{"id":18584,"date":"2020-12-07T06:42:53","date_gmt":"2020-12-07T12:42:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18584"},"modified":"2020-12-07T06:42:53","modified_gmt":"2020-12-07T12:42:53","slug":"despues-de-los-100-mil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18584","title":{"rendered":"Despu\u00e9s de los 100 mil"},"content":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de los 100 mil<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Estamos ya en diciembre del a\u00f1o del enemigo diminuto. Tan \u00ednfimo que todav\u00eda discutimos si existe, si no nos lo estaremos imaginando. \u00bfNo ser\u00e1 que alguna mente maestra, un titiritero, nos orilla a creerlo? Comienzan las fiestas y el fr\u00edo, el sureste se inunda y en el centro y el norte muchos lugares siguen al borde de un campo de exterminio. En M\u00e9xico, como en cualquier parte, se enferma y muere de esto o de lo otro, plomo y accidentes, nervios y vasos da\u00f1ados, c\u00e9lulas y gl\u00e1ndulas an\u00f3malas que enloquecen y destruyen lo que encuentran a su paso. La diferencia de la actual pandemia no est\u00e1 en los totales, pero pensemos que hace un a\u00f1o sumaba cero y ahora hay m\u00e1s de un mill\u00f3n de muertos en el mundo. Cien mil y pico en M\u00e9xico, con m\u00e1s de un mill\u00f3n de los 65 millones de contagiados en el mundo. La inflaci\u00f3n del n\u00famero, dir\u00eda Canetti, nos hace insensibles a su crecimiento exponencial.<\/p>\n<p>Nos mata de todos modos el sistema econ\u00f3mico que domina el mundo. De hambre y mala gordura, exceso o falta de agua, aires irrespirables. De desprecio. Y claro, de guerras y sus derivaciones. Padecen los heridos, los deprimidos, los que se consumen, los que se duelen, se ahogan, se les para el coraz\u00f3n o se les desconecta el cerebro. Pero m\u00e1s de 100 mil mexicanos han perecido de coronavirus en nueve meses. Ni siquiera es un bicho, como nos gusta decirle. Es una part\u00edcula, una met\u00e1fora del error humano o del predominio de la naturaleza. Como los fantasmas, no necesitamos verlo para saber que est\u00e1 ah\u00ed. Y como a los fantasmas, buscamos disminuirlo, ignorarlo. O lo acusamos de todo lo malo. Define miedos, fantas\u00edas, comportamientos cotidianos, distancias emocionales, vidas que se esfuman, mentiras que nos tragamos. Nuestra fragilidad pone sus esperanzas en una vacuna o una cura milagrosa. En cuando la pesadilla se haya ido.<\/p>\n<p>La vida tambi\u00e9n est\u00e1 en la acumulaci\u00f3n de los difuntos. Alguien debe tener la culpa, el gobierno, los chinos, los gringos, la fiesta de los vecinos. Pagamos as\u00ed los malos h\u00e1bitos del mono que habla, el animal provisto de palabra, como nos pone Luis Villoro en su elegante ensayo La significaci\u00f3n del silencio (Universidad de Guadalajara, 2018). H\u00e1bitos y destrezas que han acumulado no s\u00f3lo conocimientos y logros t\u00e9cnicos, sino tambi\u00e9n armas para matarnos, demasiados desperdicios indelebles en los oc\u00e9anos, los suelos, el aire que respiramos, la basura que todos los d\u00edas consumimos.<\/p>\n<p>En forma un tanto perversa, enfrentar la pandemia tambi\u00e9n se ha vuelto un asunto de obediencia y control masivo. Regulaciones, limitaciones, registros, toques de queda y clausuras hasta nuevo aviso nos ponen los nervios de punta y, pat\u00e9ticos, nos sublevamos a la sorda contra lo inevitable, nos hacemos o volvemos tontos mientras las estad\u00edsticas progresan, se colapsan hospitales y funerarias. Largas colas en las farmacias. Los ni\u00f1os y los j\u00f3venes se aburren de ver a los grandes desaparecer, o de no ver nada salvo el tedio. La insubordinaci\u00f3n de los m\u00e1s j\u00f3venes hoy juega a la ruleta rusa; consigo, s\u00ed, pero sobre todo con sus mayores.<\/p>\n<p>Por mucho que se perore en los noticieros y las justificaciones y promesas de los pol\u00edticos, lo que hay es silencio, un aire turbio; lo que, siguiendo a Villoro, es pura presencia, incapaz de ser representado por la palabra. \u00bfPueden un virus, un fantasma, una viruta microsc\u00f3pica, dejar huellas profundas en el mundo de los vivos? Pues s\u00ed, por lo visto, y de qu\u00e9 tama\u00f1o. Aunque poco se hable todav\u00eda (poco se sabe) de las secuelas.<\/p>\n<p>Febriles, trabajan miles de personas en investigar el problema, perge\u00f1ar medidas preventivas, atender a los cuerpos enfermos dentro de sus bolsas, dosificar el paso de los sanos sospechosos siempre de no estarlo. Caminamos por el filo. Queremos posadas, estrenos, abrazos, convivios, navidades, playas en Acapulco, compras en tumulto, rezos en tumulto.<\/p>\n<p>La vacuna la tenemos prometida y apartada. Constituimos el mercado cautivo del gran capital para un negocio siempre ganancioso (como las armas y las minas de oro). La inmunidad natural e inocua est\u00e1 lejos, si acaso resulta firme. Qu\u00e9 tal si se comporta como las viejas viruelas que reclaman vacunaci\u00f3n universal para extinguirse, como siempre que el cuerpo no puede solo, los medicamentos no curan, apenas mitigan.<\/p>\n<p>Escribe Pablo Neruda en su maravillosa Residencia en la tierra: Ved c\u00f3mo est\u00e1n las cosas: \/ tantos trenes, \/ tantos hospitales con las rodillas quebradas, \/ tantas tiendas con gentes moribundas. Fuera de las comunidades organizadas colectivamente, que suelen ser guardianas de territorios, nadie lo ha hecho bien y nadie est\u00e1 a salvo. De momento quedan la prevenci\u00f3n, el respeto mutuo, la conciencia com\u00fan. Nos podemos seguir acusando, callando, insubordinando, cansando, olvidando. El futuro cuenta, como nunca, con quienes cambien radicalmente la vida, y no es f\u00e1cil, toma un sinf\u00edn de revoluciones y resistencias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de los 100 mil Hermann Bellinghausen Estamos ya en diciembre del a\u00f1o del enemigo diminuto. Tan \u00ednfimo que todav\u00eda discutimos si existe, si no nos lo estaremos imaginando. \u00bfNo ser\u00e1 que alguna mente maestra, un titiritero, nos orilla a creerlo? 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