{"id":19731,"date":"2021-01-17T08:37:57","date_gmt":"2021-01-17T14:37:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19731"},"modified":"2021-01-17T08:37:57","modified_gmt":"2021-01-17T14:37:57","slug":"la-habana-de-luis-g-urbina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19731","title":{"rendered":"La Habana\u00bb de Luis G. Urbina"},"content":{"rendered":"<p>\u00abUn cronista en el exilio: La Habana\u00bb de Luis G. Urbina<\/p>\n<p>&#8211; Xalbador Garc\u00eda &#8211;<\/p>\n<p>La JJornada<\/p>\n<p>Luis G. Urbina (1864, CDMX-1934, Madrid, Espa\u00f1a), poeta ubicado en el modernismo, cronista y viajero, director de la Biblioteca Nacional de M\u00e9xico (1913), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, vivi\u00f3, como muchos otros intelectuales durante la Revoluci\u00f3n Mexicana, un per\u00edodo de exilio en la Habana. Escribi\u00f3 en \u00abEl Heraldo de Cuba la columna La Semana y despu\u00e9s fue corresponsal de ese diario en Madrid. Sobre su obra y andanzas de ese per\u00edodo versa el presente art\u00edculo.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Fueron dos aspectos los que diferenciaron a la Revoluci\u00f3n Mexicana de otros movimientos sociales de principios del siglo XX: su duraci\u00f3n \u2013una d\u00e9cada\u2013 y la diversidad de grupos insurrectos contra la dictadura de Porfirio D\u00edaz, mismos que, posteriormente, tras el asesinato de Francisco I. Madero, sostendr\u00edan una f\u00e9rrea lucha por establecer un nuevo r\u00e9gimen. Ambos paradigmas \u2013el tiempo y las facciones en pugna\u2013 provocaron el exilio de mexicanos ca\u00eddos en desgracia. Ya fuera por pertenecer a la \u00e9lite porfirista o por haber participado en alguno de los bandos vencidos, la ruta de los desterrados casi siempre fue la misma: embarcar en Veracruz rumbo a Estados Unidos, Europa o Cuba.<\/p>\n<p>Entre los destinos, La Perla del Caribe se vislumbr\u00f3 como la mejor opci\u00f3n para los connacionales. El idioma, la cultura y la hermandad entre M\u00e9xico y Cuba fueron los aspectos imprescindibles para percibir a la Isla como un hogar propicio en el exilio. En temas pr\u00e1cticos, el puerto habanero era un foco primordial entre las rutas mar\u00edtimas de Estados Unidos, Europa y Sudam\u00e9rica, por lo que antes que aislados los mexicanos estar\u00edan en un sitio donde coincid\u00eda el mundo. Adem\u00e1s, la cercan\u00eda con Veracruz les permit\u00eda estar atentos a los acontecimientos, siempre cambiantes, de la guerra en el pa\u00eds, con el prop\u00f3sito de emprender el regreso al terru\u00f1o si las condiciones mejoraban.<\/p>\n<p>Rumbo a La Habana, junto a Porfirio D\u00edaz, primero salieron los personajes m\u00e1s allegados a su gobierno. Tras la Decena Tr\u00e1gica, le siguieron los integrantes del c\u00edrculo m\u00e1s cercano a Madero. Posteriormente quienes se hab\u00edan aliado al usurpador Victoriano Huerta y, ya en la etapa constitucionalista, arribaron villistas y zapatistas, y tras ellos los esp\u00edas de Venustiano Carranza.<\/p>\n<p>Entre la n\u00f3mina del destierro destac\u00f3 el grupo de los hombres de letras. Para los m\u00e1s desdichados, su intelecto a merced de los intereses pol\u00edticos los llev\u00f3 a tener que huir del pa\u00eds por varios a\u00f1os, como fue el caso de Luis G. Urbina. Durante el porfirato, el poeta se hab\u00eda desempe\u00f1ado como funcionario por varias d\u00e9cadas. Cuando Huerta irrumpi\u00f3 la presidencia, el Viejecito sigui\u00f3 los pasos de varios de los pensadores m\u00e1s destacados del pa\u00eds y no dud\u00f3 en incorporarse a la administraci\u00f3n como director de la Biblioteca Nacional. El objetivo era reestablecer al estatus quo quebrantado luego de la dimisi\u00f3n de Porfirio D\u00edaz. Sin embargo, en 1915, cuando los embates revolucionarios provocaron la salida del presidente espurio, el panorama se nubl\u00f3 para los colaboradores huertistas. Algunos huyeron a la primera oportunidad. Otros, como el poeta, pensaron que su labor estaba alejada de aspectos pol\u00edticos. Se equivocaba. Apenas unos d\u00edas despu\u00e9s de su dimisi\u00f3n se anunci\u00f3 que el Viejecito hab\u00eda sido apresado. Varios de sus amigos en el \u00e1mbito cultural intervinieron ante Venustiano Carranza para su liberaci\u00f3n. Un fin de semana dur\u00f3 el arresto. Suficiente tiempo para comprender que en pol\u00edtica las pasiones no menguan.<\/p>\n<p>Al salir de la c\u00e1rcel Urbina emprendi\u00f3 la huida. Junto al pianista Manuel M. Ponce y el violista Pedro Vald\u00e9s Fraga se embarc\u00f3 rumbo al Caribe. Al llegar a Cuba, los mexicanos fueron conducidos al campamento de inmigraci\u00f3n en el Lazareto de Mariel. Pese a las malas condiciones del lugar, el apremio de los mexicanos les hizo percibir la belleza cubana. En especial Urbina empez\u00f3 un romance con La Habana, que estar\u00eda presente una y otra vez en su obra. El 29 de marzo escribi\u00f3 \u201cEl poema de Mariel\u201d, un texto compuesto por once sonetos en los que imbric\u00f3 el sentimiento de desolaci\u00f3n por el destierro con postales del paisaje que le rodeaba. Los versos ser\u00edan publicados por primera vez en la revista Cuba Contempor\u00e1nea en su edici\u00f3n de junio de 1915, donde se agreg\u00f3 la nota: \u201cEl eminente poeta mexicano a quien hemos acogido en Cuba con todas las atenciones debidas a su gran talento y a su nombre ilustre en las letras americanas, honra hoy nuestras p\u00e1ginas con estos bellos versos.\u201d<\/p>\n<p>Entre los corros culturales de La Habana se corri\u00f3 el rumor de que los artistas mexicanos buscaban refugio frente a las amenazas de su patria. Por medio de Ram\u00f3n Catal\u00e1, presidente de la Asociaci\u00f3n de Prensa y due\u00f1o de El F\u00edgaro, diversos intelectuales, periodistas, creadores y aficionados a la m\u00fasica y a la poes\u00eda pudieron acercarse a los reci\u00e9n llegados. Desde las p\u00e1ginas de Diario de la Marina Alfonso Cam\u00edn escribi\u00f3 sobre su relaci\u00f3n con los \u201ctres representantes del arte que llevan en alto el pabell\u00f3n de la intelectualidad mexicana\u201d. A su encuentro tambi\u00e9n fue el compositor y mecenas cubano Eduardo S\u00e1nchez Fuentes, quien les organiz\u00f3 una serie de conciertos ante el p\u00fablico habanero. Como parte de los involucrados estuvo el periodista Ruy de Lugo-Vi\u00f1a, cronista de EL Heraldo de Cuba, quien escribi\u00f3 sobre los exiliados: \u201cBienvenidos fueron al llegar. Bienaventurados sean al partir. Y mientras permanezcan entre nosotros, que el aplauso los acompa\u00f1e como una palma de gloria\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cr\u00f3nicas habaneras de un mexicano<br \/>\nPrecisamente en EL Heraldo de Cuba Urbina encontr\u00f3 acomodo como articulista. El s\u00e1bado 12 de junio de 1915 se anunci\u00f3 la incorporaci\u00f3n del poeta a la n\u00f3mina de colaboradores del diario. Al d\u00eda siguiente empezar\u00eda la presencia del poeta. En su columna dominical, \u201cLa Semana\u201d, el mexicano registr\u00f3 diversos temas. Desde el crimen hasta la cultura popular cubana, y desde las afectaciones de la psiquis hasta la cr\u00edtica literaria. A veces moralista, a veces divertido, en ocasiones melanc\u00f3lico y en otras con car\u00e1cter reflexivo y social sus palabras buscaron seducir a los lectores.<\/p>\n<p>Dos aristas confeccionaron sus cr\u00f3nicas habaneras. La primera fue la propia prensa. Como buen hombre moderno, el poeta alimentaba sus ma\u00f1anas con la lectura del peri\u00f3dico. En las secciones de eventos sociales, pero asimismo en los sucesos polic\u00edacos, buscaba la noticia que sirviera de sin\u00e9cdoque para mostrar su opini\u00f3n sobre la sociedad. L\u00ednea a l\u00ednea, y con la Revoluci\u00f3n Mexicana y la primera guerra mundial como marco, su perspectiva de la din\u00e1mica social presumi\u00f3 rasgos negativos. A la manera positivista, ve\u00eda a la humanidad como un cuerpo enfermo al que se deb\u00eda curar desde todos los frentes. Es por ello que varios de los art\u00edculos se sostienen a partir de una propuesta moral donde el autor denunci\u00f3 un padecimiento y, al mismo tiempo, propuso un remedio casi siempre basado en la educaci\u00f3n de los individuos desde la infancia.<\/p>\n<p>El otro punto del que nutri\u00f3 sus art\u00edculos fue la experiencia en la Isla. M\u00e1s interesantes que las anteriores, las cr\u00f3nicas donde Urbina retrat\u00f3 sus vivencias en el Caribe despliegan olores, matices, deseos. Permiten apreciar en toda su majestuosidad a La Habana de la \u00e9poca. A fin de agudizar su mirada, que luego convertir\u00eda en palabra escrita, el mexicano se convirti\u00f3 en un fl\u00e2neur del puerto: \u201clinda ciudad en la que todo sonr\u00ede: el cielo y el suelo, la casa y la calle, la piedra y el hombre, las bocas incitantes de las mujeres y los viejos arcos de los portales\u201d, escribi\u00f3 el 20 de junio de 1915 en su art\u00edculo titulado \u201cLa fiesta del \u00e1rbol\u201d.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente el poeta consigui\u00f3 que EL Heraldo de Cuba lo enviara como su corresponsal a Espa\u00f1a, desde donde dar\u00eda cuenta de lo ocurrido en la Gran Guerra. Desde ese momento sus colaboraciones se agrupar\u00edan bajo el t\u00edtulo gen\u00e9rico de \u201cApuntes de viaje\u201d. Con la partida, Luis G. Urbina cerr\u00f3 su ciclo de creaci\u00f3n en La Habana, as\u00ed como su destierro en Cuba. Regresar\u00eda a la Isla, pero s\u00f3lo de paso en sus viajes rumbo a M\u00e9xico, Espa\u00f1a o Sudam\u00e9rica. Igualmente su obra continuar\u00eda apareciendo en diversas revistas habaneras y su figura en el Caribe se acrecentar\u00eda en los a\u00f1os posteriores. En su exilio cubano, Luis G. Urbina aliment\u00f3 los versos, acrecent\u00f3 los sue\u00f1os, fren\u00f3 la melancol\u00eda y se hizo morador del mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nota: Este art\u00edculo no podr\u00eda haberse realizado sin el apoyo de la Dra. Lillian Manzor, del Department of Modern Languages and Literatures, quien me abri\u00f3 las puertas de University of Miami y de la Cuban Heritage Collection.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Escritor e investigador literario, licenciado en Letras por la UAEMor y Maestro y Doctor en Literatura Hisp\u00e1nica por El Colegio de San Luis. Autor, entre otros, de Leopoldo Mar\u00eda Panero o las m\u00e1scaras del Tarot, Miami Blue y otras historias, Pared\u00f3n Nocturno y La isla de Ulises. Se ha desempe\u00f1ado como profesor invitado en la Universidad del Ateneo, en Filipinas, y en la Universidad de Miami, en Estados Unidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abUn cronista en el exilio: La Habana\u00bb de Luis G. Urbina &#8211; Xalbador Garc\u00eda &#8211; La JJornada Luis G. 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