{"id":18958,"date":"2020-12-19T07:52:49","date_gmt":"2020-12-19T13:52:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18958"},"modified":"2020-12-19T07:52:49","modified_gmt":"2020-12-19T13:52:49","slug":"los-grandes-artistas-tienen-tambien-su-granito-de-locura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=18958","title":{"rendered":"Los grandes artistas tienen tambi\u00e9n su granito de locura"},"content":{"rendered":"<p>Las mu\u00f1ecas de Felgu\u00e9rez<\/p>\n<p>Vilma Fuentes<\/p>\n<p>Los grandes artistas tienen tambi\u00e9n su granito de locura. A diferencia de Cuevas, quien no perdonaba el elogio de la cr\u00edtica a otro artista a menos que hubiese fallecido, o de Gironella, capaz de infligir al pr\u00f3jimo la lista detallada de sus obras con t\u00edtulos y fechas, Manuel Felgu\u00e9rez se guardaba de hacer saber que se entregaba al elevado ocio de la pintura. No que deseara ocultarlo, sencillamente no ve\u00eda la necesidad de hablar de su obra art\u00edstica y menos a\u00fan de \u00e9l mismo. Modesto como pueden ser las personas que tienen un orgullo leg\u00edtimo, le habr\u00eda parecido inadecuado, si no de mal gusto y grosero, llamar la atenci\u00f3n. Sin ser introvertido y sin inclinaci\u00f3n alguna hacia la misantrop\u00eda, a pesar de su apariencia de un gran oso de peluche, se fund\u00eda entre los otros en una comuni\u00f3n amigable. Me atrever\u00eda a decir que Manuel, por encima de la gloria, el poder y el dinero, su naturaleza le hac\u00eda preferir los duraderos v\u00ednculos de la amistad o los lazos del amor por fugaces que pudieran ser.<\/p>\n<p>A pesar de su discreci\u00f3n, le habr\u00eda sido imposible desaparecer, invisible, como hac\u00eda Juan Rulfo convertido en su fantasma escapado por milagro de Comala. Felgu\u00e9rez pose\u00eda una fuerte presencia en su desvanecimiento. Fornido, espeso, una voz suave y calurosa brotaba por sus labios carnosos. De car\u00e1cter bonach\u00f3n, amiguero, aunque solitario entre la gente, era raro ver a Manuel sin una sonrisa, tenue pero sempiterna, dibujada en sus labios como si le hubiese sido imposible dejar de sonre\u00edr ante la vida o como si defendiera con ella su intimidad profunda.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os que coincidimos en Par\u00eds, hacia finales de los a\u00f1os 70 principios de los 80, Felgu\u00e9rez habitaba en la planta baja de un edificio de l\u2019Ile-Saint-Louis. El peque\u00f1o departamento era una tienda de la calle central de ese barrio situado entre dos brazos de Sena. Acaso para evitarse el ruido constante de los paseantes, o para evitar exhibirse en una vitrina como chica de \u00c1msterdam, cubri\u00f3 la fachada a la calle con tablas. Para entrar ah\u00ed, deb\u00eda pasarse por un patio que daba a una calle lateral. El sitio era m\u00e1s un nido que un departamento, una cueva donde refugiarse y, acaso, hibernar como oso.<\/p>\n<p>Cuando, despu\u00e9s de las inauguraciones en el Centro Cultural de M\u00e9xico en Par\u00eds, buen pretexto para reunirse entre algunos mexicanos residentes en esta ciudad, un peque\u00f1o grupo a la deriva en un barrio poco animado se invitaba a mi departamento. Entre los unos cuantos paisanos, algunos argentinos o chilenos y unos franceses, llegaba Manuel Felgu\u00e9rez. Silencioso, buscaba con la mirada d\u00f3nde instalarse. Y, como si fuese algo excepcional, un hallazgo inusitado, descubr\u00eda un lugar sobre la alfombra entre dos mu\u00f1equitas. Las saludaba como si se sorprendiera de encontrarlas y se dejaba caer a su lado en el suelo, donde pasar\u00eda las horas que durase la reuni\u00f3n. La pareja de mu\u00f1ecas que formaban Aline Mackyssack y su amiga era digna de atenci\u00f3n: de peque\u00f1a estatura, delgadas como figurines de bailarinas tailandesas, bonitas y sonrientes, parec\u00edan moverse al mismo ritmo y con los mismos gestos mimosos y consentidos. La atracci\u00f3n de Manuel por ellas era comprensible. \u00bfQu\u00e9 artista no hubiese deseado atraparlas en un dibujo y abstraer su gracia en una pintura abstracta? Manuel las escuchaba sonriente, acaso dichoso de no sentirse obligado a hablar. Le bastaba o\u00edr su murmullo.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, durante un viaje a Varsovia, invitada por Marek Keller para escribir el texto del cat\u00e1logo de la Fundaci\u00f3n Juan Soriano en Polonia, tuve la oportunidad de ver una exposici\u00f3n de obras de Manuel Felgu\u00e9rez en la galer\u00eda creada por Marek en esta instituci\u00f3n. Pude contemplar a solas \u00f3leos, escultura. Tuve una extra\u00f1a sensaci\u00f3n, a la vez de reminiscencia y de presentimiento, como si mis recuerdos me antecedieran y estuviesen ah\u00ed desde siempre. No me asombr\u00e9 al descubrir, esparcidos en uno y otro \u00f3leo, algunas de las formas flexibles y danzantes de las dos mu\u00f1equitas.<\/p>\n<p>vilmafuentes22@gmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las mu\u00f1ecas de Felgu\u00e9rez Vilma Fuentes Los grandes artistas tienen tambi\u00e9n su granito de locura. 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