{"id":17723,"date":"2020-11-01T06:47:28","date_gmt":"2020-11-01T12:47:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17723"},"modified":"2020-11-01T06:47:28","modified_gmt":"2020-11-01T12:47:28","slug":"el-escritor-de-cafe-como-especie-en-vias-de-extincion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=17723","title":{"rendered":"El escritor de caf\u00e9 como especie en v\u00edas de extinci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>El escritor de caf\u00e9 como especie en v\u00edas de extinci\u00f3n<br \/>\n&#8211; Eve Gil<br \/>\nLa Jornada Semanal<\/p>\n<p>Bien mirado, no es vana la pregunta sobre la largu\u00edsima y acaso no menos profunda relaci\u00f3n entre la escritura (o la lectura) en el ambiente de un caf\u00e9: como se ver\u00e1 en este art\u00edculo, hay muchos ejemplos famosos que dan cuenta cabal de esa complicidad que ha generado incluso una tradici\u00f3n por ahora, debido a la pandemia, tristemente suspendida en un limbo ominoso.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Recurro a una ambientaci\u00f3n virtual de cafeter\u00eda para escribir este art\u00edculo, un Starbucks de Viena, cuyos sonidos de fondo incluyen el arduo tecleo de una laptop que se confunde con la lluvia. Este h\u00e1bito habr\u00e1 de posponerse por un tiempo tan largo que podr\u00eda olvidarse o caer en desuso, debido a la emergencia sanitaria que ha forzado al mundo entero a reestructurar su cotidianidad. Cuando mi cafeter\u00eda favorita, Caf\u00e9 Claudia (no se llama as\u00ed, pero es como la conocen los vecinos de la Narvarte Poniente), a la que acudo a diario por mi capuccino ma\u00f1anero, volvi\u00f3 a colocar mesas en la calle, mi alegr\u00eda dur\u00f3 muy poco ante las restricciones que implica permanecer al aire libre y sin cubrebocas. La sol\u00edcita Anita, cuyo bonito y sonriente rostro alumbra mis ma\u00f1anas en el encierro, me explic\u00f3, no sin tristeza, pues no hace mucho present\u00f3 unas encantadoras cartas en forma de libro, elaborados por la propietaria, que el men\u00fa habr\u00e1 de consultarse en el m\u00f3vil. Adem\u00e1s, como en todo establecimiento que respete a sus clientes, se medir\u00e1 su temperatura y se les tomar\u00e1 tiempo, de manera que se limiten a consumir sus alimentos. Nada de sentarse a escribir y solicitar que te rellenen la taza.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 hay quienes prefieren escribir en los caf\u00e9s que en cualquier otro lado? \u00bfEn qu\u00e9 resid\u00eda su magia?, me pregunto: \u00bfy si una pobretona J.K. Rowling no se topa con el encantador The Elephant House, ubicado en el n\u00famero 21 del Puente George, en Londres, y encuentra la inspiraci\u00f3n (o conexi\u00f3n) para llenar varios cuadernos con las aventuras de un ni\u00f1o mago hu\u00e9rfano? He llegado a pensar que todo escritor es, en el fondo, una entidad capaz de integrarse a una peque\u00f1a muchedumbre sin formar parte de ella. Pongo en duda que James Joyce se topara de narices con su Leopold Bloom, devorando un emparedado de queso acompa\u00f1ado de vino tinto, en otro lugar que no fuera el Davy\u2019s Barnes de Dubl\u00edn. En otro caf\u00e9, La Habana, escribi\u00f3 Roberto Bola\u00f1o el borrador de Los detectives salvajes a trav\u00e9s de la metaficci\u00f3n: el escritor que bebe un lechero espumoso al tiempo que escribe sobre Arturo Belano, que escribe mientras bebe un lechero espumoso en el Caf\u00e9 La Habana. Este mismo, de ambiente bohemio y familiar, donde todos los rostros nos son familiares, escribieron tambi\u00e9n Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Octavio Paz y Renato Leduc. Ah\u00ed abundan los inmersos en la escritura o en una intensa lectura. En el Caf\u00e9 Claudia, por ejemplo, escribo rodeada de las mismas libretas sobre las que escribo (otra metaficci\u00f3n), forjadas por la mism\u00edsima Claudia, que forman parte de su negocio. Es casi como escribir en mi casa, pero rodeada de esa sutil marruller\u00eda que enmarca los peque\u00f1os caf\u00e9s que abundan por aqu\u00ed. Hay escritores que se han trasladado hasta Par\u00eds con la \u00fanica idea de posesionarse de la mesa de alg\u00fan rom\u00e1ntico cafecito frente al Sena para que los esp\u00edritus de Cort\u00e1zar, Gide, S\u00e1bato o Hemingway (un Nobel que definitvamente no pod\u00eda escribir en otro lugar que no fuera un caf\u00e9 al aire libre), le echen una mano en su gran proyecto literario. Y no pocas veces ha funcionado.<\/p>\n<p>Pero volviendo a la pregunta inicial: \u00bfen qu\u00e9 reside el atractivo que los caf\u00e9s ejercen sobre algunos escritores? \u00bfPor qu\u00e9 no hacerlo en nuestra propia casa? En algunos casos, porque no es posible encontrar un espacio que nos procure tranquilidad y soledad\u2026 en otros, porque la calma excesiva del hogar no permite una conexi\u00f3n emocional entre el escritor y ese mundo que empieza a rellenar el espacio en blanco. Alguna vez, M\u00f3nica Lav\u00edn me conf\u00edo que algunos de sus cuentos eran producto de conversaciones susurradas en un caf\u00e9 \u2013un Vips cualquiera funciona\u2013 y no me sorprende porque los escritores, dicen, son chismosos profesionales, capaces de darle cuerpo y vida a los cotilleos intercambiados por un par de quejicas a sus espaldas: presta uno atenci\u00f3n a los detalles sueltos, toma notas, les da forma literaria. De cualquier forma, no existen estudios que expliquen por qu\u00e9 el lado derecho del cerebro conecta inmediatamente con el ambiente de un caf\u00e9; c\u00f3mo es que un sonido, una visi\u00f3n, un sabor puede dar pie a una obra literaria\u2026 o por qu\u00e9 determinados caf\u00e9s \u2013Les Deux Margots, Els Quatre Gats de Dar\u00edo, el Antico Caf\u00e9 Greco de Lord Byron, el Kennedys de Oscar Wilde, La Rotonde, de Fitzgerald, el The White Horse de la Generaci\u00f3n Beat, o el Brasileira de Pessoa, cuya estatua de bronce funge de hostess a la entrada\u2013 ejercieron ese influjo sobre su c\u00e9lebre clientela.<\/p>\n<p>Bastaba ingresar a un caf\u00e9 para encontrarnos con nuestro doble sumergido en su laptop o en su libreta (prefiero lo segundo), como en el caf\u00e9 de la antigua Gandhi de Miguel Angel de Quevedo, que hoy alberga el fantasma del muy querido Jos\u00e9 Vicente Anaya. Casi de puntillas ingres\u00e1bamos al lugar (si bien el resto de la clientela no pose\u00eda esa delicadeza) y nos situ\u00e1bamos en la mesa que nos llamara como un presagio para convertirnos en reflejo de aquel. Y el doble tecleo ejerc\u00eda sobre nosotros un vuelo vital y exacerbado sobre nuestra escritura. En aquel entonces, hace apenas unos meses (qu\u00e9 tajante divisi\u00f3n entre el antes y el despu\u00e9s: no hace mucho despertamos con la noticia de que el mundo entraba en paro), lo \u00fanico que pod\u00eda contagiarnos era la energ\u00eda de otro (u otros) escritor(es) de caf\u00e9, o simplemente el ambiente que resultaba ser propicio para ubicarnos en nuestro propio mundo. \u00bfSer\u00e1 que los escritores de caf\u00e9, que parec\u00edamos eternos, de pronto nos colocamos en la fila m\u00e1s inmediata de las cosas condenadas a desaparecer por la amenaza del virus? \u00bfTendremos que recurrir a subterfugios, como al que ahora mismo me conecto, para lograr un art\u00edculo m\u00e1s o menos decoroso?<\/p>\n<p>VERSI\u00d3N PDF<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor de caf\u00e9 como especie en v\u00edas de extinci\u00f3n &#8211; Eve Gil La Jornada Semanal Bien mirado, no es vana la pregunta sobre la largu\u00edsima y acaso no menos profunda relaci\u00f3n entre la escritura (o la lectura) en el ambiente de un caf\u00e9: como se ver\u00e1 en este art\u00edculo, hay muchos ejemplos famosos que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":17724,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-17723","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17723","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=17723"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17723\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17725,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/17723\/revisions\/17725"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/17724"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=17723"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=17723"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=17723"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}