macluhaniana del fin de la era de Gutenberg:<\/div>\n<div>\u00abLa palabra escrita para efectos de diversi\u00f3n, como la novela y el relato, ha cedido mucho espacio<\/div>\n<div>a otras formas de entretenimiento, como el cine y la televisi\u00f3n; incluso el cine destruy\u00f3 de manera<\/div>\n<div>completa la actividad teatral y ahora la televisi\u00f3n est\u00e1 destruyendo el cine (industria que ahora<\/div>\n<div>tambi\u00e9n se encuentra en crisis) y a la palabra escrita\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La noci\u00f3n un tanto vaga de \u00abest\u00edmulos mentales\u00bb y la s\u00edntesis del panorama, desoladora o defoliada, requieren explicaci\u00f3n y matices. Ni el cine destruy\u00f3 \u00abde manera completa\u00bb la actividad teatral, que contin\u00faa incesante, aunque en graves dificultades econ\u00f3micas, ni la televisi\u00f3n est\u00e1 destruyendo (modificando s\u00ed) al cine, ni la palabra escrita ha perdido lo esencial de su impulso extraordinario. Y en cuanto a \u00ablos est\u00edmulos mentales\u00bb, de ser \u00e9stos los que imagino, surgen de factores muy variados: las tradiciones de familia y comunidad, la vida estudiantil, las redes amistosas, las modas, las tendencias m\u00edsticas y param\u00edsticas, los deseos de superaci\u00f3n, los descubrimientos personales que, como sea, en ese azar que nunca lo es tanto, necesitan bibliotecas, precios accesibles que persuadan a los lectores de m\u00ednimos recursos, campa\u00f1as permanentes de incitaci\u00f3n a la lectura, sistemas eficaces de distribuci\u00f3n de la vasta y nunca muy distribuida producci\u00f3n estatal, etc\u00e9tera. Los m\u00e9todos \u2014si se quiere convencionales\u2014 de acercamiento al libro distan de haberse agotado, entre otras cosas porque nunca se han intentado de manera rigurosa y sistem\u00e1tica, pese a la abundancia relativa de ediciones de libros de calidad que no contrarrestan la falta de proyectos nacionales, la abundancia burocr\u00e1tica y la sujeci\u00f3n de todos los planes a los relevos de gobierno.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es notorio el sitio \u00ednfimo que el Estado y la sociedad le conceden a la lectura. Al respecto, Octavio<\/div>\n<div>Paz declar\u00f3: \u00abLos escritores mexicanos trabajamos en condiciones particularmente\u00a0 esventajosas:<\/div>\n<div>nuestra industria editorial es raqu\u00edtica, las ediciones son rid\u00edculas por lo que se refiere al n\u00famero<\/div>\n<div>de ejemplares, y aun as\u00ed penetran muy dif\u00edcilmente en un p\u00fablico que no lee. Y no lee porque no<\/div>\n<div>se ha inculcado en los hogares, ni en las escuelas, el amor a la lectura. La indiferencia ante el libro, general en los pueblos hisp\u00e1nicos, se convierte entre nosotros en una suerte de horror. Para la mayor\u00eda de nuestros compatriotas leer un libro es una excentricidad, una curiosidad psicol\u00f3gica<\/div>\n<div>que colinda con la patolog\u00eda. Esto ha sido el resultado de a\u00f1os y a\u00f1os de ruidosas campa\u00f1as de<\/div>\n<div>alfabetizaci\u00f3n\u00bb (La Jornada, 16 de enero de 1993).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La descripci\u00f3n de Paz no es justa. Las campa\u00f1as de alfabetizaci\u00f3n han sido important\u00edsimas y el<\/div>\n<div>desbordamiento de la ense\u00f1anza media y superior ha disminuido el antiintelectualismo en la<\/div>\n<div>sociedad (hoy, el libro es objeto de reconocimiento, en actitudes que van del respeto al<\/div>\n<div>fetichismo). La nueva generaci\u00f3n de lectores aprovecha los resquicios de las oportunidades, y se<\/div>\n<div>hace presente en bibliotecas estatales, municipales y universitarias, cadenas de pr\u00e9stamos,<\/div>\n<div>fotocopias, b\u00fasquedas de saldos. El libro ha llegado err\u00e1tica pero significativamente a sectores que<\/div>\n<div>antes lo ignoraban, que si se inhiben ante los precios es por la ausencia del h\u00e1bito social que<\/div>\n<div>considere productivo el gasto econ\u00f3mico en un objeto de conocimiento. Los gobiernos, en<\/div>\n<div>Saturno, les atribuyen (si algo reconocen) a los rezagos del pasado y la econom\u00eda mundial la falta<\/div>\n<div>de lectura, o la ven como el pago del presente por el bienestar de las generaciones futuras: \u00abTus<\/div>\n<div>nietos gozar\u00e1n, viajar\u00e1n, dispondr\u00e1n de ocios creativos y leer\u00e1n gracias a tus sacrificios\u00bb.<\/div>\n<div>***<\/div>\n<div>En materia literaria, est\u00e1 desapareciendo la provincia, en el sentido peyorativo del t\u00e9rmino. La<\/div>\n<div>sigue habiendo en materia de producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de libros, pero el nivel es semejante, y el<\/div>\n<div>conocimiento instalado de los escritores ya no difiere sensiblemente. El criterio de ventas no es de<\/div>\n<div>modo alguno sin\u00f3nimo de calidad, pero tampoco, como lo han probado Rulfo y Garc\u00eda M\u00e1rquez,<\/div>\n<div>de falta de calidad. Y se han desvanecido las viejas oposiciones: nacionalismo \/ cosmopolitismo;<\/div>\n<div>alta cultura \/ cultura popular; tradici\u00f3n \/ modernidad, antinomias que se reformulan muy de otra<\/div>\n<div>manera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfCu\u00e1ntos lectores quedan?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfQu\u00e9 significa la escasez de lectores y cu\u00e1les son sus causas?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Entre ellas est\u00e1n:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El peso, tan se\u00f1alado, de las rutinas televisivas. En la primera mitad del siglo, al menos en las<\/div>\n<div>clases medias, aunque tambi\u00e9n en sectores obreros, el peri\u00f3dico forma parte de los h\u00e1bitos<\/div>\n<div>hogare\u00f1os, y el civismo de los ni\u00f1os se inicia al o\u00edr a sus familiares discutir interpretaciones y<\/div>\n<div>noticias como parte de su vida cotidiana. Esto ahora s\u00f3lo ocurre excepcionalmente durante los<\/div>\n<div>noticieros televisivos, y en lo tocante a la prensa, se confina a los esc\u00e1ndalos. El morbo s\u00ed es pasi\u00f3n genuina de los lectores y los divulgadores de lo le\u00eddo a medias.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se busca complacer de modo primordial al \u00ablector real o posible\u00bb, superficial en extremo,<\/div>\n<div>descuidado, atravesado por el rencor social, que satisface sus demandas noticiosas al revisar las<\/div>\n<div>cabezas de los peri\u00f3dicos. Y los peri\u00f3dicos latinoamericanos, pese a su genuina vocaci\u00f3n<\/div>\n<div>internacional, se desentienden del lector ideal, que es, en s\u00edntesis, el que de verdad lee los<\/div>\n<div>peri\u00f3dicos, y responde de manera cr\u00edtica y desde posiciones comunitarias a la noticia y sus<\/div>\n<div>interpretaciones.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las dificultades adquisitivas se acrecientan. La lectura se encarece y se \u00abprivatiza\u00bb, y el problema<\/div>\n<div>se acent\u00faa por la escasez de bibliotecas p\u00fablicas. Falta hablar de las tecnolog\u00edas que hoy se<\/div>\n<div>proponen como remplazo del libro. Su potencialidad es asombrosa, y muy probablemente<\/div>\n<div>determinar\u00e1n los procesos de la ense\u00f1anza. Pero en la medida en que un ni\u00f1o o un joven o una<\/div>\n<div>persona adulta se encuentre con objetos poblados de signos descifrables, de los que extrae<\/div>\n<div>conocimientos sobre el ser humano, informaci\u00f3n, deleite, sentido del humor, gozo y cultivo del<\/div>\n<div>idioma, en esa medida la resurrecci\u00f3n se garantiza.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La desconfianza casi instintiva ante lo afirmado en diarios y revistas, lo que se complementa con<\/div>\n<div>la credulidad casi instintiva ante los frutos del sensacionalismo. No se cree en la manipulaci\u00f3n<\/div>\n<div>gubernamental, que usa las ocho columnas como cripta a perpetuidad del presidencialismo; se<\/div>\n<div>cree con fervor en las noticias que tienen la apariencia de rumor (\u00ab\u00bfYa le\u00edste eso? Parece como si<\/div>\n<div>te lo estuvieran diciendo\u00bb). As\u00ed, los lectores sistem\u00e1ticos se reducen en cada ciudad a la minor\u00eda<\/div>\n<div>que lee dos o tres diarios (la excepci\u00f3n ser\u00edan aquellos dedicados al deporte y los que satisfacen<\/div>\n<div>una idea antigua de pueblo: \u00abColectividad que s\u00f3lo cree en el crimen, el deporte y el<\/div>\n<div>espect\u00e1culo\u00bb).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Seg\u00fan Piso, una valoraci\u00f3n internacional de niveles de entendimiento, la capacidad de captar lo<\/div>\n<div>esencial de los textos no es lo m\u00e1s notable de Am\u00e9rica Latina. Se lee, pero se han perdido<\/div>\n<div>much\u00edsimos niveles o asideros de comprensi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Derechos de los lectores<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los derechos de los lectores distan de estar garantizados en la mayor parte de las publicaciones<\/div>\n<div>que, por lo dem\u00e1s, ni siquiera los consideran. Esto se debe, entre otros motivos, a:<\/div>\n<div>El criterio cortesano que jerarquiza las noticias (primero, lo que le interesa al gobierno; ya<\/div>\n<div>despu\u00e9s, si hay espacio, lo que le interesa a la sociedad).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El desinter\u00e9s ante el seguimiento de noticias de importancia. Al principio, son hechos<\/div>\n<div>excepcionales; luego, son situaciones anticlim\u00e1ticas. Gracias a tal estrategia, a casi todas las<\/div>\n<div>publicaciones s\u00f3lo les interesan las noticias que surgen porque s\u00ed y desaparecen acto seguido.<\/div>\n<div>La idea dominante, no por jam\u00e1s verbalizada menos actuante, del rango secundario de lo escrito,<\/div>\n<div>relegado por lo televisivo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La lectura sigue siendo un acto profundamente personal. Y al Estado y la sociedad les corresponde<\/div>\n<div><\/div>\n<div>crear las condiciones para que quien lo desee tenga a su alcance las facilidades o las<\/div>\n<div>oportunidades para ejercer como lector, rango nada menospreciable de los placeres de la subjetividad. \u00bfUna conclusi\u00f3n? Tir\u00e9 mi coraz\u00f3n al azar y me lo gan\u00f3 la lectura.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La lectura sigue siendo un acto profundamente personal. 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