{"id":17464,"date":"2020-10-18T06:53:48","date_gmt":"2020-10-18T12:53:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17464"},"modified":"2020-10-18T06:53:48","modified_gmt":"2020-10-18T12:53:48","slug":"mercado-de-dulces","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17464","title":{"rendered":"\u00abMercado de dulces\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mercado de dulces<\/p>\n<p>Elena Poniatowska<\/p>\n<p>\u201cEn el puesto El Negrito se acurrucan las frutas cubiertas; el brillante calabazate color caoba, el camote blanquecino, el acitr\u00f3n que dicen que es \u2018bueno para las embarazadas que est\u00e1n de antojo\u2019.<\/p>\n<p>-\u00a1Te vas a morir de tanto dulce!<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY qu\u00e9?<\/p>\n<p>La ni\u00f1a mira despacito. Acaricia los dulces con una fruici\u00f3n de gran catador. Va de un puesto al otro; costales llenos de monedas de chocolate, arcones de cacahuates garapi\u00f1ados, una cueva de paletas de oro y miel que relampaguean en los tablones de madera y refulgen desde la acera en la que se encuentra el puesto hasta el Anillo de Circunvalaci\u00f3n. Nadie imaginar\u00eda que este lugar resguarda un mercado popular de dulces como no hay otro en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfA c\u00f3mo los cacahuates?<\/p>\n<p>\u2013A tres por 10.<\/p>\n<p>Los cacahuates se alinean en fila india, entubados en papel celof\u00e1n. Cada tubito lleva por lo menos ocho o nueve cacahuates.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY los chocolates? (\u201cEste me lo como poquito a poquito, con la pura puntitita de la lengua\u2026 nada m\u00e1s a que cruja; nom\u00e1s a que se me derrita; nom\u00e1s a que quede una hebrita pero no me lo paso sino hasta lo \u00faltimo.)<\/p>\n<p>\u2013Depende\u2026 \u00bfde cu\u00e1l quieres?<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTiene conejitos de chocolate?<\/p>\n<p>Junto a los chocolates est\u00e1n las manzanitas de pasta de almendra, las palanquetas de coco y los cacahuates garapi\u00f1ados, las bolas de naranja y de lim\u00f3n. Cada puesto despliega sus golosinas que se desparraman en montones abundantes y la mayor\u00eda de los estanquillos parecen enmara\u00f1adas selvas de colores. Los jamoncillos pintados con esa chillona anilina color de rosa saltan a la vista cuando no a la boca.<\/p>\n<p>En el puesto El Negrito se acurrucan las frutas cubiertas; el brillante calabazate color caoba, el camote blanquecino, el acitr\u00f3n que dicen que es bueno para las embarazadas que est\u00e1n de antojo, las naranjas, los limones rellenos de coco y las pi\u00f1as, las peras y los higos cubiertos, las lustrosas jaleas, los ates de membrillo, las cajetas, las varitas de tejocote y un sinf\u00edn de otras frutas gelatinosas cuya miel atrae a las abejas.<\/p>\n<p>En cambio, ni se paran en el puesto de junto: el del pinole que se vende en min\u00fasculos cucuruchos de papel peri\u00f3dico y que hace toser hasta que las l\u00e1grimas se asomen a los ojos. Los ni\u00f1os pasan de lo empalagoso a lo seco; a la sal de la vida; las pepitas verdes con las que uno se pica y sigue comiendo hasta el diluvio final, los rancheritos, las papas fritas, los charritos, los cacahuates recubiertos con chile o simples de sal, las habas tostadas, las palomitas de ma\u00edz. El comercio est\u00e1 invadido por los Salvavidas y Charms sanforizados y agringados porque de all\u00e1 vienen, dulces que algunas amas de casa elegante prefieren porque est\u00e1n envueltos higi\u00e9nicamente pero no tienen, ni de chiste, el encanto de nuestros pirul\u00edes, de nuestras grageas y chochitos de hierbabuena, nuestras l\u00e1grimas (que dicen las vendedoras que tienen vinito adentro, \u00a1mentira, son tan misteriosas como las humanas!), paletitas y coquitos de aceite, marquetas de coco, morelianas, cigarritos de chocolate, las ricas cocadas, y los pececitos de colores que se desbordan y van a dar al mar de la saliva porque se hace agua la boca y ah\u00ed adentro tambi\u00e9n nadan los caramelos de menta y de grosella, las peritas de an\u00eds y las galletas surtidas.<\/p>\n<p>A un lado de las palanquetas, se recargan los animalitos de goma: lagartijas, culebras, tortuguitas, gallitos, los aguacates de coco y las gelatinas transparentes, con una fresa con todo y hoja prensada<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo le metieron la fresa?<\/p>\n<p>\u2013Pos meti\u00e9ndosela\u2026 A esa hay que com\u00e9rsela r\u00e1pido por la fresa\u2026 Aguanta poco. Viene de Uruapan.<\/p>\n<p>Cre\u00ed que s\u00f3lo exist\u00edan dos clases de chicle: Adams y Canels, pero resulta que hay una variedad infinita adem\u00e1s del chicle natural que traen de Campeche y se vende por trozos.<\/p>\n<p>Chicles, chiclosos, globitos<\/p>\n<p>El puesto El Coquito advierte: \u201cPida chicle Zepel\u00edn\u201d. Tambi\u00e9n se exhiben los chicles Sorpresa y los chicles Novedades comprimidos en pastillas verdes, rosas y blancas en cajitas que quieren imitar las marcas famosas. \u00a1Chiclosos, chicles globitos, chicles bomba que estallan en las narices del de enfrente! \u00a1Cloc!<\/p>\n<p>Los chicles siempre me remiten al cuentista Juan de la Cabada que trabaj\u00f3 de adolescente, en Campeche, de sol a sol, recogiendo el caucho en el tallo de los \u00e1rboles. Se compadeci\u00f3 de los chicleros porque su trabajo era muy pesado y muy mal pagado.<\/p>\n<p>Como banderas se yerguen las paletas envinadas Mim\u00ed y las trompadas de melcocha, color del caf\u00e9 con leche, que las mam\u00e1s miran rezongando porque son muy malas para los dientes. Los destructores mu\u00e9ganos se nos meten en las enc\u00edas y llegan hasta donde no, pero saben a cielo, y los chocolates con nuez nos quitan lo torpe del est\u00f3mago.<\/p>\n<p>\u00a1Y ni hablar de los pistaches, de los garbanzos, de los mazapanes, de los d\u00e1tiles dizque de Oriente y de las almendras dizque francesas que con tanta parsimonia ofrecen El Mirlo, El Gran Mundo, El Rayito de Sol, El Paso del Norte, El Fronterizo, La Luz Bella y La Perla del Baj\u00edo.<\/p>\n<p>A La Josefina acuden se\u00f1oras de mandil que compran dulces al mayoreo y los dulceros que revenden en los camiones y se bajan de angelito para alcanzar la hora de salida de alguna escuela. Despu\u00e9s de todo, los ni\u00f1os son sus mejores clientes. Tambi\u00e9n compran para revender algunas viejitas de rebozo y rosario. M\u00e1s tarde instalar\u00e1n en el atrio o en la puerta de su vivienda un m\u00edsero puestecito sobre una caja de jab\u00f3n. All\u00ed permanecer\u00e1n encogidas, espantando las moscas y los pecados con el fleco de su rebozo, ech\u00e1ndose su sue\u00f1ecito hasta que llegue la noche.<\/p>\n<p>En el mercado de dulces, la cantidad no tiene pretensiones. Los dulces no est\u00e1n aprisionados tras de aparadores de cristal.<\/p>\n<p>Ese verdadero alud de paletas y de golosinas ensancha los ojos de los ni\u00f1os y de los malheridos y los hace creer que el mundo es bueno. Salen atiborrados de az\u00facar, sudorosos de la emoci\u00f3n porque por un veinte reciben un altero y muchas veces hasta les regalan los recortes \u2013desperdicio de dulces\u2013 que saben igualito a los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Mercado de dulces Elena Poniatowska \u201cEn el puesto El Negrito se acurrucan las frutas cubiertas; el brillante calabazate color caoba, el camote blanquecino, el acitr\u00f3n que dicen que es \u2018bueno para las embarazadas que est\u00e1n de antojo\u2019. -\u00a1Te vas a morir de tanto dulce! \u2013\u00bfY qu\u00e9? La ni\u00f1a mira despacito. 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