{"id":19598,"date":"2021-01-13T15:56:18","date_gmt":"2021-01-13T21:56:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19598"},"modified":"2021-01-13T15:56:18","modified_gmt":"2021-01-13T21:56:18","slug":"patricia-highsmith-y-la-simplicidad-del-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19598","title":{"rendered":"Patricia Highsmith y la simplicidad del mal"},"content":{"rendered":"<p>Patricia Highsmith y la simplicidad del mal<\/p>\n<p>Javier Aranda Luna<\/p>\n<p>Patricia Plangman alza los brazos para mostrar sus senos firmes, desnudos. Es 1942, acaba de dejar la universidad y la retrata su amigo Rolf Tietgens. Ella tiene 21 a\u00f1os y le gusta leer a Kafka en voz alta. Escribe textos de c\u00f3mics para poder tener una vivienda con ba\u00f1o ( Captain Midnight, Spy Smasher y Golden Arrow). Lee a Poe, Conrad, Dostoyevski la impacta.<\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os despu\u00e9s publica su primera novela. La portada es sencilla pero le gusta. Sobre el fondo rojo sobresalen los dibujos de un pu\u00f1ado de cartas, un rev\u00f3lver y un comp\u00e1s. A la semana de estar en librer\u00edas Alfred Hitchcock, que ya es toda una leyenda en la industria cinematogr\u00e1fica con m\u00e1s de 40 cintas, lee de un tir\u00f3n la novela y pide a su asistente que compre los derechos. No quiere que su fama lo obligue a pagar demasiado.<\/p>\n<p>La autora es Patricia Highsmith, el seud\u00f3nimo de Patricia Plangman. Aunque la avaricia de Hitchcock resulta escandalosa (pag\u00f3 7 mil 500 d\u00f3lares y la cinta recaud\u00f3 en un a\u00f1o m\u00e1s de 700 millones de d\u00f3lares), Highsmith nunca se quej\u00f3. El libro se vendi\u00f3 como nunca y otros cineastas voltearon a ver su trabajo.<\/p>\n<p>Algunos cr\u00edticos han querido encontrar en la rapidez de los di\u00e1logos y las descripciones muchas veces sugeridas en las novelas de Highsmith la influencia del cine en su obra. Lo cierto es que ella nunca fue una aficionada al cine y la concisi\u00f3n del lenguaje y la agilidad de di\u00e1logos tienen que ver m\u00e1s, me parece, con su aprendizaje en la escritura de c\u00f3mics, donde la imaginaci\u00f3n del lector termina de construir los discursos narrativos y lo visual es apenas un parpadeo. Los c\u00f3mics de los 40, hay que decirlo, eran a su manera literarios y no como ahora un ramillete de onomatopeyas por p\u00e1gina.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el cineasta Wim Wenders \u2013quien llev\u00f3 a la pantalla El amigo americano\u2013, al leer las historias de Highsmith nos observamos a nosotros mismos. De una peque\u00f1a mentira inocente se deriva de golpe una historia horrible y lo terrible es que puede ocurrirnos a todos. Es por ello por lo que sus historias son verdaderas, por lo que casi hablan de la verdad, pese a toda la ficci\u00f3n. Constatan que las peque\u00f1as cobard\u00edas y la indulgencia mediocre hacia uno mismo o hacia los dem\u00e1s son las cosas m\u00e1s peligrosas que hay.<\/p>\n<p>Rafael Calero ha escrito que en Extra\u00f1os en un tren se encuentran todos los ingredientes del universo de Highsmith: la falta de escr\u00fapulos morales de sus personajes la d\u00e9bil frontera que separa lo que est\u00e1 socialmente aceptado de lo que no est\u00e1 y la m\u00e1s d\u00e9bil entre el bien y el mal. Es cierto. A la escritora, adem\u00e1s, no le interesan los sermones dentro de la novela, sino la explicaci\u00f3n sicol\u00f3gica del mal que parece surgir a veces sin por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Dice Bruno, uno de los protagonistas de Extra\u00f1os en un tren: \u201cCualquier per-sona es capaz de asesinar. Es puramente cuesti\u00f3n de circunstancias, sin que tenga absolutamente nada que ver con el temperamento. La gente llega hasta un l\u00edmite determinado\u2026 y s\u00f3lo hace falta algo, cualquier insignificancia, que les empuje a dar el salto. Cualquier persona\u201d.<\/p>\n<p>Ajena al circo literario, Patricia Highsmith dej\u00f3 su pa\u00eds y lo que representa el sue\u00f1o americano. Pro palestina, tuvo su coraz\u00f3n del lado izquierdo y su preferencia sexual la llev\u00f3 a escribir su segunda novela, El precio de la sal, en 1952, con el seud\u00f3nimo de Claire Morgan, donde aborda la relaci\u00f3n de dos lesbianas. S\u00f3lo despu\u00e9s de 37 a\u00f1os la public\u00f3 con su nombre con el t\u00edtulo de Carol.<\/p>\n<p>Enrique Vila-Matas \u2013un novelista con abundantes referencias literarias en sus libros\u2013 envidiaba que Highsmith pudiera ser una escritora tan astutamente simple, y que adem\u00e1s se divirtiera al escribir.<\/p>\n<p>En el centenario de su nacimiento, Patricia Highsmith cada d\u00eda escribe mejor. Le bastan Extra\u00f1os en un tren y su serie sobre Ripley para seguir acompa\u00f1\u00e1ndonos por muchos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Patricia Highsmith y la simplicidad del mal Javier Aranda Luna Patricia Plangman alza los brazos para mostrar sus senos firmes, desnudos. Es 1942, acaba de dejar la universidad y la retrata su amigo Rolf Tietgens. Ella tiene 21 a\u00f1os y le gusta leer a Kafka en voz alta. 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