{"id":18274,"date":"2020-11-26T07:01:44","date_gmt":"2020-11-26T13:01:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18274"},"modified":"2020-11-26T07:01:44","modified_gmt":"2020-11-26T13:01:44","slug":"una-pasion-por-eduardo-galeano-del-26-de-diciembre-de-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18274","title":{"rendered":"Una Pasi\u00f3n por Eduardo Galeano del 26 de diciembre de 2017"},"content":{"rendered":"<p>Una pasi\u00f3n<\/p>\n<p>Eduardo Galeano<\/p>\n<p>Para empezar, una confesi\u00f3n: desde que era beb\u00e9 quise ser jugador de futbol. Y fui el mejor de los mejores, el n\u00famero uno, pero s\u00f3lo en sue\u00f1os, mientras dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Al despertar, no bien caminaba un par de pasos y pateaba alguna piedrita en la vereda, ya confirmaba que el futbol no era lo m\u00edo. Estaba visto: yo no ten\u00eda m\u00e1s remedio que probar alg\u00fan otro oficio. Intent\u00e9 varios, sin suerte, hasta que por fin empec\u00e9 a escribir, a ver si algo sal\u00eda. Intent\u00e9, y sigo intentando, aprender a volar en la oscuridad, como los murci\u00e9lagos, en estos tiempos sombr\u00edos.<\/p>\n<p>Intent\u00e9, y sigo intentando, asumir mi incapacidad de ser neutral y mi incapacidad de ser objetivo, quiz\u00e1 porque me niego a convertirme en objeto, indiferente a las pasiones humanas.<\/p>\n<p>Intent\u00e9, y sigo intentando, descubrir a las mujeres y a los hombres animados por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del tiempo y de los mapas, porque ellos son mis compatriotas y mis contempor\u00e1neos, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido.<\/p>\n<p>Intent\u00e9, intento, ser tan porfiado como para seguir creyendo, a pesar de todos los pesares, que nosotros, los humanitos, estamos bastante mal hechos, pero no estamos terminados. Y sigo creyendo, tambi\u00e9n, que el arco\u00edris humano tiene m\u00e1s colores y m\u00e1s fulgores que el arco\u00edris celeste, pero estamos ciegos, o m\u00e1s bien enceguecidos, por una larga tradici\u00f3n mutiladora.<\/p>\n<p>Y en definitiva, resumiendo, dir\u00eda que escribo intentando que seamos m\u00e1s fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed la historia: al amanecer, do\u00f1a Tota lleg\u00f3 a un hospital del barrio de Lan\u00fas. Ella tra\u00eda un ni\u00f1o en la barriga. En el umbral, encontr\u00f3 una estrella, en forma de prendedor, tirada en el piso.<\/p>\n<p>La estrella brillaba de un lado y del otro no. Esto ocurre con las estrellas, cada vez que caen en la tierra, y en la tierra se revuelcan; de un lado son de plata y fulguran conjurando las noches del mundo, y del otro lado son de lata nom\u00e1s.<\/p>\n<p>Esa estrella de plata y de lata, apretada en un pu\u00f1o, acompa\u00f1\u00f3 a do\u00f1a Tota en el parto.<\/p>\n<p>El reci\u00e9n nacido fue llamado Diego Armando Maradona.<\/p>\n<p>Ning\u00fan futbolista consagrado hab\u00eda denunciado sin pelos en la lengua a los amos del negocio del futbol. Fue el deportista m\u00e1s famoso y m\u00e1s popular de todos los tiempos quien rompi\u00f3 lanzas en defensa de los jugadores que no eran famosos ni populares.<\/p>\n<p>Este \u00eddolo generoso y solidario hab\u00eda sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles m\u00e1s contradictorios de toda la historia del futbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no s\u00f3lo era digno de admiraci\u00f3n el gol del artista, bordado por la diabluras de sus piernas, sino tambi\u00e9n, y quiz\u00e1 m\u00e1s, el gol del ladr\u00f3n, que su mano rob\u00f3. Diego Armando Maradona fue adorado no s\u00f3lo por sus prodigiosos malabarismos, sino tambi\u00e9n porque era un dios sucio, pecador, el m\u00e1s humano de los dioses. Cualquiera pod\u00eda reconocer en \u00e9l una s\u00edntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, trag\u00f3n, borrach\u00edn, tramposo, mentiroso, fanfarr\u00f3n, irresponsable.<\/p>\n<p>Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean.<\/p>\n<p>\u00c9l nunca pudo regresar a la an\u00f3nima multitud de donde ven\u00eda.<\/p>\n<p>La fama, que lo hab\u00eda salvado de la miseria, lo hizo prisionero.<\/p>\n<p>El 3 de julio de 2002 el m\u00e1ximo organismo del futbol dio a conocer el resultado de una encuesta universal: elija usted el gol del siglo XX. Gan\u00f3, por abrumadora mayor\u00eda, el de Diego Maradona en el Mundial de 1986, cuando bailando, con la pelota pegada al pie, dej\u00f3 a seis ingleses perdidos en el camino.<\/p>\n<p>Esa fue la \u00faltima imagen del mundo que vio Manuel Alva Olivares. \u00c9l ten\u00eda 11 a\u00f1os, y en ese m\u00e1gico momento los ojos se le apagaron para siempre. Ha guardado el gol intacto en su memoria, y lo relata mejor que los mejores locutores. Desde entonces, para ver futbol y otras cosas no tan importantes, Manuel pide prestados los ojos de sus amigos.<\/p>\n<p>Gracias a ellos, este colombiano ciego fund\u00f3 y preside un club de futbol, fue y sigue siendo director t\u00e9cnico del equipo, comenta los partidos en su programa de radio, canta para divertir a la audiencia y en los ratos libres trabaja de abogado.<\/p>\n<p>Leo, hallado en la basura<\/p>\n<p>Ricardo Marchini sinti\u00f3 que la hora de la verdad era llegada. Vamos, Leo \u2013dijo\u2013, tenemos que hablar. Y se marcharon, calle arriba, los dos. Anduvieron un buen rato por el barrio de Saavedra, dando vueltas, en silencio. Leonardo se atrasaba mucho, como ten\u00eda costumbre, y despu\u00e9s apuraba el paso para alcanzar a Ricardo, que caminaba con las manos en los bolsillos y el ce\u00f1o fruncido.<\/p>\n<p>Al llegar a la plaza, Ricardo se sent\u00f3. Trag\u00f3 saliva. Apret\u00f3 la cara de Leonardo entre las manos y, mir\u00e1ndolo a los ojos, larg\u00f3 el choro: mir\u00e1, Leo, perdon\u00e1 que te lo diga, pero vos no sos hijo de pap\u00e1 y mam\u00e1 y es mejor que lo sepas, Leo, que a vos te recogieron de la calle.<\/p>\n<p>Suspir\u00f3 hondo. Ten\u00eda que dec\u00edrtelo, Leo. Leonardo hab\u00eda sido encontrado en la basura cuando estaba reci\u00e9n nacido, pero Ricardo prefiri\u00f3 ahorrarle esos detalles. Entonces, regresaron a casa, Ricardo iba silbando. Leonardo se deten\u00eda al pie de sus \u00e1rboles preferidos, saludaba a los vecinos meneando el rabo y ladraba a la sombra fugitiva de alg\u00fan gato.<\/p>\n<p>Los vecinos lo quer\u00edan porque \u00e9l era marr\u00f3n y blanco, como el Platense, el club de f\u00fatbol del barrio, que casi nunca ganaba.<\/p>\n<p>Publicado en La Jornada el 26 de diciembre de 2017<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una pasi\u00f3n Eduardo Galeano Para empezar, una confesi\u00f3n: desde que era beb\u00e9 quise ser jugador de futbol. Y fui el mejor de los mejores, el n\u00famero uno, pero s\u00f3lo en sue\u00f1os, mientras dorm\u00eda. 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