{"id":18063,"date":"2020-11-16T06:57:11","date_gmt":"2020-11-16T12:57:11","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18063"},"modified":"2020-11-16T06:57:11","modified_gmt":"2020-11-16T12:57:11","slug":"las-mal-llamadas-mascotas-en-tiempo-de-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18063","title":{"rendered":"Las mal llamadas \u00abmascotas\u00bb en tiempo de pandemia"},"content":{"rendered":"<p>Gatos para un tiempo de pandemia<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Entre lo mucho que sac\u00f3 a relucir el aislamiento mundial de 2020: la relaci\u00f3n con los animales dom\u00e9sticos (evitemos el peyorativo mascotas) ocupa un lugar prominente en las vidas humanas. Sobre todo perros y gatos, especies que proverbialmente no congenian. Al igual que sus respectivos seguidores, reaccionan con la intransigencia de un partido pol\u00edtico. Acompa\u00f1antes en la soledad y el tedio, se incorporan al hogar y con cada uno de sus habitantes desarrolla una relaci\u00f3n particular. En tiempos de pandemia, el perro sirve como pretexto para salir, hacer recorridos a pie, desahogar algo, cruzarse con otros perros y otras gentes, recoger excremento y guardarlo en bolsitas. Los amos siempre tienen algo que decir a su perro, que del Chihuahua en adelante es imperioso, reclama horarios. Los gatos no. Si tienen vida callejera, y puede ser muy intensa, es cosa suya y el amo ni se entera, a menos que llegue herido o pre\u00f1ada. Seres de interiores \u2013sala, comedor, rec\u00e1mara, ventana, regazo\u2013 est\u00e1n sin estar. Les encantan las siestas. Y son tan el\u00e9ctricos.<\/p>\n<p>El prestigio literario de los gatos es mayor que el de los perros. De hecho, el gato se convirti\u00f3 en sujeto de la poes\u00eda moderna. Como de tantas otras cosas, podemos culpar a Baudelaire. Est\u00e1n siempre del lado misterioso, lo cual ayuda mucho a la l\u00edrica. El perro gusta a los narradores s\u00f3lidos, como Mann, Kafka, Berger, London, Bulg\u00e1kov. Y a los peripat\u00e9ticos. El gato presupone m\u00e1s ambig\u00fcedades, m\u00e1s arte. Se aviene a la contemplaci\u00f3n, el ocio, la lentitud, el sue\u00f1o, la curiosidad sutil, la sorpresa inagotable. Incluso en la narrativa de Poe o Soseki, es po\u00e9tico.<\/p>\n<p>El factor felino plantea un constante desaf\u00edo suprahumano. Por semisalvaje, seduce. Algo tigre, algo pantera, algo jaguar u ocelote, obedece s\u00f3lo a quien le obedece. Mientras al perro nada humano le resulta ajeno, a los gatos quien no es su s\u00fabdito no les interesa. Su plasticidad y frecuente belleza los hace decorativos, como coj\u00edn persa. Encontraron su pintor en Foujita y un lugar en las tiras c\u00f3micas. El viejo Eliot nos leg\u00f3 un tratado pr\u00e1ctico de los insondables gatos en la forma de un poemario infantil. Toca all\u00ed la cuesti\u00f3n de los nombres, las personalidades, el submundo callejero donde organizan travesuras y enfrentan a la polic\u00eda. El de los trenes, el de los teatros, el detective, el Napole\u00f3n del crimen. El musical Cats, de Lloyd Weber, fue una adaptaci\u00f3n eficaz de Eliot que luego degener\u00f3 en lugar com\u00fan, chabacaner\u00eda y maquillaje de mal gusto.<\/p>\n<p>Si a Borges lo fascinaba el tigre y a Rilke la pantera, claro que les iban a gustar los gatos. Igual que a Cort\u00e1zar y su bicho Theodor Adorno. Prestidigitadores en el pa\u00eds de las maravillas de Carroll, tienen un no s\u00e9 qu\u00e9 de fil\u00f3sofos, aunque s\u00f3lo sea por apariencia. Un gato sentado, mirando no sabemos a d\u00f3nde, es Buda o un \u00eddolo egipcio en atenci\u00f3n suprema a todo lo que se mueve o podr\u00eda moverse. Juega, no caza. Dios para el rat\u00f3n y la mosca, que no son sus v\u00edctimas, sino sus juguetes. Se entretiene solo.<\/p>\n<p>A Szymborska le preocupa que el amo muera y lo abandone sin horarios ni esa precisa presencia. Tal fue el drama de orfandad y extrav\u00edo que Monsiv\u00e1is dej\u00f3 al morir, tanto en sus gatos como en sus \u00faltimos disc\u00edpulos. El amo es evanescente, como Cartier Bresson cuando autorretrata su sombra sobre un gato negro. El retrato hablado de Neruda en una oda me parece muy completo. Asienta que no evolucion\u00f3 de feo y torpe a bestia formidable, como los dem\u00e1s animales: S\u00f3lo el gato \/ apareci\u00f3 \/ completo \/ y orgulloso: \/ naci\u00f3 completamente terminado \/ camina solo y sabe lo que quiere. Arrogante vestigio de la noche, tiene unidad de ser y de prop\u00f3sito. De la cola al ojo de topacio hendido es un solo artefacto infalible y misterioso. El poeta se declara incapaz de descifrarlo.<\/p>\n<p>En \u00bfC\u00f3mo discutir con un gato? (Urano, 2018), el ret\u00f3rico moderno Jay Heinrichs propone pensar humanamente tal como act\u00faa un gato. Lo considera maestro de la negociaci\u00f3n y la persuasi\u00f3n. Postula que el gato, ese manipulador, nos ense\u00f1a que cuando hay un desacuerdo, no es buena idea recurrir al enfrentamiento directo. Aconseja imitar su capacidad de acecho: esperar el mejor momento, bluffear, revelar la verdad y hacerse respetar. Agr\u00e9guese a ello que no hay un problema suficientemente grande como para no darle la vuelta.<\/p>\n<p>Por encima de la autoayuda y los ensayos astutos, el multicitado animal resulta inaprehensible. Suele tener or\u00edgenes oscuros y plebeyos, los espec\u00edmenes de raza son una franca minor\u00eda, a\u00fan en hogares acomodados. A contrapelo de la diversidad canina en tama\u00f1o y aspecto, cualquier gato es todos los gatos. Resuelve cr\u00edmenes y ecuaciones, dicta versos y ataja ratas. Sus caprichos y acrobacias lo hacen improbable robot. Irrepetible, libidinoso, seductor, en su fingida indiferencia demuestra conocer bien las leyes de la f\u00edsica y el deseo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gatos para un tiempo de pandemia Hermann Bellinghausen Entre lo mucho que sac\u00f3 a relucir el aislamiento mundial de 2020: la relaci\u00f3n con los animales dom\u00e9sticos (evitemos el peyorativo mascotas) ocupa un lugar prominente en las vidas humanas. Sobre todo perros y gatos, especies que proverbialmente no congenian. 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