{"id":19932,"date":"2021-01-24T07:27:40","date_gmt":"2021-01-24T13:27:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19932"},"modified":"2021-01-24T07:27:40","modified_gmt":"2021-01-24T13:27:40","slug":"volaron-las-palomas-de-ruth-davidoff","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=19932","title":{"rendered":"Volaron las palomas, de Ruth Davidoff,"},"content":{"rendered":"<p>De Tlacotalpan a Atlacomulco<\/p>\n<p>B\u00e1rbara Jacobs<\/p>\n<p>Al llegar al punto final de Volaron las palomas, de Ruth Davidoff, experiment\u00e9 tal desasosiego que de inmediato busqu\u00e9 en el mapa de la Ciudad de M\u00e9xico el n\u00famero 50 de la calle Tlacotalpan, en la colonia Roma, para, dir\u00eda, irrumpir en lo que fue la casa de infancia y primera juventud de la autora, en las primeras d\u00e9cadas del siglo XX y, aunque fuera de esta manera, m\u00e1s dentro del mundo de la fantas\u00eda que del de la realidad, abrazar a Ruth, abrazarla, abrazarla, y aminorar as\u00ed la nostalgia, incluso el desgarramiento que, a la distancia, compart\u00ed con la autora cuando, por circunstancias naturales la tuvo que abandonar, junto con sus padres y su par de hermanas.<\/p>\n<p>Volaron las palomas me parece un homenaje sobre todo a la vida de familia que Ruth llev\u00f3 dentro de la casa, la despensa y el jard\u00edn de Tlacotalpan 50. La dej\u00f3 atr\u00e1s, pero no sali\u00f3 de ella nunca. Es decir, con residencias peri\u00f3dicas y m\u00e1s o menos extensas a lo largo de su octogenaria existencia, en Jerusal\u00e9n, Par\u00eds, Nueva York y Cuernavaca; Tlacotalpan 50 la acompa\u00f1\u00f3 v\u00edvidamente, en todo momento fue una pulsaci\u00f3n permanentemente activa en sus recuerdos.<\/p>\n<p>Como suegra de mi hermano Laurence que fue Ruth Davidoff (de soltera, Misrachi Arouesty), abuela materna de mis sobrinos Anna y Daniel, conoc\u00ed a Ruth y me s\u00e9 afortunada de que me hubiera considerado su amiga, lo que manifiesta, por si hiciera falta, en la dedicatoria con la que me envi\u00f3 Volaron las palomas. Por oportuna, quiero recordar aqu\u00ed una de las frases con las que frecuentemente Ruth me describ\u00eda su vida, pues la hice m\u00eda desde que se la o\u00ed decir por primera vez. Con el tono \u00edntimo de las amigas, por m\u00e1s que desenfadado, pues ella no daba mayor importancia a lo que dec\u00eda, me confiaba que viv\u00eda con el equipaje a cuestas, con lo que quer\u00eda significar tanto que viajaba sin parar, como que, al estilo del Odradek, de Kafka, su domicilio era incierto, su existencia transcurr\u00eda de una manera, digamos, inestable, por decirlo de la forma menos dram\u00e1tica posible. Por otra parte, un estilo debido m\u00e1s a las circunstancias o, incluso, a una tradici\u00f3n ancestral, que a ninguna intenci\u00f3n propia de viajar, de no parar de desplazarse, de no fijar morada ninguna.<\/p>\n<p>Comprendo tan bien a Ruth, por esta sensaci\u00f3n de existir itinerante y con el equipaje a cuestas, y aun as\u00ed feliz, lo que fue as\u00ed pues, en todo momento, la acompa\u00f1\u00f3 el recuerdo de su casa de infancia, en Tlacotalpan 50, en la colonia Roma. Por lo que hace a m\u00ed, y a pesar de que, a la manera de Ruth, por m\u00e1s que con modalidades personales, yo tambi\u00e9n he llevado una existencia sin morada fija, siempre me he sentido estable y feliz porque, al igual que Ruth, yo tampoco he salido nunca de mi casa de infancia, que asimismo pulsa interminablemente de modo permanente en mis recuerdos.<\/p>\n<p>As\u00ed, en este momento, al alcanzar el punto final de Volaron las palomas, lo que quisiera es ir a Tlacotalpan 50, jalar la campana y, en cuanto me abrieran, entrar y abrazar a Ruth, estrechamente; s\u00ed, viajar en el tiempo y en la realidad, pues mientras Ruth vivi\u00f3 en Tlacotalpan 50 yo, o no hab\u00eda nacido todav\u00eda, o para cuando dej\u00f3 atr\u00e1s su casa de infancia, durante mi adolescencia, yo todav\u00eda no la conoc\u00eda. Y, ahora que finalmente leo Volaron las palomas, Ruth lleva m\u00e1s de una d\u00e9cada muerta.<\/p>\n<p>Abrazar\u00eda a Ruth, llorar\u00eda, reir\u00eda, sonreir\u00eda, la ver\u00eda llorar, la ver\u00eda sonre\u00edr, la oir\u00eda re\u00edr, su risa ronca. Yo, fascinada, embelesada especialmente con los recuerdos de Tlacotalpan 50 que Ruth registra en Volaron las palomas. Sus t\u00edas tejedoras, que interrump\u00edan el tejido para servir el caf\u00e9 de la tarde, con los postres de antiguas recetas rusas y griegas.<\/p>\n<p>Me despido al recordar cuando fui por primera y \u00faltima vez a la casa de Ruth, en la calle de Atlacomulco, en Cuernavaca, donde muri\u00f3, y a donde llegu\u00e9 a dar el p\u00e9same a Le\u00f3n, Claudia, Alberto y Aline, Atlacomulco, el \u00faltimo hogar de Ruth, al que s\u00ed entr\u00e9, pero en el que tampoco la pude abrazar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Tlacotalpan a Atlacomulco B\u00e1rbara Jacobs Al llegar al punto final de Volaron las palomas, de Ruth Davidoff, experiment\u00e9 tal desasosiego que de inmediato busqu\u00e9 en el mapa de la Ciudad de M\u00e9xico el n\u00famero 50 de la calle Tlacotalpan, en la colonia Roma, para, dir\u00eda, irrumpir en lo que fue la casa de infancia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":19933,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-19932","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=19932"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19932\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19934,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/19932\/revisions\/19934"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/19933"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=19932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=19932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=19932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}