{"id":19248,"date":"2020-12-29T13:47:15","date_gmt":"2020-12-29T19:47:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19248"},"modified":"2020-12-29T13:47:15","modified_gmt":"2020-12-29T19:47:15","slug":"hace-100-anos-murio-perez-galdos-y-habra-que-mantenerlo-vivo-siempre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19248","title":{"rendered":"Hace 100 a\u00f1os muri\u00f3 P\u00e9rez Gald\u00f3s y habr\u00e1 que mantenerlo vivo siempre."},"content":{"rendered":"<p>Olvidado en M\u00e9xico, Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s no podr\u00e1 morir<\/p>\n<p>El cr\u00edtico literario privilegia el sentido del amor en P\u00e9rez Gald\u00f3s, pues su obra est\u00e1 escrita \u201cdesde el coraz\u00f3n m\u00e1s vivo, despierto y bueno\u201d.<\/p>\n<p>Por Juan Jos\u00e9 Reyes<\/p>\n<p>(Proceso).-<\/p>\n<p>Para los espa\u00f1oles es su novelista, al lado de Cervantes, pero este a\u00f1o de su centenario (1843-1920) pas\u00f3 desapercibido para los mexicanos, no obstante la altura de su hechizo narrativo. Este trabajo se sumerge en la obra total del creador de los Episodios Nacionales, para contrarrestar su relegamiento, \u201cuna sentencia sorda que puede deberse s\u00f3lo a la ignorancia y a las modas\u201d. Acaso para equilibrar otra balanza, la de la pandemia, el cr\u00edtico literario privilegia el sentido del amor en P\u00e9rez Gald\u00f3s, pues su obra est\u00e1 escrita \u201cdesde el coraz\u00f3n m\u00e1s vivo, despierto y bueno\u201d.<\/p>\n<p>1<br \/>\nMientras los espa\u00f1oles se entregaron con seriedad y pleno entusiasmo a recordar y enriquecer la vitalidad de la presencia entre ellos de la obra de don Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s, su novelista, compa\u00f1ero de Cervantes en las alturas, el medio mexicano ha visto pasar el centenario de la muerte del mallorqu\u00ed\/madrile\u00f1o con casi total indiferencia.<\/p>\n<p>NOTICIAS RELACIONADAS<\/p>\n<p>Los bienes culturales en el escenario digital, de inter\u00e9s en Unidroit: Jorge S\u00e1nchez Cordero<\/p>\n<p>Secretar\u00eda de Cultura: breve recuento de dos a\u00f1os<br \/>\nP\u00e9rez Gald\u00f3s en el cine mexicano<br \/>\nA Gald\u00f3s le ocurre lo que a otros autores de la gran novela europea: se conoce su nombre, tal vez el de algunas de sus obras, pero son escas\u00edsimos los que cursan sus historias. Entre nuestros escritores el hecho puede probarse con sencillez: quien lee cualquier libro suyo queda tocado, y no exagerar\u00eda quien dijera que hechizado.<\/p>\n<p>Se trata de alrededor de un centenar de piezas que de tan espa\u00f1olas que son est\u00e1n muy cerca de los ambientes mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX \u2013igualmente sobresaltada all\u00e1 y aqu\u00ed\u2013, las costumbres, una considerable y vivaz parte del habla, de las religiosidad, de la separaci\u00f3n y los contactos de las clases sociales, las codicias, las trampas, las bondades y sus sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Hace a\u00f1os circulaba una edici\u00f3n lujosa, de la editorial Aguilar, de al menos los Episodios Nacionales. Y en las librer\u00edas Porr\u00faa, y en su ventana electr\u00f3nica, pueden hallarse varios t\u00edtulos a\u00fan en la benem\u00e9rita colecci\u00f3n \u201cSepan Cuantos&#8230;\u201d que a\u00f1os ha ech\u00f3 a andar aquel hombre sabio que fue don Felipe Teixidor. Fuera de esto, conozco nada m\u00e1s las pulcras ediciones de Alianza Editorial, ib\u00e9rica, de algunos Episodios y de algunas novelas (y no creo que sean de f\u00e1cil acceso en estos d\u00edas).<\/p>\n<p>Los aficionados al cine han de tener presente un par de filmes hechos a partir de la lectura de novelas galdosianas: la espl\u00e9ndida Nazar\u00edn (1959, una redonda historia en que se entrecruzan la fe y su desvanecimiento, la piedad y el pecado, realizada por la mirada de Luis Bu\u00f1uel y actuada por Francisco Rabal, Marga L\u00f3pez, Rita Macedo; y Do\u00f1a Perfecta (anterior, de 1950), dirigida por Alejandro Galindo y representada por Dolores del R\u00edo, Carlos Navarro, Esther Fern\u00e1ndez. Esta cinta es una correcta y un poco tiesa puesta en escena de una de las obras de mayor celebridad de su autor: Una sociedad cerrada en un pueblo menudo, dominada por la presencia de la Iglesia y sus valores \u2013que encarna la personaje principal, bella y severa\u2013, y la irrupci\u00f3n de un joven sobrino, apuesto y moderno; sobreviene el choque de visiones del mundo y comienza a dispersarse una atm\u00f3sfera de persecuci\u00f3n casi policial.<\/p>\n<p>En 1970 triunfa en Cannes Tristana, de nuevo de Luis Bu\u00f1uel. Siempre liberal, de esp\u00edritu republicano, y militante en su momento, presenta en la novela tomada como base de aquel filme a una mujer muy joven (Catherine Deneuve) que lucha por tener una vida emancipada. Pretende dedicar su tiempo a cuestiones est\u00e9ticas a la vez que ha de someterse al cortejo, y posterior matrimonio, de un hombre mucho mayor, dominante, conservador (Fernando Rey). Bu\u00f1uel, no est\u00e1 de m\u00e1s recordarlo, torna m\u00e1s intensos los afanes y abre nuevos derroteros a la historia. La pel\u00edcula tuvo buen \u00e9xito en las salas nacionales (en las del DF muy en especial), por sus muchos atractivos, pero no llam\u00f3 al p\u00fablico a la lectura del autor original de aquella trama. P\u00e9rez Gald\u00f3s qued\u00f3 tal como estaba: conocido s\u00f3lo por profesionales y algunos fieles devotos.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en este campo m\u00e1s bien yermo y plano, P\u00e9rez Gald\u00f3s contin\u00faa siendo una figura relegada, luego de una sentencia sorda que puede deberse s\u00f3lo a la ignorancia y a las modas. \u00bfPodr\u00eda haber una suerte de resurgimiento, de repuesta en circulaci\u00f3n? Es l\u00e1stima que no sea f\u00e1cil responder afirmativamente. Lo cierto es que las obras de P\u00e9rez Gald\u00f3s ni un \u00e1pice han envejecido: lo abarcan todo, y no de un modo panor\u00e1mico, superficial sino de uno muy diestramente desplegado que consiste, se dir\u00eda, en ir quitando poco a poco y una a una las capas de la cebolla. Las acciones nunca se detienen. Los ambientes transmiten sin mediaciones sus sabores, sus rumores, sus alientos. Los sentimientos, las emociones, las ambiciones, las penas, las insufribles dudas, las cavilaciones de los personajes van y vienen y crecen como en espiral.<\/p>\n<p>Y en el fondo tres asuntos de primera importancia: los poderes de la fe, la inquietud pol\u00edtica, la divisi\u00f3n de las clases sociales (en cuanto a esto \u00faltimo llama la atenci\u00f3n la constante aparici\u00f3n de los personajes que m\u00e1s llaman a la misericordia: los pordioseros, mujeres y hombres que se avienen a su fatal oficio, ya no en espera de milagro alguno, sino apenas de una moneda de valor \u00ednfimo; y, no lejos de esta condici\u00f3n, el desfile de los enfermos: neurosis, desnutrici\u00f3n, amputaciones, ceguera, reiterada ceguera reiterada \u2013que llama especialmente la atenci\u00f3n si se recuerda que don Benito muri\u00f3 sin vista). De modo que la poderosa Espa\u00f1a, venimos a enterarnos, no era m\u00e1s que un espejismo. Bajo sus lujosas capas y el a\u00fan temible poder\u00edo de sus tropas, la presunta fortaleza de sus creencias y sus valores, vibraba un caldo ardiente dentro en el que la buena vida y la miseria entraban en la m\u00e1s sorpresiva convivencia.<\/p>\n<p>La prosa de Gald\u00f3s es a un tiempo elegante y veloz. Su trazo es fino y ligero y no se distancia un solo momento de la apelaci\u00f3n al tono callejero, de lo que en nuestros tiempos locales demag\u00f3gicos se llamar\u00eda \u201csabidur\u00eda popular\u201d. El lector mexicano ha de recurrir con frecuencia al diccionario en busca de significados ignotos u olvidados, ha de recordar dichos y refranes que quedaron en su infancia. Tiene sobre todo que imaginar, cosa que no le costar\u00e1 trabajo porque don Benito no hace m\u00e1s que poner delante de sus ojos seres humanos y situaciones y tramas y mundos enteros. Y todo esto ha de atraparlo sin remisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa prosa se nutre de todas las audacias. No teme el roce de los l\u00edmites. Ajena a cualquier rebuscamiento a la vez que es directa, plenamente eficaz, expresa emociones y sentimientos que llegan a decirlo todo. No es cursi un solo instante, aunque a las claras deja ver que podr\u00eda serlo. Nunca es superficial, porque todo lo observa y todo lo registra tal como es o como puede ser mirado. \u00bfEs vieja aquella prosa? De ning\u00fan modo. Que aqu\u00ed y all\u00e1 brinquen arca\u00edsmos pone a circular en vez de antiguallas modos de una actualidad perenne, situada seductoramente viva. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edan volver a la boga mexicana estas historias de tiempos idos y de circunstancias m\u00e1s o menos ajenas? El mal parece inevitable: los lectores mexicanos, adem\u00e1s de escasos, parecer\u00edan sujetos a lo que \u201cpega\u201d fuera del pa\u00eds e inclusive de la lengua. Con excepciones muy afortunadas, pienso sobre todo en el excepcional argentino C\u00e9sar Aira o en el cubano Leonardo Padura, los narradores en lengua espa\u00f1ola son muy poco seguidos entre nosotros. \u00bfC\u00f3mo esperar que sea lea a P\u00e9rez Gald\u00f3s ah\u00ed donde Cervantes o Lope, G\u00f3ngora o Quevedo, Larra o los mism\u00edsimos Machado o Garc\u00eda Lorca son no m\u00e1s que figuras de museo?<\/p>\n<p>Ahora, en la v\u00edspera de que tanto vuelva a hablarse de Vasconcelos y sus cruzadas, la editorial pol\u00edtica oficial y exigua m\u00e1s parece encaminarse a poner en circulaci\u00f3n libros lejanos a los de los imprescindibles cl\u00e1sicos. No se trata de olvidar la actualidad corriente, desde luego. Al respecto habr\u00e1 que recordar que \u00e9sta cuenta con nombres notables, como los de Mu\u00f1oz Molina, Grandes, Cercas o Javier Mar\u00edas, adem\u00e1s de varios latinoamericanos. Por lo dem\u00e1s y sin hip\u00e9rbole no cuesta trabajo sostener que con nada m\u00e1s vigente contamos que con las obras de Cervantes o de Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/p>\n<p>2<br \/>\nAntes de que entraran en boga la exposici\u00f3n y la circulaci\u00f3n de asuntos metaf\u00edsicos o marcadamente psicol\u00f3gicos o de las intrincadas exploraciones formales manifiestas tanto en el trazo de cada l\u00ednea como en el c\u00famulo o torrente de registros de las atm\u00f3sferas, el mundo de los objetos y las palabras mismas; un poco antes de la gran novela del siglo XX (Proust, Joyce, Mann, Musil, Broch, Canetti) prevaleci\u00f3 en Europa la novela realista nacida sobre todo del asombro y sus constataciones de la vida de las grandes ciudades, sus contrastes, sus riquezas, sus miserias, sus pulidas (y agrietadas) superficies y sus bajos fondos (duros y quebradizos). Florecieron obras como las de Balzac o Dickens o Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s (quien admir\u00f3 a estos dos antecesores suyos). (En M\u00e9xico, por lo dem\u00e1s, corrieron tambi\u00e9n estos tonos y registros por la vertiente central de la creaci\u00f3n en prosa: Altamirano, Cu\u00e9llar, Payno, De Campo, inclusive el ge\u00f3grafo Garc\u00eda Cubas, cronista de primera l\u00ednea.)<\/p>\n<p>En 1920, hace 100 a\u00f1os, muri\u00f3 don Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s. Luego de nacer en Palma de Mallorca en 1843, vivi\u00f3 con comodidad, estudiando \u2013hasta hacerse abogado\u2013, trabajando sin apremios en asuntos que fueron de su inter\u00e9s \u2013el periodismo, la pol\u00edtica en sus niveles medios\u2013, viajando por otras naciones europeas \u2013conoci\u00f3 muy bien Londres y Par\u00eds\u2013, por casi toda Espa\u00f1a, y muy especialmente leyendo y escribiendo. De modo imparable y cada vez m\u00e1s intenso y luminoso fue cultivando una pasi\u00f3n que muy probablemente al lector de los d\u00edas que corren bien puede decirle poco o nada o aparec\u00e9rsele nada m\u00e1s como un dato curioso, una antigualla propia de tiempos que por viejos ahora se advierten como heroicos: el amor a la patria, a la ciudad suya y a sus moradores y a los seres humanos de cualquier punto del planeta. Aquel amor de don Benito es de un corte distinto al que tuvo un ilustre ancestro suyo, el sevillano Gustavo Adolfo B\u00e9cquer (tan grande como olvidado ahora con toda injusticia) o como el que atesor\u00f3 y despleg\u00f3 tambi\u00e9n un prosista m\u00e1s cercano al aire galdosiano, aunque dedicado casi de manera exclusiva a la atenta y maliciosa cr\u00f3nica: Mariano Jos\u00e9 de Larra (quien en tierras mexicanas es casi por completo un desconocido ilustre, a lo m\u00e1s).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el amor de don Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s? \u00bfCu\u00e1les son sus resortes, sus temblores, los vericuetos de sus exaltaciones, los frutos de sus sue\u00f1os y sus conocimientos? Se sabe que las primeras obras galdosianas fueron obras teatrales, y es un hecho que luego de sus primeros resonantes \u00e9xitos aquellas piezas no pasaron con esplendor bastante a una historia viva. Tampoco han tenido difusi\u00f3n siquiera mediana los poemas que escribi\u00f3 con alguna gracia. En 1873, a sus 30 a\u00f1os, ya siendo abogado y luego de practicar el periodismo, irrumpi\u00f3 con una fuerza que no dejar\u00eda de aumentar ante un p\u00fablico sin cesar m\u00e1s amplio y de avidez mayor con el primero de sus Episodios Nacionales, Trafalgar.<\/p>\n<p>Los Episodios\u2026 ser\u00e1n un sue\u00f1o cumplido de la narrativa de aquel momento. Don Benito puso delante de la mirada de miles y miles de lectores apasionados una voz distinta y familiar que contaba aconteceres que lat\u00edan en la memoria y la leyenda de aquella Espa\u00f1a que sal\u00eda apenas de la revoluci\u00f3n del 68, el exilio de Isabel II, se entusiasmaba con los afanes y la audacia del general Prim (aquel que estuvo en M\u00e9xico para retirarse sin soltar un solo ca\u00f1onazo) y se preparaba entre sobresaltos para forjar la primera Rep\u00fablica. Supo P\u00e9rez Gald\u00f3s poner aquellos hechos ante los ojos de sus compatriotas y entretenerlos y llevarlos sin hip\u00e9rbole \u2013como a \u00e9l le gustar\u00eda decir\u2013 a la fascinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No deja de sorprender que aquel Episodio primero haya alcanzado tal nivel de impacto aun cuando se tratara del registro de un acontecimiento en esencia lastimoso, la historia de una derrota infligida a Espa\u00f1a por la armada inglesa capitaneada por el almirante Nelson. P\u00e9rez Gald\u00f3s pose\u00eda la f\u00f3rmula de la seducci\u00f3n de un modo absolutamente natural: una prosa sin rebuscamiento, suelta, entregada sin m\u00e1s a la consignaci\u00f3n de los hechos mediante pinceladas coloridas y precisas y el apunte fino y contundente de los resortes mentales, emotivos, de conductas deliberadas o imprevistas. Aquella f\u00f3rmula operaba alrededor de otro eje sustantivo: la fabulaci\u00f3n, el surgimiento de personajes brotados en la imaginaci\u00f3n del autor y que son due\u00f1os de emociones, sentimientos, inteligencias, pasiones, fragilidades, arrojos; seres humanos, en fin, que pod\u00edan, que pueden ser cualquier lector y que viven en la narraci\u00f3n sus historias propias, sus felicidades, sus desdichas, sus dudas, sus certidumbres sin cesar enfrentadas a los deseos, las ambiciones de los otros.<\/p>\n<p>De aquel Trafalgar seguir\u00edan cuarentaicinco Episodios m\u00e1s, entre los que sobresale la figura de Gabriel Araceli, un personaje ficticio, joven enamorado, astuto y bueno, valeroso e intuitivo, que va viviendo y desviviendo los momentos cruciales de la historia espa\u00f1ola (de la invasi\u00f3n napole\u00f3nica a los a\u00f1os previos a la primera Rep\u00fablica). Con tal vastedad creadora, y su altura indiscutida, Gald\u00f3s tendr\u00eda un sitio preeminente en las letras de nuestra lengua, pero aquellos Episodios\u2026 son asombrosamente la parte menor de una bibliograf\u00eda en la que no escasean las obras maestras dentro de las que bulle y rebulle la vida madrile\u00f1a, conviven, se entrecruzan mujeres y hombres nunca cortados, delineados como figuras mod\u00e9licas, yertas siguiendo los prop\u00f3sitos de un realismo previsible que sin duda habr\u00eda tenido una muerte pronta.<\/p>\n<p>Muy al contrario: los m\u00e1s de 8 mil personajes que pueblan el universo galdosiano tienen vida, una vida que pronto ganan en el curso de sus historias sorpresivamente tendidas en urdimbres diestr\u00edsimas, tan complejas y atractivas como narradas con una bella transparencia. En P\u00e9rez Gald\u00f3s hay especialmente un amor, una tenaz alegr\u00eda que no esconde atrocidades ni miserias, mezquindades ni torceduras, y que hace que por milagro persistan las sonrisas. Su obra est\u00e1 escrita desde el coraz\u00f3n m\u00e1s vivo, despierto y bueno.<\/p>\n<p>3<br \/>\nSeg\u00fan Max Aub han de decirse dos cosas sobre todo de la obra de don Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s: que no es inferior, por su maravilloso vuelo imaginativo y por el uso espont\u00e1neo y magistral de un idioma que el autor recoge e inventa al mismo tiempo, que la de Miguel de Cervantes; y que entre sus docenas de novelas cautivantes la m\u00e1s redonda y majestuosa es la mamotr\u00e9tica Fortunata y Jacinta (cerca de ochocientas p\u00e1ginas en la edici\u00f3n de la Colecci\u00f3n Austral). Las dos afirmaciones sin duda son discutibles pero no podr\u00eda decirse que son descabelladas. Si no est\u00e1 donde el autor del Quijote, por ah\u00ed anda don Benito; y, por la altura de aquellas dos mujeres tan distintas y tan pr\u00f3ximas una a la otra (que se disputan el amor de un c\u00ednico en aquella obra deslumbrante) est\u00e1n otras, otros personajes en novelas insuperables y conmovedoras, como Misericordia (sin exageraci\u00f3n, hace llorar) o Do\u00f1a Perfecta o \u00c1ngel Guerra o Nazar\u00edn o la magistral La desheredada.<\/p>\n<p>Como en toda historia, como en todo drama, en las novelas de P\u00e9rez Gald\u00f3s prevalecen los conflictos. Poco a poco van larv\u00e1ndose, o a veces aparecen de sopet\u00f3n. En sus procesos formativos los hechos avanzan como avanzan las tropas en los Episodios\u2026 o personajes diversos en las obras de creaci\u00f3n pura. Particularmente en el relato de estas marchas progresivas, ordenadas o ca\u00f3ticas, el autor es insuperable. En La desheradada por ejemplo dedica p\u00e1ginas y p\u00e1ginas a describir c\u00f3mo dos bandas de muchachos toman las calles jubilosas y enardecidas sin otro motivo que el de la busca de integrarse, tomar fuerza, acatar el llamado sordo e imparable de qui\u00e9n sabe qu\u00e9 fuerza les lanza para que una choque con la otra. Parecer\u00eda haber aqu\u00ed el empuje inspirador de Jenofonte y al tiempo un claro antecedente, de energ\u00eda asombrosa, de las reflexiones de Canetti (Masa y poder).<\/p>\n<p>Con todo y esta grandeza, no est\u00e1 aqu\u00ed el genio superior de Gald\u00f3s. \u00c9ste se sit\u00faa en el paciente trazado de las l\u00edneas y los sustratos psicol\u00f3gicos de los personajes, en la recreaci\u00f3n de los ambientes, en la mencionada recreaci\u00f3n del habla, en el sentido del humor que brota cada dos p\u00e1ginas y, eminentemente, en la sensibilidad. En el amor, siempre dicho con suave y plenamente humana intensidad por hombres y mujeres, la ciudad y sus amplios o menudos espacios; el amor a las palabras, al conocimiento (que tampoco en este campo encuentra l\u00edmites: don Benito da muestras de sabidur\u00eda en materias muy diversas: la ropa \u2013y la moda y la costura\u2013, la gastronom\u00eda, la contabilidad, el derecho, la pol\u00edtica, la qu\u00edmica, la medicina, la bot\u00e1nica\u2026).<\/p>\n<p>Hace 100 a\u00f1os muri\u00f3 P\u00e9rez Gald\u00f3s y habr\u00e1 que mantenerlo vivo siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olvidado en M\u00e9xico, Benito P\u00e9rez Gald\u00f3s no podr\u00e1 morir El cr\u00edtico literario privilegia el sentido del amor en P\u00e9rez Gald\u00f3s, pues su obra est\u00e1 escrita \u201cdesde el coraz\u00f3n m\u00e1s vivo, despierto y bueno\u201d. 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