{"id":18346,"date":"2020-11-28T18:17:48","date_gmt":"2020-11-29T00:17:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18346"},"modified":"2020-11-28T18:17:48","modified_gmt":"2020-11-29T00:17:48","slug":"ian-buruma-escritor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18346","title":{"rendered":"Ian Buruma, escritor"},"content":{"rendered":"<p>Reside en Nueva York desde el a\u00f1o 2005 y es profesor de Democracia, Derechos Humanos y Periodismo en el Bard College de la Universidad de Nueva York. En el a\u00f1o 2008 le fue concedido el premio Erasmus. Sus obras versan sobre la cultura asi\u00e1tica y especialmente sobre la reciente de Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>En el caso de Ian Buruma, forzado a abandonar su puesto como director de\u00a0<em>The New York Review of Books<\/em>\u00a0por publicar un art\u00edculo de Jian Ghomeshi, solo hay un argumento real: hay opiniones que no se deben o\u00edr. El castigo que merece la persona se\u00f1alada es la expulsi\u00f3n de la comunidad. Sab\u00edamos que no hac\u00eda falta ser condenado: la acusaci\u00f3n bastaba. No se necesitaba que hubiera una acusaci\u00f3n formal: Lorin Stein perdi\u00f3 su trabajo como director de\u00a0<em>Paris Review<\/em>\u00a0y como editor en Random House, y ahora no puede firmar sus traducciones; Leon Wieseltier no pudo sacar la revista que estaba preparando porque se retir\u00f3 la financiaci\u00f3n, y todav\u00eda estamos esperando que alguien presente cargos formales contra ellos. El caso de Ian Buruma &#8211;<a href=\"https:\/\/www.letraslibres.com\/espana-mexico\/cultura\/el-caso-buruma-y-la-imposibilidad-del-debate\">explicado en este art\u00edculo de Ver\u00f3nica Puertollano<\/a>&#8211; muestra un elemento nuevo: la prohibici\u00f3n ya no solo afecta a la persona que ha cometido la transgresi\u00f3n o el crimen, sino a quien posibilita su expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las otras razones que presentan quienes defienden la defenestraci\u00f3n de Buruma tienen algo de excusa o elemento decorativo. As\u00ed, algunos se escudan en los errores factuales del art\u00edculo de Ghomeshi. Muchas veces en su testimonio hay m\u00e1s una versi\u00f3n eufem\u00edstica, una distorsi\u00f3n, que una falsedad. Pero, en todo caso, si eso fuera un motivo, tendr\u00edamos cambios constantes de editores. Nadie pidi\u00f3 el despido o la dimisi\u00f3n de David Remnick por las piezas de Jon Lee Anderson sobre Catalu\u00f1a en el<em>\u00a0New Yorker<\/em>, y los medios publican habitualmente art\u00edculos con inexactitudes y errores, sin que eso implique el despido del director. No es tan extra\u00f1o que las editoriales y los peri\u00f3dicos publiquen textos de personas condenadas por cr\u00edmenes a\u00fan peores que aquellos de los que Ghomeshi fue absuelto, como el asesino Jack Abbot, cuyas cartas a Mailer aparecieron en\u00a0<em>The New York Review of Books<\/em>. Tambi\u00e9n se ha dicho que el texto tiene poca calidad y que el autor es un cretino. Aunque uno coincida con la valoraci\u00f3n -como yo hago-, ser\u00eda una tarea interesante comprobar si todos los art\u00edculos publicados por el legendario antecesor de Buruma, Robert Silvers, superaban esos est\u00e1ndares de escritura y veracidad.<\/p>\n<p>Otro de los argumentos que se esgrimen es que Ian Buruma no habr\u00eda dado unas respuestas adecuadas cuando le entrevist\u00f3 Isaac Chotiner en<em>\u00a0Slate<\/em>\u00a0sobre su decisi\u00f3n editorial. Buruma no habr\u00eda transmitido un buen conocimiento del caso y, lo que es m\u00e1s grave, no habr\u00eda mostrado suficiente empat\u00eda con las mujeres que hab\u00edan acusado a Ghomeishi. La actitud de Buruma en la entrevista resultaba demasiado fr\u00eda, demasiado profesional. Algunos comentaristas incurr\u00edan en una paradoja com\u00fan: te reprochan falta de empat\u00eda y luego piden que te echen del trabajo, como m\u00ednimo. Probablemente, el error de Buruma no fueron las respuestas: fue haber hablado con Chotiner. Es dif\u00edcil salir bien de un interrogatorio de tono inquisitorial. Si admites errores, es una humillaci\u00f3n. Si no aceptas tu culpa, pareces arrogante.<\/p>\n<p>En un comunicado, la empresa editorial ha intentado justificarse, echando la culpa a Buruma (m\u00e1s de cien colaboradores han firmado una carta en defensa del exdirector). En el comunicado de la empresa se dice que solo ley\u00f3 la pieza \u201cun editor var\u00f3n\u201d y ninguna de las seis editoras. Habr\u00eda sido una decisi\u00f3n poco democr\u00e1tica. Los procesos legales, parece, son una cosa menor; el protocolo editorial, que no est\u00e1 tipificado, se vuelve de repente en algo fundamental. La raz\u00f3n puede parecer m\u00e1s o menos convincente, o puede parecer un intento un tanto torpe y mezquino de control de da\u00f1os, pero en todo caso Buruma pierde su trabajo sin que se le haya acusado de haber hecho nada contra nadie, de haber abusado de su poder o de haber tenido \u201crelaciones impropias\u201d. Su transgresi\u00f3n principal es no haber compartido el veto. El propio Buruma ha se\u00f1alado la paradoja: \u201cEl tema me interesaba y ahora me he convertido en parte de eso: \u00bfqu\u00e9 pensamos de castigar a la gente a trav\u00e9s de las redes sociales? No hay l\u00edmite de tiempo ni defensa posible. Si alguien es no culpable en un tribunal, merece desprecio, claro: pero \u00bfde qu\u00e9 modo y durante cu\u00e1nto tiempo?\u201d. Tambi\u00e9n ha hablado de la presi\u00f3n de las redes sociales y del temor a que las editoriales universitarias retirasen la publicidad de la revista por miedo a problemas en los campus universitarios.<\/p>\n<p>El caso puede verse como la extensi\u00f3n al mundo del periodismo de la atm\u00f3sfera de los campus estadounidenses. En ellos ha ascendido una versi\u00f3n antiliberal del liberalismo, donde no se concibe el liberalismo como un marco para la discusi\u00f3n o la coexistencia sino que se imponen parte de sus contenidos, una versi\u00f3n de la doctrina. Como explican Jonathan Haidt y Greg Lukianoff en\u00a0<em>The coddling of the American mind<\/em>, fines positivos -como la igualdad sexual y racial- se convierten en elementos sagrados, y eso hace intolerable a cualquiera que se pueda presentar como un obst\u00e1culo para la consecuci\u00f3n de ese objetivo.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n al caso de la\u00a0<em>New York Review of Books<\/em>\u00a0comparte con el movimiento de las universidades una hipersensibilidad egoc\u00e9ntrica, capaz de la mayor indiferencia hacia los dem\u00e1s a fin de mostrar su propia virtud, casi siempre en defensa de un tercero, que puede estar o no all\u00ed. Hay una igualaci\u00f3n de la violencia y las palabras, entre la agresi\u00f3n metaf\u00f3rica y la agresi\u00f3n real, y se vive en un mundo de opuestos radicales: un bien muy claro y un mal sin matices.<\/p>\n<p>Existe un claro componente generacional. Y, aunque la escala es menor, hay tambi\u00e9n otras cuestiones que hacen pensar en viejas tradiciones estadounidenses, en libros de Nathaniel Hawthorne y Arthur Miller, en episodios de p\u00e1nico moral como el macarthismo. (Con este \u00faltimo, se podr\u00eda decir, comparte la sobredimensi\u00f3n, en un sentido y en otro, de lo que ocurre, porque los implicados son m\u00e1s conocidos y acceden con facilidad a los medios.) Tiene algo de movimiento evang\u00e9lico: como tal, genera histerias y episodios de caza de brujas.<\/p>\n<p>En 1978, el soci\u00f3logo Albert Bergesen escribi\u00f3 el ensayo \u201cA Durkheimian Theory of Witchhunts with the Chinese Cultural Revolution of 1966-1969 as an Example\u201d. Bergesen se\u00f1alaba tres caracter\u00edsticas principales en las cazas de brujas. Surgen r\u00e1pidamente: no son un rasgo habitual de la vida social, sino que son un estallido en el que \u201cuna comunidad se siente intensamente impulsada a librarse de sus enemigos internos\u201d. Se detectan cr\u00edmenes contra la colectividad. Las acusaciones son a menudo triviales o falsas. Jonathan Haidt y Greg Lukianoff a\u00f1aden un cuarto elemento: el miedo a defender p\u00fablicamente a los acusados. As\u00ed, hay quien sabe que la v\u00edctima es inocente, pero no se atreve a decirlo en p\u00fablico. Se produce una divergencia entre la opini\u00f3n privada y el comportamiento p\u00fablico. Estos episodios se han interpretado, escribe Bergesen, como instrumentos de las \u00e9lites para mantener el poder pero tambi\u00e9n como formas de movilizaci\u00f3n social. En ambos casos, se parte del supuesto de que \u201cel ritual y la parafernalia de la purga son una forma de alcanzar objetivos pol\u00edticos m\u00e1s realistas\u201d.<\/p>\n<p>Dentro del territorio de la industria medi\u00e1tica, parece una lucha por la hegemon\u00eda cultural y a primera vista estos sectores est\u00e1n combatiendo de una manera muy eficaz: quiz\u00e1, si tienen suerte, puedan extender al sector la idea del\u00a0<em>safe space<\/em>, donde uno est\u00e1 resguardado de o\u00edr posiciones que le hacen da\u00f1o. En cierta medida, es un combate generacional por el poder: los m\u00e1s j\u00f3venes han sido eficaces en la b\u00fasqueda de sus objetivos. Fuera de este sector, hay elementos parad\u00f3jicos que apuntan a un pa\u00eds dividido en dos mundos muy distintos: mientras la derecha parece bastante tranquila con un presidente con m\u00faltiples acusaciones de acoso sexual, el spin off m\u00e1s negativo del Me Too castiga a hombres de centro izquierda que ayudaban a la causa feminista y a mujeres que no suscriben el tipo correcto de feminismo. Con m\u00e1s frecuencia de la deseable, quien presenta un matiz, quien duda de las posiciones m\u00e1s radicales del movimiento, acaba caricaturizado y equiparado a reaccionarios como Jordan Peterson.<\/p>\n<p>Los comentaristas que celebran el \u00e9xito de estas campa\u00f1as de presiones sobre los medios hablan de la novedad de este fen\u00f3meno: mencionan las plataformas digitales y nuevas formas de orientaci\u00f3n horizontal, se\u00f1alan un cambio en la forma de ver las relaciones entre los sexos y reivindican avances evidentes en t\u00e9rminos de igualdad. Pero ni quienes encabezan estas iniciativas, embriagados por la sensaci\u00f3n de estar haciendo historia, ni aquellos que se muestran comprensivos con estas campa\u00f1as y ofrecen explicaciones sutiles y enrevesadas parecen darse cuenta de lo cerca que est\u00e1n sus acciones de la censura de toda la vida: el pa\u00f1uelo de la victoria que hoy agitan puede ser la mordaza con que les callen a ellos despu\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reside en Nueva York desde el a\u00f1o 2005 y es profesor de Democracia, Derechos Humanos y Periodismo en el Bard College de la Universidad de Nueva York. En el a\u00f1o 2008 le fue concedido el premio Erasmus. Sus obras versan sobre la cultura asi\u00e1tica y especialmente sobre la reciente de Jap\u00f3n. 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